21º Portalegre International Jazz Festival, Portugal 2026

21º Portalegre International Jazz Festival, Portugal 2026

30ª Portalegre
International Jazz Festival

14

Julio, 2026

Por: Begoña Villalobos
Foto: Concesión del Festival

En su 21ª edición, Portalegre JazzFest, Festival Internacional de Jazz y Música Improvisada de Portalegre, es uno de los encuentros de referencia del jazz en Portugal. El festival mantiene una línea artística centrada en la vanguardia, bajo la dirección de Pedro Costa, fundador del sello Clean Feed Records, uno de los catálogos más prestigiosos del jazz y la música improvisada a nivel internacional. Portalegre, situada en la región portuguesa del Alto Alentejo y a apenas treinta minutos de la frontera con España, conserva un centro histórico de calles adoquinadas, antiguas murallas y un castillo que domina la ciudad con una tradición artesanal ligada a la producción de tapices. Un entorno de valor histórico y natural que acoge una programación dedicada al jazz y a las músicas improvisadas. La guitarra ocupa el centro de la escena en los conciertos inaugurales de cada jornada, dentro del ciclo de guitarra americana. El Museo del Tapiz Guy Fino acoge tres conciertos en formato solista.

El primer día comenzó con Kelby Clark, en formato solo de banjo, con su instrumento de cinco cuerdas. Compositor, improvisador y multi instrumentista nacido en el sur de Georgia y residente en Los Ángeles. Clark parte de la tradición del folk y del banjo del sur de Estados Unidos, incorporando elementos melódicos de la música tradicional india, la improvisación libre y la música experimental, en un trabajo centrado en el timbre y la resonancia. Todo ello como punto de partida para explorar las posibilidades sonoras del instrumento. Su discurso es increíblemente fluido, transformando el material melódico a partir de sonidos sostenidos como base de la improvisación.

El segundo día del ciclo de guitarra americana estuvo a cargo de Hein Westgaard, en formato de guitarra folk solista. Guitarrista, compositor e improvisador noruego afincado en Copenhague, Westgaard presentó un set de composiciones propias arraigadas en la tradición de la guitarra acústica folk, referencias de blues de los años 50 y 60, y de una delicada técnica del fingerpicking, que le permite desarrollar líneas melódicas, bajos y armonías. Su lenguaje parte del songwriting americano para construir piezas de melodías claras, con un fraseo delicado y un pulso relajado con momentos de improvisación. Con una escritura de carácter narrativo, alternó baladas con piezas de mayor impulso rítmico.

El tercer y último concierto del ciclo de guitarra americana estuvo a cargo de Emily Robb, en formato de guitarra eléctrica solista. Guitarrista e improvisadora muy interesante afincada en Filadelfia, Robb desarrolla un lenguaje visceral basado en la experimentación y en la exploración del sonido, en el que pequeñas células melódicas evolucionan mediante variaciones, repeticiones y procesos de deconstrucción hasta desembocar en densas texturas de noise. Su trabajo parte de las raíces de rock y de la improvisación libre. A lo largo del set recurrió a técnicas extendidas, con un sistema de pedales de efectos, el empleo del finger slide metálico para rasgar las cuerdas, el uso del arco, y el feedback, sonido generado por la interacción entre la guitarra amplificada y el amplificador para hacer rebotar el sonido, como elementos estructurales del discurso. El set fue una construcción sonora de creciente intensidad, con un enfoque de saturar el sonido, donde la repetición, el timbre y la resonancia desplazan a la melodía hacia la textura y el sonido en estado puro.

 

También pudimos asistir a un concierto espontaneo surgido en el momento entre Kelby Clark y Hein Westgaard. Improvisación pura y dura surgida en el momento, vanguardia, técnicas extendidas y el lujo de la creación espontánea en el Claustro del Convento.

La programación del escenario principal, en el Gran Auditorio del CAE de Portalegre, reunió tres proyectos protagonizados por músicos portugueses. El primer concierto estuvo protagonizado por dos referentes de la improvisación actual, la vocalista e improvisadora portuguesa Sara Serpa, asentada en la escena neoyorquina, y el pianista, compositor e improvisador estadounidense Matt Mitchell. El dúo mantiene un grado de compenetración y de escucha excepcional, construyendo un diálogo sólido, lírico y profundamente creativo. Dos artistas situados entre la música de cámara, la creación contemporánea, la experimentación y, por supuesto, la música improvisada. Las composiciones, firmadas por ambos y recogidas en el álbum End of Something, funcionan como estructuras abiertas y flexibles sobre las que desarrollan la improvisación. La escritura parte de pequeñas células melódicas, compuestas sobre un compás, que se repiten, se desarrollan y evolucionan, permitiendo que el discurso avance y se transforme. La música avanza lentamente, con una gran riqueza tímbrica y una escritura llena de matices. Sara Serpa tiene una increíble capacidad de improvisación vocal y un control absoluto de la voz. Improvisa sin palabras con elegancia, sofisticación y sutileza, con un estilo único y diferente. Frente a ella, Matt Mitchell que desarrolla registros minimalistas, precisos, y en transformación. Un proyecto intimista y minimalista, con referencias a Olivier Messiaen y a las escritoras Sonia Sanchez y Virginia Woolf.

El segundo día fue el turno del Lisbon Jazz Sextet, una formación integrada por all stars, todas ellas figuras relevantes y consagradas del jazz portugués, representantes de la historia del jazz en Portugal. Mário Laginha al piano, Mário Barreiros a la batería, Tomás Pimentel, trompeta y Edgar Caramelo al saxofón. El grupo, que reúne distintas generaciones de músicos, incorporadas tras la renovación de la banda con el saxofonista Ricardo Toscano y el contrabajista Francisco Brito, revisita cuarenta años de composiciones. Con un enfoque tradicional y un sonido cercano al de una big band, el sexteto demostró una gran solidez y contundencia en las piezas. El concierto se abrió con una composición de Mário Laginha y fue alternando intensos y fluidos solos de cada uno de los integrantes.

El último concierto en el escenario principal en el CAEP estuvo a cargo de Matriz_Motriz, proyecto del guitarrista y compositor Mané Fernandes, junto al gran pianista João Grilo y tres voces Mariana Dionísio, Vera Morais, y Sofia Sá. Representantes de una nueva generación de músicos portugueses, presentan una propuesta donde la voz es el eje de todo el discurso sonoro. Sin sección rítmica tradicional, las voces asumen la función percusiva y rítmica, mientras la guitarra aporta el centro textural y el piano refuerza el pulso con un tratamiento marcadamente percutivo. La escritura se construye a partir de pequeños bloques musicales que aparecen, se interrumpen y se transforman sin buscar una resolución. Las voces afinadas y tratadas como un único instrumento alternan capas tímbricas, sonidos guturales, creando una continua amalgama de sonidos. La música avanza entre atmósferas oníricas y cinematográficas, punteos largos y graves de la guitarra, con acentos cercanos al rock y variaciones al piano que desembocan en sonoridades rotas. Un proyecto centrado en el sonido, el timbre y la exploración de nuevas formas de construcción musical.

