XII JazzEñe Festival
Fundación SGAE | 61º Jazzaldia
San Sebastián-Donostia 2026
10
Agosto, 2026
Texto: Begoña Villalobos / Marino Garcimartín
Foto: José Luis Luna Rocafort / Juantxo Egaña – Fundación Sgae
El Teatro Victoria Eugenia de San Sebastián / Donostia, vuelve a ser, por sexto año consecutivo, el escenario elegido para JazzEñe 2026, la muestra de jazz español impulsada por la Fundación SGAE desde 2014, para acercar propuestas de la escena nacional a programadores internacionales, profesionales del sector y público. La muestra está integrada en la programación del 61ºedición del Festival de Jazz de San Sebastián / Donostia, Jazzaldia 2026. JazzEñe celebró su duodécima edición con ocho conciertos distribuidos en cuatro sesiones matinales dobles en el mes de julio, reafirmándose como una plataforma de proyección internacional del jazz hecho en España.
La inauguración de JazzEñe corrió a cargo del cuarteto del baterista, compositor y percusionista Javi Ruibal, que presentó un repertorio donde el jazz contemporáneo dialoga con el flamenco y las músicas de raíz mediterránea desde una perspectiva abierta y actual. Junto a Óscar Álvarez Rifbjerg al piano y teclados, Ale Benítez al bajo eléctrico y Diego Villegas al saxo, flauta y armónica. Ruibal tiene un discurso compositivamente sólido de riqueza rítmica. Lejos de los planteamientos más convencionales del jazz fusión, el cuarteto desarrolla un lenguaje melódico y ecléctico donde conviven la improvisación, el lirismo y la tradición flamenca. La flauta de Diego Villegas introduce melodías de acento andaluz en diálogo con un entramado rítmico sofisticado, mientras la batería de Ruibal incorpora recursos propios del cajón y de los palos flamencos sin abandonar el lenguaje del jazz. Escuchamos un concierto dinámico y convincente, marcado por la fluidez de los solos y la frescura del conjunto.
Con Amorodios, el pianista y compositor Xan Campos presenta una de las propuestas más personales de su trayectoria, un proyecto donde el jazz contemporáneo incorpora la tradición oral gallega como parte de su propio lenguaje. Junto a Faia Díaz, a la voz y pandereta, Felix Barth al bajo y Iago Fernández a la batería, construye un repertorio de composiciones originales en el que conviven la música de raíz, el rock y la improvisación bajo una sólida concepción formal. La voz de Faia Díaz, ajena a los códigos habituales del jazz, aporta una expresividad de gran autenticidad en diálogo con el piano de Campos en un permanente juego de tensiones y contrastes. Inspiradas en las métricas y el imaginario de la tradición gallega, las composiciones despliegan largos desarrollos narrativos donde la densidad armónica y el pulso rítmico evolucionan con naturalidad, sin perder nunca el vínculo con la raíz. Amorodios plantea una relectura contemporánea de la identidad musical gallega desde la libertad del jazz.
Anggie Obin abrió la sesión del segundo día con una agrupación que combinó figuras de largo recorrido como Masa Kamaguchi y Gorka Benítez, con músicos emergentes como Estefanía Chamorro y Diego Hervalejo. El sonido de Obin, con una forma de tocar rítmica y efectista a la flauta travesera, combinó a la perfección con el de Benítez y el lirismo al que nos tiene acostumbrados desde su sonido tan característico. Las composiciones de Obin y Benítez iban alternando el blues con jazz vanguardia, pasando de la raíz más reconocible a los pasajes de mayor libertad sin que el concierto perdiera el hilo. En la banda base destacaron los solos de Hervalejo y la seguridad que aporta un contrabajista de la talla de Masa Kamaguchi, siempre atento a sostener al grupo de una forma discreta. Obin lideró el grupo e interactuó con el público en un concierto que pudo haber sido cancelado debido a la rotura de un dedo de la mano derecha, algo por lo que se disculpó, aunque no afectó en absoluto a su interpretación.
Noa Lur ya cuenta con una gran trayectoria en los escenarios de jazz, liderando, además de esta agrupación, el proyecto Jazz for Children, que participó al día siguiente en Jazzaldia. El sonido del quinteto destacó por su esencia rock-fusión con una banda base de músicos de la escena madrileña del jazz: Tony Pereyra a la guitarra, David Sancho al piano y teclado, Ander García al contrabajo y bajo eléctrico, y David Fernández (Papa Dave) a la batería. Llamó la atención la conjunción entre David Fernández y Ander García, muy acostumbrados a tocar juntos, que sonaron cohesionados y dieron al quinteto una base firme sobre la que moverse. Lo más destacado del concierto fueron los solos de David Sancho, un músico experimentado capaz de crear paletas tímbricas y armónicas muy personales y llevar los temas a otro nivel. El repertorio estaba formado por temas originales, compuestos y arreglados por la propia Noa Lur en colaboración con Ander García.
