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The Cookers Jazz en el Auditorio

The Cookers Jazz en el Auditorio

The Cookers

Jazz en el Auditorio

25

ABRIL, 2022

Billy Harpe, saxo tenor. 
Craig Handy, saxo tenor. 
Eddie Henderson
, trompeta.
David Weiss, trompeta.
George Cables, piano.
Cecil McBee, contrabajo.
Billy Hart, batería.

Texto: Manuel Borraz 

Fotos: © Elvira Megías (inaem)

En esta ocasión fue The Cookers, grupo formado por grandes experimentados del jazz de la talla de Billy Harpe, saxo tenor- Craig Handy, saxo tenor- Eddie Henderson, trompeta –David Weiss, trompeta –George Cables, piano –Cecil McBee, contrabajo- Billy Hart, batería – los que ofrecieron un concierto en la Sala de Cámara del Auditorio Nacional de Música en el ciclo Jazz en el Auditorio CNDM (Centro Nacional de Difusión Musical) del INAEM.

Es fácil sentir en un band, como The Cookers, el peso colectivo de la experiencia jazzística recopilada individualmente por cada uno de sus componentes, experiencia bien dispuesta al trabajo en equipo, consolidando así una música y un jazz de espíritu puro, directo,  con profundidad, evocando el sonido de los 60 bajo un marco de hard bop y post bop indiscutible. Se puede escuchar, bajo un enfoque y contexto contemporáneo, trazas de ritmos irregulares y estructuras más complejas a las originales pero siempre brindando un amplio espacio a la improvisación individual y en consecuencia a la libre interacción entre sus miembros. 

Individualmente, han estado en el centro de la escena del jazz post-bop durante décadas, cada uno de ellos cuenta con un sonido profundamente personal y un discurso elaborado que dota a los temas de largos desarrollos sumergiendo al oyente en olas sonoras de diversos matices y aproximaciones. Entre los temas que sonaron durante el directo pudimos apreciar

repertorio de compositores como Wayne Shorter o Freddy Hubbard con temas como The Core,de este último. También hubo proposiciones de temas de los allí presentes tocando Inner Glow y Farewekk Mulgrew del propio George Cables, Croquet Ballet y Capra Black de Billy Harper o Peace Maker y Slippin and Slidin de Cecil McBee.

A lo largo del concierto hubo tiempo suficiente para disfrutar de todos los integrantes, dónde cabe destacar la creatividad desbordante y la energía constante de Billy Hart, totalmente entregado desde el minuto uno quién nos deleitó con un tremendo solo casi al final del concierto manteniendo en vilo a cada uno de los miembros del público; a su lado, Cecil McBee sujetaba la banda y trabajaba sólidamente en su rol muy bien cohesionado junto a George Cables, quién nos entregó grandes solos, ofreciendo a la banda lo que sería una potente sección rítmica sobre la que los vientos pudieran flotar. Craig Handy se ganó rápidamente al público, Eddie Henderson enamoró con el sonido desnudo y honesto de su trompeta, David Weiss fue un claro narrador expresivo y Billy Harper llenó el escenario de crudeza y fuerza. 

Cabe mencionar que fue una verdadera pena el mal uso de la amplificación sonora. Los problemas técnicos fueron una verdadera odisea pesadillesca para músicos y espectadores en la que la mejor solución hubiera sido poder disfrutar de la banda acústicamente y del maravilloso trabajo sonoro de años y años de relación con su instrumento por parte de cada miembro, bien balanceados por sí mismos. Durante el concierto se desarrollaron varios incidentes, después del primer tema y a voz en grito una señora propició un ¨¡por favor, balance!¨ que generó una aclamada respuesta por parte del público, tras el cuarto tema David Weiss vociferaba al técnico en un enfado incontenible si estaba escuchando sus demandas a lo que no hubo respuesta alguna… En el intento de solucionar los problemas técnicos, se apagó el sonido y se pudo disfrutar de la banda en pleno esplendor, pero por alguna razón se volvió a encender dos temas más tarde, recuperando la terrible atmósfera que inhabilitó el disfrute total de la banda. 