El escenario del Claustro del Convento de Santa Clara acogió los tres conciertos más alternativos del festival, con el foco puesto en la escena de Bergen (Noruega), uno de los principales centros del jazz creativo escandinavo en la última década. Los tres proyectos estuvieron liderados por el saxofonista Aksel Røed, protagonista de las actuaciones nocturnas. La primera de ellas corrió a cargo de Red Quartet.

El primer concierto del Claustro de Santa Clara reunió al Aksel Røed Quartet, formación liderada por el saxofonista noruego junto a Lyder Røed a la trompeta, Ola Høyer al contrabajo y Tore Ljøkelsøy a la batería. El cuarteto presentó composiciones originales con referencias al jazz de los años sesenta. Registrado en su álbum debut, titulado Red Nose Hymn. La música se sostuvo sobre un fuerte pulso compartido y una interacción constante entre los cuatro músicos. Diálogos fluidos entre saxo tenor y trompeta, mientras contrabajo y batería construyeron una base rítmica flexible, alternando momentos de swing, aceleraciones y desaceleraciones que hacían oscilar el tempo como una ola. Improvisaciones de gran intensidad y ecos de blues.

El segundo concierto del Claustro de Santa Clara reunió al dúo Duplexities, formado por el saxofonista Aksel Røed y el baterista Kåre Opheim, uno de los músicos más singulares de la escena noruega por un lenguaje que integra la tradición folk nórdica, el heavy rock y la improvisación libre. El diálogo entre saxo tenor y batería se construye a partir de pequeñas estructuras rítmicas que se repiten, evolucionan y se transforman de manera continua. El saxo desarrolla un fraseo de gran intensidad expresiva, alternando registros extremos, notas largas, inflexiones cercanas al blues y un timbre áspero que oscila entre el lirismo y la ruptura. Frente a él, la batería responde con un trabajo de gran riqueza tímbrica, combinando patrones minimalistas, variaciones constantes y una amplia paleta de recursos percusivos. La repetición de células rítmicas genera una tensión casi hipnótica, mientras aceleraciones, cambios de densidad y una escucha permanente mantienen el discurso en continuo movimiento.

El cierre del ciclo dedicado a la escena de Bergen corrió a cargo del Aksel Røed Trio, junto a Magne Thormodsæter al contrabajo y Tore Ljøkelsøy a la batería. Sin introducciones ni estructuras prefijadas, el trío entró de lleno en la improvisación colectiva, construyendo el discurso en tiempo real a partir de la escucha y la interacción entre los tres músicos. La propuesta priorizó el desarrollo conjunto, la intuición, la fluidez y la respuesta inmediata entre los instrumentos. Las melodías aparecen y desaparecen con libertad, alternando momentos de pulso compartido con densas improvisaciones colectivas donde los tres músicos construyen una única masa sonora. Uno de sus momentos de mayor intensidad fue una composición de Pharoah Sanders, abordada como punto de partida para desarrollar un discurso de crecimiento continuo, improvisación abierta y la búsqueda del trío de nuevas direcciones sonoras.

Written by Begoña Villalobos

14 de julio de 2026

30ª Vision Festival NYC (2026)

30ª Vision Festival NYC (2026)

30ª VISION FESTIVAL
NYC 2026

30

June, 2026

From June 22nd to the 28th, the Abrons Art Center in New York’s Lower East Side hosted Vision Fest, an annual presentation of the most exciting voices in free jazz, creative music, visual art, dance, and poetry. Celebrating 30 years in 2026, this edition’s theme was “Art to Resist,” and it awarded multi-instrumentalist Joe Morris with the Lifetime Achievement Award. The first night of the festival featured performances by Morris’ various groups, ranging from duos to octets.

The festival also featured performances from Jen Shyu, William Parker, Luke Stewart, Craig Taborn, Tomeka Reid, Ingrid Laubrock, William Hooker, and others. Among the most exciting performances was from 102-year-old Marshall Allen and The Cosmic Future All Stars.

Held in the quaint but elegant Playhouse Theater at the Abrons Arts Center, the first night of music consisted of guitarist and bassist Joe Morris in various settings: duo, quartet, trio, quintet, and finally octet.

The first performance of the night was a dialogue between Morris on guitar and Nicole Mitchell on flute. Mitchell’s tasteful use of effects pedals and Morris’ full yet not overly dense accompaniment resulted in gorgeous soundscapes that welcomed the audience into their world. The duo had a very natural interplay, going back and forth, creating waves for each other to ride. The highlight of the set for me was when Mitchell put effects on her own voice, adding a distinctly human element to the already beautiful music. The night was off to a remarkable start.

Next on the bill was a quartet featuring Morris on guitar, Tomeka Reid on cello, Melanie Dyer on viola, and Solomon Caldwell on bass. This all-string ensemble was a celebration of the malleable nature of stringed instruments. Strings can be plucked, picked, bent, bowed, muted, etc., and the group undoubtedly explored the full range of their instruments and instrumentation. Morris had prepared a short suite of motifs that allowed for stunning group improvisation and dynamic variety. Morris dropped out at one point, proving that all great leaders are indeed great listeners. At the end of the suite, I let out a breath I didn’t even realize I was holding.

For the third set of the night, Morris, along with William Parker on bass and Matthew Shipp on piano, proved that they are among the very best groups ever to feature this classic instrumentation. Free music, since its inception, has been criticized by naysayers and nonbelievers for being random noise, notes on top of notes on top of more notes. Morris, Parker, and Shipp’s performance, while undeniably free, was anything but random. Shipp and Morris had a knack for going back and forth with each other, one always carving a niche for the other to fall into. Whether those niches were melodic statements, changes in density, or even consistent pulses, the two were always together, with Parker consistently adding contrast (and never contradicting). The performance was a masterclass in three musicians truly playing together. Focusing solely on the guitar work, Morris kept things fresh and exciting by seamlessly navigating between lush lyrical passages and dense, notey passages. Matthew Shipp, Joe Morris, and William Parker: three pillars of the creative music world and an eternal triangle if ever there was one.

The penultimate performance was a quintet and the first to feature Morris on bass. In many ways, this group evoked the same intense emotion that I felt when I first heard the music of Archie Shepp, Albert Ayler, and late-period Coltrane. Rob Brown and Hery Paz, on alto and tenor saxophones, respectively, blended beautifully atop the rhythm section’s playful foundation. The group had that rare ability to steadily elevate the music and the audience until things reached a fever pitch, and all of a sudden, we were in the stratosphere. Still, instead of plummeting, the music just floated like a feather back down to Earth. There couldn’t have been a better precursor to what we were about to experience with the next and final performance.

