61º Jazzaldia Festival- Donostia/San Sebastián 2026
61 Jazzaldia Festival
San Sebastián-Donostia 2026
La 61.ª edición del Festival de Jazz de San Sebastián, Jazzaldia, volvió a distribuir su programación por doce escenarios diferentes, desde el Kursaal hasta la histórica Plaza de la Trinidad, pasando por el Teatro Victoria Eugenia, sede de los conciertos matutinos de JazzEñe (Fundación SGAE), y el claustro del Museo de San Telmo.
El centenario del nacimiento de John Coltrane y Miles Davis marcó parte de esta edición, con las propuestas de Marcus Miller, Charles Tolliver, Azar Lawrence, Antonio Lizana y Erik Truffaz. Dos figuras cuya influencia continúa atravesando el jazz contemporáneo y cuyo legado fue abordado desde perspectivas muy diferentes.
A las once de la mañana en el museo San Telmo, un piano, un contrabajo y ningún micrófono: el marco menos aparatoso posible para uno de los conciertos más finos del 23 de julio. Bruce Barth y Vicente Archer llevan años leyéndose y se les nota. Pasajes enteramente improvisados sonaban ensayados de antemano, no por rigidez, sino porque cada uno sabía dónde iba a caer el otro.
El programa, Summertime, Prelude to a Kiss, dos piezas propias de Bruce Barth, Friend Song y Afternoon in Lleida, y Take the Coltrane, desmontó de entrada la idea del dúo jerárquico, con el contrabajo condenado a sostener al pianista. Lo que hubo fue un diálogo de iguales. Vicente Archer cobró forma como voz melódica y solidez rítmica, y el intercambio de papeles ocurría sin subrayados.
Bruce Barth trabajó sobre el desarrollo motívico, repitiendo y desplazando frases hasta obligar al oyente a seguir cada paso.
Dos instrumentos sin amplificar y, aun así, una gama de texturas e intensidades que muchos grupos no alcanzan. Rara vez se oye a dos músicos anticipar con tanta precisión lo que va a tocar el otro.
Samara Joy no interpreta los standards: los rehace. En el Kursaal, a las 18:30 del 23 de julio, desplazó melodías, alteró armonías y recorrió su registro de arriba abajo con una naturalidad que explica por qué, a los veinte y seis años y con seis Premios Grammy, se la señala ya como figura central del jazz vocal.
La acompañó una banda estable de siete músicos: cuatro vientos, Nanami Haruta (trombón), Jason Charos (trompeta), David Mason (saxo alto) y Kendrick McCallister (saxo tenor), más Conor Rohrer al piano, Marty Jaffe al contrabajo y Evan Sherman a la batería. Su papel fue deliberadamente discreto, y varios de ellos firman los arreglos y las composiciones del grupo.
El repertorio recorrió Day by Day, U.M.M.G., Yesterdays, Nica’s Dream, dos páginas de Monk —Ruby, My Dear y Monk’s Mood— y fragmentos de The Queen’s Suite de Ellington, casi todo en arreglos de la propia banda. La excepción fue Five Stages of Love, de McCallister, donde Samara Joy cantó una melodía sin letra en un terreno más cercano al jazz contemporáneo.
En el claustro de San Telmo, en horario matutino, Benito González ofreció un recital a piano solo construido sobre estándares y piezas vinculadas a algunos de los pianistas que han marcado su trayectoria. El repertorio nos llevó a Duke Ellington, McCoy Tyner, Herbie Hancock, Bill Evans y Thelonious Monk. Temas como In the Sentimental Mood, Round Midnight, entre otros. Su interpretación se desarrolló a partir de una fuerte concepción rítmica, con cascadas de notas, patrones repetitivos e improvisaciones de marcada raíz afro-latina, elementos que constituyen una parte esencial de su lenguaje. El concierto tuvo un carácter íntimo, acorde con la acústica y la arquitectura del claustro, y encontró en el repertorio una forma de diálogo con la tradición pianística. El cierre llegó con un tema de Chucho Valdés, seguido, como bis, de My Favorite Things. Un recorrido por algunas de las influencias que han contribuido a definir la identidad musical de González.
