Seleccionar página
Robert Glasper Festival de Jazz  de Vitoria-Gasteiz `22

Robert Glasper Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz `22

Robert Glasper

Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz 2022

29

JULIO, 2022

Yazz Ahmed, trompeta /Ralph Wyld, vibráfono /David Manington, bajo/ Martin France, batería. Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz 2022. Pabellón de Mendizorrotza Kiroldegia 14 julio 2022.

Texto: Ricky Lavado
Fotografía: Valentín Suárez

El desembarco de Robert Glasper en el Festival de Vitoria llega precedido del halo de solemnidad y anticipación que rodea a los grandes acontecimientos.

 

 

Set List: No One Like You, Black Superhero, Better Than I Imagined, Forever, Bright Lights, Afro Blue, Ah Yeah, Gonna Be Alright, Cherish the Day, Move Love.

El pianista tejano puede ser considerado uno de los pesos pesados de la música negra en las últimas décadas, y el término “música negra” no corresponde en este caso a una vaguedad o a un afán simplificador; Glasper lleva muchos años consolidado como una de las piedras angulares de la intersección entre jazz, soul, hip hop, blues, funk, R&B y básicamente cualquier formulación actual de la tradición musical afroamericana. Ganador de cuatro Grammys; colaborador necesario en las carreras de Erykah Badu, Flying Lotus, Kendrick Lamar, Common, Kamasi Washington, Brittany Amber Howard o 9th Wonder (entre mil otros); padrino de aquello que en los noventa se vino a denominar neo-soul y uno de los grandes renovadores del jazz contemporáneo; el tercer volumen de su loada serie Black Radio (por la que se pasearon en anteriores entregas gente como Mos Def, Jill Scott, Faith Evans, Snoop Dogg, Esperanza Spalding, Q-Tip o Gregory Porter) sirve como excusa perfecta para disfrutar una vez más de uno de los grandes talentos que la Great Black Music ha regalado al mundo en los últimos veinte años.  Estuvo acompañado por Burniss Travis (bajo), Chris Dave (batería) y Jahi Sundance (Dj). Con Kassa Overall como invitado.
Written by Ricky Lavado

Julio 29, 2022

Yazz Ahmed Quartet Festival de Jazz  de Vitoria-Gasteiz `22

Yazz Ahmed Quartet Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz `22

Yazz Ahmed Quartet

Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz 2022

29

JULIO, 2022

Yazz Ahmed, trompeta /Ralph Wyld, vibráfono /David Manington, bajo/ Martin France, batería. Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz 2022. Pabellón de Mendizorrotza Kiroldegia 14 julio 2022.

Texto: Ricky Lavado

Fotografía: Valentín Suárez

El londinense de origen caribeño es una de las piezas fundamentales de la fértil y sobresaliente escena británica del nuevo jazz en el siglo XXI.

Set List: Lahan al-Mansour (Yazz Ahmed). La Saboteuse (Yazz Ahmed). Jamil Jamal (Yazz Ahmed). 2857(Yazz Ahmed). Deeds Not Words (Yazz Ahmed). A Smoal of Souls (Yazz Ahmed).

Pocas personalidades en el maremágnum del jazz contemporáneo han logrado crear un universo tan personal y distintivo como el de la excepcional trompetista y fliscornista británica de origen bareiní; su fusión misteriosa de post-bop con ambientaciones tradicionales de oriente medio (especialmente de su Baréin natal) y electrónica paisajística de tono ambient le han llevado a colaborar con nombres tan dispares e imprescindibles como Radiohead, These New Puritans o Lee “Scratch” Perry, así como a recibir el aplauso unánime de crítica y público por sus caleidoscópicos trabajos como compositora. Su incontestable La Saboteuse (2017) fue considerado el mejor álbum de jazz del año por The Wire, y su último trabajo Polyhymnia (2019) mostraba a una compositora tan audaz como brillante, capaz de aunar profundidad de contenido y elementos narrativos y críticos (cada pieza de Polyhymnia está inspirada por y dedicada a una mujer cuya influencia en la historia Ahmed considera indispensable; de Rosa Parks y las sufragistas a Ruby Bridges o Haifaa al-Mansour, entre otras) con una apabullante y maravillosa paleta de colores y texturas para dar forma a uno de los discos más interesantes y refrescantes del jazz de nuevo cuño. Junto a Yazz Ahmed disfrutamos del buen hacer de su banda actual, formada por el vibrafonista Ralph Wyld, el bajista David Manington y el veterano batería Martin France.
Written by Ricky Lavado

