Café Central Ateneo
Juantxu Bohigues
Interview
16
Abril, 2026
Texto: Pedro Andrade y Begoña Villalobos
Fotos: © Fernando Tribiño
Entrevista a Juantxu Bohigues – Café Central Ateneo- Madrid, España.
In&Out Jazz Magazine
Durante más de cuatro décadas, el Café Central Jazz Club (Madrid, España) ha sido mucho más que una sala de conciertos: ha sido un santuario del jazz en España, una parada obligatoria en el circuito internacional y un lugar de culto donde la música sucede a escasos metros del público. Por su escenario han pasado figuras esenciales como Tete Montoliu, Pedro Iturralde, Chano Domínguez, Barry Harris, George Cables, Brad Mehldau, Antonio Serrano, Wallace Roney, Silvia Pérez Cruz, Ben Sidran, Jorge Pardo, Sam Rivers, Ernie Watts, Jerry González, junto a innumerables artistas nacionales e internacionales que han encontrado en este espacio una conexión única con la audiencia. En pleno corazón de Madrid, el Central ha definido una forma de escuchar, de programar y de vivir el jazz.
Ahora, en un momento de transformación, el histórico club inicia una nueva etapa sin perder su esencia. Hablamos con Juantxu Bohigues, encargado del Café Central, sobre continuidad, memoria, cambio y futuro. Una conversación que no solo repasa la historia reciente del local, sino que reafirma su papel como uno de los pilares fundamentales del jazz en España y su firme voluntad de seguir latiendo.
In&Out Jazz Magazine: Gracias, Juantxu, por tu tiempo. Sabemos que estáis muy ocupados con todos estos cambios. Revisando la historia del Café Central, esta no es la primera vez que afrontáis una situación complicada.
Juantxu Bohigues: No, ni mucho menos. A lo largo de estos 43 años ha habido varias situaciones difíciles. Recuerdo especialmente una en la que Tete Montoliu vino durante todo un mes, en agosto, para apoyar. Le avisaron de que el local estaba en peligro y, a pesar de tener compromisos en Barcelona, lo dejó todo y se vino. Ese tipo de gestos reflejan muy bien lo que ha sido siempre el Café Central: un lugar sostenido por la pasión, por la implicación real de músicos, socios y equipo. También otros socios históricos hicieron esfuerzos enormes, incluso personales, para mantenerlo vivo. Esa energía, esa capacidad de reaccionar, de encontrar soluciones cuando todo parece complicado, es parte del ADN del Central.
¿Dirías que esa pasión sigue siendo el motor principal hoy?
Totalmente. Esa pasión no solo se mantiene, sino que se ha transmitido de generación en generación dentro del proyecto. Los socios actuales la han heredado y la viven con la misma intensidad. Se ha visto muy claramente ahora: desde el momento en que supimos que teníamos que dejar el local, en apenas cuatro meses ya habíamos encontrado una alternativa. Eso no ocurre sin compromiso, sin amor por lo que haces. Y además, con una idea muy clara: no detener la música. El 15 será el último concierto en el espacio actual y el 16, a las cinco de la tarde, estaremos ya comenzando de nuevo. No hay pausa, no hay silencio.
Entonces, queda claro: el Café Central no desaparece.
Exacto. El Café Central continúa. Es importante insistir en eso porque puede haber confusión. Habrá un cierre físico del local tal como lo conocemos, sí, pero al mismo tiempo se abre una nueva etapa de forma inmediata. Es casi simbólico: se cierra una puerta y se abre otra en el mismo instante. No queremos que el público ni los músicos sientan que hay una ruptura. Es continuidad pura.
¿Dónde se traslada esta nueva etapa?
Nos trasladamos al Ateneo, en la calle Santa Catalina número 10. Es una ubicación muy cercana, prácticamente en el mismo entorno. Para la gente que ha venido durante años al Central, el cambio es mínimo en términos de localización. Eso era muy importante para nosotros: mantenernos en el centro, en el mismo corazón cultural de la ciudad.
¿Cómo será el nuevo espacio a nivel práctico?
Vamos a tener dos espacios diferenciados. Por un lado, la Cantina del Ateneo, que será el Café Central Ateneo. Es un espacio ligeramente más pequeño que el actual, pasaremos de unas 80 butacas a unas 70, pero mantiene esa cercanía, esa intimidad que es esencial para el jazz. Y por otro lado, tendremos la sala cátedra del Ateneo, con capacidad para unas 300 personas. Esto cambia mucho el panorama, porque nos permite hacer conciertos de mayor formato y ampliar la programación.
