Jazzahead! 2026

Jazzahead! 2026

Jazzahead!

Bremen, 2026

11

Mayo, 2026

Texto: Pedro Andrade
Fotos: Jazzahead’s official photographers

Jazzahead! 2026: veinte años donde el jazz se piensa, se celebra y, sí, también se negocia.

Hay ferias donde se intercambian productos; en jazzahead, en cambio, se intercambian ideas, conciertos y futuros posibles entre tazas de café que nunca terminan de enfriarse. En su 20º aniversario, del 22 al 25 de abril de 2026, Bremen volvió a convertirse en esa rara capital donde el jazz no solo se escucha: se discute, se programa, se defiende y, en ocasiones, se sobrevive a base de agendas imposibles y acreditaciones que funcionan como pasaporte universal. Dos décadas después de su nacimiento, jazzahead no ha perdido frescura; más bien ha ganado algo más difícil: relevancia.

Porque sí, es una feria profesional. Pero reducirla a eso sería como decir que el jazz es solo una sucesión de acordes. Aquí lo que circula no son únicamente contratos, sino también preguntas: ¿cómo sostener giras internacionales sin dejar una huella ecológica excesiva?, ¿cómo garantizar el relevo generacional?, ¿cómo evitar que la industria asfixie aquello que pretende impulsar? Preguntas que, por cierto, suelen encontrar sus respuestas, o al menos nuevas dudas, entre un panel a media mañana y una conversación que se alarga peligrosamente hasta la madrugada.

Durante tres días, los pabellones 6 y 7 de Messe Bremen volvieron a convertirse en un ecosistema intensamente activo: músicos, agentes, sellos, festivales, periodistas y programadores orbitando entre showcases, conferencias y encuentros improvisados que, a veces, resultan más productivos que cualquier reunión formal. Porque jazzahead tiene esa virtud: la de hacer parecer espontáneo lo que en realidad es una sofisticada maquinaria de conexiones.

El Grand Opening, dedicado este año a Suecia como país invitado, marcó el tono de una edición especialmente consciente de su contexto. No solo se celebraban veinte años de historia, sino también la capacidad de adaptación de una escena que se niega a fosilizarse. El jazz contemporáneo, quedó claro, no está en crisis: está en proceso. Mutando, negociando, redefiniéndose. Como debe ser.

Y ahí reside quizá el verdadero valor de jazzahead: en demostrar que la improvisación necesita estructura tanto como libertad. Que detrás de cada disco hay un ecosistema de trabajo, de políticas culturales, de financiación, y, conviene recordarlo, de correos electrónicos que alguien tiene que responder. La poesía del jazz convive aquí con la prosa de la industria, en una relación sorprendentemente saludable.

Veinte años después, jazzahead no es solo una feria consolidada: es una especie de república efímera donde el idioma común sigue siendo el swing, pero donde también se habla, y mucho, de futuro. Y eso, en estos tiempos, no es poca cosa.

German Jazz Prize: cuando un país decide que el jazz importa (y lo sostiene)

Hay un momento en jazzahead en el que uno entiende que Alemania no considera el jazz una rareza elegante para minorías exquisitas. Lo entiende, con bastante naturalidad, como parte de su política cultural. Ese momento se llama German Jazz Prize.

Celebrado dentro de la feria, este premio representa mucho más que una ceremonia: es una forma de situar el jazz en el lugar que ocupa dentro del ecosistema cultural del país. Aquí no se trata solo de reconocer trayectorias o discos destacados, sino de afirmar que el jazz es patrimonio vivo, espacio de innovación y un lenguaje artístico que merece apoyo sostenido y visibilidad institucional.

En esta edición, figuras como Aki Takase (Premio a la Trayectoria), Rebekka Salomea (Artista del Año), Phil Donkin (Álbum del Año), Sullivan Fortner (Artista Internacional) o Johnathan Blake (Álbum Internacional) reflejan una escena diversa, conectada y reconocida. En total, 22 categorías que dan cuenta de la amplitud del sector y de una voluntad clara de abarcarlo en toda su complejidad.

Pero hay un detalle que explica mucho del modelo: la dotación económica.

Los premios principales del German Jazz Prize están dotados con 10.000 euros por categoría, mientras que el premio a la trayectoria alcanza los 15.000 euros. En conjunto, el programa reparte más de 300.000 euros, financiados por el Gobierno Federal alemán a través de su política cultural. No es solo un reconocimiento simbólico: es un apoyo real que impacta directamente en la sostenibilidad de las carreras.

Alemania no está sola en este enfoque. En otros países europeos: Francia, Países Bajos o los países nórdicos, el jazz también cuenta con estructuras sólidas de apoyo: circuitos de salas, redes de festivales, programas de movilidad internacional y marcos de reconocimiento específicos. No es tanto una cuestión de volumen como de continuidad.

En España, la situación es distinta, aunque no por ello menos interesante. La escena es rica, activa y con una identidad muy marcada: festivales consolidados, músicos de enorme nivel y una capacidad creativa que no deja de crecer. Quizá lo que todavía está en desarrollo es un sistema de reconocimiento institucional tan específico y visible como el que se observa en otros contextos europeos.

Más que una carencia, puede entenderse como una oportunidad. Porque ver cómo funciona un modelo como el alemán no invita tanto a la comparación como a la reflexión: qué herramientas podrían adaptarse, qué estructuras podrían reforzarse y cómo seguir acompañando a una escena que ya existe y que tiene mucho que decir.

Premios como el German Jazz Prize no solo celebran el presente: ayudan a construir futuro. Generan estabilidad, visibilidad y, sobre todo, tiempo, ese recurso tan escaso y tan necesario para cualquier músico.

Y sí, viendo lo que ocurre en Bremen, uno no puede evitar pensar que ojalá en España contáramos con algo similar.

German Jazz Expo: ocho showcases y una radiografía

La German Jazz Expo muestra qué ocurre cuando el respaldo institucional se convierte en sonido, riesgo y presencia escénica. Una consecuencia bastante lógica: cuando hay estructura, hay margen para explorar.

Los showcases alemanes se repartieron entre dos espacios dentro de Messe Bremen (Hall 7) y el más recogido Culture Stage, dos escenarios con perfiles distintos, pero con una constante: intensidad. Y aquí una nota personal inevitable: el volumen. Para mi gusto, excesivamente alto en varios momentos.

Conviene no perder de vista el formato: conciertos de unos 30 minutos, pensados casi como tarjetas de presentación. No era tanto un “concierto completo” como un ejercicio de condensación: captar la atención de promotores y programadores internacionales en tiempo récord. Eso se notaba en la concentración, en cierta tensión y también en las decisiones artísticas, claramente orientadas a impacto inmediato.