As for the final performance of the night, Morris’ octet, consisting of mostly younger musicians, delivered a truly transcendent set of music, the power of which is nearly impossible to impart in writing. The experience, sonically and emotionally, was the musical equivalent of a rocket launch. I consider it among the most exciting performances I’ve ever seen. Each musician was crucial, but Selendis Sebastian Alexander Johnson’s vibraphone and DoYeon Kim’s gayageum work added particularly interesting textures to the group’s sound. In the hands of these young improvisers, the future of creative music is very bright.

In between the trio and quintet sets, there was a screening of Michael Lucio Sternbach’s short documentary on Joe Morris, in which the musician discussed the profound impact of birds on his life and career. I felt this made perfect sense, as the music he and his groups performed seemed to move with the same confidence and sense of cohesion as birds flying in formation. Again, nothing was random.

I returned to the festival on Friday night to bear witness to Marshall Allen and The Cosmic Future All-Stars, who played with such palpable vitality that I found myself on the verge of tears. The band – consisting of Marshall Allen on alto saxophone and synthesizer, Darius Jones on alto saxophone, Dm Hotep on guitar, Dave Burrell on piano, Andrew Cyrille on drums, and William Parker on bass – performed a nearly hour-long improvised piece that ebbed and flowed gracefully and never lacked energy. Mickey Davidson’s gorgeous dancing and Kamari Patton’s acid-soaked projections added further depth and meaning to an already unspeakably moving and inspiring musical performance. I left the theater completely rejuvenated. Simply put, it was out of sight!

This year’s theme for the festival was “Art to Resist,” something I’d kept in mind throughout the week. Jazz and creative music have always been widely acknowledged as means of protest and resistance, so what does that mean in 2026? I concluded that in a world that is becoming increasingly calculated and artificial, the music performed at Vision 30 resists mediocrity and artificiality by being radically real and uniquely human. Every sound and sight, meticulously crafted by incredibly skilled human hands and minds, is a celebration of honesty, empathy, compassion, and listening – all things that make us better people. It’s in this pursuit that creative music and art successfully resist and persist.

Written by Joseph Mintz

June 30th, 2026

IKFEM Festival – Tui – Valença – 2026

IKFEM Festival – Tui – Valença – 2026

IKFEM Festival

Tui – Valença
2026

29

Junio, 2026

Texto: Begoña Villalobos
Fotos: Concesión de la organización

 

Como antesala a la programación oficial de IKFEM, he tenido la oportunidad de asistir a uno de sus Petiscos, concebido como una previa al festival.

IKFEM (International Keyboard Festival & Masterclass), nacido originalmente como un festival de teclado, es un festival de carácter transfronterizo que se desarrolla en la frontera entre Galicia y el Norte de Portugal desde hace catorce años. Con la narrativa de superar fronteras, el festival se desarrolla en el territorio compartido por las ciudades de Tui (Galicia) y Valença (Portugal), utilizando espacios naturales emblemáticos situados a ambos lados del río Miño, que actúa como frontera natural. Su actividad más icónica se celebra sobre el Puente Internacional que une Tui y Valença, convertido en el gran símbolo del festival.

En otras ediciones, IKFEM ha acogido destacadas propuestas jazzísticas, como la Orquestra Jazz de Matosinhos junto a Perico Sambeat, el memorable concierto a dos pianos de Chano Domínguez y Mario Laginha, la colaboración entre Salvador Sobral y Marco Mezquida, así como actuaciones de artistas como Abe Rábade y Andrés Barrios. Asimismo, durante diez años el festival ha desarrollado masterclass de jazz con reconocidos músicos, entre ellos el pianista Abe Rábade y el organista Juan de la Rubia.

Invitada por Andrea González, directora del festival y presidenta de Juventudes Musicales de España, la propuesta de los Petiscos reunió en esta ocasión a la poeta Chus Pato, Premio Nacional de Poesía por su libro Sonora. La jornada se completó con una cata de vinos en los viñedos Altos de Torona, un enclave excepcional de 74 hectáreas que acogió el concierto de ML Quartet.

ML Quartet es un cuarteto integrado por jóvenes talentos y formación ganadora en 2024 del Concurso de Jazz de Juventudes Musicales de España. Está compuesto por Manuel Luque al contrabajo, Vicente Marín al piano, Joao Martí al saxo tenor y Luis Pérez Villegas a la batería. El repertorio estuvo integrado por música original compuesta por Manuel Luque en los últimos años y recopilada en su álbum debut, Cicatrices.

Junto a su programación artística, IKFEM desarrolla proyectos de innovación social e inclusión cultural, impulsando iniciativas participativas que integran a colectivos diversos y utilizan la música como herramienta de cohesión social, accesibilidad y construcción comunitaria.

Begoña Villalobos

29 de junio de 2026

Causa Efeito Festival – Universidad NOVA – Lisboa, 2026

Causa Efeito Festival – Universidad NOVA – Lisboa, 2026

Causa Efeito Festival

Universidad Nova
Lisboa

28

Mayo, 2026

 

El Festival Causa I Efeito celebró su cuarta edición los días 15 y 16 de mayo en Lisboa, consolidándose como uno de los encuentros de referencia de la música improvisada y experimental. Financiado por la Universidad Nova de Lisboa y programado por Pedro Costa, fundador del sello Clean Feed Records y figura clave en la escena experimental europea, el festival reunió propuestas vinculadas a la composición espontánea, el free jazz y la exploración sonora. Las actuaciones tuvieron lugar en la Sala de Esgrima y en el Patio del Campus Campolide.

Dos figuras articularon el festival como protagonistas indiscutibles, el trombonista estadounidense Steve Swell y el contrabajista Wilbert de Joode, ambos con doble concierto en el festival.

El festival abrió con el dúo noruego formado por Nils Økland al violín Hardanger y Sigbjørn Apeland al armonio, en un concierto de dimensión camerística que situó la tradición folklórica nórdica en diálogo con la improvisación contemporánea.

La primera intervención de Steve Swell, figura central de la vanguardia neoyorquina desde los años setenta, fue junto al contrabajista neerlandés Wilbert de Joode, referencia en la escena improvisada europea. Escuchamos un espectacular set de improvisación entre dos grandes. Steve Swell, fiel al concepto de adaptaciones sonoras espontáneas, situó al trombón en el terreno de la exploración radical, utilizó técnicas extendidas (chirridos, raspaduras, deslizamientos expansivos). Wilbert de Joode respondió con golpes percusivos, pizzicatos maestros, armónicos rugosos y rasgados intensos con el arco. Una interacción improvisada, con texturas densas y abiertas construidas desde la composición espontánea conformaron un set sofisticado y profundamente expresivo.

El segundo concierto de Steve Swell fue junto a la baterista de Filadelfia Tracy Lisk, que se mueve en el terreno de la improvisación. Tracy Lisk usa silencios, resonancias, golpes secos, roces de platos y cambios de densidad para empujar o desestabilizar el discurso. Swell al trombón explora multi fónicos, notas quebradas, respiraciones, registros extendidos y ataques de alta densidad. Un set basado en la textura, el riesgo y el contraste en el que la música se crea en tiempo real.

