Maikel Vistel Interview

Maikel Vistel Interview

Maikel Vistel

Interview

16

Junio, 2026

By: Pedro Andrade

Photo: © Shimon Gambourg

 

Del corazón de Cuba a los escenarios de Europa: Maikel Vistel y el pulso del jazz

Maikel Vistel no es solo un músico; es un explorador del sonido, un viajero que lleva el jazz en la piel y la curiosidad en el alma. Desde sus raíces cubanas hasta los escenarios de Madrid, París o Budapest, su trayectoria refleja la esencia de un artista que entiende que la música no son solo notas, sino encuentros, aprendizajes y proyectos compartidos.

Llegó a Madrid en un momento en que la ciudad vibraba cada noche con jam sessions, conciertos y la energía de una escena viva que parecía infinita. Hoy recuerda aquellos espacios como santuarios de creatividad: el Café Central, El Bogui, el Zanzibar… lugares donde jóvenes músicos y leyendas del jazz compartían el mismo aire, donde la música era el lenguaje común que derribaba fronteras. Esa magia, admite, se ha perdido en gran parte, y el desafío actual es mantener viva la llama en un contexto donde el modelo económico y la visibilidad son limitados.

Maikel habla con la pasión de quien ha vivido la música en primera línea, pero también con la mirada clara de quien entiende las estructuras que sostienen una escena: la necesidad de ofrecer oportunidades a los músicos jóvenes, permitir que sus proyectos se vean en teatros grandes, y darles el espacio que merecen para desarrollarse. Porque la escena no se alimenta solo de nombres internacionales, sino del talento local que lucha por florecer.

Hoy, desde Marbella, combina su vida entre jazz y electrónica, gira por Europa y sigue construyendo puentes con músicos de todas partes. Para él, cada proyecto es una conversación, un acto de fe en la música y en quienes la crean. Su mensaje es profundo: si queremos que la música en España siga creciendo, debemos reconocer y visibilizar a quienes comienzan, porque ellos son el futuro que sostiene las raíces.

Maikel Vistel encarna la idea de que la música no tiene fronteras y que, más allá del virtuosismo, lo que realmente importa es compartir historias, conectar con el público y mantener viva la pasión por tocar y escuchar.

In&OutJAZZ Magazine: Bueno, Maikel, antes de nada, muchas gracias por atendernos. Hace poco tuve la oportunidad de entrevistar a tu hermano, Jorge Vistel, y fue una conversación muy interesante, muy honesta y didáctica. Ahora me apetecía mucho charlar contigo también.

Maikel Vistel: No, gracias a ustedes. Sí, recuerdo esa entrevista, estuvo muy bien.

Sé que tú también has estado muy ligado al mundo de la entrevista y la comunicación, sobre todo durante la pandemia.

Sí, fue una ocurrencia en ese momento, cuando todo el mundo estaba encerrado y aburrido. La verdad es que salió bien, la gente tenía muchas ganas de hablar y acabábamos haciendo entrevistas larguísimas, de hora y media o incluso dos horas.

Estuve investigando algunas de ellas y me parecieron muy honestas e interesantes. Cambiando un poco de tema, tu hermano (Jorge Vistel) vive actualmente en París, pero tú estás en Marbella, ¿verdad?

Sí, llevo aquí algo más de un año. Vine en agosto y la verdad es que estoy bien. Aquí hago otro tipo de cosas: no estoy centrado en el jazz como tal. A veces toco jazz, pero mi enfoque aquí es distinto, más vinculado a la música electrónica, trabajo como DJ y en otros formatos que no tienen mucho que ver con lo que hacía en Madrid.

Eso conecta con algo que me comentaba tu hermano: lo complicado que es integrarse en la escena del jazz en España y cómo, muchas veces, los proyectos funcionan mejor fuera.

Totalmente. Yo siempre he enfocado el jazz fuera de España. Aquí es muy complicado. En cambio, con proyectos como Vistel Brothers seguimos tocando regularmente fuera. En diciembre hicimos algunos conciertos, ahora tenemos fechas en febrero y marzo en París y en Alemania, y seguimos girando también con los proyectos que tenemos junto a Florian Arbenz.

Precisamente quería preguntarte por esas colaboraciones.

Con Florian tenemos una relación artística muy fuerte desde hace muchos años. Hemos grabado varios discos juntos y tenemos distintos proyectos: Convergence, a trío y otros formatos. En abril presentamos en Budapest un proyecto muy especial, con una formación poco habitual: arpa, cantante lírica, cantante de jazz, clarinete bajo, batería, bajo y acordeón. Es un proyecto muy potente, grabado hace menos de un año.