Es de imaginar que una banda de las características de The Cookers, formada en 2007 a iniciativa de la leyenda que fue Freddie Hubbard, cuenta con un nutrido catálogo discográfico. Cuentan ya con seis álbumes: Warriors , Cast the First Stone,  Believe, Time and Time Again, The Call of the Wild and Peaceful Heart y el ya antes mencionado Look out!

Written by Manuel Borraz

Abril 25, 2022

Immanuel Wilkins Quartet

Immanuel Wilkins Quartet

Immanuel Wilkins Quartet

Immanuel Wilkins (s), Micah Thomas (p), Tyrone Allen (b), Kweku Sumbry (d)

04

ABRIL, 2022

Immanuel Wilkins (s), Micah Thomas (p), Tyrone Allen (b), Kweku Sumbry (d) 

41º Festival de Jazz de Terrassa-19 de marzo de 2022

Texto: Enrique Turpin
Fotos: Valentín Suárez

Todavía sorprende el hecho de que echemos a correr para alcanzar un tiempo que parece que se nos escapa, cuando en verdad vivimos en él. Somos tiempo, no es simplemente que lo tengamos o no, sino que formamos parte de él, estamos en él y no existe modo de desligarse de su influjo. “En la música, el tiempo es cuestionable. Con ella se puede desafiar la noción de qué es el tiempo y cómo sientes el tiempo”, ha declarado Immanuel Wilkins (Filadelfia, 1998). Como decía Woody Allen a propósito de los ingredientes de la comedia, también nosotros somos una mezcla de tragedia —la de sabernos mortales— más tiempo. Así que el tiempo nos conforma y nos ofrece la sustancia para progresar en él y seguir siendo nosotros, a pesar de que se trate de un nosotros que cambia en cada latir del corazón y en cada inspiración.

 

 

Que estamos hechos de tiempo es algo que sabe perfectamente Wilkins protegido de Ambrose Akinmusire, y ambos abanderados de la escuela jazzística alumbrada por Jason Moran, uno de los grandes en la sombra. También el cuarteto que lidera desde su sorprendente debut con Omega (Blue Note, 2020), elegido por prestigiosas publicaciones como lo mejor que se ha escuchado en mucho tiempo. Y sin embargo, todavía no podía imaginarse que iba a llegar tan pronto su segundo largo, el portentoso The 7th Hand (Blue Note, 2022), que presentaba por primera vez por tierras españolas, colgando el cartel de ‘no hay entradas’ para uno de los conciertos más esperados del 41 Festival de Jazz de Terrassa, como también ocurriría la noche siguiente con la propuesta de Christian McBride y sus Inside Straight

El tiempo, eso que San Agustín sólo alcanzaba a definir siempre que no le preguntaran por él, es lo que el cuarteto neoyorquino maneja con imponente soltura y con insolente verbigracia, pese a su juventud. Después de que saxofonistas de la talla de Kamasi Washington o James Brandon Lewis hayan seguido trabajando en apuestas que reorientaban la tradición hacia caminos que hermanaban lo íntimo con lo colosal, parece que la propuesta de Immanuel Wilkins ha acertado a la hora de combinar los ingredientes personales con los colectivos, aquí entendidos como una sabia comunión entre la solvente escritura jazzística y las expectativas generadas en su audiencia potencial. Así pudo apreciarse esa noche en la Nova Jazz Cava, convertida una vez más en un templo profano donde invocar al panteón de deidades antiguas y futuras. A veces el nombre genera carácter, de ahí que Immanuel imagine su cometido asociado al mesías, al elegido, a ese ‘Dios está con nosotros’ al que responde la etimología del nombre con el que se conoce al saxofonista de Pensilvania afincado en Brooklyn.