El colectivo Àbáse, liderado por el teclista y productor Szabolcs Bognár, presentó su mezcla de jazz contemporáneo, afrobeat, highlife y electrónica orgánica. Un proyecto que en su mejor versión tiene mucho groove y una identidad clara, aunque en este formato tan comprimido quizá no terminó de desplegar todo su potencial. Aun así, se percibe como una propuesta sólida y en evolución, con una base rítmica muy atractiva.

Bonsai representó el otro extremo: sutileza, contención y un lenguaje muy delicado, casi de cámara. Jazz minimalista, centrado en la textura y el espacio, que exige una escucha muy atenta. En un contexto tan competitivo y expuesto, su propuesta quizá quedó algo expuesta, pero mantiene una identidad estética muy coherente.

Con CRUTCHES llegó el contraste: improvisación libre, energía abrasiva y una búsqueda constante de tensión. Más que un desarrollo narrativo clásico, su directo funciona como impacto continuo. Es una propuesta que divide, pero encaja bien en este tipo de formatos donde el riesgo también es un argumento de venta.

La saxofonista Kristina Brodersen con KRISTINA 4 ofreció uno de los sets más equilibrados. Jazz europeo contemporáneo, con escritura cuidada y espacio para la improvisación. En apenas media hora consiguió algo importante en este contexto: claridad. Todo estaba en su sitio, sin excesos ni necesidad de subrayar.

El proyecto RE:Calamari jugó en un terreno más performativo, con ironía, teatralidad y cierta voluntad de romper la solemnidad habitual del jazz. No todo es homogéneo en su propuesta, pero sí hay una idea clara de espectáculo expandido, donde lo musical convive con lo escénico de forma deliberadamente híbrida.

El trompetista Richard Koch con Rays of Light firmó uno de los momentos más envolventes. Jazz lírico, con capas armónicas amplias y una construcción muy fluida de atmósferas. En formato showcase, su propuesta funciona especialmente bien porque genera una sensación inmediata de mundo propio.

Sara Decker presentó Expand, un proyecto vocal con una dirección muy clara: ampliar el lenguaje de la voz dentro del jazz contemporáneo. Escritura, improvisación y un enfoque conceptual que encaja bien con las tendencias actuales de la escena europea.

Y Sorvina cerró uno de los momentos más singulares. Su actuación transformó el espacio en algo cercano a una iglesia afroamericana en plena celebración: entre el storytelling, el soul y el gospel, construyó un ambiente de comunión colectiva, con una energía casi de predicadora contemporánea, pero siempre desde un lugar de cercanía y juego escénico. Hay ironía en la forma, pero también una entrega emocional real que sostiene todo el set.

Ocho propuestas, ocho formas de entender el jazz contemporáneo en un formato breve, intenso y claramente orientado a la primera impresión. Y quizá ahí está la clave: más que conciertos cerrados, eran ventanas abiertas. Algunas más nítidas, otras más difusas, pero todas apuntando a una escena que sigue buscando cómo presentarse, y venderse, sin dejar de arriesgar.

España en la CLUBNIGHT: continuidad, traslados y otra forma de escucha

La CLUBNIGHT de jazzahead! sigue siendo uno de los momentos más reveladores de toda la feria. Cuando termina la lógica del business y empieza la verdad de la música.

Dentro de esa cartografía nocturna, amplia y heterogénea, y por cierto, inabarcable para un solo reportero, el Instituto Cervantes de Bremen volvió a consolidarse como uno de los nodos naturales para la presencia española en la ciudad, en una programación posible gracias al trabajo conjunto de Sounds from Spain (ICEX), Catalan Arts!, IEBaleàrics y la Plataforma Jazz España. No es un dato menor: más que una suma de instituciones, lo que se percibe es una estructura coordinada que busca algo muy concreto, que la escena española no aparezca como una excepción puntual, sino como un ecosistema continuo dentro del mapa europeo.

La noche española en el Cervantes no fue un “escenario paralelo” a la feria, sino casi su prolongación emocional. Y aquí hay un detalle importante que condiciona toda la experiencia: el sonido del Instituto Cervantes no es comparable al de los grandes pabellones de Messe Bremen. No por inferioridad, sino por naturaleza. El cambio de escala obliga a los músicos a reajustar dinámicas, a contener ataques, a replantear equilibrios en tiempo real. En varios casos, ese esfuerzo fue evidente: no tanto una pérdida de intensidad como una adaptación constante para mantener la claridad del discurso en un espacio mucho más seco y cercano.

Y aun así, funcionó. Precisamente porque lo interesante no era la perfección acústica, sino la capacidad de sostener identidad en condiciones distintas.

Uno de los aspectos más sugerentes de la noche fue el propio desplazamiento desde la feria hasta el Instituto Cervantes: unos veinte minutos a pie atravesando el Bürgerpark de Bremen, un pulmón verde que en ese tránsito nocturno funcionó casi como un umbral simbólico entre la maquinaria profesional de la feria y el espacio más íntimo de los showcases. Ese paseo, tranquilo, ordenado, casi coreografiado por el propio flujo de asistentes, formó parte de la experiencia tanto como los conciertos.

La recepción en el Cervantes añadió otra capa al contexto: productos españoles, ambiente de encuentro distendido y presencia de prensa internacional invitada. Un gesto sencillo, pero efectivo, que situaba la música dentro de una idea más amplia de representación cultural, no solo como exportación sonora sino también como punto de contacto.

Dentro de ese marco, las cuatro propuestas de la Spanish Clubnight volvieron a insistir en una idea clave: no hay una sola manera de sonar desde España.

Lucía Rey, con su proyecto Nómadas, reafirmó una escritura donde el jazz contemporáneo convive con el flamenco, la música latina y una sensibilidad muy narrativa. Su formación con Michael Olivera, Ander García y Juan Carlos Aracil mostró una construcción musical que, incluso en formato reducido de showcase, mantiene una dirección clara. Pianista con discurso propio, su presencia escénica se sostiene en la mezcla de precisión y pulso rítmico, algo que le ha valido reconocimiento dentro de la escena, incluido el Premio Plataforma Jazz España, que refuerza su posición como una de las voces más sólidas de la nueva generación.

K12, el trío mallorquín formado por Gori Matas, Marko Lohikari y Teo Salvà, llevó la improvisación a un territorio de inestabilidad controlada. Su música no busca forma cerrada, sino proceso continuo: un jazz que se construye mientras ocurre, con momentos de densidad y otros de descomposición deliberada.

Pipo Romero, en formato dúo, aportó una lectura distinta, centrada en la guitarra como espacio de memoria y transformación. Su lenguaje parte de la tradición pero evita cualquier lectura museística: lo que hay es un trabajo de sutileza, técnica y apertura melódica que conecta con una idea de raíz entendida como materia viva.

Y Èlia Bastida Trio cerró la noche desde una estética luminosa, donde el swing, el jazz clásico y la versatilidad instrumental de Bastida. violín, saxofón y voz, construyen un discurso directo, sin fricción innecesaria, apoyado en la complicidad con Joan Chamorro y Josep Traver.