Es la sexta visita de David Murray a Jazzaldia, con David Murray Quartet, y la primera con el premio Donostiako Jazzaldia en las manos. Antes de que el cuarteto atacara la primera nota, el pianista vasco Iñaki Salvador se sentó al piano para tocar una breve introducción a piano solo y entregó el galardón al saxofonista de Oakland.
A sus setenta años, David Murray en esta ocasión, solo tocó el saxofón tenor sobre un repertorio que iba de la estética blues a los compases de amalgama, puntuado por las intervenciones ad libitum de Francesca Cinelli, que recitaba en francés y en italiano por encima de la banda.
Lo más notable, sin embargo, fue la sección rítmica, con Russell Carter a la batería, Luke Stewart al contrabajo y la pianista madrileña Marta Sánchez, rising star de DownBeat en 2025. Son la generación que David Murray ha decidido poner a su lado, y sostuvieron el concierto de principio a fin.
El segundo premio Donostiako Jazzaldia de la noche, otra vez de mano de Iñaki Salvador, fue para el saxofonista de Cleveland Joe Lovano, al frente de su nuevo Pramonunt Quartet, y un giro estético completo.
Paramount Quartet, el cuarteto liderado por Joe Lovano y título que da nombre al primer álbum publicado (2026, ECM Records), lo completa Julian Lage a la guitarra, Santi Debriano al contrabajo y Will Calhoun a la batería.
Joe Lovano abrió el concierto a saxo solo demostrando la esencia de su sonido y aproximación a la improvisación desde el inicio. El cuarteto llevó a la Plaza de la Trinidad el aire del sello ECM: espacio, transparencia y ningún gesto de más, con la claridad de los solos de Julian Lage y las líneas impresionistas del líder, que alternó el tenor con un tárogató, instrumento de viento-madera de origen turco, que parece un saxo soprano hecho de madera. De ese clima salió una lectura especialmente diáfana de You Taught My Heart to Sing, de McCoy Tyner.
Resultó curiosa la disposición en el escenario, con el contrabajo en el mismo plano que Joe Lovano, a la derecha del grupo, poniendo de relieve más reparto de música de cámara que jerarquía de cuarteto al uso.
Azar Lawrence Quartet: John Coltrane. The Impulse Era! Fue el siguiente concierto. John Coltrane en Impulse no admite medias tintas, y el cuarteto de Azar Lawrence no las ofreció. En el centenario del nacimiento de Coltrane, con A Love Supreme, Naima y My Favorite Things como columna vertebral, el saxofonista mantuvo el concierto entero en una intensidad casi sin descensos. Su legitimidad no es solo estilística: Lawrence se curtió en los grupos de Elvin Jones y de McCoy Tyner, el pianista de aquellos discos.
El motor fue Brandon Lee Lewis, un baterista que desbordaba musicalidad y empujaba a los solistas a puntos cada vez más álgidos; junto a Essiet Essiet al contrabajo firmó la clase de acompañamiento que este repertorio modal exige. El lenguaje de Azar Lawrence resultó muy acorde con el John Coltrane de aquellos años, y al piano Benito González aportó solos de gran virtuosismo técnico.
Cécile McLorin Salvant cantó en tres idiomas con una facilidad expresiva e interpretativa que se transmitía en su música. La cantante de Miami —tres Premios Grammy, ganadora del Thelonious Monk Competition y beca MacArthur— lideró en la Trinidad un cuarteto realmente compenetrado.
El repertorio fue el de una narradora antes que el de una vocalista de jazz: Fog, Take This Stone, Barbara Song y Changeable Daddy of Mine, más lo que fue pidiendo el público, al que llegó a consultar en mitad del concierto. Sus músicos exhibieron un dominio notable sin asomo de lucimiento: todo iba en favor de la música. Cantó en inglés, francés y castellano con un tono íntimo, como si tuviera delante a unas pocas personas en un salón pequeño.