Lo primero que se pudo apreciar nada más aparecer Wilkins fueron sus ganas de gustar, un ansia contenida pero ilusionada en tratar de hacer llegar su idea de lo que él entiende por jazz, que no es más que su idea de lo que entiende por música, que no es más que la idea que tiene de lo que significa para él expresar su mundo artístico mediante la gestación y expresión de sonidos. La música no es otra cosa, sólo que de la que participa Wilkins está trufada de tradición afroamericana de primer orden. Bebe sin remilgos tanto de la espiritualidad coltraniana como de la disposición parkeriana, en ambos casos con el mismo poder imaginativo y con formas que encuentran en Julian ‘Cannonball’ Adderley y en el último Charles Lloyd unas de sus referencias más cercanas y productivas. No parecía cómodo al inicio del concierto. Buscaba su espacio. Tímido sobre el escenario, entendía que debía dejar pasar los primeros compases para vertebrar su asalto a la Cava, a pesar de haberse labrado honores acompañando a Gretchen Parlato, Joel Ross, Wynton Marsalis, Gerald Clayton, Solange Knowles o el mismísimo Bod Dylan, entre otros músicos de renombre. Parapetado tras los atriles, con las hojas yendo y viniendo, el cuarteto —en esta ocasión sin el color que otorga la flautista Elena Pinderhugues a algunas de las partes de la suite The 7th Hand—, el cuarteto empezó a dar muestras de lo que se avecinaba con agigantadas lecturas de su primer largo, el aclamado Omega, casi recién salido de la Jiulliard.

Cayeron piezas combativas, próximas a las reivindicaciones del Black Lives Matter, como “Ferguson-An American Tradition”, que pronto darían la idea del lugar del que viene y al que se dirige Wilkins y su cuarteto, con un motorizado Kweku Sumbry a la batería que se atrevió incluso a cantar en algunos pasajes de raigambre africana (a él se debe la participación en el último disco del colectivo de percusionistas Farafina Kan Percussion Ensemble). Fueron cuarenta minutos en los que la música no hizo más que alzar el vuelo y servir de lienzo a las intervenciones de los cuatro músicos. Wilkins extrajo sonidos acuáticos de su saxo, propios de las florituras a las que nos tenía acostumbrados James Carter, pero sin caer en sus excesos. Dotadísimo con su instrumento, pronto se pudo apreciar que todos navegaban con rumbo firme, errando pero con la brújula afinada al norte, al objetivo que tenían en mente: asaltar los cielos, aunque esa noche fueran los del local, desde donde los miraba, imaginamos que con la misma admiración y entusiasmo que demostraba el auditorio, el gigante de Joe Henderson en forma de fotografía, desplegada en las alturas, haciendo honor a su estatura artística.

Lo de Immanuel Wilkins es pura fiereza estatuaria. Marca con una equis bajo sus pies el lugar desde el que desarrollar su andadura con el instrumento y se mantiene ahí durante largos pasajes improvisados, con algún paréntesis para beber agua —estos músicos jóvenes no dan muestras de coquetear con las drogas— o para limpiar gafas y frente de transpiraciones. Y sí, hubo sangre, sudor y lágrimas. La sangre por la calidez de la acogida y por el flujo ardiente de música, el sudor del trabajo tenso y aguerrido, las lágrimas por hacerse tan cortas las más de dos horas que duró el concierto de estos jóvenes de ambición bien medida. Traen consigo un concepto al que se aplican con esmero y pasión. Lo mejor de todo, que lo pasan de maravilla en el empeño, y el público con ellos, todo sea dicho. La primera mitad del concierto se movió entre algo de especulación conceptual pautada, bastante melodía mántrica gracias al fuego cruzado entre el pianista Micah Thomas y el saxo de Wilkins, al que luego se uniría el bajo hipnótico de Tyrone Allen, a falta de la precisión sensible del ausente Daryl Johns, otra de las sorpresas de este cuarteto de ensueño.