En conjunto, la sensación fue clara: el formato del Cervantes no busca competir con la escala de la feria, sino otra cosa. Ofrece proximidad, escucha distinta y un tipo de atención más concentrada. Y eso exige mucho a los músicos, que aquí no pueden apoyarse en el impacto físico del gran escenario, sino en la precisión de su propuesta.

La recepción final, entre conversación, prensa internacional y una atmósfera de cierre amable, completó la idea de una escena que no solo se presenta, sino que se articula. Buen trabajo institucional, buen encaje logístico y, sobre todo, una noche que demuestra que la presencia española en jazzahead no es solo programática, sino también narrativa.

Porque al final, más allá de los formatos, lo que se vio en Bremen es una escena que ya no está preguntando si existe. Está ocupando espacio.

Tras veinte años, jazzahead, ha dejado de ser únicamente una feria para consolidarse como una infraestructura cultural en sí misma. Un espacio donde conviven creación, industria y pensamiento crítico, y donde el jazz se entiende no solo como lenguaje artístico, sino como ecosistema: frágil, complejo y en constante transformación.

Quiero dar las gracias a la dirección de jazzahead por la invitación, nuestra presencia no habría sido posible de otra forma, y por sostener, con coherencia, un espacio clave para el desarrollo del sector.

A Jan Paersch, Nina Thomann, Sybille Kornitschky, Götz Bühler, Janika Achenbach y Jakob Fraisse por la atención, la disponibilidad y el rigor organizativo.

Y, en extensión, a todo el equipo que hace posible que una estructura de esta complejidad funcione con precisión y sentido.

Porque más allá de la programación, lo que jazzahead,  sostiene es algo más difícil de medir: continuidad. Y en el jazz, eso sigue siendo esencial.

Pedro Andrade
11 de mayo de 2026

Andrés Coll Cosmic Trio – Ride to Heaven – Review – AIEnRutaJazz 2026

Andrés Coll Cosmic Trio – Ride to Heaven – Review – AIEnRutaJazz 2026

Andrés Coll Cosmic Trio

Ride to Heaven

Review

AIEnRuta Jazz 2026

23

Abril, 2026

Texto: Pedro Andrade

Fotos: Concesión del artista

AIEnRuta Jazz 2026. Andrés Coll. Cosmic Trío dentro del Ciclo AIEnRutaJazz 2026.

Ride to Heaven (XJAZZ! Music, 2026). Review. Andrés Coll. Cosmic Trio. Feat. Ramón López & Mateusz Smoczyński. Artista: Andrés Coll Cosmic Trio.  Andrés Coll · marimba, piano, castañuelas / Mateusz Smoczynski · violín, violín barítono / Ramón López · batería, tabla

AIEnRuta Jazz 2026. Andrés Coll. Cosmic Trío dentro del Ciclo AIEnRutaJazz 2026. En un contexto cultural dominado por la velocidad, la visibilidad inmediata y la lógica del rendimiento, iniciativas como AIEnRuta Jazz 2026, impulsadas por AIE, adquieren un valor que va mucho más allá de la simple programación de conciertos. Funcionan como estructuras de sostén: acompañan procesos creativos, generan continuidad y permiten que la música se desarrolle sin quedar reducida al impacto puntual.

Hay algo ligeramente sospechoso en un disco que se presenta como un viaje hacia lo alto: uno teme encontrarse con solemnidad, con esa gravedad impostada que a veces confunde lo trascendente con lo pomposo. Por suerte, Ride to Heaven (XJAZZ! Music, 2026), esquiva ese destino con una lucidez casi irónica: propone una odisea, sí, pero no como relato heroico, sino como proceso lleno de dudas, desvíos y pequeñas revelaciones que nunca se anuncian como tales.

El Andrés Coll Cosmic Trio no suena a ensamblaje estratégico, sino a complicidad trabajada a fuego lento. La conexión entre sus miembros, atravesada, sí, por la órbita de Joachim Kühn, no se traduce en reverencia, sino en una especie de confianza compartida: la de saber que la música puede sostenerse incluso cuando parece deshacerse. Coll, desde la marimba y la percusión, no lidera tanto como provoca; Mateusz Smoczyński amplía el campo hasta hacerlo casi orquestal, desplazando constantemente su función; y Ramón López introduce una noción del ritmo que no es soporte, sino discurso en sí mismo. Entre los tres construyen un terreno sutilmente inestable donde lo tradicional no se cita: se filtra, se deforma, reaparece bajo otra lógica.

Ese territorio, al que han decidido llamar “Avant-Groove”, no pretende fundar nada, y eso se agradece. Más bien plantea una duda razonable: qué ocurre cuando el impulso rítmico deja de ser un lugar seguro. La respuesta no es uniforme. A veces se sostiene en patrones reconocibles; otras, se deshilacha hasta rozar lo abstracto. Pero incluso en esos momentos más etéreos hay algo físico, casi corporal, que impide que la música se vuelva puramente conceptual.

El disco avanza como si hubiera descubierto su forma sobre la marcha. No da la impresión de haber sido diseñado como un relato cerrado, sino de haber encontrado una coherencia retrospectiva, como esos viajes que solo adquieren sentido al recordarlos. De ahí que la escucha completa tenga algo de necesaria: fragmentado, pierde parte de su extraña lógica interna.

El inicio, con “Good Morning” y “Debussy Dances”, ofrece una claridad que roza lo sospechoso. Todo parece en su sitio, incluso demasiado. Pero pronto aparece “The Docks”, y con ella una ligera incomodidad: la sensación de que moverse implica dejar atrás algo que no termina de resolverse. Ahí el trío empieza a tensar la cuerda, a introducir pequeñas fracturas que ya no abandonará.

“Acceptance Steps” evita el gesto enfático y opta por algo más arriesgado: avanzar sin subrayar. La música no busca convencer, sino mantenerse en equilibrio. Esa contención, lejos de restar intensidad, la desplaza hacia un terreno más ambiguo, menos inmediato.

En “Repicada” emerge una de las decisiones más singulares del disco: las castañuelas no aparecen como guiño identitario, sino como herramienta de desorientación. Hay algo casi irónico en utilizar un instrumento tan asociado a lo reconocible para romper la estabilidad del pulso. En lugar de fijar el ritmo, lo fragmenta en capas, como si recordara que toda tradición, cuando se toma en serio, contiene ya su propia posibilidad de ruptura.

“Call of the Faun” se instala en un espacio distinto: aquí la improvisación no busca demostrar nada, sino explorar. El trío parece moverse a tientas, atendiendo más a la textura que a la dirección, como si la forma fuese una consecuencia tardía. Es uno de los momentos donde la música respira con mayor libertad, precisamente porque renuncia a controlar su destino inmediato.