La saxofonista y compositora Alba Gil Aceytuno presentó Pleito, un proyecto en solitario concebido como un espacio de exploración entre la memoria sonora del archipiélago canario y la creación contemporánea. Sola en escena, combina saxofón alto, voz, percusión, loops y tratamiento electrónico para construir un discurso donde cada elemento adquiere una función estructural dentro de la obra. Las composiciones, reunidas en loscoloresdelaspiedras, recuperan romances, cantos y ritmos tradicionales de las islas para situarlos en un contexto abierto a la improvisación y la experimentación tímbrica. La respiración circular, la superposición de capas sonoras y el empleo de la voz como prolongación del saxofón generan una escritura de riqueza textural, donde conviven la influencia del folclore canario, las resonancias del norte de África y los recursos del jazz contemporáneo.
Con El Gran Ra, el violinista y compositor Raúl Márquez trasladó al jazz un universo inspirado en la poética del circo, no desde la descripción escénica, sino como metáfora del equilibrio, el riesgo y la transformación. Junto al pianista David Sancho y el batería Fran Gayo, desarrolla un repertorio de composiciones originales que encuentra en la improvisación el espacio idóneo para ampliar su dimensión narrativa. El violín vertebra un discurso de amplitud expresiva, alternando líneas de marcado lirismo con momentos de intensa tensión tímbrica, donde las distorsiones, los desarrollos abiertos y la interacción del trío mantienen la música en constante desplazamiento. Cada obra evoca la personalidad de una figura circense, desde Pinito del Oro hasta el faquir Daja Tarto, sin caer en el carácter descriptivo, sino transformando esas referencias en materia musical. El resultado es un proyecto de sólida identidad, en el que conviven la escritura y una sensibilidad melódica que convierte el concepto de equilibrio en el auténtico eje de la propuesta.
La propuesta de Víctor Antón tomó como eje el título de su quinto álbum como líder, Nudos: Música inevitable. Como explicó durante el concierto, podría parecer que vivimos en un tiempo en el que todo ya está dicho en la música, todo está inventado. Sin embargo, el músico no puede evitar seguir creando, forma parte de su esencia. Su música bebe del jazz contemporáneo con herencia de guitarristas como John Scofield, pero con un sonido propio y unas composiciones en las que los arreglos van más allá del simple tema-solos-tema. Pese a no ser la banda original del disco, el grupo sonó muy cohesionado y firmó una de las mejores sesiones del JazzEñe de esta edición. El cuarteto estaba formado por Daniel Juárez al saxofón tenor, Darío Guibert al contrabajo, Rodrigo Ballesteros a la batería y el propio Antón a la guitarra. De las composiciones de Antón destacan las líneas al unísono de guitarra y saxo tenor que, pese a su complejidad en algunos pasajes, sonaron con una naturalidad que habla de la destreza de ambos músicos y de la calidad de la escritura del zamorano.
El cuarteto de Daniel Juárez, que presentó el repertorio de Reflexividad, su último disco como líder, tomó el relevo con una formación casi idéntica, cambiando a Víctor Antón por Xan Campos. Esto permitió demostrar la versatilidad de los músicos y las diferencias entre las composiciones de Daniel Juárez y Víctor Antón, que, a pesar de beber ambas del jazz contemporáneo, sonaron de forma completamente distinta. El proyecto de Juárez comenzó con un tema de alta complejidad métrica y derivó en temas ambientales con momentos que alternaron la delicadeza melódica y momentos de gran intensidad, de la mano de solos de Campos y Juárez. En sus solos, Juárez demostró una gran destreza para llevar la intensidad al máximo partiendo de conceptos mínimos: una célula melódica breve que iba desarrollando con una articulación y una rítmica muy cuidadas hasta explotar en un ápex más propio de una composición trabajada con tiempo que de una improvisación resuelta en el momento. En el otro extremo estuvieron los pasajes en los que Campos se quedó solo y desarrolló un ambiente íntimo, con una delicadeza armónica muy cuidada que llevaba los temas de Juárez a su propio lenguaje. Ballesteros y Guibert demostraron ser una apuesta segura como banda base, tocando los temas de ambos artistas con solidez y leyendo la intensidad necesaria en cada momento con repertorios técnicamente muy exigentes.
Agosto 10, 2026