61º Jazzaldia Festival- Donostia/San Sebastián 2026

61º Jazzaldia Festival- Donostia/San Sebastián 2026

61 Jazzaldia Festival

San Sebastián-Donostia 2026

08

Agosto, 2026

La 61.ª edición del Festival de Jazz de San Sebastián, Jazzaldia, volvió a distribuir su programación por doce escenarios diferentes, desde el Kursaal hasta la histórica Plaza de la Trinidad, pasando por el Teatro Victoria Eugenia, sede de los conciertos matutinos de JazzEñe (Fundación SGAE), y el claustro del Museo de San Telmo.

El centenario del nacimiento de John Coltrane y Miles Davis marcó parte de esta edición, con las propuestas de Marcus Miller, Charles Tolliver, Azar Lawrence, Antonio Lizana y Erik Truffaz. Dos figuras cuya influencia continúa atravesando el jazz contemporáneo y cuyo legado fue abordado desde perspectivas muy diferentes.

A las once de la mañana en el museo San Telmo, un piano, un contrabajo y ningún micrófono: el marco menos aparatoso posible para uno de los conciertos más finos del 23 de julio. Bruce Barth y Vicente Archer llevan años leyéndose y se les nota. Pasajes enteramente improvisados sonaban ensayados de antemano, no por rigidez, sino porque cada uno sabía dónde iba a caer el otro.

El programa, Summertime, Prelude to a Kiss, dos piezas propias de Bruce Barth, Friend Song y Afternoon in Lleida, y Take the Coltrane, desmontó de entrada la idea del dúo jerárquico, con el contrabajo condenado a sostener al pianista. Lo que hubo fue un diálogo de iguales. Vicente Archer cobró forma como voz melódica y solidez rítmica, y el intercambio de papeles ocurría sin subrayados.

Bruce Barth trabajó sobre el desarrollo motívico, repitiendo y desplazando frases hasta obligar al oyente a seguir cada paso.

Dos instrumentos sin amplificar y, aun así, una gama de texturas e intensidades que muchos grupos no alcanzan. Rara vez se oye a dos músicos anticipar con tanta precisión lo que va a tocar el otro.

Samara Joy no interpreta los standards: los rehace. En el Kursaal, a las 18:30 del 23 de julio, desplazó melodías, alteró armonías y recorrió su registro de arriba abajo con una naturalidad que explica por qué, a los veinte y seis años y con seis Premios Grammy, se la señala ya como figura central del jazz vocal.

La acompañó una banda estable de siete músicos: cuatro vientos, Nanami Haruta (trombón), Jason Charos (trompeta), David Mason (saxo alto) y Kendrick McCallister (saxo tenor), más Conor Rohrer al piano, Marty Jaffe al contrabajo y Evan Sherman a la batería. Su papel fue deliberadamente discreto, y varios de ellos firman los arreglos y las composiciones del grupo.

El repertorio recorrió Day by Day, U.M.M.G., Yesterdays, Nica’s Dream, dos páginas de Monk —Ruby, My Dear y Monk’s Mood— y fragmentos de The Queen’s Suite de Ellington, casi todo en arreglos de la propia banda. La excepción fue Five Stages of Love, de McCallister, donde Samara Joy cantó una melodía sin letra en un terreno más cercano al jazz contemporáneo.

En el claustro de San Telmo, en horario matutino, Benito González ofreció un recital a piano solo construido sobre estándares y piezas vinculadas a algunos de los pianistas que han marcado su trayectoria. El repertorio nos llevó a Duke Ellington, McCoy Tyner, Herbie Hancock, Bill Evans y Thelonious Monk. Temas como In the Sentimental Mood, Round Midnight, entre otros. Su interpretación se desarrolló a partir de una fuerte concepción rítmica, con cascadas de notas, patrones repetitivos e improvisaciones de marcada raíz afro-latina, elementos que constituyen una parte esencial de su lenguaje. El concierto tuvo un carácter íntimo, acorde con la acústica y la arquitectura del claustro, y encontró en el repertorio una forma de diálogo con la tradición pianística. El cierre llegó con un tema de Chucho Valdés, seguido, como bis, de My Favorite Things. Un recorrido por algunas de las influencias que han contribuido a definir la identidad musical de González.

Es la sexta visita de David Murray a Jazzaldia, con David Murray Quartet, y la primera con el premio Donostiako Jazzaldia en las manos. Antes de que el cuarteto atacara la primera nota, el pianista vasco Iñaki Salvador se sentó al piano para tocar una breve introducción a piano solo y entregó el galardón al saxofonista de Oakland.

A sus setenta años, David Murray en esta ocasión, solo tocó el saxofón tenor sobre un repertorio que iba de la estética blues a los compases de amalgama, puntuado por las intervenciones ad libitum de Francesca Cinelli, que recitaba en francés y en italiano por encima de la banda.

Lo más notable, sin embargo, fue la sección rítmica, con Russell Carter a la batería, Luke Stewart al contrabajo y la pianista madrileña Marta Sánchez, rising star de DownBeat en 2025. Son la generación que David Murray ha decidido poner a su lado, y sostuvieron el concierto de principio a fin.

El segundo premio Donostiako Jazzaldia de la noche, otra vez de mano de Iñaki Salvador, fue para el saxofonista de Cleveland Joe Lovano, al frente de su nuevo Pramonunt Quartet, y un giro estético completo.

Paramount Quartet, el cuarteto liderado por Joe Lovano y título que da nombre al primer álbum publicado (2026, ECM Records), lo completa Julian Lage a la guitarra, Santi Debriano al contrabajo y Will Calhoun a la batería.

