Maikel Vistel Interview
Maikel Vistel
Interview
Del corazón de Cuba a los escenarios de Europa: Maikel Vistel y el pulso del jazz
Maikel Vistel no es solo un músico; es un explorador del sonido, un viajero que lleva el jazz en la piel y la curiosidad en el alma. Desde sus raíces cubanas hasta los escenarios de Madrid, París o Budapest, su trayectoria refleja la esencia de un artista que entiende que la música no son solo notas, sino encuentros, aprendizajes y proyectos compartidos.
Llegó a Madrid en un momento en que la ciudad vibraba cada noche con jam sessions, conciertos y la energía de una escena viva que parecía infinita. Hoy recuerda aquellos espacios como santuarios de creatividad: el Café Central, El Bogui, el Zanzibar… lugares donde jóvenes músicos y leyendas del jazz compartían el mismo aire, donde la música era el lenguaje común que derribaba fronteras. Esa magia, admite, se ha perdido en gran parte, y el desafío actual es mantener viva la llama en un contexto donde el modelo económico y la visibilidad son limitados.
Maikel habla con la pasión de quien ha vivido la música en primera línea, pero también con la mirada clara de quien entiende las estructuras que sostienen una escena: la necesidad de ofrecer oportunidades a los músicos jóvenes, permitir que sus proyectos se vean en teatros grandes, y darles el espacio que merecen para desarrollarse. Porque la escena no se alimenta solo de nombres internacionales, sino del talento local que lucha por florecer.
Hoy, desde Marbella, combina su vida entre jazz y electrónica, gira por Europa y sigue construyendo puentes con músicos de todas partes. Para él, cada proyecto es una conversación, un acto de fe en la música y en quienes la crean. Su mensaje es profundo: si queremos que la música en España siga creciendo, debemos reconocer y visibilizar a quienes comienzan, porque ellos son el futuro que sostiene las raíces.
Maikel Vistel encarna la idea de que la música no tiene fronteras y que, más allá del virtuosismo, lo que realmente importa es compartir historias, conectar con el público y mantener viva la pasión por tocar y escuchar.
In&OutJAZZ Magazine: Bueno, Maikel, antes de nada, muchas gracias por atendernos. Hace poco tuve la oportunidad de entrevistar a tu hermano, Jorge Vistel, y fue una conversación muy interesante, muy honesta y didáctica. Ahora me apetecía mucho charlar contigo también.
Maikel Vistel: No, gracias a ustedes. Sí, recuerdo esa entrevista, estuvo muy bien.
Sé que tú también has estado muy ligado al mundo de la entrevista y la comunicación, sobre todo durante la pandemia.
Sí, fue una ocurrencia en ese momento, cuando todo el mundo estaba encerrado y aburrido. La verdad es que salió bien, la gente tenía muchas ganas de hablar y acabábamos haciendo entrevistas larguísimas, de hora y media o incluso dos horas.
Estuve investigando algunas de ellas y me parecieron muy honestas e interesantes. Cambiando un poco de tema, tu hermano (Jorge Vistel) vive actualmente en París, pero tú estás en Marbella, ¿verdad?
Sí, llevo aquí algo más de un año. Vine en agosto y la verdad es que estoy bien. Aquí hago otro tipo de cosas: no estoy centrado en el jazz como tal. A veces toco jazz, pero mi enfoque aquí es distinto, más vinculado a la música electrónica, trabajo como DJ y en otros formatos que no tienen mucho que ver con lo que hacía en Madrid.
Eso conecta con algo que me comentaba tu hermano: lo complicado que es integrarse en la escena del jazz en España y cómo, muchas veces, los proyectos funcionan mejor fuera.
Totalmente. Yo siempre he enfocado el jazz fuera de España. Aquí es muy complicado. En cambio, con proyectos como Vistel Brothers seguimos tocando regularmente fuera. En diciembre hicimos algunos conciertos, ahora tenemos fechas en febrero y marzo en París y en Alemania, y seguimos girando también con los proyectos que tenemos junto a Florian Arbenz.
Precisamente quería preguntarte por esas colaboraciones.