Brad Jones Trio desarrolló uno de los sets más narrativos y estructuralmente sólidos del festival, con John O’Gallagher al saxofón alto, Brad Jones al contrabajo y João Pereira a la batería. Brad Jones actuó como eje central combinando pulsación rítmica, resonancias graves y uso del arco. O’Gallagher alternó fraseos angulares, micro variaciones melódicas y ráfagas de tensión free, mientras que João Pereira es un baterista preciso, capaz de sostener tanto estructuras abiertas como pulsaciones estructuradas. En el marco de una narración sólida y contemporánea, el trío construyó un set fluido lleno de fuerza.

El concierto en solitario de Gordon Grdina al oud, encargado de inaugurar la jornada del sábado en la Sala de Esgrima, ofreció una propuesta hipnótica, sutil y refinada de sonido profundo y cálido. Desde el oud, el músico canadiense integró la improvisación libre, la tradición persa con oleadas de progresiones, micro variaciones tímbricas y largos desarrollos melódicos.

Depois Das Pecas -After the Pieces, con Fala Mariam al trombón, Bruno Silva a la guitarra eléctrica, Pedro Lourenço y Miguel Abras en bajos eléctricos, desarrolló un set de corte experimental desde la interacción entre trombón y cuerdas amplificadas. Un discurso de micro bloques sonoros, intercambios fragmentados, interrupciones, reinicios constantes, y acumulaciones progresivas de tensión tímbrica. Escuchamos distorsiones y texturas cercanas al noise. El sonido aparece, se deforma y desaparece de manera imprevisible, avanzando hacia breves estallidos y zonas de trance individual. Se prioriza la fricción, la saturación y la ruptura tímbrica sobre el desarrollo melódico. La inclusión final de palabra leída “Music is the best” reforzó el carácter performativo del concierto.

Seguimos con el dúo formado por la saxofonista argentina Ada Rave, residente en Berlín, y la baterista portuguesa Sofia Borges, afincada en Ámsterdam, presentaron un set de enfoque experimental, intenso y energético con pequeñas líneas melódicas y giros inesperados que evolucionaron hacia un discurso abstracto de líneas densas y profundas. La complicidad entre ambas les lleva a grabar su segundo disco a dúo con el sello Relative Pitch Records.

El trío formado por Ziv Taubenfeld al clarinete bajo, Wilbert de Joode al contrabajo y Sun Mi Hong a la batería cerró el festival con un set muy completo y revelador. La musicalidad de Wilbert de Joode se sitúa como eje central, entre los estallidos e improvisaciones de Ziv Taubenfeld y la contundencia de la baterista coreana, figura emergente y clave establecida en la escena holandesa, Sun Mi Hong. El trío continuó hasta llegar a momentos de pulso compartido. Son tres voces de fuerte identidad, lanzadas al vacío en una experiencia conjunta de expresión de libertad musical.

Begoña Villalobos
28 de mayo de 2026

Jazzahead! 2026

Jazzahead! 2026

Jazzahead!

Bremen, 2026

11

Mayo, 2026

Texto: Pedro Andrade
Fotos: Jazzahead’s official photographers

Jazzahead! 2026: veinte años donde el jazz se piensa, se celebra y, sí, también se negocia.

Hay ferias donde se intercambian productos; en jazzahead, en cambio, se intercambian ideas, conciertos y futuros posibles entre tazas de café que nunca terminan de enfriarse. En su 20º aniversario, del 22 al 25 de abril de 2026, Bremen volvió a convertirse en esa rara capital donde el jazz no solo se escucha: se discute, se programa, se defiende y, en ocasiones, se sobrevive a base de agendas imposibles y acreditaciones que funcionan como pasaporte universal. Dos décadas después de su nacimiento, jazzahead no ha perdido frescura; más bien ha ganado algo más difícil: relevancia.

Porque sí, es una feria profesional. Pero reducirla a eso sería como decir que el jazz es solo una sucesión de acordes. Aquí lo que circula no son únicamente contratos, sino también preguntas: ¿cómo sostener giras internacionales sin dejar una huella ecológica excesiva?, ¿cómo garantizar el relevo generacional?, ¿cómo evitar que la industria asfixie aquello que pretende impulsar? Preguntas que, por cierto, suelen encontrar sus respuestas, o al menos nuevas dudas, entre un panel a media mañana y una conversación que se alarga peligrosamente hasta la madrugada.

Durante tres días, los pabellones 6 y 7 de Messe Bremen volvieron a convertirse en un ecosistema intensamente activo: músicos, agentes, sellos, festivales, periodistas y programadores orbitando entre showcases, conferencias y encuentros improvisados que, a veces, resultan más productivos que cualquier reunión formal. Porque jazzahead tiene esa virtud: la de hacer parecer espontáneo lo que en realidad es una sofisticada maquinaria de conexiones.

El Grand Opening, dedicado este año a Suecia como país invitado, marcó el tono de una edición especialmente consciente de su contexto. No solo se celebraban veinte años de historia, sino también la capacidad de adaptación de una escena que se niega a fosilizarse. El jazz contemporáneo, quedó claro, no está en crisis: está en proceso. Mutando, negociando, redefiniéndose. Como debe ser.

Y ahí reside quizá el verdadero valor de jazzahead: en demostrar que la improvisación necesita estructura tanto como libertad. Que detrás de cada disco hay un ecosistema de trabajo, de políticas culturales, de financiación, y, conviene recordarlo, de correos electrónicos que alguien tiene que responder. La poesía del jazz convive aquí con la prosa de la industria, en una relación sorprendentemente saludable.

Veinte años después, jazzahead no es solo una feria consolidada: es una especie de república efímera donde el idioma común sigue siendo el swing, pero donde también se habla, y mucho, de futuro. Y eso, en estos tiempos, no es poca cosa.

German Jazz Prize: cuando un país decide que el jazz importa (y lo sostiene)

Hay un momento en jazzahead en el que uno entiende que Alemania no considera el jazz una rareza elegante para minorías exquisitas. Lo entiende, con bastante naturalidad, como parte de su política cultural. Ese momento se llama German Jazz Prize.

Celebrado dentro de la feria, este premio representa mucho más que una ceremonia: es una forma de situar el jazz en el lugar que ocupa dentro del ecosistema cultural del país. Aquí no se trata solo de reconocer trayectorias o discos destacados, sino de afirmar que el jazz es patrimonio vivo, espacio de innovación y un lenguaje artístico que merece apoyo sostenido y visibilidad institucional.

En esta edición, figuras como Aki Takase (Premio a la Trayectoria), Rebekka Salomea (Artista del Año), Phil Donkin (Álbum del Año), Sullivan Fortner (Artista Internacional) o Johnathan Blake (Álbum Internacional) reflejan una escena diversa, conectada y reconocida. En total, 22 categorías que dan cuenta de la amplitud del sector y de una voluntad clara de abarcarlo en toda su complejidad.

