Emilio Solla & La Inestable de Brooklyn
Handmade
Review
11
Junio, 2026
Texto: Pedro Andrade
Fotos: Adrien H. Tillmann
Review from In&OutJazz Magazine. Handmade (Club del Disco, 2026)
Emilio Solla, piano, dirección / Sara Caswell, violín / Tim Armacost, saxo tenor, clarinete, clarinete bajo / Rodolfo Zanetti, bandoneón / Edward Perez, contrabajo / David Smith, trompeta, fliscorno / Mike Fahie, trombón / Rogério Boccato, batería, percusión / Alejandro Avilés: Saxo soprano, saxo alto, flauta
Hay trabajos que pasan y otros que permanecen. Handmade (Club del Disco, 2026), la nueva entrega de Emilio Solla con La Inestable de Brooklyn, pertenece a esa segunda estirpe: una obra que no se consume con rapidez, sino que se despliega con el tiempo, como si exigiera al oyente el mismo cuidado con el que fue concebida.
En un presente dominado por la prisa y la automatización, Solla propone una especie de regreso consciente a lo esencial: escribir, pensar, construir desde lo tangible. No hay gesto nostálgico en ello, sino convicción. La música aquí nace de la fricción entre la idea y la materia, de ese proceso lento donde cada decisión deja huella. Es un disco que reivindica el hacer, el oficio entendido como práctica paciente frente a la superficialidad contemporánea.
El noneto funciona como un organismo preciso y flexible. La combinación de vientos, cuerda, bandoneón y base rítmica abre un abanico tímbrico amplio, casi orquestal, sin perder la cercanía del formato reducido. En ese equilibrio se percibe la sombra luminosa de Duke Ellington: escribir pensando en las personas concretas, en sus matices, en su voz propia. Cada intervención parece diseñada a medida, como si la partitura respirara con quienes la ejecutan.
El pulso argentino atraviesa todo el álbum, pero sin caer en mezclas forzadas ni clichés. No hay collage estilístico: hay raíz. Sobre ese suelo firme, el lenguaje del jazz actúa como herramienta de exploración, ampliando horizontes sin borrar la identidad. Solla no fusiona; dialoga.
En el centro aparece la “Suite de los Abrazos”, dispuesta de forma no lineal, como un pequeño laberinto emocional. “Milonga mutante” sorprende por su energía: bajo una estructura exigente late un impulso físico, casi festivo. “The Loss” se mueve en un territorio más introspectivo, con un lirismo contenido que deja espacio al silencio. Y “Bodegón caníbal” despliega un juego de voces entrecruzadas que revela la minuciosidad del trabajo compositivo.
Alrededor de ese núcleo, el disco se abre a múltiples direcciones: un guiño elegante al universo de Miles Davis, una mirada cómplice hacia Joni Mitchell, ecos del imaginario de Chick Corea. El violín de Sara Caswell se desplaza con ligereza en “Bird Song”, trazando líneas que parecen no tocar el suelo, mientras la voz invitada aporta una dimensión cálida, casi confesional.
Lo admirable es cómo todo ese entramado, complejo en su diseño, se percibe natural. Nada suena forzado. Las piezas fluyen con una lógica interna que evita el exceso y favorece la claridad. Solla parte de células mínimas y las desarrolla con paciencia, como quien talla una forma hasta encontrar su verdad.
“Handmade” no busca impresionar con artificio ni velocidad. Prefiere quedarse, sedimentar. En ese gesto hay una toma de posición: frente a lo inmediato, profundidad; frente a lo efímero, permanencia. Y en ese espacio, su música encuentra algo poco común hoy: una autenticidad que no necesita proclamarse.