El segundo set marcó un cambio de estrategia, puesto que el grupo retiró los atriles, se recogieron el cabello, se deshicieron de las americanas y el verde le ganó la batalla en la iluminación al azul, con lo que la velada apuntaba a la esperanza, más si cabe tras el primer pase. Así fue. El lenguaje del bebop se apoderó de la sala y el respetable agradeció el gesto con vítores y salvas admirativas, porque ya se sabe que cuando se pisa terreno conocido, el espectáculo gana adeptos y reduce la tensión. Ya habría tiempo de tensar el ambiente al final del concierto, cuando los cuatro de Wilkins abordasen el final de la suit, con un Lift que convirtió la sala en lo que todo el mundo entiende que es el jazz cuando no lo han escuchado jamás atentamente, un ruido criminal al que siguen cuatro esnobs afectados que se sienten orgullosos en su ensimismamiento. Y, claro, no fue el caso. The 7th Hand convocó al mismo dios al que alude la lectura del título (la sexta mano sigue siendo humana, pero la séptima ya es divina). Lo humano se trastocó en divino, y fueron muchos los que vibraron con una suerte de rapto místico, mientras una copa de vino los anclaba a tierra para recordarles que seguían siendo mortales.

El concierto buscó la deriva hacia la parte central del último largo de Wilkins, con lo que cayeron composiciones meditativas como “Fugitive Ritual, Selah”, “Shadow” y “Witness”, donde se echó en falta la maestría de ese prodigioso bajista que es Daryl Johns. Habrá que preguntarle cómo lo pasó Tyrone Allen para defender con orgullo torero los quince minutos de improvisación que se marcó Wilkins en “Lighthouse”. Suerte de Kweku Sumbry, con quien tan bien se entiende el bravo saxofonista, a estas alturas ya despojado de la tensión inicial, pese a que jamás se olvidase de la discreción. Porque, habrá que decirlo ya, se trata de un líder que busca permeabilizarse con sus compañeros, no sólo imponerse gracias a sus dotes musicales. Hay amabilidad en sus gestos y todo fluye como en una familia bien avenida. Con el bis llegó el obligado solo de batería, hasta que el cuarteto enfiló el final como mejor logra expresarse, con esa medida tomada a los pasajes hipnóticos que lograron su propósito, a veces hirientes, por momentos catárticos, pero siempre sensibles: hacer que el público comulgase con el proyecto de Immanuel Wilkins. Sólo faltó que alguno de los presentes gritase “Aleluya”, tras dos horas de jugar con el tiempo, dilatarlo, comprimirlo, suspenderlo, hasta adueñarse de él y, dentro de esa libérrima elasticidad temporal, a nosotros con el grupo. 

Es ese mismo público que, tras cuarenta y una ediciones, conoce las bonanzas de uno de los mejores festivales de club que pueden disfrutarse en estos momentos. Por el auditorio se movían abuelos junto a sus nietos, padres con sus hijos, hijos con sus amores, haciendo gala de uno de los logros de los promotores del jazz egarense, que no es otro que envolver a la ciudad al son de la música improvisada año tras año, más allá de los confines del propio festival. La ciudad vive el jazz como pocas, y la cultura jazzística de los aficionados se muestra en la naturalidad con la asumen la diferencia de propuestas que se proyectan y con el entusiasmo con el que siguen lo que a todas luces son momentos de dicha. Si hay suerte, tenemos Immanuel Wilkins para rato. Crucemos los dedos.

 

 

 

Written by Enrique Turpin

Abril 04, 2022

Chano Domínguez Trío – Jazz en el Auditorio (CNDM)

Chano Domínguez Trío – Jazz en el Auditorio (CNDM)

Chano Domínguez Trío

Jazz en el Auditorio (CNDM)

10

MARZO, 2022

Chano Domínguez, piano/ Horacio Fumero, contrabajo/ Michael Olivera, batería

Texto: Begoña Villalobos 

Fotografía: Valentín Suárez

Pocos pianistas son más adecuados para presentar un concierto a trío acústico en la sala de cámara del Auditorio Nacional, sosteniendo en todo momento la seguridad de que lo que están transmitiendo es de alta calidad (nutrido poder armónico, líneas melódicas sutiles, conexión grupal y sonido inmejorable). Chano Domínguez se ha convertido en uno de los más importantes e influyentes pianistas y compositores de nuestro tiempo. Figura de referencia para generaciones actuales de músicos por llevar al escenario con maestría la interpretación (formulación madurada del jazz-flamenco) de sus composiciones; esta vez dentro del ciclo Jazz en el Auditorio CNDM (Centro Nacional de Difusión Musical) del INAEM.