“Fly Low, Fly High” introduce una dualidad interesante: una ligereza que no termina de ser confiable. Hay juego, sí, pero también una tensión que impide que la pieza se acomode. Y en el tramo final, “Keep the Hope” y la pieza que da título al disco evitan cerrar el círculo de forma complaciente. No hay resolución plena, sino una especie de afirmación en movimiento: avanzar no como conquista, sino como necesidad.

Lo más interesante de Ride to Heaven no es su ambición, que la tiene, sino su negativa a convertir esa ambición en discurso evidente. Prefiere sugerir antes que declarar, abrir antes que concluir. En un contexto donde muchas propuestas se esfuerzan por definirse, este trío opta por algo más incómodo: mantenerse en proceso.

Y, en ese sentido, el “viaje” del título importa menos como destino que como actitud. Ride to Heaven no propone una llegada, sino una forma de avanzar: aceptar la incertidumbre, sostener la tensión, seguir incluso cuando el camino no se deja definir del todo. Al terminar el disco, no queda una conclusión cerrada, sino una claridad distinta, más incómoda y, por eso mismo, más honesta. La de entender que, a veces, escuchar no es comprender, sino atreverse a seguir.

23 de abril de 2026

Moisés P. Sánchez – CNDM Jazz en el Auditorio – Review

Moisés P. Sánchez – CNDM Jazz en el Auditorio – Review

Moisés P. Sánchez

CNDM Jazz en el Auditorio

09

Abril, 2026

Text: Pedro Andrade

Photos: © Rafa Martín. CNDM

CONCERT REVIEW. In&OutJazz Magazine

Ciclo Fronteras. CNDM-INAEM. Madrid. Falla Imaginado. Moisés P. Sánchez, piano / Pablo Martín Caminero, contrabajo / Ana María Valderrama, violín.

Moisés P. Sánchez reinventa a Falla en un Auditorio Nacional de Madrid a rebosar

Dentro del ciclo Fronteras del Auditorio Nacional de Música, el pasado 21 de marzo ocurrió algo que no necesita cifras para explicarse: el lleno era, en realidad, una forma de fe. El público sabía a qué venía, o eso creía, aunque lo que iba a escuchar pertenecía más al terreno de la intuición que al de la certeza. Con “Falla Imaginado”, Moisés P. Sánchez no proponía revisitar, al uso, a Manuel de Falla, sino ponerlo en movimiento, como si su música aún no hubiera terminado de escribirse. Por cierto, el disco, que se grabó durante las pasadas navidades en Camaleon Estudio (Madrid) no se lanzará públicamente, según declaraciones del propio Sánchez, hasta el próximo verano.

La arquitectura del programa era, en sí misma, una declaración estética: un discurso cuidadosamente concebido y trabajado que evitaba caer en los clichés del Falla más conocido. La Mazurca inicial, pieza casi clandestina en este tipo de repertorio, funcionó como una puerta entreabierta: un gesto mínimo y contenido, donde el eco de Frédéric Chopin aparecía más como recuerdo que como cita. El tempo flexible, la respiración amplia, los arcos en sintonía y la economía de medios definieron una interpretación en la que nada sobraba. O, mejor dicho, nada se permitía el lujo de sobrar.

Desde ahí, la Suite Popular Española dejó de percibirse como una mera sucesión de piezas para convertirse en un espacio de exploración. Cada número, de la intimidad suspendida de la Nana a la energía casi terrenal de la Jota, pasando por la gravedad de la Asturiana, era tratado como una materia en transformación. No había voluntad de fijar un sentido definitivo, sino de habitar sus posibilidades. Y en ese terreno, el diálogo entre Pablo Martín Caminero y Sánchez resultó especialmente elocuente: el contrabajo no acompañaba, insinuaba; no sostenía, desviaba. Por momentos, daba la impresión de que la música avanzaba precisamente porque alguien optaba por no señalar el camino, aunque, como es evidente, todo estaba minuciosamente escrito: cada detalle, cada dinámica, cada espacio, cada corte y cada silencio cuidadosamente articulados en cada sección.

En medio de esa elasticidad, Ana María Valderrama cumplía una función casi filosófica: recordar que, incluso en la transformación, algo debe permanecer reconocible. Su línea mantenía la identidad de cada pieza sin congelarla, como si dijera: “sí, esto es Falla… pero no exactamente”. Un equilibrio delicado que evitó que la música se dispersara en su propia libertad.

El Nocturno introdujo un cambio de densidad, o quizá de temperatura. Menos discurso, más espacio. El silencio dejó de ser una pausa educada para convertirse en un elemento estructural. Allí, el tiempo no avanzaba: se dilataba. Y, curiosamente, nadie parecía tener prisa por salir de ese estado.

Con la Suite Imaginada, ya en territorio propio, Sánchez amplió el marco sin necesidad de levantar la voz. Cuatro movimientos donde la escritura se vuelve porosa, permeable, abierta a influencias que no necesitan ser nombradas para estar presentes. El trío, a esas alturas, ya no interpretaba: pensaba en común. Caminero alternaba entre sostener y proponer con una naturalidad casi sospechosa, Valderrama se movía con solidez en ese espacio híbrido, y Sánchez organizaba el conjunto con una lógica que no necesitaba imponerse. Todo fluía, sí, pero no por casualidad, aunque lo pareciera, que es una de las formas más sofisticadas del control.

El cierre con la Danza Ritual del Fuego evitó cualquier tentación de espectáculo fácil (lo cual, en una pieza así, tiene su mérito). La intensidad no se proclamó: se construyó. Poco a poco, con precisión, sin excesos. Como si el fuego, en lugar de estallar, decidiera pensar.

El resultado fue un concierto que operó en varios niveles a la vez: relectura, propuesta contemporánea y, sobre todo, ejercicio real de interacción musical. Aquí no había jerarquías cómodas ni homenajes previsibles. Moisés P. Sánchez no mira a Falla desde la distancia reverencial, sino desde un presente activo. Y lo hace junto a Pablo Martín Caminero y Ana María Valderrama, que no giran a su alrededor, sino que piensan con él.

Fue una maravilla, sí. Pero de esas que no se dejan explicar del todo, hay que verlas y escucharlas en vivo, quizá por eso funcionan.

09 de abril de 2026

The Bad Plus feat. Craig Taborn & Chris Potter – CNDM Jazz en el Auditorio – Concert Chronicle

The Bad Plus feat. Craig Taborn & Chris Potter – CNDM Jazz en el Auditorio – Concert Chronicle

The Bad Plus

Feat. Craig Taborn & Chris Potter

CNDM Jazz en el Auditorio

30

Marzo, 2026

Text: Pedro Andrade

Photos: © Elvira Megías

CONCERT REVIEW. In&OutJazz Magazine

The Bad Plus: Reid Anderson, contrabajo / Dave King, batería / Craig Taborn, piano / Chris Potter, saxofón tenor. Ciclo de Jazz en el Auditorio del Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM).