Julio 29, 2022

Theon Cross Festival de Jazz  de Vitoria-Gasteiz `22

Theon Cross Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz `22

Theon Cross

Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz 2022

27

JULIO, 2022

Theon Cross, tuba/ Chelsea Carmichael, saxo tenor/Nikos Zarkias, guitarra /Patrick Boyle, batería. Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz 2022. Pabellón de Mendizorrotza Kiroldegia 16 julio 2022.

Texto: Ricky Lavado
Fotografía: Valentín Suárez

El londinense de origen caribeño es una de las piezas fundamentales de la fértil y sobresaliente escena británica del nuevo jazz en el siglo XXI.

 

Set List: Brockly/ We Go Again/ Play to Win/ 40 Tude/ Athermutions / Radiation/ Forward Progression II/ Ciya.

Llamado a ser una de las figuras fundamentales en la renovación y resituación de la tuba en los tiempos modernos (ofreciendo nuevos caminos expresivos para un instrumento tan tradicionalmente limitado al sonido de las brass bands), la huella del personalísimo sonido de Cross está presente en multitud de trabajos fascinantes; como miembro fundador de Sons Of Kemet o del proyecto Exodus (junto a Moses Boyd); como colaborador imprescindible y omnipresente de Nubya García, Makaya McCraven, Ezra Collective, Brass Mask o SEED Ensemble, entre muchos otros; y, sobre todo, como solista capaz de ganar el reconocimiento general, más allá de los círculos del jazz, con la publicación de Fyah (2019), su apabullante debut en largo. Tras el éxito alcanzado con Fyah, la senda creativa de Theon Cross no ha hecho más que explotar en mil direcciones diferentes, culminando en 2021 con la publicación de Intra-I, su por el momento último trabajo: un cóctel de jazz bastardo que se nutre de grime, dubstep, funk, afrobeat, hip hop o dub para crear una obra en la que pasado, presente y futuro se entremezclan de forma impredecible y siempre sorprendente. Para su cita con el Festival de Jazz de Vitoria, Theon Cross vino acompañado de la saxofonista Chelsea Carmichael, el batería Patrick Boyle y el guitarrista Nikos Zarkias.
Written by Ricky Lavado

Julio 27, 2022

James Brandon Lewis Festival de Jazz  de Vitoria-Gasteiz `22

James Brandon Lewis Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz `22

James Brandon Lewis  

Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz 2022

26

JULIO, 2022

James Brandon Lewis, saxo tenor / Aruán Ortiz, piano/ Brad Jones, contrabajo/ Chad Taylor, batería. Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz 2022. Teatro Principal Antzokia. 15 julio 2022

Texto: Ricky Lavado
Fotografía: Valentín Suárez

Con los pies firmemente asentados en la tradición gospel y la concepción más inconformista del free jazz, James Brandon Lewis se ha ganado a pulso durante la última década la consideración de “joven maestro” de la que goza en la actualidad.

Set List: A lotus Speaks (Molecular)/ Molecular (Molecular)/ / Every Atom Glows (Code of Being)/ Helix (Molecular)/ Per1 (Molecular)/ Loverly (Molecular)/ Codeo of Being (Code of Being)/ Resonance (Code of Being)/ where is Hela (Code of Being)/ Archimedean (Code of Being)/ Tessera (Code of Being)/ Per4 (Code of Being)/ Per5 (Code of Being)