Joe Lovano abrió el concierto a saxo solo demostrando la esencia de su sonido y aproximación a la improvisación desde el inicio. El cuarteto llevó a la Plaza de la Trinidad el aire del sello ECM: espacio, transparencia y ningún gesto de más, con la claridad de los solos de Julian Lage y las líneas impresionistas del líder, que alternó el tenor con un tárogató, instrumento de viento-madera de origen turco, que parece un saxo soprano hecho de madera. De ese clima salió una lectura especialmente diáfana de You Taught My Heart to Sing, de McCoy Tyner.

Resultó curiosa la disposición en el escenario, con el contrabajo en el mismo plano que Joe Lovano, a la derecha del grupo, poniendo de relieve más reparto de música de cámara que jerarquía de cuarteto al uso.

Azar Lawrence Quartet: John Coltrane. The Impulse Era! Fue el siguiente concierto. John Coltrane en Impulse no admite medias tintas, y el cuarteto de Azar Lawrence no las ofreció. En el centenario del nacimiento de Coltrane, con A Love Supreme, Naima y My Favorite Things como columna vertebral, el saxofonista mantuvo el concierto entero en una intensidad casi sin descensos. Su legitimidad no es solo estilística: Lawrence se curtió en los grupos de Elvin Jones y de McCoy Tyner, el pianista de aquellos discos.

El motor fue Brandon Lee Lewis, un baterista que desbordaba musicalidad y empujaba a los solistas a puntos cada vez más álgidos; junto a Essiet Essiet al contrabajo firmó la clase de acompañamiento que este repertorio modal exige. El lenguaje de Azar Lawrence resultó muy acorde con el John Coltrane de aquellos años, y al piano Benito González aportó solos de gran virtuosismo técnico.

Cécile McLorin Salvant cantó en tres idiomas con una facilidad expresiva e interpretativa que se transmitía en su música. La cantante de Miami —tres Premios Grammy, ganadora del Thelonious Monk Competition y beca MacArthur— lideró en la Trinidad un cuarteto realmente compenetrado.

El repertorio fue el de una narradora antes que el de una vocalista de jazz: Fog, Take This Stone, Barbara Song y Changeable Daddy of Mine, más lo que fue pidiendo el público, al que llegó a consultar en mitad del concierto. Sus músicos exhibieron un dominio notable sin asomo de lucimiento: todo iba en favor de la música. Cantó en inglés, francés y castellano con un tono íntimo, como si tuviera delante a unas pocas personas en un salón pequeño.

Su entendimiento con Sullivan Fortner era patente, y el pianista dio una clase magistral de comping y de escucha, tanto en los pasajes a dúo como en cuarteto con Yasushi Nakamura al contrabajo y Kyle Poole (un habitual de las sesiones de Emmet Cohen) a la batería. Los tres sostuvieron la noche con solidez y oficio hasta un último tema de estilos cambiantes, mezcla de registros, que cerró una gran noche de jazz en la plaza de la Trinidad.

La última noche de conciertos en la Plaza de la Trinidad comenzó con Charles Tolliver al frente, como director de la Musikene Big Band, en uno de los homenajes a John Coltrane programados con motivo de su centenario. El trompetista presentó una nueva lectura de Africa/Brass, el álbum de Coltrane de 1961, trasladando su material a una formación de gran formato. Tolliver abordó el repertorio desde una sólida concepción orquestal, preservando la tensión y densidad del original y aportando una visión propia, marcada por el rigor de la escritura, la potencia de las masas instrumentales y una libertad cuidadosamente articulada. La Musikene Big Band respondió con precisión, solvencia y notable control dinámico, afrontando con seguridad la complejidad de los arreglos. Como solista, Camille Thurman volvió a demostrar su extraordinario nivel. Su tenor, rotundo, flexible y profundamente expresivo, con una gran capacidad para construir discurso y desarrollar las ideas melódicas.  Antonio Faraò al piano aportó un piano de enorme energía y sofisticación, con una pulsación poderosa, gran libertad armónica y una notable capacidad de interacción con la formación. Darrell Green en la batería, preciso y explosivo, sostuvo la arquitectura rítmica con autoridad, mientras Chris Dahlgren al contrabajo aportó profundidad, solidez y una escucha atenta. Tolliver volvió a demostrar que su relación con la tradición no implica inmovilismo. Su aproximación a Africa/Brass entiende el legado de Coltrane como materia viva, susceptible de ser expandida y transformada. Un homenaje sin nostalgia y construido desde el conocimiento profundo del lenguaje orquestal y del jazz afroamericano. La Musikene Big Band, estuvo compuesta por Eneko Diéguez (saxo alto, flautín, clarinete), Antonio Lozano (saxo tenor, flauta, clarinete), Miguel Velasco (saxo barítono, flauta, clarinete bajo); Nicolás Chasco, Alessio Lubrano (trompetas), Galder Oneca, Ariadna Alcober, Alba Castellanos, Erika Martínez (trompas); Aníbal Andrés (bombardino), Ander Caro, Asier Iturbe (trombón);  Aránzazu Rodríguez (tuba), Miguel López (director asistente).

Para cerrar la noche, Marcus Miller presentó: We Want Miles!, el proyecto construido alrededor del célebre álbum en directo de Miles Davis registrado en Japón en 1982, con tres de los músicos que participaron en aquella formación: Mike Stern, Bill Evans y Mino Cinelu, junto al propio Miller. Russell Gunn asumió la trompeta en el lugar de Davis. El planteamiento parte de una contradicción: recrear una música cuyo sentido estaba ligado precisamente a la permanente voluntad de transformación de Davis. El concierto transitó entre la evocación y la reinterpretación, pero sin terminar de encontrar una perspectiva capaz de renovar verdaderamente aquel material. El característico sonido de Miller, inconfundible y poderoso, ocupó buena parte del espectro sonoro y terminó marcando la identidad de la propuesta. Bill Evans, al saxo, aportó una lectura de gran intensidad, y una notable presencia rítmica, aunque su intervención quedó en ocasiones condicionada por el planteamiento general del proyecto. Miller ocupa el centro de la propuesta y, progresivamente, el homenaje parece desplazarse de Davis hacia su propio lenguaje. El resultado es una lectura pulida y técnicamente sólida, pero demasiado previsible y con una tensión creativa limitada.