The Bad Plus, Craig Taborn y Chris Potter, reviven el espíritu de Keith Jarrett de los 70 en un cierre histórico del Ciclo de Jazz en el Auditorio del Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM).

El 27 de marzo, el Auditorio Nacional de Madrid clausuró el ciclo Jazz en el Auditorio 2025-2026 con una de esas veladas que no se limitan a suceder en el tiempo, sino que lo suspenden. Lo que se vivió en la sala de cámara del Auditorio fue una invocación, un regreso a la fuente, una conversación con la memoria viva del jazz moderno. The Bad Plus (Reid Anderson, contrabajo; Dave King, batería), junto a Craig Taborn (piano) y Chris Potter (saxo tenor), ofrecieron un homenaje de altura al American Quartet de Keith Jarrett, aquel laboratorio sonoro de los años setenta en el que Jarrett, aún lejos de la celebridad planetaria que alcanzaría después, comenzaba a esculpir una voz propia entre la libertad, el lirismo y el riesgo.

Hablar de este concierto es, en realidad, hablar de un Keith Jarrett anterior al mito: del músico que, en los primeros setenta, junto a Dewey Redman, Charlie Haden y Paul Motian, exploraba una idea de grupo donde la música no se imponía como forma cerrada, sino como pensamiento en movimiento. Aquel cuarteto no fue simplemente una formación histórica: fue una manera de entender el jazz como respiración compartida, como filosofía de la escucha. Y precisamente eso fue lo que estos cuatro gigantes contemporáneos supieron restituir con una intensidad conmovedora.

La apertura llegó con la contundencia de lo inevitable: una música construida por secciones, por irrupciones y repliegues, por solos que no eran exhibición sino discurso. Dave King, con las baquetas primero y las varillas después, marcó el pulso de una energía torrencial; Reid Anderson levantó desde el contrabajo una arquitectura armónica de una claridad asombrosa, articulando modulaciones y desplazamientos tonales con una elocuencia casi narrativa. Mientras tanto, Craig Taborn parecía practicar el arte de la contención: la nota justa, el silencio exacto, la inteligencia de quien sabe que el verdadero poder del piano no está en la abundancia, sino en la precisión. Sobre ese entramado, Chris Potter desplegó un discurso de una solidez implacable, de fraseo amplio y pensamiento estructural, capaz de tensar y expandir la materia sonora sin perder nunca el hilo interno del relato.

Uno de los momentos más memorables llegó con “Le Mistral”, composición de Keith Jarrett incluida en Treasure Island (1974). Allí el grupo sostuvo un motivo casi obsesivo, como si la música quisiera pensarse a sí misma desde dentro. El tema se desplegó como una corriente de aire que no cesa, un movimiento circular que permitía a los músicos pasarse el discurso como un hilo que se entrelaza y se transforma continuamente, sin que la tensión decayera un instante. La pieza, en manos de Taborn y Potter, adquirió una dimensión casi metafísica: más que avanzar, se mantenía, capturando matices en cada vuelta.

La dimensión más introspectiva de la noche se alcanzó con “Silence”, perteneciente a Bop-Be (1978), una de las últimas estaciones de aquel universo creativo. En este homenaje, la pieza apareció como un blues contenido, en el que el silencio no actuaba como ausencia, sino como auténtica materia sonora. Fue Craig Taborn, por supuesto, quien articuló el centro expresivo de la interpretación, construyendo desde el piano un discurso íntimo, pausado y amplio, de una sutileza casi meditativa, en el que cada acorde parecía abrir un nuevo espacio de escucha. A su alrededor, el resto del grupo orbitaba con una atención reverencial, recogiendo y prolongando la tensión suspendida que él iba trazando. Sobre ese paisaje sonoro, Chris Potter desplegó uno de los solos más sobrecogedores del concierto: un discurso de oratoria pura, limpio, ascendente, en el que cada frase parecía interrogar el sentido mismo del tiempo musical.

Después llegó la furia liberadora de “Mushi Mushi”, también de Bop-Be (1978), composición de Dewey Redman, y probablemente el punto de máxima combustión de la noche. Aquí el concierto dejó de mirar al pasado para convertirse en presente absoluto. Taborn, rabioso y visionario, atacó el teclado con el codo y con líneas infinitas de notas que parecían abrir grietas en la forma; Potter respondió con sonoridades deconstruidas, casi en trance, devolviendo al espíritu free del American Quartet toda su radicalidad originaria. King y Anderson, mientras tanto, sostuvieron una base rítmica inquebrantable, no como mero soporte, sino como fuerza motriz del acontecimiento.

Hubo también ecos de “Gotta Get Some Sleep”, otra composición de Dewey Redman incluida en Bop-Be, y resonancias del universo de Fort Yawuh (1973), particularmente de “(If the) Misfits (Wear It)”, donde la música se organizó como una serie de irrupciones y desvíos, fiel al espíritu fragmentario y eléctrico del Jarrett de los primeros setenta.

Lo verdaderamente extraordinario de la noche fue comprobar cómo estos cuatro músicos no actuaron como una suma de individualidades brillantes, sino como un supergrupo en el sentido más profundo del término: una comunidad de pensamiento sonoro. La conexión entre ellos resultó casi telepática. Dave King y Reid Anderson, tras décadas compartiendo lenguaje en The Bad Plus —formación que precisamente en este 2026 pone fin a su trayectoria—, poseen una base rítmica consolidada y orgánica; sobre ella, la inteligencia armónica de Craig Taborn y la potencia discursiva de Chris Potter no se superponen, sino que dialogan, se desvían, se provocan mutuamente.

Este homenaje a Jarrett no fue arqueología ni nostalgia. Fue la reivindicación de un momento fundacional del jazz moderno: aquellos años setenta en los que Keith aún no era la figura monumental que hoy representa, pero ya estaba formulando las preguntas esenciales. Sobre el escenario del Auditorio Nacional, esas preguntas volvieron a escucharse con una fuerza vibrante, física, casi visceral. La música de estos cuatro no se escuchó únicamente con el oído: se sintió, como bien decía el programa, con las tripas, y después quedó latiendo en la memoria, allí donde la gran música se transforma en pensamiento y emoción duradera.

30 de marzo de 2026

Dave Douglas Quartet – CNDM Jazz en el Auditorio – Concert Chronicle

Dave Douglas Quartet – CNDM Jazz en el Auditorio – Concert Chronicle

Dave Douglas Quartet

CNDM Jazz en el Auditorio

23

Marzo, 2026

Texto: Pedro Andrade

Fotos: © Elvira Megías

CONCERT REVIEW. In&OutJazz Magazine

Jazz en el Auditorio, 2026. Dave Douglas, trompeta / Marta Warelis, piano / Ingebrigt Håker Flaten, contrabajo / Rudy Royston, batería.