Hace tiempo tuve el privilegio de entrevistarlo (una conversación larga e improvisada), siempre es un grato placer volver a hablar de un maestro de la talla de Chano Domínguez. El enfoque personal de sus construcciones compositivas (de líneas melódicas de gran sensibilidad) y ese toque delicado en sus interpretaciones (cargadas de improvisaciones polirrítmicas) conducidas con el lirismo sereno y vital que le caracteriza, le han valido el concepto de “chanear: una nueva manera de hacer música”. como dice Adolfo Montejo.

Todos los temas que se escucharon son originales de Chano Domínguez (del nuevo proyecto: Chumbulum, expresión colombiana “del tirón”), algunas, sus composiciones más queridas y otras compuestas durante el lockdown.

El primer tema, Marcel (grabado a piano solo, recogido en el álbum Over de Rainbow), es elevado (como el resto de los temas) a la atmósfera mágica del diálogo a trío de formación clásica. Junto al consagrado Horacio Fumero (contrabajista de Tete Montoliu) y el pulso cada vez más firme y creativo del baterista cubano (“adoptado” como dice Chano) Michael Olivera, en esta ocasión sustituyendo al catalán David Xirgu a la batería.

Flotamos con la energía de una presentación en vivo, en lenguaje de jazz, cargada de diálogos interpares (rompiendo el concepto solista/acompañante) de una claridad aplastante.

Por construir una reseña al uso y nombrar el set list a quien le pueda interesar: Marcel; I Love Evans, tema compuesto homenaje a Bill Evans; Limbo, composición dedicada a Martirio (junto con Chano en el proyecto conjunto sobre Bola de Nieve); On the Road; Habanera de la Alameda; A mi Padre; Chumbulum; Conga Blues. Para acabar con el bis catártico para audiencia y músicos del tema Black and White de Michael Jackson.

 

Un concierto de calidez interpretativa sobresaliente de principio a fin y de notable sonido a trío acústico.

Escrito por Begoña Villalobos

10 de Marzo de 2022

Cécile McLorin Salvant  JAZZMADRID21

Cécile McLorin Salvant JAZZMADRID21

Cécile McLorin Salvant
JAZZMADRID21

Festival Internacional de Jazz de Madrid

10

DICIEMBRE, 2021

Cécile Mclorin Salvant, voz/ Marvin Sewell, guitarra/ Alexa Tarantino, saxo alto y flauta/ Yasushi Nakamura, contrabajo/ Glenn Zaleski, piano/ Keito Ogawa, batería y percusión.

 

 

Texto: Manuel Borraz

Fotos: Elvira Megías/ CNDM

Con solo treinta y dos años, tres Grammys a sus espaldas y primeros premios en competiciones de gran prestigio internacional, como el Thelonious Monk Competition, Cécile Mclorin Salvant actuó el pasado 14 de noviembre en el Festival de Jazz de Madrid donde ofreció un recital a sexteto en el Auditorio Nacional junto a Marvin Sewell (guitarra) Alexa Tarantino (saxo alto y flauta) Yasushi Nakamura (contrabajo) Glenn Zaleski (piano) y Keita Ogawa (batería y percusión).

 

Cécile McLorin Salvant & Sullivan Fortner – Ma Plus Belle Histoire d’Amour (Live)

Cécile Maclorin Salvant representa a día de hoy toda una referencia y un punto de inflexión en la historia del jazz vocal. Su recitación está cargada de un componente hipnótico y emocional, su vasto arsenal de habilidades y destrezas técnicas le brindan una gran libertad de posibilidades y su conexión con la tradición del género enraizan el espectáculo generando un clima de calidez, fluidez y exuberancia. 