8 de Agosto, 2026

XII JazzEñe Festival – SGAE – 61º Jazzaldia – Donostia/San Sebastián 2026

XII JazzEñe Festival – SGAE – 61º Jazzaldia – Donostia/San Sebastián 2026

XII JazzEñe Festival

Fundación SGAE | 61º Jazzaldia

San Sebastián-Donostia 2026

El Teatro Victoria Eugenia de San Sebastián / Donostia, vuelve a ser, por sexto año consecutivo, el escenario elegido para JazzEñe 2026, la muestra de jazz español impulsada por la Fundación SGAE desde 2014, para acercar propuestas de la escena nacional a programadores internacionales, profesionales del sector y público. La muestra está integrada en la programación del 61ºedición del Festival de Jazz de San Sebastián / Donostia, Jazzaldia 2026. JazzEñe celebró su duodécima edición con ocho conciertos distribuidos en cuatro sesiones matinales dobles en el mes de julio, reafirmándose como una plataforma de proyección internacional del jazz hecho en España.

La inauguración de JazzEñe corrió a cargo del cuarteto del baterista, compositor y percusionista Javier Ruibal, que presentó un repertorio donde el jazz contemporáneo dialoga con el flamenco y las músicas de raíz mediterránea desde una perspectiva abierta y actual. Junto a Óscar Álvarez al piano y teclados, Alejandro Tamayo al bajo eléctrico y Diego Villegas al saxo, flauta y armónica. Ruibal tiene un discurso compositivamente sólido de riqueza rítmica. Lejos de los planteamientos más convencionales del jazz fusión, el cuarteto desarrolla un lenguaje melódico y ecléctico donde conviven la improvisación, el lirismo y la tradición flamenca. La flauta de Diego Villegas introduce melodías de acento andaluz en diálogo con un entramado rítmico sofisticado, mientras la batería de Ruibal incorpora recursos propios del cajón y de los palos flamencos sin abandonar el lenguaje del jazz. Escuchamos un concierto dinámico y convincente, marcado por la fluidez de los solos y la frescura del conjunto.

Con Amorodios, el pianista y compositor Xan Campos presenta una de las propuestas más personales de su trayectoria, un proyecto donde el jazz contemporáneo incorpora la tradición oral gallega como parte de su propio lenguaje. Junto a Faia Díaz, a la voz y pandereta, Felix Barth al bajo y Iago Fernández a la batería, construye un repertorio de composiciones originales en el que conviven la música de raíz, el rock y la improvisación bajo una sólida concepción formal. La voz de Faia Díaz, ajena a los códigos habituales del jazz, aporta una expresividad de gran autenticidad en diálogo con el piano de Campos en un permanente juego de tensiones y contrastes. Inspiradas en las métricas y el imaginario de la tradición gallega, las composiciones despliegan largos desarrollos narrativos donde la densidad armónica y el pulso rítmico evolucionan con naturalidad, sin perder nunca el vínculo con la raíz. Amorodios plantea una relectura contemporánea de la identidad musical gallega desde la libertad del jazz.

Anggie Obin abrió la sesión del segundo día con una agrupación que combinó figuras de largo recorrido como Masa Kamaguchi y Gorka Benítez, con músicos emergentes como Estefanía Chamorro y Diego Hervalejo. El sonido de Obin, con una forma de tocar rítmica y efectista a la flauta travesera, combinó a la perfección con el de Benítez y el lirismo al que nos tiene acostumbrados desde su sonido tan característico. Las composiciones de Obin y Benítez iban alternando el blues con jazz vanguardia, pasando de la raíz más reconocible a los pasajes de mayor libertad sin que el concierto perdiera el hilo. En la banda base destacaron los solos de Hervalejo y la seguridad que aporta un contrabajista de la talla de Masa Kamaguchi, siempre atento a sostener al grupo de una forma discreta. Obin lideró el grupo e interactuó con el público en un concierto que pudo haber sido cancelado debido a la rotura de un dedo de la mano derecha, algo por lo que se disculpó, aunque no afectó en absoluto a su interpretación.

 

Noa Lur ya cuenta con una gran trayectoria en los escenarios de jazz, liderando, además de esta agrupación, el proyecto Jazz for Children, que participó al día siguiente en Jazzaldia. El sonido del quinteto destacó por su esencia rock-fusión con una banda base de músicos de la escena madrileña del jazz: Tony Pereyra a la guitarra, David Sancho al piano y teclado, Ander García al contrabajo y bajo eléctrico, y David Fernández (Papa Dave) a la batería. Llamó la atención la conjunción entre David Fernández y Ander García, muy acostumbrados a tocar juntos, que sonaron cohesionados y dieron al quinteto una base firme sobre la que moverse. Lo más destacado del concierto fueron los solos de David Sancho, un músico experimentado capaz de crear paletas tímbricas y armónicas muy personales y llevar los temas a otro nivel. El repertorio estaba formado por temas originales, compuestos y arreglados por la propia Noa Lur en colaboración con Ander García.