La libertad como método: Dave Douglas lleva Four Freedoms al Centro Nacional de Difusión Musical – Auditorio Nacional de Madrid- Jazz en el Auditorio

Hay proyectos que parecen surgir de una intuición estética y otros que nacen de una reflexión más amplia sobre el tiempo que habitamos. Four Freedoms (Greenleaf Music, 2026), el nuevo trabajo del trompetista Dave Douglas, pertenece claramente a esta segunda categoría. El álbum toma como punto de partida la célebre formulación de las “cuatro libertades” proclamadas por Franklin D. Roosevelt en 1941, libertad de expresión, de culto, frente a la miseria y frente al miedo, para trasladar esa idea al terreno del jazz contemporáneo, donde la noción de libertad no es un gesto retórico sino un principio estructural: libertad dentro de la forma, la forma dentro de la libertad.

Douglas concibe el disco como un espacio de interacción abierta entre músicos que comparten una misma sensibilidad hacia la improvisación. A su lado aparecen la pianista Marta Warelis, el contrabajista Nick Dunston y el baterista Joey Baron, un cuarteto que funciona menos como una estructura jerárquica que como un organismo de escucha mutua. Parte del material fue grabado en directo durante Getxo Jazz Festival, y completado al día siguiente sobre el mismo escenario sin público, una decisión que explica la particular mezcla de inmediatez escénica y claridad sonora que atraviesa todo el álbum.

La música se despliega como una sucesión de paisajes cambiantes. Grits abre el recorrido con un impulso rítmico vibrante donde la batería de Baron establece un terreno flexible sobre el que Dunston articula líneas de contrabajo de gran movilidad, mientras la trompeta de Douglas se mueve con una claridad casi narrativa. En Sandhog, dedicada a los trabajadores que excavaron los túneles subterráneos de Nueva York, el cuarteto combina una energía de raíz bluesística con una arquitectura armónica más abstracta, impulsada por las intervenciones angulares del piano de Warelis. El tema que da título al disco se desplaza hacia un territorio más introspectivo y libre: resonancias del piano preparado, contrabajo con arco y una trompeta que parece reflexionar en voz alta sobre cada frase. Otras piezas, como Fire in the Firewood, comienza con un contrabajo profundamente expresivo antes de expandirse en una improvisación colectiva, o My First Rodeo, de carácter más lúdico y cambiante, revelan el modo en que Douglas concibe la composición como una invitación a la conversación musical más que como un guion cerrado. El álbum concluye con Ruminants, una pieza extensa y contemplativa que da amplio espacio a la imaginación pianística de Warelis antes de desembocar en un diálogo colectivo de gran densidad.

Escuchar Four Freedoms conduce inevitablemente a imaginar su proyección en el escenario, y esa transición se materializó recientemente en el concierto ofrecido el 13 de marzo en el Auditorio Nacional de Madrid. Allí el proyecto apareció con una configuración distinta a la del disco: únicamente Dave Douglas y Marta Warelis coincidían con la formación original, mientras que el contrabajo y la batería fueron asumidos por Ingebrigt Håker Flaten y Rudy Royston. El cambio, lejos de alterar el espíritu del repertorio, subrayó el carácter abierto de la música. Håker Flaten aportó un contrabajo de enorme energía física y profundidad expresiva, mientras Royston desplegó una batería de gran elasticidad rítmica, capaz de sostener tanto los pasajes más abstractos como los momentos en los que la música insinuaba un swing latente.

En ese entorno, la trompeta de Douglas se movió con una mezcla de lirismo y lucidez, integrándose en la textura colectiva más que imponiéndose sobre ella. Warelis, por su parte, confirmó su condición de pianista de imaginación inagotable, alternando gestos mínimos, resonancias internas del instrumento y explosiones de energía textural que abrían constantemente nuevos caminos al grupo.

En un momento de la velada, Douglas se dirigió al público madrileño con una observación cargada de ironía. Comentó que, viendo los numerosos conflictos bélicos que atraviesan el mundo, quizá debería plantearse venir a vivir a España, un país reconocido por su profunda vocación de paz. El comentario fue recibido con una mezcla de risas y aplausos, como si esa breve reflexión espontánea prolongara el espíritu humanista que recorre el propio disco.

Al final, tanto en el álbum como en su traducción al escenario, Four Freedoms confirma algo que el jazz ha sabido desde siempre: la libertad no es ausencia de forma, sino una manera más profunda de construirla. En manos de Douglas y sus colaboradores, esa idea se transforma en música viva, abierta y profundamente consciente de su tiempo.

23 de marzo de 2026

XVI Festival Porta-Jazz – (Oporto, 2026)

XVI Festival Porta-Jazz – (Oporto, 2026)

XVI FESTIVAL PORTA-JAZZ

Oporto, 2026

27

Febrero, 2026

Bajo el lema: La Tierra vista desde el aire, la edición 2026 del Festival Porta-Jazz se celebró del 6 al 8 de febrero en el Teatro Rivoli de Oporto, con una jornada previa el 5 de febrero en la sede de la Asociación Porta-Jazz. El festival propone un programa sin cabezas de cartel, desplazando el interés del protagonismo individual hacia el trabajo colectivo. Se elimina cualquier jerarquía basada en notoriedad o trayectoria y se priorizan los procesos de colaboración, la experimentación y la escucha.

La escena del norte de Portugal, y en particular la de Oporto, se presenta entorno a la música improvisada y a la vanguardia, con electrónica integrada, improvisación radical y energía desbordante. El festival se articula a partir de los proyectos grabados durante el año por los músicos vinculados a la asociación, e integra conciertos derivados de sus colaboraciones con otras plataformas y festivales internacionales. Porta-Jazz colabora con Improdimensija de Lituania, Bezau Beatz de Austria, Orbits de Países Bajos, NICA de Alemania, y AMR-Genève de Suiza. Todo ello en el marco de un modelo de trabajo cooperativo orientado a ampliar su proyección y consolidar su dimensión internacional.

Comenzamos con el cuarteto del baterista y compositor portugués Miguel Rodrigues que presenta Antídoto, su segundo trabajo discográfico, en el concierto inaugural del pre-festival, en el escenario de la Asociación Porta-Jazz, con José Soares, saxofón tenor, André Fernandes, guitarra y Demian Cabaud al contrabajo. Abordan un repertorio construido sobre estructuras abiertas y sintéticas, donde la melodía es el eje organizador del desarrollo. Los materiales, breves y definidos, activan dinámicas de interacción que favorecen la reformulación continua y la amplitud tímbrica del discurso, a través de la improvisación.

