Jimmy Glass Club
Chevi Martínez
Interview
Hay lugares donde la música sucede y otros donde permanece. El Jimmy Glass Jazz Club, es uno de esos espacios en los que el jazz no pasa sin dejar rastro. Desde hace 35 años, este club valenciano (España) sostiene una idea firme de la escucha, del criterio y del compromiso cultural, lejos de la inercia de las modas.
Al frente está Chevi Martínez, fundador y responsable de una programación construida con coherencia a lo largo del tiempo. Su trayectoria profesional atraviesa la creación visual, la producción musical y una relación constante con el jazz, presente desde muy temprano en su vida. En 1991 abrió el Jimmy Glass cuando hacerlo era una apuesta cultural clara, más que una decisión cómoda.
Por su escenario han tocado músicos fundamentales del jazz moderno y contemporáneo como Benny Golson, Lee Konitz, Kenny Garrett, Lou Donaldson, Pat Martino, Dave Douglas, Uri Caine, Wallace Roney, Mark Turner, Ambrose Akinmusire, Ravi Coltrane, Antonio Sánchez, Miguel Zenón, Melissa Aldana, Avishai Cohen, James Brandon Lewis o Enrico Rava, entre muchos otros. Todos ellos han encontrado aquí un espacio donde la cercanía y la atención del público forman parte del concierto.
Chevi se relaciona con el jazz también desde el oficio. Es contrabajista y ha grabado un disco con su sexteto, aunque le cuesta detenerse en ese proyecto cuando habla de sí mismo. Prefiere señalar, casi sin palabras, el contrabajo del Jimmy, que enseña con orgullo. Un instrumento tocado por muchas de las figuras que han pasado por su escenario y que forma parte de la vida cotidiana del club: madera en uso, con historia, que recuerda que aquí la música no se idealiza, se construye noche a noche.
El Jimmy Glass ha demostrado que un club puede tener peso cultural sin renunciar a la exigencia. Su historia es la de un lugar que ha sabido mantenerse fiel a una forma de hacer, sosteniendo el jazz como una música viva, presente y compartida.
In&Out Jazz Magazine: Chevi, lo primero es un placer hablar contigo. Aunque conocíamos el Jimmy Glass desde hace años, es la primera vez que hablo directamente contigo. Este 2026 el club cumple 35 años, una cifra impresionante. Mirando atrás, ¿qué necesidad personal, musical o cultural te impulsó a abrir el Jimmy Glass en 1991?
Chevi Martínez: La verdad es que siempre he estado vinculado a la música. En los años 70, además de trabajar como fotógrafo publicitario de moda y diseñador gráfico, formaba parte de una productora musical llamada La Taba. Hacíamos rock, algo de jazz, música de aquí de Valencia… todo por puro placer. La música siempre ha sido una parte fundamental de mi vida.
Cuando monté el Jimmy Glass fue por eso. Al principio no era exclusivamente jazz: también programaba rock progresivo y otras músicas que me interesaban. El jazz lo tenía muy interiorizado desde pequeño, porque a mi padre le gustaba mucho. Con el tiempo me di cuenta de que en Valencia hacía falta un espacio con una energía real y más concentrada alrededor del jazz.
En aquel momento, salvo Sedajazz, que abrió prácticamente a la vez que el Jimmy, estábamos bastante huérfanos en ese sentido. Así que decidí apostar por ello. A los cuatro años dejé mi otra profesión y me dediqué en exclusiva a esto, a promocionar el jazz y a crear público poco a poco.
Siempre se ha hablado de que en Valencia existe un público de jazz muy fiel. ¿Cómo lo has percibido tú durante todos estos años?
En Valencia hay un público muy fiel al jazz, aunque haya pocas alternativas para escucharlo en directo. Hay una cultura musical muy potente en la ciudad. Pero eso también es responsabilidad de los clubes. No solo hay que traer figuras consolidadas, sino impulsar a las nuevas generaciones, que son el verdadero motor de todo, y también, por supuesto, ofrecer alternativas nuevas al público, que lo agradece.
Precisamente, el apoyo a los músicos jóvenes ha sido una constante en el Jimmy Glass. ¿Qué importancia tiene para ti ese papel?
Es absolutamente fundamental. Desde que se consolidó el conservatorio, Sedajazz y más tarde la llegada de Berklee, el interés por el jazz en Valencia ha crecido muchísimo, sobre todo entre los jóvenes. Hay músicos muy preparados, con una formación excelente y un interés enorme.
Yo recuerdo que ya en los inicios del Jimmy había músicos muy jóvenes que conseguían becas para ir a Berklee en Boston. Esos fueron luego los educadores de los siguientes. Ahora hay una generación impresionante que tiene aquí un escenario donde tocar de forma continua. Aunque no siempre estén en los conciertos más mediáticos, están creciendo, consolidándose, y el público percibe su calidad.
Además, como te decía, hay un público joven muy fiel. Aquí vienen chicos y chicas de 19, 20 o 25 años que son auténticos adictos al jazz. Eso desmonta por completo la idea de que el jazz es solo para gente mayor.