Con Florian tenemos una relación artística muy fuerte desde hace muchos años. Hemos grabado varios discos juntos y tenemos distintos proyectos: Convergence, a trío y otros formatos. En abril presentamos en Budapest un proyecto muy especial, con una formación poco habitual: arpa, cantante lírica, cantante de jazz, clarinete bajo, batería, bajo y acordeón. Es un proyecto muy potente, grabado hace menos de un año.
Además de París y Budapest, también tenéis fechas en Alemania, ¿sí?
Sí, estamos cerrando conciertos para otoño. En Europa todo se programa con mucha antelación, a uno o dos años vista, y eso da mucha estabilidad.
Quiero preguntarte también por vuestra relación con España. Has sido bastante claro en otras ocasiones sobre las dificultades del circuito jazzístico aquí.
Sí, te hablo con total sinceridad. Nosotros nos cansamos de enviar propuestas, discos grabados, proyectos sólidos, y de no recibir respuesta. Vivimos casi veinte años en Madrid y nunca tocamos en el Festival de Jazz de Madrid, mientras girábamos por toda Europa. Siempre hemos presentado proyectos grabados, invertido nuestro dinero, trabajado con músicos increíbles… y aun así era muy difícil.
El problema es estructural. En España muchos festivales apuestan solo por nombres internacionales muy conocidos, pensando que eso es lo que garantiza llenar. En otros países, como Francia o Polonia, el 60 o 70 % de los artistas son músicos locales. Aquí es al revés.
Eso tiene mucho que ver con el apoyo institucional y con la educación del público.
Exacto. Si no se da visibilidad a los músicos locales, ¿quién se la va a dar? En Francia, Alemania o Polonia se fomenta la colaboración con músicos del propio país, se crean redes, se fortalece la escena. Aquí muchas veces se repite siempre el mismo circuito de artistas internacionales en los festivales de verano. No digo que esté mal pero sí que hay muchas más cosas por exponer que se queda atrás.
Hablemos del nuevo disco de Vistel Brothers.
El disco ya está grabado. Lo hicimos en directo en Basel, Suiza, en el club Bird´s Eyes, uno de los más importantes de Europa. Se trata de una grabación den vivo de nuestro trabajo discográfico Fiesta en el Batey que registramos en 2022. La grabación en directo fue tan buena que decidimos editarla como álbum. Una discográfica inglesa se interesó por el proyecto y lo sacaremos en vinilo. Ahora mismo estamos firmando contrato y calculamos que estará disponible a partir de octubre. El disco quedó bien bueno, uno de los mejores directos que hemos hecho con Vistel Brothers.
Cuál es la formación con la que grabasteis el disco.
Prácticamente los mismos que grabaron el disco en estudio, excepto el percusionista, que no pudo venir. Llevamos a Reiner Elizalde (El Negrón) al contrabajo, Lukmil Pérez a la batería, Yuvisney Aguilar y Arnaldo Leskay a la percusión.
¡Tremenda banda!
Además de la crítica al sistema, también has hablado en otras ocasiones de lo mucho que te aportó vivir en España.
Sí, claro, muchísimo. Date cuenta de que cuando llegamos a España veníamos de Cuba con una sola visión: tocar siempre con la misma gente. España nos abrió la puerta a conocer muchísimas cosas más. He tocado mucho flamenco, he tocado todo tipo de música, y hemos compartido con muchos músicos españoles, de todo tipo, y muchos de ellos son buenísimos. Hemos tocado juntos y eso nos ayudó a abrir la mente, y a que nuestra música evolucionara como tal.
A mí me encanta escuchar a los jóvenes que están haciendo sus discos ahora: Daniel Juárez, Daniel García, Moisés Sánchez, gente que está haciendo música súper interesante. También Luis Verde, que llegó hace poco de Noruega y lo vi recientemente de nuevo en Madrid.
Con todos estos músicos españoles hemos tenido mucho contacto, muchas sesiones juntos, y eso hace que lo que tú haces musicalmente te enriquezca, porque sigues conociendo gente. Aunque yo haya estado también un tiempo en Nueva York, yendo mucho, conociendo músicos de allí, al final estar en España durante esos veinte años fue lo que nos dio la energía para poder hacer todo lo que estamos haciendo ahora. Si no, obviamente, no lo hubiésemos podido hacer.