Su entendimiento con Sullivan Fortner era patente, y el pianista dio una clase magistral de comping y de escucha, tanto en los pasajes a dúo como en cuarteto con Yasushi Nakamura al contrabajo y Kyle Poole (un habitual de las sesiones de Emmet Cohen) a la batería. Los tres sostuvieron la noche con solidez y oficio hasta un último tema de estilos cambiantes, mezcla de registros, que cerró una gran noche de jazz en la plaza de la Trinidad.
La última noche de conciertos en la Plaza de la Trinidad comenzó con Charles Tolliver al frente, como director de la Musikene Big Band, en uno de los homenajes a John Coltrane programados con motivo de su centenario. El trompetista presentó una nueva lectura de Africa/Brass, el álbum de Coltrane de 1961, trasladando su material a una formación de gran formato. Tolliver abordó el repertorio desde una sólida concepción orquestal, preservando la tensión y densidad del original y aportando una visión propia, marcada por el rigor de la escritura, la potencia de las masas instrumentales y una libertad cuidadosamente articulada. La Musikene Big Band respondió con precisión, solvencia y notable control dinámico, afrontando con seguridad la complejidad de los arreglos. Como solista, Camille Thurman volvió a demostrar su extraordinario nivel. Su tenor, rotundo, flexible y profundamente expresivo, con una gran capacidad para construir discurso y desarrollar las ideas melódicas. Antonio Faraò al piano aportó un piano de enorme energía y sofisticación, con una pulsación poderosa, gran libertad armónica y una notable capacidad de interacción con la formación. Darrell Green en la batería, preciso y explosivo, sostuvo la arquitectura rítmica con autoridad, mientras Chris Dahlgren al contrabajo aportó profundidad, solidez y una escucha atenta. Tolliver volvió a demostrar que su relación con la tradición no implica inmovilismo. Su aproximación a Africa/Brass entiende el legado de Coltrane como materia viva, susceptible de ser expandida y transformada. Un homenaje sin nostalgia y construido desde el conocimiento profundo del lenguaje orquestal y del jazz afroamericano. La Musikene Big Band, estuvo compuesta por Eneko Diéguez (saxo alto, flautín, clarinete), Antonio Lozano (saxo tenor, flauta, clarinete), Miguel Velasco (saxo barítono, flauta, clarinete bajo); Nicolás Chasco, Alessio Lubrano (trompetas), Galder Oneca, Ariadna Alcober, Alba Castellanos, Erika Martínez (trompas); Aníbal Andrés (bombardino), Ander Caro, Asier Iturbe (trombón); Aránzazu Rodríguez (tuba), Miguel López (director asistente).
Para cerrar la noche, Marcus Miller presentó: We Want Miles!, el proyecto construido alrededor del célebre álbum en directo de Miles Davis registrado en Japón en 1982, con tres de los músicos que participaron en aquella formación: Mike Stern, Bill Evans y Mino Cinelu, junto al propio Miller. Russell Gunn asumió la trompeta en el lugar de Davis. El planteamiento parte de una contradicción: recrear una música cuyo sentido estaba ligado precisamente a la permanente voluntad de transformación de Davis. El concierto transitó entre la evocación y la reinterpretación, pero sin terminar de encontrar una perspectiva capaz de renovar verdaderamente aquel material. El característico sonido de Miller, inconfundible y poderoso, ocupó buena parte del espectro sonoro y terminó marcando la identidad de la propuesta. Bill Evans, al saxo, aportó una lectura de gran intensidad, y una notable presencia rítmica, aunque su intervención quedó en ocasiones condicionada por el planteamiento general del proyecto. Miller ocupa el centro de la propuesta y, progresivamente, el homenaje parece desplazarse de Davis hacia su propio lenguaje. El resultado es una lectura pulida y técnicamente sólida, pero demasiado previsible y con una tensión creativa limitada.
8 de Agosto, 2026