La saxofonista y compositora Alba Gil Aceytuno presentó Pleito, un proyecto en solitario concebido como un espacio de exploración entre la memoria sonora del archipiélago canario y la creación contemporánea. Sola en escena, combina saxofón alto, voz, percusión, loops y tratamiento electrónico para construir un discurso donde cada elemento adquiere una función estructural dentro de la obra. Las composiciones, reunidas en loscoloresdelaspiedras, recuperan romances, cantos y ritmos tradicionales de las islas para situarlos en un contexto abierto a la improvisación y la experimentación tímbrica. La respiración circular, la superposición de capas sonoras y el empleo de la voz como prolongación del saxofón generan una escritura de riqueza textural, donde conviven la influencia del folclore canario, las resonancias del norte de África y los recursos del jazz contemporáneo.

Con El Gran Ra, el violinista y compositor Raúl Márquez trasladó al jazz un universo inspirado en la poética del circo, no desde la descripción escénica, sino como metáfora del equilibrio, el riesgo y la transformación. Junto al pianista David Sancho y el batería Fran Gayo, desarrolla un repertorio de composiciones originales que encuentra en la improvisación el espacio idóneo para ampliar su dimensión narrativa. El violín vertebra un discurso de amplitud expresiva, alternando líneas de marcado lirismo con momentos de intensa tensión tímbrica, donde las distorsiones, los desarrollos abiertos y la interacción del trío mantienen la música en constante desplazamiento. Cada obra evoca la personalidad de una figura circense, desde Pinito del Oro hasta el faquir Daja Tarto, sin caer en el carácter descriptivo, sino transformando esas referencias en materia musical. El resultado es un proyecto de sólida identidad, en el que conviven la escritura y una sensibilidad melódica que convierte el concepto de equilibrio en el auténtico eje de la propuesta.

La propuesta de Víctor Antón tomó como eje el título de su quinto álbum como líder, Nudos: Música inevitable. Como explicó durante el concierto, podría parecer que vivimos en un tiempo en el que todo ya está dicho en la música, todo está inventado. Sin embargo, el músico no puede evitar seguir creando, forma parte de su esencia. Su música bebe del jazz contemporáneo con herencia de guitarristas como John Scofield, pero con un sonido propio y unas composiciones en las que los arreglos van más allá del simple tema-solos-tema. Pese a no ser la banda original del disco, el grupo sonó muy cohesionado y firmó una de las mejores sesiones del JazzEñe de esta edición. El cuarteto estaba formado por Daniel Juárez al saxofón tenor, Darío Guibert al contrabajo, Rodrigo Ballesteros a la batería y el propio Antón a la guitarra. De las composiciones de Antón destacan las líneas al unísono de guitarra y saxo tenor que, pese a su complejidad en algunos pasajes, sonaron con una naturalidad que habla de la destreza de ambos músicos y de la calidad de la escritura del zamorano.

 

El cuarteto de Daniel Juárez, que presentó el repertorio de Reflexividad, su último disco como líder, tomó el relevo con una formación casi idéntica, cambiando a Víctor Antón por Xan Campos. Esto permitió demostrar la versatilidad de los músicos y las diferencias entre las composiciones de Daniel Juárez y Víctor Antón, que, a pesar de beber ambas del jazz contemporáneo, sonaron de forma completamente distinta. El proyecto de Juárez comenzó con un tema de alta complejidad métrica y derivó en temas ambientales con momentos que alternaron la delicadeza melódica y momentos de gran intensidad, de la mano de solos de Campos y Juárez. En sus solos, Juárez demostró una gran destreza para llevar la intensidad al máximo partiendo de conceptos mínimos: una célula melódica breve que iba desarrollando con una articulación y una rítmica muy cuidadas hasta explotar en un ápex más propio de una composición trabajada con tiempo que de una improvisación resuelta en el momento. En el otro extremo estuvieron los pasajes en los que Campos se quedó solo y desarrolló un ambiente íntimo, con una delicadeza armónica muy cuidada que llevaba los temas de Juárez a su propio lenguaje. Ballesteros y Guibert demostraron ser una apuesta segura como banda base, tocando los temas de ambos artistas con solidez y leyendo la intensidad necesaria en cada momento con repertorios técnicamente muy exigentes.

35º Serralves – Jazz No Parque Festival – Oporto

35º Serralves – Jazz No Parque Festival – Oporto

35º Serralves
Jazz No Parque Festival
Oporto

18

Julio, 2026

El Festival Serralves Jazz en el Parque (Oporto) es un punto de encuentro para el jazz contemporáneo y la música improvisada. En su 35ª edición, el festival, apuesta por propuestas de la música improvisada contemporánea y el free jazz, tanto portuguesa como internacional. La programación, a cargo del saxofonista portugués Rodrigo Amado, se desarrolló durante dos fines de semana de julio, en dos escenarios de la Fundación Serralves, dedicada al arte contemporáneo y a la cultura, el auditorio del museo y el escenario al aire libre de tenis, junto a la Casa Rosa, considerada uno de los grandes ejemplos del Art Déco en Portugal. Todo ello dentro del parque de Serralves.

En el auditorio del Museo de la Fundación Serralves, el segundo fin de semana del festival, escuchamos al trío portugués Ilha Animal, con José Lencastre al saxofón, Joana Guerra al violonchelo y João Valinho a la batería. El concierto se desarrolló en un único set continuo, sin jerarquías, pausas ni interrupciones, una improvisación contemporánea minimalista centrada en la construcción colectiva de carácter narrativo. Incluso en los momentos más abstractos hubo una sensación de recorrido. La escucha de Ilha Animal nos llevó hacia sonidos de la naturaleza, rugidos, llamadas, susurros, ecos diurnos y nocturnos que nos situaron en una selva sonora, utilizando el contraste como elemento central del discurso. No era posible anticipar hacia dónde se dirigía la música y, precisamente, esa incertidumbre mantenía la tensión y la escucha. Aparecían pequeñas células rítmicas con cierto pulso, pero enseguida el discurso volvía a disolverse en texturas, silencios y exploraciones tímbricas. Desde los primeros minutos, escuchamos al violonchelo con rasgados de arco, armónicos, rozamientos, golpes sobre la madera y pizzicatos secos. A ello se sumó la voz de Joana Guerra, que irrumpía de forma orgánica con gritos de resonancias operísticas, sonidos guturales, lamentos y gemidos, alternando un sonido cálido con otro áspero y percusivo, ampliando más la dimensión expresiva del trío.