La paleta sonora del saxofonista neoyorquino no ha hecho más que enriquecerse y crecer exponencialmente desde su aclamado debut para Sony en 2014; el excepcional Divine Travels. Desde entonces, Lewis se ha mantenido firme en una senda tan personal como refrescante en la que el jazz tradicional viene trufado de mil influencias y variantes para ofrecer un universo sonoro en el que la placidez melódica va de la mano de la experimentación más ruda. La identidad de James Brandon Lewis se construye en parte gracias a su afán por explorar disciplinas a priori alejadas de la música para reformular una y otra vez los parámetros del jazz más libre y vanguardista; ya sea mediante el caleidoscopio imposible que unía el universo del surrealismo con Ornette Coleman o Charlie Haden  en An Unruly Manifesto (2019); la plasmación musical de la estructura helicoidal del ADN en Molecular (2020); o el homenaje conceptual a la figura del botánico, inventor, artista y educador George Washington Carver en Jesup Wagon (el trabajo más reciente de Lewis). En su vuelta al Festival de Jazz de Vitoria, James Brandon Lewis estuvo acompañado por Aruán Ortiz al piano, Brad Jones al piano y Chad Taylor a la batería, formación responsable de Molecular y de Code of Being.

Written by Ricky Lavado

Julio 26, 2022

The Cookers Jazz en el Auditorio

The Cookers Jazz en el Auditorio

The Cookers

Jazz en el Auditorio

25

ABRIL, 2022

Billy Harpe, saxo tenor. 
Craig Handy, saxo tenor. 
Eddie Henderson
, trompeta.
David Weiss, trompeta.
George Cables, piano.
Cecil McBee, contrabajo.
Billy Hart, batería.

Texto: Manuel Borraz 

Fotos: © Elvira Megías (inaem)

En esta ocasión fue The Cookers, grupo formado por grandes experimentados del jazz de la talla de Billy Harpe, saxo tenor- Craig Handy, saxo tenor- Eddie Henderson, trompeta –David Weiss, trompeta –George Cables, piano –Cecil McBee, contrabajo- Billy Hart, batería – los que ofrecieron un concierto en la Sala de Cámara del Auditorio Nacional de Música en el ciclo Jazz en el Auditorio CNDM (Centro Nacional de Difusión Musical) del INAEM.

Es fácil sentir en un band, como The Cookers, el peso colectivo de la experiencia jazzística recopilada individualmente por cada uno de sus componentes, experiencia bien dispuesta al trabajo en equipo, consolidando así una música y un jazz de espíritu puro, directo,  con profundidad, evocando el sonido de los 60 bajo un marco de hard bop y post bop indiscutible. Se puede escuchar, bajo un enfoque y contexto contemporáneo, trazas de ritmos irregulares y estructuras más complejas a las originales pero siempre brindando un amplio espacio a la improvisación individual y en consecuencia a la libre interacción entre sus miembros. 

Individualmente, han estado en el centro de la escena del jazz post-bop durante décadas, cada uno de ellos cuenta con un sonido profundamente personal y un discurso elaborado que dota a los temas de largos desarrollos sumergiendo al oyente en olas sonoras de diversos matices y aproximaciones. Entre los temas que sonaron durante el directo pudimos apreciar

repertorio de compositores como Wayne Shorter o Freddy Hubbard con temas como The Core,de este último. También hubo proposiciones de temas de los allí presentes tocando Inner Glow y Farewekk Mulgrew del propio George Cables, Croquet Ballet y Capra Black de Billy Harper o Peace Maker y Slippin and Slidin de Cecil McBee.

A lo largo del concierto hubo tiempo suficiente para disfrutar de todos los integrantes, dónde cabe destacar la creatividad desbordante y la energía constante de Billy Hart, totalmente entregado desde el minuto uno quién nos deleitó con un tremendo solo casi al final del concierto manteniendo en vilo a cada uno de los miembros del público; a su lado, Cecil McBee sujetaba la banda y trabajaba sólidamente en su rol muy bien cohesionado junto a George Cables, quién nos entregó grandes solos, ofreciendo a la banda lo que sería una potente sección rítmica sobre la que los vientos pudieran flotar. Craig Handy se ganó rápidamente al público, Eddie Henderson enamoró con el sonido desnudo y honesto de su trompeta, David Weiss fue un claro narrador expresivo y Billy Harper llenó el escenario de crudeza y fuerza. 