Eso responde a una necesidad que venía de lejos.
Sí, completamente. Muchas veces teníamos el local lleno y había 30 o 40 personas fuera sin poder entrar. Eso nos dolía muchísimo, porque veías las ganas de la gente, su ilusión por escuchar música, y no podíamos hacer nada. Ahora eso cambia. Vamos a poder acoger a más público y también ofrecer más oportunidades a los músicos. Se abre el abanico.
¿El equipo del Café Central se mantiene en esta transición?
Sí, y eso es clave. El equipo es exactamente el mismo: Javier González seguirá como programador, Ariadna en la dirección, los socios continúan, y el personal también. Eso garantiza que la esencia no se pierda. Porque al final, el Central no es solo un espacio físico, es una manera de hacer las cosas, de tratar a la gente, de vivir la música. Y eso lo hacen las personas.
Muchos músicos estaban pendientes de qué iba a pasar. ¿Qué les dirías?
Que estén tranquilos, porque todo sigue y además crece. Vamos a seguir contando con los mismos músicos de siempre, pero también vamos a poder abrir la puerta a otros que antes no tenían espacio. El hecho de tener dos salas nos permite ampliar la programación. Siempre hemos recibido propuestas, y ahora más que nunca queremos escuchar, ver y valorar todo lo que nos llega. La continuidad es total, pero con más posibilidades.
¿Cómo será la programación en esta nueva etapa?
Mantendremos el formato habitual de conciertos diarios con dos pases. Eso no cambia. Y, además, la sala cátedra permitirá programar conciertos más grandes, probablemente cada dos semanas. La inauguración será el 24 de abril, con Joshua Edelman y Jorge Pardo. Es una forma de marcar el inicio de esta nueva etapa con fuerza.
¿Cómo se articula la relación con el Ateneo?
Es una colaboración muy clara. Nosotros nos encargamos de todo lo relacionado con el jazz: programación, gestión del espacio del Café Central Ateneo. El Ateneo mantiene su actividad cultural habitual, que es muy amplia. Hay coordinación, por supuesto, pero cada parte tiene sus funciones. Lo importante es que compartimos una misma visión y un mismo respeto por la cultura.
¿Cómo ha reaccionado el público ante todo esto?
Con un cariño enorme. Ha sido emocionante. Ha venido gente que nunca había estado solo para mostrar su apoyo. Personas que nos dicen que nos seguirán donde vayamos. Recuerdo a alguien que vino desde Bilbao solo para darnos la mano. Ese tipo de cosas te marcan. Te hacen sentir una responsabilidad muy grande, pero también una alegría inmensa.
El Café Central tiene un peso muy importante en la historia del jazz.
Sí, y eso es algo que valoramos mucho. No solo en Madrid, sino a nivel internacional. Han pasado músicos increíbles por aquí, y muchos consideran este lugar como uno de sus favoritos. Pero más allá del prestigio, lo que define al Central es la experiencia: ese momento en el que entras, te olvidas del reloj, del exterior, y te sumerges en la música. Es un espacio de conexión, de emoción.
¿Qué podemos esperar del nuevo espacio en términos de sonido y ambiente?
Vamos a trasladar todo lo que podamos: el piano, las sillas, incluso la disposición del espacio. Queremos que la gente reconozca ese espíritu. Además, la acústica del Ateneo es excelente, especialmente en la sala grande. Eso nos permitirá mejorar incluso algunos aspectos técnicos.
¿Habrá algún acto especial para marcar este cambio?
Sí, el 16 de abril a las cinco de la tarde se organizó una marching band al estilo Nueva Orleans. Ha sido una forma de despedirnos del espacio físico y, al mismo tiempo, celebrar lo que viene. Una fiesta, en el fondo.
Para terminar, ¿cómo definirías este momento?
Como una transformación necesaria. Cambiamos de lugar, pero no de esencia. Seguimos siendo los mismos, con más ganas que nunca. Es una nueva etapa que nos va a permitir crecer, mejorar y llegar a más gente. Y lo más importante: el Café Central sigue vivo y seguirá muchos años más.
Muchas gracias, Juantxu.
Gracias a vosotros.
Escrito por Pedro Andrade y Begoña Villalobos
16 de abril de 2026