Mantener un club de jazz activo durante 35 años no es nada fácil, especialmente en un contexto donde la música más comercial domina el panorama. ¿Cuáles han sido los principales retos?
Básicamente, mantener un criterio y asumir riesgos. El jazz evoluciona constantemente. Hay que respetar la tradición, pero dentro de ella hay muchas corrientes, mucha contemporaneidad y nuevas tendencias.
No puedes quedarte anclado en un solo tipo de jazz. Hace unos 20 años empecé a traer jazz contemporáneo que a mucha gente le costaba entender, porque pensaban que el jazz era solo swing. Con el tiempo, el público se fue acostumbrando y ahora incluso te pide propuestas más contemporáneas.
Eso es fruto de muchos años introduciendo nuevas músicas. Si sabes elegir bien, acabas creando un público que disfruta descubriendo cosas nuevas. Recuerdo cuando traje por primera vez a Mary Halvorson: vinieron unas 20 personas. Hoy es una figura clave del jazz actual. Si no introduces novedades, te quedas siempre en el mismo sitio.
Los clubs tienen una misión de escaparate y también un carácter pedagógico. El jazz no es una música comercial, así que hay que ganarse al público con trabajo y asumiendo riesgos. Muchas veces la gente dice “esto no va a gustar”, pero con el tiempo lo entienden y acaba gustando.
¿Dirías que tienes criterios irrenunciables como programador?
Sin duda. Hay estilos que me apasionan menos, aunque reconozca que son excelentes. Eso no significa que no pueda programar, por ejemplo, una noche de swing, pero no es la línea habitual del club.
La tendencia del Jimmy Glass es jazz moderno, contemporáneo y vanguardia. La tradición siempre está presente, porque es la base, pero las vanguardias han estado ahí durante toda la historia del jazz y hay que seguirlas.
El Jimmy Glass también destaca por su estructura de ciclos y por el Festival Internacional de Jazz Contemporáneo.
El festival lleva ya 14 años. Surgió de manera natural, porque durante todo el año estaba programando conciertos muy interesantes. En otoño, que es cuando hay más giras internacionales, decidí agruparlos y crear un festival.
Así nacieron los ciclos de invierno, primavera, verano y otoño, y el ciclo de otoño se convirtió en el Festival Internacional de Jazz Contemporáneo. Por aquí han pasado músicos como Lee Konitz, Kenny Garrett, Steve Coleman y muchos más. Cada año intentamos ir un paso más allá.
¿Existe una relación formal con Sedajazz, conservatorios o escuelas?
No hay convenios oficiales. Simplemente nos conocemos, hay amistad y una relación natural. Con Latino, de Sedajazz, incluso llegué a codirigir la programación del Festival de Jazz de Valencia durante un tiempo.
Los músicos saben que aquí tienen un espacio si están en el nivel adecuado. Tocar en el Jimmy Glass tiene un prestigio, porque saben que aquí ha tocado gente muy importante y que el público escucha de verdad, así que son exigentes consigo mismos y siempre dan lo mejor en el escenario..
A nivel nacional, ¿cómo ves la escena del jazz en España?
En España hay músicos de jazz extraordinarios. El nivel ha subido muchísimo. El problema es que faltan más clubes en más ciudades para que haya más circuitos y más posibilidades de gira. Organizar una gira para un músico joven es muy complicado.
En 2026 celebráis el 35 aniversario del club. ¿Tenéis algo especial previsto?
Sí, claro. Los 30 los celebramos en plena pandemia, con paneles de metacrilato en el escenario. Fue duro, pero salió muy bien. Este año también lo celebraremos. La fecha inauguración exacta es el 25 de octubre así que algo iré pensando.
Para terminar, ¿recuerdas alguna noche que empezara como un concierto más y acabara siendo inolvidable?
Me impresionó mucho que vinieran leyendas como Benny Golson o Lee Konitz, pero más allá de nombres concretos, lo que recuerdo es lo rápido que empezó a correrse la voz entre los músicos, sobre todo a partir del año 2000.
Muchos llegan, tocan y al final dicen: “Chevi, this club is real”. Es un sitio pequeño, sencillo, pero con una energía muy especial. Aquí el público escucha, respeta y eso a los músicos les encanta.
Tenemos solo 82 plazas, lo que crea una cercanía total. Aquí está prohibido hablar durante los conciertos. La gente lo sabe y lo respeta. Si alguien no lo hace, le devolvemos el dinero y le pedimos que se vaya. Es una cuestión de respeto hacia los músicos y hacia el público.
El club tiene backline completo, piano, batería, amplificadores… eso facilita mucho que venga gente de fuera. Aquí se sienten como en casa, y eso es lo más importante.
Gracias Chevi, nos veremos pronto por Valencia.
Gracias a vosotros por entrevistarme y por dar visibilidad a los clubes de jazz. Cuando queráis, aquí estamos.
Escrito por Pedro Andrade
17 de marzo de 2026