Pero hay un detalle que explica mucho del modelo: la dotación económica.

Los premios principales del German Jazz Prize están dotados con 10.000 euros por categoría, mientras que el premio a la trayectoria alcanza los 15.000 euros. En conjunto, el programa reparte más de 300.000 euros, financiados por el Gobierno Federal alemán a través de su política cultural. No es solo un reconocimiento simbólico: es un apoyo real que impacta directamente en la sostenibilidad de las carreras.

Alemania no está sola en este enfoque. En otros países europeos: Francia, Países Bajos o los países nórdicos, el jazz también cuenta con estructuras sólidas de apoyo: circuitos de salas, redes de festivales, programas de movilidad internacional y marcos de reconocimiento específicos. No es tanto una cuestión de volumen como de continuidad.

En España, la situación es distinta, aunque no por ello menos interesante. La escena es rica, activa y con una identidad muy marcada: festivales consolidados, músicos de enorme nivel y una capacidad creativa que no deja de crecer. Quizá lo que todavía está en desarrollo es un sistema de reconocimiento institucional tan específico y visible como el que se observa en otros contextos europeos.

Más que una carencia, puede entenderse como una oportunidad. Porque ver cómo funciona un modelo como el alemán no invita tanto a la comparación como a la reflexión: qué herramientas podrían adaptarse, qué estructuras podrían reforzarse y cómo seguir acompañando a una escena que ya existe y que tiene mucho que decir.

Premios como el German Jazz Prize no solo celebran el presente: ayudan a construir futuro. Generan estabilidad, visibilidad y, sobre todo, tiempo, ese recurso tan escaso y tan necesario para cualquier músico.

Y sí, viendo lo que ocurre en Bremen, uno no puede evitar pensar que ojalá en España contáramos con algo similar.

German Jazz Expo: ocho showcases y una radiografía

La German Jazz Expo muestra qué ocurre cuando el respaldo institucional se convierte en sonido, riesgo y presencia escénica. Una consecuencia bastante lógica: cuando hay estructura, hay margen para explorar.

Los showcases alemanes se repartieron entre dos espacios dentro de Messe Bremen (Hall 7) y el más recogido Culture Stage, dos escenarios con perfiles distintos, pero con una constante: intensidad. Y aquí una nota personal inevitable: el volumen. Para mi gusto, excesivamente alto en varios momentos.

Conviene no perder de vista el formato: conciertos de unos 30 minutos, pensados casi como tarjetas de presentación. No era tanto un “concierto completo” como un ejercicio de condensación: captar la atención de promotores y programadores internacionales en tiempo récord. Eso se notaba en la concentración, en cierta tensión y también en las decisiones artísticas, claramente orientadas a impacto inmediato.

El colectivo Àbáse, liderado por el teclista y productor Szabolcs Bognár, presentó su mezcla de jazz contemporáneo, afrobeat, highlife y electrónica orgánica. Un proyecto que en su mejor versión tiene mucho groove y una identidad clara, aunque en este formato tan comprimido quizá no terminó de desplegar todo su potencial. Aun así, se percibe como una propuesta sólida y en evolución, con una base rítmica muy atractiva.

Bonsai representó el otro extremo: sutileza, contención y un lenguaje muy delicado, casi de cámara. Jazz minimalista, centrado en la textura y el espacio, que exige una escucha muy atenta. En un contexto tan competitivo y expuesto, su propuesta quizá quedó algo expuesta, pero mantiene una identidad estética muy coherente.

Con CRUTCHES llegó el contraste: improvisación libre, energía abrasiva y una búsqueda constante de tensión. Más que un desarrollo narrativo clásico, su directo funciona como impacto continuo. Es una propuesta que divide, pero encaja bien en este tipo de formatos donde el riesgo también es un argumento de venta.

La saxofonista Kristina Brodersen con KRISTINA 4 ofreció uno de los sets más equilibrados. Jazz europeo contemporáneo, con escritura cuidada y espacio para la improvisación. En apenas media hora consiguió algo importante en este contexto: claridad. Todo estaba en su sitio, sin excesos ni necesidad de subrayar.

El proyecto RE:Calamari jugó en un terreno más performativo, con ironía, teatralidad y cierta voluntad de romper la solemnidad habitual del jazz. No todo es homogéneo en su propuesta, pero sí hay una idea clara de espectáculo expandido, donde lo musical convive con lo escénico de forma deliberadamente híbrida.

El trompetista Richard Koch con Rays of Light firmó uno de los momentos más envolventes. Jazz lírico, con capas armónicas amplias y una construcción muy fluida de atmósferas. En formato showcase, su propuesta funciona especialmente bien porque genera una sensación inmediata de mundo propio.

Sara Decker presentó Expand, un proyecto vocal con una dirección muy clara: ampliar el lenguaje de la voz dentro del jazz contemporáneo. Escritura, improvisación y un enfoque conceptual que encaja bien con las tendencias actuales de la escena europea.

Y Sorvina cerró uno de los momentos más singulares. Su actuación transformó el espacio en algo cercano a una iglesia afroamericana en plena celebración: entre el storytelling, el soul y el gospel, construyó un ambiente de comunión colectiva, con una energía casi de predicadora contemporánea, pero siempre desde un lugar de cercanía y juego escénico. Hay ironía en la forma, pero también una entrega emocional real que sostiene todo el set.

Ocho propuestas, ocho formas de entender el jazz contemporáneo en un formato breve, intenso y claramente orientado a la primera impresión. Y quizá ahí está la clave: más que conciertos cerrados, eran ventanas abiertas. Algunas más nítidas, otras más difusas, pero todas apuntando a una escena que sigue buscando cómo presentarse, y venderse, sin dejar de arriesgar.

España en la CLUBNIGHT: continuidad, traslados y otra forma de escucha

La CLUBNIGHT de jazzahead! sigue siendo uno de los momentos más reveladores de toda la feria. Cuando termina la lógica del business y empieza la verdad de la música.

Dentro de esa cartografía nocturna, amplia y heterogénea, y por cierto, inabarcable para un solo reportero, el Instituto Cervantes de Bremen volvió a consolidarse como uno de los nodos naturales para la presencia española en la ciudad, en una programación posible gracias al trabajo conjunto de Sounds from Spain (ICEX), Catalan Arts!, IEBaleàrics y la Plataforma Jazz España. No es un dato menor: más que una suma de instituciones, lo que se percibe es una estructura coordinada que busca algo muy concreto, que la escena española no aparezca como una excepción puntual, sino como un ecosistema continuo dentro del mapa europeo.

