Viktorija Pilatovic
Interview
“Seven Letters: El jazz íntimo de Viktorija Pilatovic”
En Seven Letters, su quinto álbum, Viktorija Pilatovic convierte la música en un espacio de conversación íntima. Canciones que nacen como cartas, a uno mismo, a los seres queridos, a los recuerdos, al silencio, y que, sin embargo, acaban hablándonos a todos. Tras una trayectoria sólida dentro del jazz contemporáneo, la cantante y compositora lituana afincada en España firma su trabajo más personal, un disco donde cada acorde tiene un color y cada melodía una intención.
Fiel a su manera de entender la creación, Pilatovic parte siempre de la música para llegar a la palabra, dejando que la armonía marque el camino emocional de cada pieza. El resultado es un jazz abierto y profundamente comunicativo, donde la complejidad convive con la cercanía y la emoción precede al discurso. Acompañada por un trío de músicos de grandísimo nivel, el álbum cuenta con Petros Klampanis (contrabajo y coproductor), Albert Palau (piano) y Quique Ramírez (batería), además de la colaboración especial del saxofonista Perico Sambeat en una balada dedicada a su madre.
Seven Letters es también una reflexión sobre el tiempo, la identidad y la escucha, tanto interior como colectiva. Con motivo de este nuevo lanzamiento, conversamos con Victoria, sobre su proceso creativo, su relación con la composición, la madurez artística alcanzada tras cinco discos y su manera de entender el jazz como un lenguaje vivo, compartido y en constante transformación.
In&Out Jazz Magazine: Hola Viktorija, gracias por atendernos. La primera vez que te vimos fue en el Café Central de Madrid, hace ya algunos años, presentando uno de tus discos anteriores junto a Perico Sambeat. Ahora vuelves con nuevo trabajo. ¿Cómo estás y qué nos traes con este nuevo álbum?
Viktorija Pilatovic: Hola, gracias a vosotros por el tiempo y por el interés. Sé que es un trabajo complicado, hay mucha gente sacando discos y buscando entrevistas, así que estoy muy agradecida por estar aquí.. Sí, aquello fue en Café Central, presentando The Only Light, antes de la COVID… el tiempo vuela. Ahora presento Seven Letters, y estoy muy ilusionada con este proyecto.
El disco se titula Seven Letters. ¿Qué nos puedes contar sobre este concepto? ¿A quién van dirigidas esas siete cartas?
Al principio no estaba pensando en un concepto. Yo componía canciones sin más, pero cuando releía las letras me di cuenta de que siempre estaba hablándole a alguien. Revisé canciones antiguas y pensé: “qué fuerte, siempre hay un destinatario”. A veces hablas con otra persona, a veces contigo misma, con un recuerdo, con alguien que ya no está. Entonces pensé que era bonito recuperar la idea de escribir cartas, algo que se está perdiendo en este mundo de mensajes cortos. Así nació la idea de hacer siete cartas, no necesariamente dirigidas solo a personas, sino también a conceptos. De ahí nació el disco.
Hay un componente muy íntimo en algunas de esas cartas, pero también algo universal. Por ejemplo, una está dedicada a tu madre.
Sí, hay una carta para mi madre. Ella no entiende del todo la letra porque está en inglés, yo se la traduzco, pero lo vive desde la música.
Cada uno crea su propio mundo, y aunque la carta es muy personal, la emoción puede ser compartida.
Hay otra carta muy especial, Stranger. ¿A quién va dirigida?
Viktorija Pilatovic: Es una carta a alguien que todavía no conozco, pero que sé que será importante en mi vida. Me gusta pensar que cuando era niña no sabía que viviría en España, ni que conocería a músicos tan importantes para mí. La canción dice algo así como: “Stranger, come here, I’ve been looking for you”. Es sentir amor por alguien que aún no existe en tu vida.
También puede interpretarse como hablarle a tu yo del futuro.
Exacto, es un pensamiento precioso. Yo dentro de diez años también seré una desconocida para mí misma.
Otra pieza clave es On the Edge of Silence. ¿De dónde nace?
Esa carta habla de la conexión entre los músicos. La escribí después de un concierto muy bonito en Hondarribia. Ese momento justo antes de tocar la primera nota, ese silencio cargado de tensión… para mí es mágico. Es algo difícil de explicar a alguien que no vive la música así. Los músicos y los amantes profundos de la música se reconocen entre ellos.
El disco tiene una carga armónica y lírica muy potente, pero al mismo tiempo es muy accesible. ¿Buscas romper el tópico de que el jazz es solo algo complejo e inaccesible?
Eso es el mejor cumplido que me pueden hacer. A los músicos nos gusta dar ear food, cosas que otros músicos puedan analizar y disfrutar, pero yo también quiero conectar con la gente por la vibra, por cómo suena, por la melodía. La música tiene que transmitir algo antes incluso de que se entienda la letra.
¿Empiezas a componer desde la música o desde la letra?
iempre empiezo por la música. Nunca escribo letras primero.
Un acorde ya tiene un color, una emoción, una intención. La melodía y la armonía te llevan a un sitio concreto, y a partir de ahí nace la letra. Intento que melodía, armonía y palabra trabajen juntas, como un todo.
Háblanos de los músicos que participan en el disco.
Claro, es el segundo disco que hago con esta formación. El anterior, Sky Bridges, ya estaba producido y grabado con Petros Klampanis. Yo sigo a Petros desde hace muchísimos años. Los dos somos artistas de Inner Circle Music, que es el sello de Greg Osby. Petros tiene varios discos en este sello y yo también publiqué allí mis dos o tres primeros trabajos. Ahora, después de varios años Petros y yo somos como una asociación.