Cabe mencionar que fue una verdadera pena el mal uso de la amplificación sonora. Los problemas técnicos fueron una verdadera odisea pesadillesca para músicos y espectadores en la que la mejor solución hubiera sido poder disfrutar de la banda acústicamente y del maravilloso trabajo sonoro de años y años de relación con su instrumento por parte de cada miembro, bien balanceados por sí mismos. Durante el concierto se desarrollaron varios incidentes, después del primer tema y a voz en grito una señora propició un ¨¡por favor, balance!¨ que generó una aclamada respuesta por parte del público, tras el cuarto tema David Weiss vociferaba al técnico en un enfado incontenible si estaba escuchando sus demandas a lo que no hubo respuesta alguna… En el intento de solucionar los problemas técnicos, se apagó el sonido y se pudo disfrutar de la banda en pleno esplendor, pero por alguna razón se volvió a encender dos temas más tarde, recuperando la terrible atmósfera que inhabilitó el disfrute total de la banda. 

Es de imaginar que una banda de las características de The Cookers, formada en 2007 a iniciativa de la leyenda que fue Freddie Hubbard, cuenta con un nutrido catálogo discográfico. Cuentan ya con seis álbumes: Warriors , Cast the First Stone,  Believe, Time and Time Again, The Call of the Wild and Peaceful Heart y el ya antes mencionado Look out!

Written by Manuel Borraz

Abril 25, 2022

Immanuel Wilkins Quartet

Immanuel Wilkins Quartet

Immanuel Wilkins Quartet

Immanuel Wilkins (s), Micah Thomas (p), Tyrone Allen (b), Kweku Sumbry (d)

04

ABRIL, 2022

Immanuel Wilkins (s), Micah Thomas (p), Tyrone Allen (b), Kweku Sumbry (d) 

41º Festival de Jazz de Terrassa-19 de marzo de 2022

Texto: Enrique Turpin
Fotos: Valentín Suárez

Todavía sorprende el hecho de que echemos a correr para alcanzar un tiempo que parece que se nos escapa, cuando en verdad vivimos en él. Somos tiempo, no es simplemente que lo tengamos o no, sino que formamos parte de él, estamos en él y no existe modo de desligarse de su influjo. “En la música, el tiempo es cuestionable. Con ella se puede desafiar la noción de qué es el tiempo y cómo sientes el tiempo”, ha declarado Immanuel Wilkins (Filadelfia, 1998). Como decía Woody Allen a propósito de los ingredientes de la comedia, también nosotros somos una mezcla de tragedia —la de sabernos mortales— más tiempo. Así que el tiempo nos conforma y nos ofrece la sustancia para progresar en él y seguir siendo nosotros, a pesar de que se trate de un nosotros que cambia en cada latir del corazón y en cada inspiración.

 

 

Que estamos hechos de tiempo es algo que sabe perfectamente Wilkins protegido de Ambrose Akinmusire, y ambos abanderados de la escuela jazzística alumbrada por Jason Moran, uno de los grandes en la sombra. También el cuarteto que lidera desde su sorprendente debut con Omega (Blue Note, 2020), elegido por prestigiosas publicaciones como lo mejor que se ha escuchado en mucho tiempo. Y sin embargo, todavía no podía imaginarse que iba a llegar tan pronto su segundo largo, el portentoso The 7th Hand (Blue Note, 2022), que presentaba por primera vez por tierras españolas, colgando el cartel de ‘no hay entradas’ para uno de los conciertos más esperados del 41 Festival de Jazz de Terrassa, como también ocurriría la noche siguiente con la propuesta de Christian McBride y sus Inside Straight