Para continuar con AMR–Genève (Suiza) Associazione per la Musica Improvisata, fundada en 1973, con el proyecto WDCA (We Don’t Care About…) fundado en 2021. Presenta una formación en formato de gran ensemble concebida como un colectivo de solistas y compositores. La propuesta se sitúa en el terreno de la música improvisada con una sección de vientos en primer plano y una sección rítmica continua. El trabajo integra elementos del jazz afroamericano, la música improvisada y prácticas de la vanguardia, a partir de materiales abiertos. Manteniendo un nivel de energía sostenido y expansivo el ensemble se caracterizan por un alto grado de interacción, alto nivel de energía, una circulación flexible de los roles solistas y una capacidad de adaptación a distintos conceptos. Con Florence Melnotte, piano, Anthony Buchlin, trombón, John Menoud, saxofón alto, Gregor Vidic, saxofón tenor, Ludovic Lagana, trompeta, Brooks Giger, contrabajo y Nelson Schaer, batería.

Comenzamos la 16ª edición del festival PortaJazz en el Teatro Rivoli con Summer School, proyecto a trio liderado por José Vale, a la guitarra y efectos especiales, junto a Gil Silva, al saxo tenor y soprano, y Gonçalo Ribeiro en la batería. Un proyecto notable de música experimental inspirado en composiciones de Thelonious Monk y la atonalidad libre de Ornette Coleman desde una práctica claramente noise. Las melodías angulares, y las armonías desestabilizadoras articulan un discurso rítmico, donde la calma se fractura de forma abrupta en explosiones de noise. Rasgados de guitarra con resonancias rock-punk y efectos electrónica bien dosificados, dialogan con sobreagudos extremos del saxo. El trío avanza hacia fragmentos de jazz tradicional para inmediatamente someterlos a procesos de desestructuración. Es una propuesta sólida, lúcida y orgánica.

En colaboración con Improdimensija (Lituania), colectivo dedicado a la improvisación libre y al free jazz, se presenta el proyecto Leaking Pipes: Littorina Saxophone Quartet, que reúne a Maria Faust, saxofón alto, Mikko Innanen, saxofón alto, sopranino y barítono, Fredrik Ljungkvist, soprano y tenor, y Liudas Mockūnas, sopranino, soprano y saxofón bajo, todos ellos son figuras centrales de la escena báltica y nórdica contemporánea. La formación trabaja exclusivamente con saxofones de distintas tesituras, generando un campo polifónico amplio que abarca desde el sopranino hasta el saxofón bajo. La ausencia de sección rítmica desplaza el eje hacia la polifonía. El proyecto se basa en materiales abiertos y desarrollo colectivo, con especial atención a la densidad sonora, la articulación tímbrica y la interacción en tiempo real. Se sitúan en el límite entre estructuras formales escritas y libertad improvisada.

En el escenario principal del Teatro Rivoli, Mané Fernandes, guitarrista, compositor e improvisador presenta sQuigg: playground_etiQuette, trabajo que consolida su perfil como compositor dentro de la escena experimental. Fernandes centra su lenguaje inspirado en las múltiples músicas de tradición afroamericana con procedimientos derivados de la electrónica y el uso de sampler. Se inscribe en una escena experimental que él mismo vincula a una estética post-beat. El proyecto se configura en torno al trío de guitarra, contrabajo y batería, con la guitarra situada como centro rítmico y textural. La escritura se construye a partir de estructuras minuciosas en las que el ritmo funciona como eje organizador de la armonía. La formación se amplía con José Soares al saxofón alto, que aporta mayor definición melódica. La incorporación de las voces de Almut Kühne y Mariana Dionísio introducen un trabajo vocal centrado en la articulación tímbrica y la superposición de capas. Ricardo Coelho suma percusión expandida y vibráfono, ampliando el campo sonoro hacia registros repetidos, junto a José Diogo Martins, piano, sintetizador, Luca Curcio, contrabajo, sampler y Simon Albertsen, batería y sampler.

 

Ursa Maior es un proyecto concebido originalmente para la 15ª edición del Festival Porta-Jazz y desarrollado posteriormente como dispositivo colectivo del ensemble de la asociación. Reúne a más de treinta músicos vinculados a Porta-Jazz en una formación que refleja la dimensión comunitaria. En esta edición, el eje conceptual se centra en la voz como materia sonora compartida. Todos los participantes incorporan su voz al discurso musical, configurando una estructura performativa donde el sonido, el gesto y el movimiento se integran. La acción se organiza en torno a un piano situado en el centro, que actúa como núcleo espacial y acústico. Los músicos se desplazan, se agrupan y reconfiguran en el espacio, generando un lenguaje visual que acompaña al desarrollo sonoro. Las voces van desde el murmullo hasta la proyección articulada. El resultado es una performance coral de gran escala. Con voces de Afonso Silva, Almut kühne, Ana Luísa Marques, André Silva, Antón Quintela, Beatriz Vieira, Clara Lacerda, Gil Silva, Gonçalo Ribeiro, Hugo Ferreira, Inês Gouveia, Joana Raquel, João Alves, João Fragoso, João Pedro Brandão, João Pedro Dias, João Próspero, João Silva Araujo, Josué Santos, Luís Castro, Mané Fernandes, Marco Coelho, Mariana Vergueiro, Miguel Meirinhos, Nuno Trocado, Pedro Molina, Rafael Gomes, Ricardo Coelho, Ricardo Moreira, Rui Catarino, Teresa Costa, Vera Morais, Xavier Nunes, Zé Stark.

Continuamos en el salón de café del teatro, con el set del DJ Rui Miguel Abreu, crítico musical en activo desde 1989, editor de la revista  Rimas e Batidas, además de ser colaborador habitual de la revista internacional We Jazz y autor del programa en Antena 3, Notas Azuis centrado en el mundo del jazz contemporáneo. Para continuar con el set de Pedro Tenreiro en una sesión de improvisación.

Seguimos con el proyecto Stones and Seeds en una exploración del sonido en su estado elemental. El trío formado por Almut Kühne, voz, residente en Berlín, João Pedro Brandão, flauta, clarinete, saxofón, órgano, y Marcos Cavaleiro, percusión, trabaja desde la improvisación libre. Más que una pieza, es una experiencia conjunta de desarrollo orgánico que evoluciona desde la mínima presencia sonora hacia un clímax de densidad para luego disolverse. La obra se sostiene en el tratamiento microscópico del timbre. La percusión trabaja a partir de rasgados, golpes con las manos y fricciones con baquetas. Los vientos alternan, aire casi sin tono, armónicos, fragmentos melódicos suspendidos y resonancias prolongadas, y la voz, en un rango expandido, que va desde el susurro a la articulación mínima y a la emisión sostenida, se integra como un instrumento más dentro del campo acústico.

Satt con Bezau Beatz (Austria), es el trío que se sitúa en la intersección entre el free jazz, la música improvisada europea, la exploración del sonido y la construcción en tiempo real. Christian Weber al contrabajo, con un amplio uso del arco amplían el espectro tímbrico. Alfred Vogel, desde la batería, combina impulso rítmico y control. Gregor Forbes aporta al piano un enfoque abierto y exploratorio, con ideas de abstracción contemporánea. La energía conjunta se desarrolla progresivamente. Es una propuesta que conjuga potencia, calidez, creatividad y riesgo.