José Lencastre intercaló notas cortadas con micro melodías y frases que aparecían y desaparecían, participando en una conversación en la que la tensión y el espacio tenían el mismo peso que el sonido. João Valinho articuló impulsos que conectaban las propuestas del trío, alternando golpes secos con roces, resonancias y gestos sonoros, pasando de una gran densidad a un silencio casi absoluto, manteniendo siempre abierta la dirección de la música.

El escenario al aire libre de la pista de tenis de la Fundación Serralves fue el lugar para la propuesta de Hery Paz Quartet. Rodeado por el parque, Hery Paz, una de las figuras con más proyección internacional en la escena del free contemporáneo, reunió a tres músicos de la escena portuguesa, el contrabajista argentino Demian Cabaud y los bateristas Marcos Cavaleiro y Pedro Melo Alves. Un cuarteto poco habitual, con dos baterías, y un set construido desde la improvisación. Las dos baterías dieron comienzo al concierto, en una introducción paciente que fue preparando el terreno para la entrada de Hery Paz. El discurso se desarrolló lento y orgánico a partir de pequeñas patrones melódicos y rítmicos que se transformaban continuamente. El interés está en este proceso, en la evolución interna del sonido en las repeticiones, en cómo el sonido cambia, se expande y encuentra nuevas direcciones. Poco a poco, La intensidad crece de forma gradual hasta alcanzar el punto álgido y la tensión desemboca en una energía desbordante, en una saturación del sonido que te atrapa. Fue un set visceral, enérgico, de texturas rugosas y flujos sonoros continuos.

El sonido de Hery Paz es profundo, contundente, enérgico, claro, auténtico, de enorme proyección y agilidad. Hay momentos bellísimos de gran lirismo que conviven con otros frenéticos, hipnóticos y casi tántricos, mientras explora multifónicos, armónicos y sobreagudos. El sonido se convierte en el propio material compositivo y la transformación continua es el centro de la música. El resto del cuarteto alimenta este viaje colectivo, Demian Cabaud alterna el arco con punteos y técnicas extendidas, llegando incluso a rasgar las cuerdas con una varilla para extraer nuevas resonancias. Las dos baterías van creando capas rítmicas y alternan un flujo continuo de energía con chirridos, rasguños y largas resonancias. Cuando todo alcanzar su punto máximo, el desenlace vuelve a ser delicado y los sonidos se diluyen lentamente.

Como final de festival, la pista de tenis reunió a tres figuras de la música improvisada, la saxofonista alemana Angelika Niescier, la gran pianista japonesa Aki Takase y el DJ Vincent von Schlippenbach, conocido como DJ Illvibe, en turntables y electrónica. Un trío que construye la música sobre la interacción entre piano, saxofón, turntables y electrónica a partir de pequeñas melodías. El piano de Takase es preciso, creativo, enérgico, acercándose cada vez más al free jazz, en diálogo con el saxofón de Niescier, enérgico y contundente, mientras la turntables de Illvibe introducen profundidad, generando capas y resonancias que amplían el espacio acústico añadiendo una dimensión casi espacial. La comunicación es enérgica, con improvisación, exploración de texturas y una dosis de punk-jazz, en los que el material se genera a partir de pequeños patrones melódicos sobre los que improvisan. En algunos momentos, la turntables adquiere una función casi percusiva. En otros dio paso a una exploración en la que el sonido se fue distorsionando progresivamente. Takase tuvo también un momento en solitario, con gran precisión y libertad, capaz de pasar de la melodía a la abstracción sin perder nunca el discurso. Después, el diálogo entre saxofón y turntables abrió otro espacio de exploración, antes de que los tres músicos volvieran a reunirse para recuperar el trabajo a trio. La música avanzó así entre pequeñas estructuras cargadas de energía, con una comunicación exuberante y experimental.

 

18 de julio de 2026

21º Portalegre International Jazz Festival, Portugal 2026

21º Portalegre International Jazz Festival, Portugal 2026

30ª Portalegre
International Jazz Festival

14

Julio, 2026

Por: Begoña Villalobos
Foto: Concesión del Festival

En su 21ª edición, Portalegre JazzFest, Festival Internacional de Jazz y Música Improvisada de Portalegre, es uno de los encuentros de referencia del jazz en Portugal. El festival mantiene una línea artística centrada en la vanguardia, bajo la dirección de Pedro Costa, fundador del sello Clean Feed Records, uno de los catálogos más prestigiosos del jazz y la música improvisada a nivel internacional. Portalegre, situada en la región portuguesa del Alto Alentejo y a apenas treinta minutos de la frontera con España, conserva un centro histórico de calles adoquinadas, antiguas murallas y un castillo que domina la ciudad con una tradición artesanal ligada a la producción de tapices. Un entorno de valor histórico y natural que acoge una programación dedicada al jazz y a las músicas improvisadas. La guitarra ocupa el centro de la escena en los conciertos inaugurales de cada jornada, dentro del ciclo de guitarra americana. El Museo del Tapiz Guy Fino acoge tres conciertos en formato solista.