El tiempo, eso que San Agustín sólo alcanzaba a definir siempre que no le preguntaran por él, es lo que el cuarteto neoyorquino maneja con imponente soltura y con insolente verbigracia, pese a su juventud. Después de que saxofonistas de la talla de Kamasi Washington o James Brandon Lewis hayan seguido trabajando en apuestas que reorientaban la tradición hacia caminos que hermanaban lo íntimo con lo colosal, parece que la propuesta de Immanuel Wilkins ha acertado a la hora de combinar los ingredientes personales con los colectivos, aquí entendidos como una sabia comunión entre la solvente escritura jazzística y las expectativas generadas en su audiencia potencial. Así pudo apreciarse esa noche en la Nova Jazz Cava, convertida una vez más en un templo profano donde invocar al panteón de deidades antiguas y futuras. A veces el nombre genera carácter, de ahí que Immanuel imagine su cometido asociado al mesías, al elegido, a ese ‘Dios está con nosotros’ al que responde la etimología del nombre con el que se conoce al saxofonista de Pensilvania afincado en Brooklyn.

Lo primero que se pudo apreciar nada más aparecer Wilkins fueron sus ganas de gustar, un ansia contenida pero ilusionada en tratar de hacer llegar su idea de lo que él entiende por jazz, que no es más que su idea de lo que entiende por música, que no es más que la idea que tiene de lo que significa para él expresar su mundo artístico mediante la gestación y expresión de sonidos. La música no es otra cosa, sólo que de la que participa Wilkins está trufada de tradición afroamericana de primer orden. Bebe sin remilgos tanto de la espiritualidad coltraniana como de la disposición parkeriana, en ambos casos con el mismo poder imaginativo y con formas que encuentran en Julian ‘Cannonball’ Adderley y en el último Charles Lloyd unas de sus referencias más cercanas y productivas. No parecía cómodo al inicio del concierto. Buscaba su espacio. Tímido sobre el escenario, entendía que debía dejar pasar los primeros compases para vertebrar su asalto a la Cava, a pesar de haberse labrado honores acompañando a Gretchen Parlato, Joel Ross, Wynton Marsalis, Gerald Clayton, Solange Knowles o el mismísimo Bod Dylan, entre otros músicos de renombre. Parapetado tras los atriles, con las hojas yendo y viniendo, el cuarteto —en esta ocasión sin el color que otorga la flautista Elena Pinderhugues a algunas de las partes de la suite The 7th Hand—, el cuarteto empezó a dar muestras de lo que se avecinaba con agigantadas lecturas de su primer largo, el aclamado Omega, casi recién salido de la Jiulliard.

Cayeron piezas combativas, próximas a las reivindicaciones del Black Lives Matter, como “Ferguson-An American Tradition”, que pronto darían la idea del lugar del que viene y al que se dirige Wilkins y su cuarteto, con un motorizado Kweku Sumbry a la batería que se atrevió incluso a cantar en algunos pasajes de raigambre africana (a él se debe la participación en el último disco del colectivo de percusionistas Farafina Kan Percussion Ensemble). Fueron cuarenta minutos en los que la música no hizo más que alzar el vuelo y servir de lienzo a las intervenciones de los cuatro músicos. Wilkins extrajo sonidos acuáticos de su saxo, propios de las florituras a las que nos tenía acostumbrados James Carter, pero sin caer en sus excesos. Dotadísimo con su instrumento, pronto se pudo apreciar que todos navegaban con rumbo firme, errando pero con la brújula afinada al norte, al objetivo que tenían en mente: asaltar los cielos, aunque esa noche fueran los del local, desde donde los miraba, imaginamos que con la misma admiración y entusiasmo que demostraba el auditorio, el gigante de Joe Henderson en forma de fotografía, desplegada en las alturas, haciendo honor a su estatura artística.

Lo de Immanuel Wilkins es pura fiereza estatuaria. Marca con una equis bajo sus pies el lugar desde el que desarrollar su andadura con el instrumento y se mantiene ahí durante largos pasajes improvisados, con algún paréntesis para beber agua —estos músicos jóvenes no dan muestras de coquetear con las drogas— o para limpiar gafas y frente de transpiraciones. Y sí, hubo sangre, sudor y lágrimas. La sangre por la calidez de la acogida y por el flujo ardiente de música, el sudor del trabajo tenso y aguerrido, las lágrimas por hacerse tan cortas las más de dos horas que duró el concierto de estos jóvenes de ambición bien medida. Traen consigo un concepto al que se aplican con esmero y pasión. Lo mejor de todo, que lo pasan de maravilla en el empeño, y el público con ellos, todo sea dicho. La primera mitad del concierto se movió entre algo de especulación conceptual pautada, bastante melodía mántrica gracias al fuego cruzado entre el pianista Micah Thomas y el saxo de Wilkins, al que luego se uniría el bajo hipnótico de Tyrone Allen, a falta de la precisión sensible del ausente Daryl Johns, otra de las sorpresas de este cuarteto de ensueño.