Cécile Mclorin ya era carismática y tenía una gran presencia desde sus inicios, tras su aclamado Wommanchild y la continuación de sus proyectos como For One to Love, Dreams and Daggers, etc. Aun así, esta presencia y visión creativa se ha intensificado, Cécile Mclorin es dueña del escenario, su voz es un juguete que moldea y adapta con dominio; se podría decir que su habilidad vocal ha evolucionado para adaptarse a las necesidades de una autora y personalidad musical que trasciende el género para darle un componente identitario de gran valor.

Salvant es un prodigio y no hay duda alguna de ello. Ha encontrado conexiones entre las tradiciones populares de todo el mundo, el teatro, el blues, el vodevil, los musicales, el jazz y la música barroca. Ya estudiaba música barroca y jazz en el Conservatorio de Música Darius Milhaud en Aix-en-Provence, Francia mientras realizaba una licenciatura en derecho francés en la Université Pierre-Mendes France de Grenoble. 

En esta propuesta a sexteto, Cécile Mclorin refleja en su directo su gran pasión narrativa y la diversidad estética de su pasado, con giros inesperados y sorpresas musicales, además de un humor y un saber estar que atrapan y que se transmiten con facilidad a un público que queda anonadado y entregado ante una personalidad con estas características.

LIVE 56 JAZZALDIA: CECILE MCLORIN SALVANT / July 21, 2021

Cécile Mclorin renueva el género en cada paso que acomete, desde un imperativo de creación personal, bajo una mirada única y creativa y una rica combinación de componentes. Sabe elegir muy bien a sus aliados y esto se notó en su concierto en el Auditorio Nacional a través de una propuesta contemporánea, llena de matices. donde el jazz de vanguardia afloró con una identidad clara, mostrando y dejando entrever su próximo proyecto discográfico Ghost Song donde pudimos escuchar canciones como Ghost Song, Thunderclouds, Optimistic Voices, No Love Dying, Obligation y The World is Mean, pertenecientes a su próximo álbum que saldrá a la luz en 2022 bajo el sello discográfico Nonesuch Records.

En el concierto incluyó un repertorio en el que no faltó la variedad estética con temas como Fog (de su álbum For One to Love), The Obsession (de su álbum a dúo The Window) versiones de temas como Pirate Jenny, o los ya clásicos Over the RainbowOptimistic Voice.  Además, sus dos bises Le Temps est Assassin y Alfonsina y el Mar, dejaron al repleto auditorio en un mar de aplausos.

Cécile, nacida y criada en Miami, Florida, de madre francesa y padre haitiano, ya nos ha dejado boquiabiertos en diversas ocasiones y en diversos formatos, desde su propuesta a dúo junto al maravilloso pianista Sullivan Fortner hasta sus programas junto a Aaron Diehl trio, etc. Sin embargo, en esta ocasión parece que Cécile Mclorin ha apostado por una vía más suya si cabe, más contemporánea, propia e innovadora. Ella misma ha afirmado que “No se parece a nada que haya hecho antes, se está acercando a reflejar mi personalidad como curadora ecléctica, ¡Estoy abrazando mi rareza!”

Quedamos agradecidos por poder contar con una talentosa personalidad de esta magnitud en el Festival de Jazz de Madrid y esperamos la salida de su álbum Ghost Song.