El primer día comenzó con Kelby Clark, en formato solo de banjo, con su instrumento de cinco cuerdas. Compositor, improvisador y multi instrumentista nacido en el sur de Georgia y residente en Los Ángeles. Clark parte de la tradición del folk y del banjo del sur de Estados Unidos, incorporando elementos melódicos de la música tradicional india, la improvisación libre y la música experimental, en un trabajo centrado en el timbre y la resonancia. Todo ello como punto de partida para explorar las posibilidades sonoras del instrumento. Su discurso es increíblemente fluido, transformando el material melódico a partir de sonidos sostenidos como base de la improvisación.

El segundo día del ciclo de guitarra americana estuvo a cargo de Hein Westgaard, en formato de guitarra folk solista. Guitarrista, compositor e improvisador noruego afincado en Copenhague, Westgaard presentó un set de composiciones propias arraigadas en la tradición de la guitarra acústica folk, referencias de blues de los años 50 y 60, y de una delicada técnica del fingerpicking, que le permite desarrollar líneas melódicas, bajos y armonías. Su lenguaje parte del songwriting americano para construir piezas de melodías claras, con un fraseo delicado y un pulso relajado con momentos de improvisación. Con una escritura de carácter narrativo, alternó baladas con piezas de mayor impulso rítmico.

El tercer y último concierto del ciclo de guitarra americana estuvo a cargo de Emily Robb, en formato de guitarra eléctrica solista. Guitarrista e improvisadora muy interesante afincada en Filadelfia, Robb desarrolla un lenguaje visceral basado en la experimentación y en la exploración del sonido, en el que pequeñas células melódicas evolucionan mediante variaciones, repeticiones y procesos de deconstrucción hasta desembocar en densas texturas de noise. Su trabajo parte de las raíces de rock y de la improvisación libre. A lo largo del set recurrió a técnicas extendidas, con un sistema de pedales de efectos, el empleo del finger slide metálico para rasgar las cuerdas, el uso del arco, y el feedback, sonido generado por la interacción entre la guitarra amplificada y el amplificador para hacer rebotar el sonido, como elementos estructurales del discurso. El set fue una construcción sonora de creciente intensidad, con un enfoque de saturar el sonido, donde la repetición, el timbre y la resonancia desplazan a la melodía hacia la textura y el sonido en estado puro.

 

También pudimos asistir a un concierto espontaneo surgido en el momento entre Kelby Clark y Hein Westgaard. Improvisación pura y dura surgida en el momento, vanguardia, técnicas extendidas y el lujo de la creación espontánea en el Claustro del Convento.

La programación del escenario principal, en el Gran Auditorio del CAE de Portalegre, reunió tres proyectos protagonizados por músicos portugueses. El primer concierto estuvo protagonizado por dos referentes de la improvisación actual, la vocalista e improvisadora portuguesa Sara Serpa, asentada en la escena neoyorquina, y el pianista, compositor e improvisador estadounidense Matt Mitchell. El dúo mantiene un grado de compenetración y de escucha excepcional, construyendo un diálogo sólido, lírico y profundamente creativo. Dos artistas situados entre la música de cámara, la creación contemporánea, la experimentación y, por supuesto, la música improvisada. Las composiciones, firmadas por ambos y recogidas en el álbum End of Something, funcionan como estructuras abiertas y flexibles sobre las que desarrollan la improvisación. La escritura parte de pequeñas células melódicas, compuestas sobre un compás, que se repiten, se desarrollan y evolucionan, permitiendo que el discurso avance y se transforme. La música avanza lentamente, con una gran riqueza tímbrica y una escritura llena de matices. Sara Serpa tiene una increíble capacidad de improvisación vocal y un control absoluto de la voz. Improvisa sin palabras con elegancia, sofisticación y sutileza, con un estilo único y diferente. Frente a ella, Matt Mitchell que desarrolla registros minimalistas, precisos, y en transformación. Un proyecto intimista y minimalista, con referencias a Olivier Messiaen y a las escritoras Sonia Sanchez y Virginia Woolf.

El segundo día fue el turno del Lisbon Jazz Sextet, una formación integrada por all stars, todas ellas figuras relevantes y consagradas del jazz portugués, representantes de la historia del jazz en Portugal. Mário Laginha al piano, Mário Barreiros a la batería, Tomás Pimentel, trompeta y Edgar Caramelo al saxofón. El grupo, que reúne distintas generaciones de músicos, incorporadas tras la renovación de la banda con el saxofonista Ricardo Toscano y el contrabajista Francisco Brito, revisita cuarenta años de composiciones. Con un enfoque tradicional y un sonido cercano al de una big band, el sexteto demostró una gran solidez y contundencia en las piezas. El concierto se abrió con una composición de Mário Laginha y fue alternando intensos y fluidos solos de cada uno de los integrantes.

El último concierto en el escenario principal en el CAEP estuvo a cargo de Matriz_Motriz, proyecto del guitarrista y compositor Mané Fernandes, junto al gran pianista João Grilo y tres voces Mariana Dionísio, Vera Morais, y Sofia Sá. Representantes de una nueva generación de músicos portugueses, presentan una propuesta donde la voz es el eje de todo el discurso sonoro. Sin sección rítmica tradicional, las voces asumen la función percusiva y rítmica, mientras la guitarra aporta el centro textural y el piano refuerza el pulso con un tratamiento marcadamente percutivo. La escritura se construye a partir de pequeños bloques musicales que aparecen, se interrumpen y se transforman sin buscar una resolución. Las voces afinadas y tratadas como un único instrumento alternan capas tímbricas, sonidos guturales, creando una continua amalgama de sonidos. La música avanza entre atmósferas oníricas y cinematográficas, punteos largos y graves de la guitarra, con acentos cercanos al rock y variaciones al piano que desembocan en sonoridades rotas. Un proyecto centrado en el sonido, el timbre y la exploración de nuevas formas de construcción musical.