Llevaba mucho tiempo siguiendo su música y durante la COVID él sacó un par de canciones que me gustaron muchísimo. En ese momento yo necesitaba a una persona a la que pudiera delegar parte del trabajo dentro del estudio, porque yo me encargo absolutamente de todo: escribo las partituras, las partes, los arreglos y las composiciones; elijo a los músicos; organizo hoteles y viajes; preparo todo lo necesario; estudio los temas que tengo que cantar y los canto. Todo esto se vuelve muy pesado en el momento de grabar.
Durante una grabación hay muchas emociones, muchas decisiones que liderar, muchas tomas que quieres hacer, y no siempre tienes la claridad para saber si algo está funcionando o no, sobre todo cuando estás estresada. Entonces, por primera vez después de tres discos, decidí contar con alguien que pudiera ayudarme dentro del estudio, y esa persona fue Petros. Fue una experiencia muy positiva tenerlo ahí conmigo. Ahora hemos hecho otro disco, Seven Letters, de la misma manera, con él como productor, además de bajista.
Con Quique empezamos a tocar ya en Sky Bridges, el disco anterior. Es un batería muy sensible, con un drive tremendo y mucha fuerza, pero al mismo tiempo con una gran capacidad de escucha. Entiende muy bien la canción. Además, es compositor, así que tiene esa comprensión del jazz contemporáneo. Le gusta la música que me gusta a mí, y eso es fundamental a la hora de elegir a los músicos.
Albert Palau es una persona muy especial para mí. Es mi amigo y colaborador desde el principio. Cuando llegué a España, desde el primer ensayo me pareció una persona de oro. Es muy respetuoso, muy responsable y siempre te apoya de todas las formas posibles. Valora muchísimo el trabajo del líder, y eso para mí es muy importante, porque liderar un proyecto implica mucho más que aprender la música y venir a ensayar. Hay que encargarse de la imagen, de las redes, de la comunicación, de intentar mover y vender el proyecto. Es muchísimo trabajo.
Mis compañeros de grupo lo entienden perfectamente. Y, además de ser un gran compañero, Albert es un pianista brillante. Tiene todo. He tenido mucha suerte. Me encanta cómo acompaña, sé que puedo contar con él y sigo contando con él.
Llevas unos 13 años viviendo en España. ¿Qué queda de la Viktorija que llegó desde Lituania?
Guau, claro… es que prácticamente crecí aquí. Crecí musicalmente y también como persona. Llegué como estudiante y aquí me transformé en la mujer que soy hoy, casi con cuarenta años. Entonces, ¿qué queda de aquella chica lituana? Queda la esencia, sin duda. Sigue ahí. Me llamo Victoria, aunque muchos me llaman Victorija, que es la forma lituana del nombre, y siento que ambas forman parte de quien soy. Es como si existiera una Victoria lituana y, al mismo tiempo, una Victoria española. Es algo muy interesante y también muy filosófico, incluso psicológico, para mí misma: pensar qué permanece de aquella chica que llegó desde Lituania.
Cuando se abrió Berklee en Valencia pensé que era el lugar perfecto para hacer mi máster. Tenía muchas ganas de descubrir, de experimentar. Me gustaba mucho el idioma y sentía una gran curiosidad por conocer otro mundo, así que me mudé sin pensarlo dos veces. A partir de ahí conocí a muchos de los grandes músicos que hay en España y una cultura de jazz enorme, especialmente en Barcelona, algo que en Lituania no existía. Para mí fue como llegar a Nueva York. Me sentí muy afortunada tocando con Perico y aprendiendo de él. La escena me parecía increíble y todo eso forma una parte fundamental de este proceso y de quien soy hoy.
¿Ha cambiado tu motivación con los años?
En cuanto a las ganas y la confianza en mí misma, antes confiaba muchísimo en mí. No sé muy bien de dónde sacaba ese impulso, pero tenía una energía enorme y una fe absoluta en que podía con todo. Con los años, sin embargo, esa seguridad se ha ido debilitando. Creo que cuanto más sabes, más consciente eres de todo lo que no sabes.
Ahora siento que, a medida que aprendo más cada año, me hago más pequeña. Ves el nivel que hay ahí fuera, cómo toca la gente, y eso impresiona mucho. El síndrome del impostor crece con el tiempo, de verdad. Es curioso, incluso paradójico. No sé muy bien por qué ocurre.
Supongo que tiene que ver con la edad y con una humildad mucho mayor que antes. Hay tantos músicos increíbles, gente que compone de una manera impresionante… incluso mis propios alumnos a veces me obligan a volver a estudiar. Hay un nivel altísimo, gente realmente potente.
Eres también una gran docente. ¿Qué consejo das a los jóvenes músicos?
Que nunca dejen de aprender. Que mantengan los oídos abiertos y se adapten a los cambios de la industria. No luchar contra lo que viene, sino encontrar la manera de convivir con ello.
¿Cuándo y dónde podremos escucharte en directo?
La presentación oficial es el 13 de febrero en Burning House, en Valencia.
El 20 de febrero tocamos en Sabiñánigo (Huesca). Habrá más conciertos por confirmar, y Madrid seguro que entra en la gira.
¿Cuáles son tus influencias actuales?
Me inspira mucho el jazz contemporáneo: Gerald Clayton, Shai Maestro, Immanuel Wilkins, Cecil McLorin Salvant, Esperanza Spalding, Gretchen Parlato, Diane Reeves… También hago un homenaje a Autumn Leaves en el disco, como una carta de agradecimiento a Johnny Mercer.
Gracias por tu tiempo, Viktorija. Te deseamos lo mejor con Seven Letters y esperamos verte pronto en Madrid.
Muchas gracias a vosotros. Un abrazo.
Por Pedro Andrade
19 de marzo de 2026