La noche española en el Cervantes no fue un “escenario paralelo” a la feria, sino casi su prolongación emocional. Y aquí hay un detalle importante que condiciona toda la experiencia: el sonido del Instituto Cervantes no es comparable al de los grandes pabellones de Messe Bremen. No por inferioridad, sino por naturaleza. El cambio de escala obliga a los músicos a reajustar dinámicas, a contener ataques, a replantear equilibrios en tiempo real. En varios casos, ese esfuerzo fue evidente: no tanto una pérdida de intensidad como una adaptación constante para mantener la claridad del discurso en un espacio mucho más seco y cercano.

Y aun así, funcionó. Precisamente porque lo interesante no era la perfección acústica, sino la capacidad de sostener identidad en condiciones distintas.

Uno de los aspectos más sugerentes de la noche fue el propio desplazamiento desde la feria hasta el Instituto Cervantes: unos veinte minutos a pie atravesando el Bürgerpark de Bremen, un pulmón verde que en ese tránsito nocturno funcionó casi como un umbral simbólico entre la maquinaria profesional de la feria y el espacio más íntimo de los showcases. Ese paseo, tranquilo, ordenado, casi coreografiado por el propio flujo de asistentes, formó parte de la experiencia tanto como los conciertos.

La recepción en el Cervantes añadió otra capa al contexto: productos españoles, ambiente de encuentro distendido y presencia de prensa internacional invitada. Un gesto sencillo, pero efectivo, que situaba la música dentro de una idea más amplia de representación cultural, no solo como exportación sonora sino también como punto de contacto.

Dentro de ese marco, las cuatro propuestas de la Spanish Clubnight volvieron a insistir en una idea clave: no hay una sola manera de sonar desde España.

Lucía Rey, con su proyecto Nómadas, reafirmó una escritura donde el jazz contemporáneo convive con el flamenco, la música latina y una sensibilidad muy narrativa. Su formación con Michael Olivera, Ander García y Juan Carlos Aracil mostró una construcción musical que, incluso en formato reducido de showcase, mantiene una dirección clara. Pianista con discurso propio, su presencia escénica se sostiene en la mezcla de precisión y pulso rítmico, algo que le ha valido reconocimiento dentro de la escena, incluido el Premio Plataforma Jazz España, que refuerza su posición como una de las voces más sólidas de la nueva generación.

K12, el trío mallorquín formado por Gori Matas, Marko Lohikari y Teo Salvà, llevó la improvisación a un territorio de inestabilidad controlada. Su música no busca forma cerrada, sino proceso continuo: un jazz que se construye mientras ocurre, con momentos de densidad y otros de descomposición deliberada.

Pipo Romero, en formato dúo, aportó una lectura distinta, centrada en la guitarra como espacio de memoria y transformación. Su lenguaje parte de la tradición pero evita cualquier lectura museística: lo que hay es un trabajo de sutileza, técnica y apertura melódica que conecta con una idea de raíz entendida como materia viva.

Y Èlia Bastida Trio cerró la noche desde una estética luminosa, donde el swing, el jazz clásico y la versatilidad instrumental de Bastida. violín, saxofón y voz, construyen un discurso directo, sin fricción innecesaria, apoyado en la complicidad con Joan Chamorro y Josep Traver.

En conjunto, la sensación fue clara: el formato del Cervantes no busca competir con la escala de la feria, sino otra cosa. Ofrece proximidad, escucha distinta y un tipo de atención más concentrada. Y eso exige mucho a los músicos, que aquí no pueden apoyarse en el impacto físico del gran escenario, sino en la precisión de su propuesta.

La recepción final, entre conversación, prensa internacional y una atmósfera de cierre amable, completó la idea de una escena que no solo se presenta, sino que se articula. Buen trabajo institucional, buen encaje logístico y, sobre todo, una noche que demuestra que la presencia española en jazzahead no es solo programática, sino también narrativa.

Porque al final, más allá de los formatos, lo que se vio en Bremen es una escena que ya no está preguntando si existe. Está ocupando espacio.

Tras veinte años, jazzahead, ha dejado de ser únicamente una feria para consolidarse como una infraestructura cultural en sí misma. Un espacio donde conviven creación, industria y pensamiento crítico, y donde el jazz se entiende no solo como lenguaje artístico, sino como ecosistema: frágil, complejo y en constante transformación.

Quiero dar las gracias a la dirección de jazzahead por la invitación, nuestra presencia no habría sido posible de otra forma, y por sostener, con coherencia, un espacio clave para el desarrollo del sector.

A Jan Paersch, Nina Thomann, Sybille Kornitschky, Götz Bühler, Janika Achenbach y Jakob Fraisse por la atención, la disponibilidad y el rigor organizativo.

Y, en extensión, a todo el equipo que hace posible que una estructura de esta complejidad funcione con precisión y sentido.

Porque más allá de la programación, lo que jazzahead,  sostiene es algo más difícil de medir: continuidad. Y en el jazz, eso sigue siendo esencial.

Pedro Andrade
11 de mayo de 2026

XVI Festival Porta-Jazz – (Oporto, 2026)

XVI Festival Porta-Jazz – (Oporto, 2026)

XVI FESTIVAL PORTA-JAZZ

Oporto, 2026

27

Febrero, 2026

Bajo el lema: La Tierra vista desde el aire, la edición 2026 del Festival Porta-Jazz se celebró del 6 al 8 de febrero en el Teatro Rivoli de Oporto, con una jornada previa el 5 de febrero en la sede de la Asociación Porta-Jazz. El festival propone un programa sin cabezas de cartel, desplazando el interés del protagonismo individual hacia el trabajo colectivo. Se elimina cualquier jerarquía basada en notoriedad o trayectoria y se priorizan los procesos de colaboración, la experimentación y la escucha.

La escena del norte de Portugal, y en particular la de Oporto, se presenta entorno a la música improvisada y a la vanguardia, con electrónica integrada, improvisación radical y energía desbordante. El festival se articula a partir de los proyectos grabados durante el año por los músicos vinculados a la asociación, e integra conciertos derivados de sus colaboraciones con otras plataformas y festivales internacionales. Porta-Jazz colabora con Improdimensija de Lituania, Bezau Beatz de Austria, Orbits de Países Bajos, NICA de Alemania, y AMR-Genève de Suiza. Todo ello en el marco de un modelo de trabajo cooperativo orientado a ampliar su proyección y consolidar su dimensión internacional.

Comenzamos con el cuarteto del baterista y compositor portugués Miguel Rodrigues que presenta Antídoto, su segundo trabajo discográfico, en el concierto inaugural del pre-festival, en el escenario de la Asociación Porta-Jazz, con José Soares, saxofón tenor, André Fernandes, guitarra y Demian Cabaud al contrabajo. Abordan un repertorio construido sobre estructuras abiertas y sintéticas, donde la melodía es el eje organizador del desarrollo. Los materiales, breves y definidos, activan dinámicas de interacción que favorecen la reformulación continua y la amplitud tímbrica del discurso, a través de la improvisación.