El escenario del Claustro del Convento de Santa Clara acogió los tres conciertos más alternativos del festival, con el foco puesto en la escena de Bergen (Noruega), uno de los principales centros del jazz creativo escandinavo en la última década. Los tres proyectos estuvieron liderados por el saxofonista Aksel Røed, protagonista de las actuaciones nocturnas. La primera de ellas corrió a cargo de Red Quartet.

El primer concierto del Claustro de Santa Clara reunió al Aksel Røed Quartet, formación liderada por el saxofonista noruego junto a Lyder Røed a la trompeta, Ola Høyer al contrabajo y Tore Ljøkelsøy a la batería. El cuarteto presentó composiciones originales con referencias al jazz de los años sesenta. Registrado en su álbum debut, titulado Red Nose Hymn. La música se sostuvo sobre un fuerte pulso compartido y una interacción constante entre los cuatro músicos. Diálogos fluidos entre saxo tenor y trompeta, mientras contrabajo y batería construyeron una base rítmica flexible, alternando momentos de swing, aceleraciones y desaceleraciones que hacían oscilar el tempo como una ola. Improvisaciones de gran intensidad y ecos de blues.

El segundo concierto del Claustro de Santa Clara reunió al dúo Duplexities, formado por el saxofonista Aksel Røed y el baterista Kåre Opheim, uno de los músicos más singulares de la escena noruega por un lenguaje que integra la tradición folk nórdica, el heavy rock y la improvisación libre. El diálogo entre saxo tenor y batería se construye a partir de pequeñas estructuras rítmicas que se repiten, evolucionan y se transforman de manera continua. El saxo desarrolla un fraseo de gran intensidad expresiva, alternando registros extremos, notas largas, inflexiones cercanas al blues y un timbre áspero que oscila entre el lirismo y la ruptura. Frente a él, la batería responde con un trabajo de gran riqueza tímbrica, combinando patrones minimalistas, variaciones constantes y una amplia paleta de recursos percusivos. La repetición de células rítmicas genera una tensión casi hipnótica, mientras aceleraciones, cambios de densidad y una escucha permanente mantienen el discurso en continuo movimiento.

El cierre del ciclo dedicado a la escena de Bergen corrió a cargo del Aksel Røed Trio, junto a Magne Thormodsæter al contrabajo y Tore Ljøkelsøy a la batería. Sin introducciones ni estructuras prefijadas, el trío entró de lleno en la improvisación colectiva, construyendo el discurso en tiempo real a partir de la escucha y la interacción entre los tres músicos. La propuesta priorizó el desarrollo conjunto, la intuición, la fluidez y la respuesta inmediata entre los instrumentos. Las melodías aparecen y desaparecen con libertad, alternando momentos de pulso compartido con densas improvisaciones colectivas donde los tres músicos construyen una única masa sonora. Uno de sus momentos de mayor intensidad fue una composición de Pharoah Sanders, abordada como punto de partida para desarrollar un discurso de crecimiento continuo, improvisación abierta y la búsqueda del trío de nuevas direcciones sonoras.

Written by Begoña Villalobos

14 de julio de 2026

30ª Vision Festival NYC (2026)

30ª Vision Festival NYC (2026)

30ª VISION FESTIVAL
NYC 2026

30

June, 2026

From June 22nd to the 28th, the Abrons Art Center in New York’s Lower East Side hosted Vision Fest, an annual presentation of the most exciting voices in free jazz, creative music, visual art, dance, and poetry. Celebrating 30 years in 2026, this edition’s theme was “Art to Resist,” and it awarded multi-instrumentalist Joe Morris with the Lifetime Achievement Award. The first night of the festival featured performances by Morris’ various groups, ranging from duos to octets.

The festival also featured performances from Jen Shyu, William Parker, Luke Stewart, Craig Taborn, Tomeka Reid, Ingrid Laubrock, William Hooker, and others. Among the most exciting performances was from 102-year-old Marshall Allen and The Cosmic Future All Stars.

Held in the quaint but elegant Playhouse Theater at the Abrons Arts Center, the first night of music consisted of guitarist and bassist Joe Morris in various settings: duo, quartet, trio, quintet, and finally octet.

The first performance of the night was a dialogue between Morris on guitar and Nicole Mitchell on flute. Mitchell’s tasteful use of effects pedals and Morris’ full yet not overly dense accompaniment resulted in gorgeous soundscapes that welcomed the audience into their world. The duo had a very natural interplay, going back and forth, creating waves for each other to ride. The highlight of the set for me was when Mitchell put effects on her own voice, adding a distinctly human element to the already beautiful music. The night was off to a remarkable start.

Next on the bill was a quartet featuring Morris on guitar, Tomeka Reid on cello, Melanie Dyer on viola, and Solomon Caldwell on bass. This all-string ensemble was a celebration of the malleable nature of stringed instruments. Strings can be plucked, picked, bent, bowed, muted, etc., and the group undoubtedly explored the full range of their instruments and instrumentation. Morris had prepared a short suite of motifs that allowed for stunning group improvisation and dynamic variety. Morris dropped out at one point, proving that all great leaders are indeed great listeners. At the end of the suite, I let out a breath I didn’t even realize I was holding.

For the third set of the night, Morris, along with William Parker on bass and Matthew Shipp on piano, proved that they are among the very best groups ever to feature this classic instrumentation. Free music, since its inception, has been criticized by naysayers and nonbelievers for being random noise, notes on top of notes on top of more notes. Morris, Parker, and Shipp’s performance, while undeniably free, was anything but random. Shipp and Morris had a knack for going back and forth with each other, one always carving a niche for the other to fall into. Whether those niches were melodic statements, changes in density, or even consistent pulses, the two were always together, with Parker consistently adding contrast (and never contradicting). The performance was a masterclass in three musicians truly playing together. Focusing solely on the guitar work, Morris kept things fresh and exciting by seamlessly navigating between lush lyrical passages and dense, notey passages. Matthew Shipp, Joe Morris, and William Parker: three pillars of the creative music world and an eternal triangle if ever there was one.