El segundo set marcó un cambio de estrategia, puesto que el grupo retiró los atriles, se recogieron el cabello, se deshicieron de las americanas y el verde le ganó la batalla en la iluminación al azul, con lo que la velada apuntaba a la esperanza, más si cabe tras el primer pase. Así fue. El lenguaje del bebop se apoderó de la sala y el respetable agradeció el gesto con vítores y salvas admirativas, porque ya se sabe que cuando se pisa terreno conocido, el espectáculo gana adeptos y reduce la tensión. Ya habría tiempo de tensar el ambiente al final del concierto, cuando los cuatro de Wilkins abordasen el final de la suit, con un Lift que convirtió la sala en lo que todo el mundo entiende que es el jazz cuando no lo han escuchado jamás atentamente, un ruido criminal al que siguen cuatro esnobs afectados que se sienten orgullosos en su ensimismamiento. Y, claro, no fue el caso. The 7th Hand convocó al mismo dios al que alude la lectura del título (la sexta mano sigue siendo humana, pero la séptima ya es divina). Lo humano se trastocó en divino, y fueron muchos los que vibraron con una suerte de rapto místico, mientras una copa de vino los anclaba a tierra para recordarles que seguían siendo mortales.

El concierto buscó la deriva hacia la parte central del último largo de Wilkins, con lo que cayeron composiciones meditativas como “Fugitive Ritual, Selah”, “Shadow” y “Witness”, donde se echó en falta la maestría de ese prodigioso bajista que es Daryl Johns. Habrá que preguntarle cómo lo pasó Tyrone Allen para defender con orgullo torero los quince minutos de improvisación que se marcó Wilkins en “Lighthouse”. Suerte de Kweku Sumbry, con quien tan bien se entiende el bravo saxofonista, a estas alturas ya despojado de la tensión inicial, pese a que jamás se olvidase de la discreción. Porque, habrá que decirlo ya, se trata de un líder que busca permeabilizarse con sus compañeros, no sólo imponerse gracias a sus dotes musicales. Hay amabilidad en sus gestos y todo fluye como en una familia bien avenida. Con el bis llegó el obligado solo de batería, hasta que el cuarteto enfiló el final como mejor logra expresarse, con esa medida tomada a los pasajes hipnóticos que lograron su propósito, a veces hirientes, por momentos catárticos, pero siempre sensibles: hacer que el público comulgase con el proyecto de Immanuel Wilkins. Sólo faltó que alguno de los presentes gritase “Aleluya”, tras dos horas de jugar con el tiempo, dilatarlo, comprimirlo, suspenderlo, hasta adueñarse de él y, dentro de esa libérrima elasticidad temporal, a nosotros con el grupo. 

Es ese mismo público que, tras cuarenta y una ediciones, conoce las bonanzas de uno de los mejores festivales de club que pueden disfrutarse en estos momentos. Por el auditorio se movían abuelos junto a sus nietos, padres con sus hijos, hijos con sus amores, haciendo gala de uno de los logros de los promotores del jazz egarense, que no es otro que envolver a la ciudad al son de la música improvisada año tras año, más allá de los confines del propio festival. La ciudad vive el jazz como pocas, y la cultura jazzística de los aficionados se muestra en la naturalidad con la asumen la diferencia de propuestas que se proyectan y con el entusiasmo con el que siguen lo que a todas luces son momentos de dicha. Si hay suerte, tenemos Immanuel Wilkins para rato. Crucemos los dedos.

 

 

 

Written by Enrique Turpin

Abril 04, 2022

Pin It on Pinterest