Para continuar con AMR–Genève (Suiza) Associazione per la Musica Improvisata, fundada en 1973, con el proyecto WDCA (We Don’t Care About…) fundado en 2021. Presenta una formación en formato de gran ensemble concebida como un colectivo de solistas y compositores. La propuesta se sitúa en el terreno de la música improvisada con una sección de vientos en primer plano y una sección rítmica continua. El trabajo integra elementos del jazz afroamericano, la música improvisada y prácticas de la vanguardia, a partir de materiales abiertos. Manteniendo un nivel de energía sostenido y expansivo el ensemble se caracterizan por un alto grado de interacción, alto nivel de energía, una circulación flexible de los roles solistas y una capacidad de adaptación a distintos conceptos. Con Florence Melnotte, piano, Anthony Buchlin, trombón, John Menoud, saxofón alto, Gregor Vidic, saxofón tenor, Ludovic Lagana, trompeta, Brooks Giger, contrabajo y Nelson Schaer, batería.

Comenzamos la 16ª edición del festival PortaJazz en el Teatro Rivoli con Summer School, proyecto a trio liderado por José Vale, a la guitarra y efectos especiales, junto a Gil Silva, al saxo tenor y soprano, y Gonçalo Ribeiro en la batería. Un proyecto notable de música experimental inspirado en composiciones de Thelonious Monk y la atonalidad libre de Ornette Coleman desde una práctica claramente noise. Las melodías angulares, y las armonías desestabilizadoras articulan un discurso rítmico, donde la calma se fractura de forma abrupta en explosiones de noise. Rasgados de guitarra con resonancias rock-punk y efectos electrónica bien dosificados, dialogan con sobreagudos extremos del saxo. El trío avanza hacia fragmentos de jazz tradicional para inmediatamente someterlos a procesos de desestructuración. Es una propuesta sólida, lúcida y orgánica.

En colaboración con Improdimensija (Lituania), colectivo dedicado a la improvisación libre y al free jazz, se presenta el proyecto Leaking Pipes: Littorina Saxophone Quartet, que reúne a Maria Faust, saxofón alto, Mikko Innanen, saxofón alto, sopranino y barítono, Fredrik Ljungkvist, soprano y tenor, y Liudas Mockūnas, sopranino, soprano y saxofón bajo, todos ellos son figuras centrales de la escena báltica y nórdica contemporánea. La formación trabaja exclusivamente con saxofones de distintas tesituras, generando un campo polifónico amplio que abarca desde el sopranino hasta el saxofón bajo. La ausencia de sección rítmica desplaza el eje hacia la polifonía. El proyecto se basa en materiales abiertos y desarrollo colectivo, con especial atención a la densidad sonora, la articulación tímbrica y la interacción en tiempo real. Se sitúan en el límite entre estructuras formales escritas y libertad improvisada.

En el escenario principal del Teatro Rivoli, Mané Fernandes, guitarrista, compositor e improvisador presenta sQuigg: playground_etiQuette, trabajo que consolida su perfil como compositor dentro de la escena experimental. Fernandes centra su lenguaje inspirado en las múltiples músicas de tradición afroamericana con procedimientos derivados de la electrónica y el uso de sampler. Se inscribe en una escena experimental que él mismo vincula a una estética post-beat. El proyecto se configura en torno al trío de guitarra, contrabajo y batería, con la guitarra situada como centro rítmico y textural. La escritura se construye a partir de estructuras minuciosas en las que el ritmo funciona como eje organizador de la armonía. La formación se amplía con José Soares al saxofón alto, que aporta mayor definición melódica. La incorporación de las voces de Almut Kühne y Mariana Dionísio introducen un trabajo vocal centrado en la articulación tímbrica y la superposición de capas. Ricardo Coelho suma percusión expandida y vibráfono, ampliando el campo sonoro hacia registros repetidos, junto a José Diogo Martins, piano, sintetizador, Luca Curcio, contrabajo, sampler y Simon Albertsen, batería y sampler.

 

Ursa Maior es un proyecto concebido originalmente para la 15ª edición del Festival Porta-Jazz y desarrollado posteriormente como dispositivo colectivo del ensemble de la asociación. Reúne a más de treinta músicos vinculados a Porta-Jazz en una formación que refleja la dimensión comunitaria. En esta edición, el eje conceptual se centra en la voz como materia sonora compartida. Todos los participantes incorporan su voz al discurso musical, configurando una estructura performativa donde el sonido, el gesto y el movimiento se integran. La acción se organiza en torno a un piano situado en el centro, que actúa como núcleo espacial y acústico. Los músicos se desplazan, se agrupan y reconfiguran en el espacio, generando un lenguaje visual que acompaña al desarrollo sonoro. Las voces van desde el murmullo hasta la proyección articulada. El resultado es una performance coral de gran escala. Con voces de Afonso Silva, Almut kühne, Ana Luísa Marques, André Silva, Antón Quintela, Beatriz Vieira, Clara Lacerda, Gil Silva, Gonçalo Ribeiro, Hugo Ferreira, Inês Gouveia, Joana Raquel, João Alves, João Fragoso, João Pedro Brandão, João Pedro Dias, João Próspero, João Silva Araujo, Josué Santos, Luís Castro, Mané Fernandes, Marco Coelho, Mariana Vergueiro, Miguel Meirinhos, Nuno Trocado, Pedro Molina, Rafael Gomes, Ricardo Coelho, Ricardo Moreira, Rui Catarino, Teresa Costa, Vera Morais, Xavier Nunes, Zé Stark.

Continuamos en el salón de café del teatro, con el set del DJ Rui Miguel Abreu, crítico musical en activo desde 1989, editor de la revista  Rimas e Batidas, además de ser colaborador habitual de la revista internacional We Jazz y autor del programa en Antena 3, Notas Azuis centrado en el mundo del jazz contemporáneo. Para continuar con el set de Pedro Tenreiro en una sesión de improvisación.

Seguimos con el proyecto Stones and Seeds en una exploración del sonido en su estado elemental. El trío formado por Almut Kühne, voz, residente en Berlín, João Pedro Brandão, flauta, clarinete, saxofón, órgano, y Marcos Cavaleiro, percusión, trabaja desde la improvisación libre. Más que una pieza, es una experiencia conjunta de desarrollo orgánico que evoluciona desde la mínima presencia sonora hacia un clímax de densidad para luego disolverse. La obra se sostiene en el tratamiento microscópico del timbre. La percusión trabaja a partir de rasgados, golpes con las manos y fricciones con baquetas. Los vientos alternan, aire casi sin tono, armónicos, fragmentos melódicos suspendidos y resonancias prolongadas, y la voz, en un rango expandido, que va desde el susurro a la articulación mínima y a la emisión sostenida, se integra como un instrumento más dentro del campo acústico.