The penultimate performance was a quintet and the first to feature Morris on bass. In many ways, this group evoked the same intense emotion that I felt when I first heard the music of Archie Shepp, Albert Ayler, and late-period Coltrane. Rob Brown and Hery Paz, on alto and tenor saxophones, respectively, blended beautifully atop the rhythm section’s playful foundation. The group had that rare ability to steadily elevate the music and the audience until things reached a fever pitch, and all of a sudden, we were in the stratosphere. Still, instead of plummeting, the music just floated like a feather back down to Earth. There couldn’t have been a better precursor to what we were about to experience with the next and final performance.

As for the final performance of the night, Morris’ octet, consisting of mostly younger musicians, delivered a truly transcendent set of music, the power of which is nearly impossible to impart in writing. The experience, sonically and emotionally, was the musical equivalent of a rocket launch. I consider it among the most exciting performances I’ve ever seen. Each musician was crucial, but Selendis Sebastian Alexander Johnson’s vibraphone and DoYeon Kim’s gayageum work added particularly interesting textures to the group’s sound. In the hands of these young improvisers, the future of creative music is very bright.

In between the trio and quintet sets, there was a screening of Michael Lucio Sternbach’s short documentary on Joe Morris, in which the musician discussed the profound impact of birds on his life and career. I felt this made perfect sense, as the music he and his groups performed seemed to move with the same confidence and sense of cohesion as birds flying in formation. Again, nothing was random.

I returned to the festival on Friday night to bear witness to Marshall Allen and The Cosmic Future All-Stars, who played with such palpable vitality that I found myself on the verge of tears. The band – consisting of Marshall Allen on alto saxophone and synthesizer, Darius Jones on alto saxophone, Dm Hotep on guitar, Dave Burrell on piano, Andrew Cyrille on drums, and William Parker on bass – performed a nearly hour-long improvised piece that ebbed and flowed gracefully and never lacked energy. Mickey Davidson’s gorgeous dancing and Kamari Patton’s acid-soaked projections added further depth and meaning to an already unspeakably moving and inspiring musical performance. I left the theater completely rejuvenated. Simply put, it was out of sight!

This year’s theme for the festival was “Art to Resist,” something I’d kept in mind throughout the week. Jazz and creative music have always been widely acknowledged as means of protest and resistance, so what does that mean in 2026? I concluded that in a world that is becoming increasingly calculated and artificial, the music performed at Vision 30 resists mediocrity and artificiality by being radically real and uniquely human. Every sound and sight, meticulously crafted by incredibly skilled human hands and minds, is a celebration of honesty, empathy, compassion, and listening – all things that make us better people. It’s in this pursuit that creative music and art successfully resist and persist.

Written by Joseph Mintz

June 30th, 2026

IKFEM Festival – Tui – Valença – 2026

IKFEM Festival – Tui – Valença – 2026

IKFEM Festival

Tui – Valença
2026

29

Junio, 2026

Texto: Begoña Villalobos
Fotos: Concesión de la organización

 

Como antesala a la programación oficial de IKFEM, he tenido la oportunidad de asistir a uno de sus Petiscos, concebido como una previa al festival.

IKFEM (International Keyboard Festival & Masterclass), nacido originalmente como un festival de teclado, es un festival de carácter transfronterizo que se desarrolla en la frontera entre Galicia y el Norte de Portugal desde hace catorce años. Con la narrativa de superar fronteras, el festival se desarrolla en el territorio compartido por las ciudades de Tui (Galicia) y Valença (Portugal), utilizando espacios naturales emblemáticos situados a ambos lados del río Miño, que actúa como frontera natural. Su actividad más icónica se celebra sobre el Puente Internacional que une Tui y Valença, convertido en el gran símbolo del festival.

En otras ediciones, IKFEM ha acogido destacadas propuestas jazzísticas, como la Orquestra Jazz de Matosinhos junto a Perico Sambeat, el memorable concierto a dos pianos de Chano Domínguez y Mario Laginha, la colaboración entre Salvador Sobral y Marco Mezquida, así como actuaciones de artistas como Abe Rábade y Andrés Barrios. Asimismo, durante diez años el festival ha desarrollado masterclass de jazz con reconocidos músicos, entre ellos el pianista Abe Rábade y el organista Juan de la Rubia.

Invitada por Andrea González, directora del festival y presidenta de Juventudes Musicales de España, la propuesta de los Petiscos reunió en esta ocasión a la poeta Chus Pato, Premio Nacional de Poesía por su libro Sonora. La jornada se completó con una cata de vinos en los viñedos Altos de Torona, un enclave excepcional de 74 hectáreas que acogió el concierto de ML Quartet.

ML Quartet es un cuarteto integrado por jóvenes talentos y formación ganadora en 2024 del Concurso de Jazz de Juventudes Musicales de España. Está compuesto por Manuel Luque al contrabajo, Vicente Marín al piano, Joao Martí al saxo tenor y Luis Pérez Villegas a la batería. El repertorio estuvo integrado por música original compuesta por Manuel Luque en los últimos años y recopilada en su álbum debut, Cicatrices.

Junto a su programación artística, IKFEM desarrolla proyectos de innovación social e inclusión cultural, impulsando iniciativas participativas que integran a colectivos diversos y utilizan la música como herramienta de cohesión social, accesibilidad y construcción comunitaria.

Begoña Villalobos

29 de junio de 2026

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