Cécile McLorin Salvant au Detroit Jazz Festival

Escrito por Manuel Borraz

10 de Diciembre de 2021

Román Filiú & Cuarteto Assai, JazzMadrid21

Román Filiú & Cuarteto Assai, JazzMadrid21

Román Filiú & Cuarteto Assai
JazzMadrid21

FESTIVAL INTERNACIONAL DE JAZZ DE MADRID

29

NOVIEMBRE, 2021

Román Filiú, saxos/ Reynaldo Maceo, primer violín/ Gladys Silot, segundo violín/ José Martínez, viola/ Stamen Nikolov, violonchelo

Texto:

Begoña Villalobos

Fotos:

Pepe Ainsua

 

Con una instrumentación no habitual (cuarteto de cuerdas y saxo), un foco en la tradición afrocubana y un sonido de jazz contemporáneo, el reconocido saxofonista cubano Román Filiú O´Reilly presentó Suite Oriental junto al Cuarteto Assai en el Centro de Cultura Contemporánea Conde Duque

 

 

Pensar en un concepto para escribir una suite tiene la dificultad implícita de localizar el balance adecuado para que el resultado sea una pieza final coherente y con sentido de unidad. La intención del autor fue escribir una suite para un cuarteto de jazz aplicado a cuerdas. El concepto no es reforzar la sección rítmica, sino hacer que la sección de cuerdas funcione como un instrumento más.

El proyecto supone un desafío, mayor todavía si existe la libertad creativa para escribirlo. El criterio elegido por el autor fue el de componer música original acerca de Santiago de Cuba. Román Filiú, centrado en el ámbito de la improvisación, con una trayectoria ubicada en la vanguardia, ha conducido la esencia de los géneros musicales santiagueros (como el son y el bolero) de raíces africanas y españolas, hacia un lenguaje contemporáneo; ahora bien, la dificultad radica en establecer los elementos unificadores, entre las pequeñas piezas e interludios que hacen de denominador común y proporcionan una estructura compacta a la suite.

Suite Oriental, así se llama el proyecto de doce piezas originales escritas para saxofón y para el cuarteto de cuerdas de música de cámara español Assai, fundado en 1995.

Además de lograr un sonido elegante con arriesgados arreglos musicales y una gran amplitud de sonoridades y texturas, Román Filiú y el cuarteto Assai mantienen de manera orgánica la esencia de los géneros que representan la música en Santiago de Cuba, si bien, ampliada magistralmente con elementos de jazz contemporáneos de la escena de Nueva York (con referencias de músicos, como Henry Threadgill o Steve Coleman), con los que Filiú ha trabajado.

El repertorio, inspirado en influencias afrocubanas desde un enfoque no tradicional, es variado. Géneros que tienen un lenguaje común, con los que Reynaldo Maceo (primer violín) y Román Filiú se sienten identificados. Escuchamos música de son, montuno cubano, música clásica, balada, tumba francesa tocada con flauta y expresión coral, músicas bailables de las orquestas con las que Filiú tocó en Cuba además del arreglo del bolero La Gloria Eres Tú del autor cubano José Antonio Méndez. Todo ello extrapolado a un lenguaje de jazz contemporáneo.

“Este proyecto forma parte de lo que yo soy, no quería tocar con una sección rítmica, quería probar algo diferente. Ha sido una experiencia muy enriquecedora”, comenta Román Filiú. 

Se aprecia un predominio de los dos violines, el primer violín a cargo del prestigioso Reynaldo Maceo, formado en el Conservatorio de Moscú y director del cuarteto, con el que Román Filiú ha crecido y compartido gran parte de su vida. Destaca también la violinista Gladys Silot. El cuarteto está formado, además, por José Martínez a la viola y Stamen Nikolov, al violonchelo.

 Hace tiempo que compuse una pieza para un cuarteto de cuerdas y es ahora cuando he visto el momento de escribir el proyecto con la oportunidad de tocar con una formación de esta magnitud”, cuenta Filiú.

El resultado es una pieza de música contemporánea de compases asimétricos, magistralmente interpretada por el cuarteto Assai, y el fraseo impecable de Filiú, recreando un ambiente que oscila entre lo onírico y lo rítmico orquestal.

El proyecto será posiblemente grabado en 2022 con el sello de Filiú, Suona Records (recién formado, junto a Jacobo Rivero y Antonio Trillo), que debuta con la publicación del disco, Inkalimeva, a dúo con Román Filiú e Iván Melón Lewis.