Northern Train es el quinto lanzamiento de Pedro Neves, en formato de cuarteto junto a José Marrucho, batería, Miguel Ângelo, contrabajo y Javier Pereiro, trompeta. La propuesta se construye desde una lógica de deconstrucción formal y alta precisión estructural. La pieza Caixa de Máquinas, sobresale por su diseño rítmico progresivo. A veces la intensificación del pulso deriva en un swing sostenido sobre una armónica refinada y controlada desde el piano. Un proyecto de escritura sobria y ejecución rigurosa, definido por la claridad conceptual y la elegancia estilística de Neves.

Ensemble Mutante liderado por el baterista Zé Stark con Go Tell It On The Mountain, es un proyecto concebido como gran ensemble, inspirado en la novela homónima de James Baldwin. La propuesta es expansiva, de alta intensidad percutiva, con potencia rítmica, densidad tímbrica, y un beat contundente. La sección rítmica es sólida, mientras el saxo alto y la flauta se sitúan en primer plano con líneas incisivas y cargadas de energía. La escritura integra patrones afroatlánticos, samba y batucada. Fabio Mota, percusión, Yudit Almeida, contrabajo, Ricardo Moreira, piano y teclados, el talentoso español Fernando Brox, en la flauta y Lucas Oliveira al saxo alto.

El compositor y vibrafonista portugues Ricardo Coelho presentó su álbum debut, Kohelet, Un concierto de música lírica, dramática y atmósferas minimalistas de tensión y liberación, con desarrollos prolongados que evolucionan sin prisa y conducen a resoluciones intensas. Destacamos los solos de vibráfono y saxo tenor, de Ricardo Coelho y José Soares, sostenidos en un diálogo íntimo con el piano, contrabajo y batería de José Diogo Martins, Romeu Tristão y de João Sousa.

EUPNEA es un ensemble de tres voces y dos flautas, liderado por la talentosa cantante y compositora Vera Morais. El proyecto articula un dispositivo camerístico que integra prácticas del avant-jazz europeo, y la música improvisada contemporánea. La voz asume el eje solista dentro de una escritura que explora la convergencia tímbrica entre voz y flauta. EUPNEA opera, como un organismo único, desde la interdependencia acústica y la micro variación textural. Una propuesta de alta sutileza formal. Con Vera Morais, voz y composición, Liva Dumpe, voz, Sarah Van Eijk, voz, Teresa Costa, flauta, Ketija Ringa Karahona, flauta.

Between Time and Now compuesto por Sérgio Tavares, contrabajo y Renato Diz, piano, forman un dúo de música de cámara improvisada en un diálogo íntimo, que explora técnicas extendidas en ambos instrumentos. El proyecto se desarrolla como una escritura instantánea, minimalista, construida a partir de micro variaciones, fricciones de arco y manipulación directa de cuerdas en el piano, con referencias a la micropolifonía y a lo textural- contemporáneo. Las capas sonoras superpuestas, las resonancias y los rasgados con arco crean un espacio de alta densidad.

Oxímoro, liderado por João Martins profundiza en la dialéctica del caos mediante un lenguaje enérgico. El proyecto articula una batería de pulsión rock, con expansión hacia texturas punk y tratamiento electroacústico, integrando voz, sintetizadores y capas de efectos como elementos. João Martins, batería, sintetizador, Fábio Almeida, saxofón tenor, Gabriel Neves, saxofón soprano, Nuno Trocado, guitarra eléctrica y Laura Rui, voz y sintetizador.

Lado Umbilical, es el último álbum a quinteto liderado por AP, guitarrista y compositor, junto a João Pedro Brandão, Gil Silva, Miguel Meirinhos y Gonçalo Ribeiro. Lado Umbilical tiene una escritura que tensiona composición e improvisación, con énfasis en la exploración de texturas y timbres. La propuesta incluye planos de noise y materia sonora fragmentada. La guitarra con tintes punk, la batería sostiene una alta intensidad y el piano interviene desde ataques percusivos. El discurso oscila entre suspensión y expansión textural.

Hristo Goleminov con Diagonal Shift, un proyecto de Orbits (Países Bajos), es un cuarteto de viento-madera liderado por el saxofonista y compositor Hristo Goleminov, en una formación camerística de orientación contemporánea que reúne a improvisadores de la escena de Ámsterdam como Ketija Ringa-Karahona, flauta y flauta alto, Michael Moore, clarinete y Federico Calcagno, clarinete bajo. La interacción horizontal y la circulación flexible de los roles solistas facilitan una sonoridad multi fónica en permanente transformación, en el que las líneas se entrelazan y evolucionan mediante procesos de expansión melódica y acumulación textural. El cuarteto incorpora técnicas extendidas, soplidos y articulaciones no convencionales, en una propuesta situada entre la música clásica contemporánea y la improvisación estructurada.

Fisuras, es el álbum, grabado en directo el año pasado en el Festival de Jazz de Guimarães. La actuación es un entramado de improvisación acústica y electrónica que combina poesía hablada y entonada con una dramaturgia sonora de alta densidad, bajo de fuerte impronta, percusión de impulso inestable, saxofón de tendencia atonal y estratos electrónicos como plano envolvente. Fue un ejercicio de sincretismo artístico, dinámicas extremas y fraseo irregular que dialoga con la electrónica. La formación integra a Hery Paz, vientos y voz, Pedro Melo Alves, percusión, João Carlos Pinto, teclado y electrónica, Demian Cabaud al contrabajo y la intervención visual en vivo de Maria Mónica. Las piezas se contraen y expanden orgánicamente, con una identidad fluida y pulsación variable, que atraviesan el free jazz y la experimentación contemporánea. El cierre del concierto fue un solo de flauta de Hery Paz sobre Ámame como soy de Pablo Milanés, que introduce una inflexión lírica dentro de una alta intensidad expresiva.

Serpentine, es el proyecto del pianista y compositor alemán Felix Hauptmann, un proyecto en colaboración con NICA (Alemania), que articula una propuesta de cámara contemporánea y explora la instrumentación y la versatilidad del ensemble. El grupo desarrolla espacios y líneas interdependientes cargadas de material melódico, y es a partir de estructuras rítmicas complejas y células improvisadas que van construyendo una narrativa. La banda logra un equilibrio entre la precisión compositiva de Hauptmann y un margen amplio de libertad expresiva. El grupo está compuesto por Fabian Dudek, saxofón, Jorik Bergman, flauta, Samuel Mastorakis, vibráfono, Ursula Wienken, bajo eléctrico y Leif Berger, batería.

Begoña Villalobos

27 de febrero de 2026

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