Después de haber vivido en Cuba qué es lo que más te llamó la atención de la escena de ese Madrid de hace veinte años al que llegaste, cómo ves esa escena a día de hoy comparada con otros circuitos ¿crees que nuestra escena de jazz está sumergida en un problema de espacios de exposición para los proyectos, de modelo económico o de voluntad cultural por parte de las instituciones?
Cuando llegamos de Cuba, estábamos acostumbrados a que solo pasaran dos o tres cosas. Al llegar aquí, especialmente a Madrid, lo hicimos en un momento muy especial. Evidentemente, Madrid hoy no es lo que era hace veinte años, pero nosotros llegamos en el mejor momento posible. De hecho, una de las razones por las que me fui a Madrid fue precisamente esa: podías salir de lunes a lunes y en todos los sitios había música en directo.
Estaban las jams de El Cardamomo, la jam de Caramelo, Alain tocando por aquí, jam sessions con Bob Sands y su Big Band, conciertos los lunes en distintos locales… Había una escena musical enorme. Desgraciadamente, todo eso fue decayendo hasta llegar a la situación actual. El Bogui, otro de los locales emblemáticos, cerró.
Quedan algunos espacios como AC Recoletos, que tienen una línea muy concreta y no cuentan con todo tipo de músicos. El Café Berlín sigue funcionando, más o menos, pero toda esa esencia del Madrid musical de entonces se perdió.
La gran diferencia que yo veo en la escena de Madrid es que hoy voy a París y un lunes tienes doscientas opciones de música en directo. Eso mismo pasaba en Madrid hace veinte años. Todo el mundo venía a Madrid en esa época. Recuerdo estar compartiendo escenario con Joe Lovano y muchos otros músicos en sitios como el Zanzibar, un pequeño bar en la calle Huertas donde tocaban jóvenes en la jam que organizaba Sebastián Chames los viernes y sábados. Allí llevamos a Joe Lovano, a Esperanza Spalding, a Francisco Mela, a Greg Osby… Muchísima gente pasaba por ese lugar, y luego seguíamos en otros espacios como el Plaza.
Todo eso se fue perdiendo. Tras la pandemia hubo como un pequeño despertar, con espacios como El Despertar, que volvió a programar conciertos y lo está haciendo bien.
Ahora han aparecido algunos locales nuevos, como la Sala Villanos, que es la antigua Sala Caracol y está muy bien. Ojalá cojan el mismo auge que tuvieron otros espacios en su momento. El problema es que, fuera del contexto de festival, hoy en día es muy difícil aceptar tocar a puerta. La mayoría de los músicos necesitamos un caché, porque tocar solo a porcentaje de taquilla es muy complicado de sostener. Con el tiempo, uno aprende a decir: “Este es mi caché y así es como quiero tocar”.
Para terminar, si pudieras lanzar un mensaje a los programadores de jazz en España, ¿cuál sería?
Les diría algo muy sencillo: las personas que van a un festival de jazz no es porque sepan mucho de música o porque la entiendan a fondo; van porque durante esa semana hay un festival, y cualquier cosa que pongas ese día, ellos lo van a apreciar igual.
Por eso, aunque tengas un presupuesto —sea 9.000 euros o un millón de euros—, tienes que pensar que en tu país hay un montón de jóvenes que se están graduando de sus escuelas, que están componiendo y escribiendo música, y que quieren presentar sus proyectos. Esa gente también tiene derecho a que el público los vea en un teatro grande. Aunque pienses que económicamente no te va a dar, sí te va a dar; tienes que darles la oportunidad a todos. Mi mensaje sería: den oportunidades a todos los músicos jóvenes, porque de eso depende que la música en este país siga creciendo y coja auge.
Maikel, ha sido un placer enorme charlar contigo. Te deseamos mucha suerte con todos los proyectos y esperamos volver a verte pronto por aquí.
Gracias a ustedes por el espacio y por el interés. Un abrazo.
16 de junio de 2026