Satt con Bezau Beatz (Austria), es el trío que se sitúa en la intersección entre el free jazz, la música improvisada europea, la exploración del sonido y la construcción en tiempo real. Christian Weber al contrabajo, con un amplio uso del arco amplían el espectro tímbrico. Alfred Vogel, desde la batería, combina impulso rítmico y control. Gregor Forbes aporta al piano un enfoque abierto y exploratorio, con ideas de abstracción contemporánea. La energía conjunta se desarrolla progresivamente. Es una propuesta que conjuga potencia, calidez, creatividad y riesgo.

Northern Train es el quinto lanzamiento de Pedro Neves, en formato de cuarteto junto a José Marrucho, batería, Miguel Ângelo, contrabajo y Javier Pereiro, trompeta. La propuesta se construye desde una lógica de deconstrucción formal y alta precisión estructural. La pieza Caixa de Máquinas, sobresale por su diseño rítmico progresivo. A veces la intensificación del pulso deriva en un swing sostenido sobre una armónica refinada y controlada desde el piano. Un proyecto de escritura sobria y ejecución rigurosa, definido por la claridad conceptual y la elegancia estilística de Neves.

Ensemble Mutante liderado por el baterista Zé Stark con Go Tell It On The Mountain, es un proyecto concebido como gran ensemble, inspirado en la novela homónima de James Baldwin. La propuesta es expansiva, de alta intensidad percutiva, con potencia rítmica, densidad tímbrica, y un beat contundente. La sección rítmica es sólida, mientras el saxo alto y la flauta se sitúan en primer plano con líneas incisivas y cargadas de energía. La escritura integra patrones afroatlánticos, samba y batucada. Fabio Mota, percusión, Yudit Almeida, contrabajo, Ricardo Moreira, piano y teclados, el talentoso español Fernando Brox, en la flauta y Lucas Oliveira al saxo alto.

El compositor y vibrafonista portugues Ricardo Coelho presentó su álbum debut, Kohelet, Un concierto de música lírica, dramática y atmósferas minimalistas de tensión y liberación, con desarrollos prolongados que evolucionan sin prisa y conducen a resoluciones intensas. Destacamos los solos de vibráfono y saxo tenor, de Ricardo Coelho y José Soares, sostenidos en un diálogo íntimo con el piano, contrabajo y batería de José Diogo Martins, Romeu Tristão y de João Sousa.

EUPNEA es un ensemble de tres voces y dos flautas, liderado por la talentosa cantante y compositora Vera Morais. El proyecto articula un dispositivo camerístico que integra prácticas del avant-jazz europeo, y la música improvisada contemporánea. La voz asume el eje solista dentro de una escritura que explora la convergencia tímbrica entre voz y flauta. EUPNEA opera, como un organismo único, desde la interdependencia acústica y la micro variación textural. Una propuesta de alta sutileza formal. Con Vera Morais, voz y composición, Liva Dumpe, voz, Sarah Van Eijk, voz, Teresa Costa, flauta, Ketija Ringa Karahona, flauta.

Between Time and Now compuesto por Sérgio Tavares, contrabajo y Renato Diz, piano, forman un dúo de música de cámara improvisada en un diálogo íntimo, que explora técnicas extendidas en ambos instrumentos. El proyecto se desarrolla como una escritura instantánea, minimalista, construida a partir de micro variaciones, fricciones de arco y manipulación directa de cuerdas en el piano, con referencias a la micropolifonía y a lo textural- contemporáneo. Las capas sonoras superpuestas, las resonancias y los rasgados con arco crean un espacio de alta densidad.

Oxímoro, liderado por João Martins profundiza en la dialéctica del caos mediante un lenguaje enérgico. El proyecto articula una batería de pulsión rock, con expansión hacia texturas punk y tratamiento electroacústico, integrando voz, sintetizadores y capas de efectos como elementos. João Martins, batería, sintetizador, Fábio Almeida, saxofón tenor, Gabriel Neves, saxofón soprano, Nuno Trocado, guitarra eléctrica y Laura Rui, voz y sintetizador.

Lado Umbilical, es el último álbum a quinteto liderado por AP, guitarrista y compositor, junto a João Pedro Brandão, Gil Silva, Miguel Meirinhos y Gonçalo Ribeiro. Lado Umbilical tiene una escritura que tensiona composición e improvisación, con énfasis en la exploración de texturas y timbres. La propuesta incluye planos de noise y materia sonora fragmentada. La guitarra con tintes punk, la batería sostiene una alta intensidad y el piano interviene desde ataques percusivos. El discurso oscila entre suspensión y expansión textural.

Hristo Goleminov con Diagonal Shift, un proyecto de Orbits (Países Bajos), es un cuarteto de viento-madera liderado por el saxofonista y compositor Hristo Goleminov, en una formación camerística de orientación contemporánea que reúne a improvisadores de la escena de Ámsterdam como Ketija Ringa-Karahona, flauta y flauta alto, Michael Moore, clarinete y Federico Calcagno, clarinete bajo. La interacción horizontal y la circulación flexible de los roles solistas facilitan una sonoridad multi fónica en permanente transformación, en el que las líneas se entrelazan y evolucionan mediante procesos de expansión melódica y acumulación textural. El cuarteto incorpora técnicas extendidas, soplidos y articulaciones no convencionales, en una propuesta situada entre la música clásica contemporánea y la improvisación estructurada.

Fisuras, es el álbum, grabado en directo el año pasado en el Festival de Jazz de Guimarães. La actuación es un entramado de improvisación acústica y electrónica que combina poesía hablada y entonada con una dramaturgia sonora de alta densidad, bajo de fuerte impronta, percusión de impulso inestable, saxofón de tendencia atonal y estratos electrónicos como plano envolvente. Fue un ejercicio de sincretismo artístico, dinámicas extremas y fraseo irregular que dialoga con la electrónica. La formación integra a Hery Paz, vientos y voz, Pedro Melo Alves, percusión, João Carlos Pinto, teclado y electrónica, Demian Cabaud al contrabajo y la intervención visual en vivo de Maria Mónica. Las piezas se contraen y expanden orgánicamente, con una identidad fluida y pulsación variable, que atraviesan el free jazz y la experimentación contemporánea. El cierre del concierto fue un solo de flauta de Hery Paz sobre Ámame como soy de Pablo Milanés, que introduce una inflexión lírica dentro de una alta intensidad expresiva.

Serpentine, es el proyecto del pianista y compositor alemán Felix Hauptmann, un proyecto en colaboración con NICA (Alemania), que articula una propuesta de cámara contemporánea y explora la instrumentación y la versatilidad del ensemble. El grupo desarrolla espacios y líneas interdependientes cargadas de material melódico, y es a partir de estructuras rítmicas complejas y células improvisadas que van construyendo una narrativa. La banda logra un equilibrio entre la precisión compositiva de Hauptmann y un margen amplio de libertad expresiva. El grupo está compuesto por Fabian Dudek, saxofón, Jorik Bergman, flauta, Samuel Mastorakis, vibráfono, Ursula Wienken, bajo eléctrico y Leif Berger, batería.

Begoña Villalobos

27 de febrero de 2026

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