Escrito por Begoña Villalobos

29 de noviembre de 2021

Ernesto Aurignac Ensemble “PLUTÓN” Festival JAZZMADRID20

Ernesto Aurignac Ensemble “PLUTÓN” Festival JAZZMADRID20

Ernesto Aurignac Ensemble “PLUTÓN” Festival JAZZMADRID20

26

NOVIEMBRE, 2020

Ernesto Aurignac, saxo alto y composiciones/ Pablo Valero, flauta/ José Andrés Fernández Camacho, clarinete y clarinete bajo/ Alejandro Revidiego, violín/ Dani Anarte, trombón, y trombón bajo/ Gon Navarro, guitarra y efectos/ Nestor Pamblanco, vibráfono, marimba/ Moisés P. Sánchez, piano/ Joan Masana, contrabajo/ Juanma Nieto, batería.

Texto: Begoña Villalobos

Fotografía: FESTJAZZMADRID20

Tenemos la idea irracional de que el ser humano tiene poder sobre el universo. Esa, a veces, patología de omnipresencia autorreferencial en la que todos en algún momento creemos, encierra parte de la esencia de la vida. 

La complementariedad de los contrarios, de los opuestos contenidos en el otro. Lo infinito, inabarcable, conectado con lo minúsculo. Todo esto viene a cuento de Plutón, la obra más reciente, escrita para nueve instrumentos por el compositor y alto saxofonista malagueño Ernesto Aurignac, que presentó en el Fernán Gómez dentro del marco del Festival Internacional de JazzMadrid20.

Ernesto Aurignac plays Charlie Parker with Strings (Teatro Cervantes)

Ernesto Aurignac narra una línea composicional de conexión entre los opuestos. Una historia o muchas historias que tienen que ver con la belleza de lo pequeño y de lo mayúsculo, de lo simple y de lo complejo. Escribe Plutón por encargo de Pepe Mompeán, para el Festival Internacional de Arte Sacro de Madrid (FIAS).

Los elementos compositivos e interpretativos oscilan desde una línea mínima protagonizada por la conversación tranquila y elegante entre dos instrumentos hasta un desarrollo de concepto sinfónico. El hilo conductor es la evolución de un motivo hacia pasajes de ricas melodías y elaboradas texturas de gran coherencia interna que nos trasladan a otros mundos.

“Solo imagino otros mundos y otros sonidos. Mi sonido es algo muy abstracto porque no pienso en ninguna pauta. Es lo que tengo en mi mente. Lo más interesante es lo que experimenta el oyente”, cuenta Ernesto Aurignac.

Estreno de «PLUTÓN» by Ernesto Aurignac + Nonet

El compositor presenta, en el Auditorio Fernán Gómez, diecisiete temas originales escritos para una formación de nueve instrumentos, de una obra que busca ir más allá del jazz contemporáneo y de la música clásica. El título habla por sí mismo, Plutón, un viaje de exploración sonora, una obra evocadora, cinematográfica. A veces de suave e íntimo diálogo de música de cámara que se transforma en profundos desarrollos orquestales de dilatadas cadencias bien articuladas. Para ello Ernesto Aurignac contó en el concierto con el pianista madrileño, Moisés P. Sánchez, un maestro de la orquestación. Junto con Pablo Valero, flauta, José Andrés Fernández Camacho, clarinete y clarinete bajo, Alejandro Revidiego, violín, Dani Anarte, trombón, y trombón bajo, Gon Navarro, guitarra y efectos, Nestor Pamblanco, vibráfono, marimba, Moisés P. Sánchez, piano, Joan Masana, contrabajo, y Juanma Nieto a la batería. 

Ernesto Aurignac dedica el último tema titulado Ser de Luz y escrito para él, a la memoria del trombonista valenciano Toni Belenguer.

Con Plutón, el compositor desarrolla una obra de gran envergadura con amplitud de colores, dejando total libertad al oyente para que experimente su viaje personal.

«Lover Man» – Ernesto Aurignac Quartet

Escrito por Begoña Villalobos

26 de Noviembre de 2020

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