Además de París y Budapest, también tenéis fechas en Alemania, ¿sí?

Sí, estamos cerrando conciertos para otoño. En Europa todo se programa con mucha antelación, a uno o dos años vista, y eso da mucha estabilidad.

Quiero preguntarte también por vuestra relación con España. Has sido bastante claro en otras ocasiones sobre las dificultades del circuito jazzístico aquí.

Sí, te hablo con total sinceridad. Nosotros nos cansamos de enviar propuestas, discos grabados, proyectos sólidos, y de no recibir respuesta. Vivimos casi veinte años en Madrid y nunca tocamos en el Festival de Jazz de Madrid, mientras girábamos por toda Europa. Siempre hemos presentado proyectos grabados, invertido nuestro dinero, trabajado con músicos increíbles… y aun así era muy difícil.

El problema es estructural. En España muchos festivales apuestan solo por nombres internacionales muy conocidos, pensando que eso es lo que garantiza llenar. En otros países, como Francia o Polonia, el 60 o 70 % de los artistas son músicos locales. Aquí es al revés.

Eso tiene mucho que ver con el apoyo institucional y con la educación del público.

Exacto. Si no se da visibilidad a los músicos locales, ¿quién se la va a dar? En Francia, Alemania o Polonia se fomenta la colaboración con músicos del propio país, se crean redes, se fortalece la escena. Aquí muchas veces se repite siempre el mismo circuito de artistas internacionales en los festivales de verano. No digo que esté mal pero sí que hay muchas más cosas por exponer que se queda atrás.

Hablemos del nuevo disco de Vistel Brothers.

El disco ya está grabado. Lo hicimos en directo en Basel, Suiza, en el club Bird´s Eyes, uno de los más importantes de Europa. Se trata de una grabación den vivo de nuestro trabajo discográfico Fiesta en el Batey que registramos en 2022. La grabación en directo fue tan buena que decidimos editarla como álbum. Una discográfica inglesa se interesó por el proyecto y lo sacaremos en vinilo. Ahora mismo estamos firmando contrato y calculamos que estará disponible a partir de octubre. El disco quedó bien bueno, uno de los mejores directos que hemos hecho con Vistel Brothers.

Cuál es la formación con la que grabasteis el disco.

Prácticamente los mismos que grabaron el disco en estudio, excepto el percusionista, que no pudo venir. Llevamos a Reiner Elizalde (El Negrón) al contrabajo, Lukmil Pérez a la batería, Yuvisney  Aguilar y Arnaldo Leskay a la percusión.

¡Tremenda banda!

Además de la crítica al sistema, también has hablado en otras ocasiones de lo mucho que te aportó vivir en España.

Sí, claro, muchísimo. Date cuenta de que cuando llegamos a España veníamos de Cuba con una sola visión: tocar siempre con la misma gente. España nos abrió la puerta a conocer muchísimas cosas más. He tocado mucho flamenco, he tocado todo tipo de música, y hemos compartido con muchos músicos españoles, de todo tipo, y muchos de ellos son buenísimos. Hemos tocado juntos y eso nos ayudó a abrir la mente, y a que nuestra música evolucionara como tal.

A mí me encanta escuchar a los jóvenes que están haciendo sus discos ahora: Daniel Juárez, Daniel García, Moisés Sánchez, gente que está haciendo música súper interesante. También Luis Verde, que llegó hace poco de Noruega y lo vi recientemente de nuevo en Madrid.

Con todos estos músicos españoles hemos tenido mucho contacto, muchas sesiones juntos, y eso hace que lo que tú haces musicalmente te enriquezca, porque sigues conociendo gente. Aunque yo haya estado también un tiempo en Nueva York, yendo mucho, conociendo músicos de allí, al final estar en España durante esos veinte años fue lo que nos dio la energía para poder hacer todo lo que estamos haciendo ahora. Si no, obviamente, no lo hubiésemos podido hacer.

Después de haber vivido en Cuba qué es lo que más te llamó la atención de la escena de ese Madrid de hace veinte años al que llegaste, cómo ves esa escena a día de hoy comparada con otros circuitos ¿crees que nuestra escena de jazz está sumergida en un problema de espacios de exposición para los proyectos, de modelo económico o de voluntad cultural por parte de las instituciones?

Cuando llegamos de Cuba, estábamos acostumbrados a que solo pasaran dos o tres cosas. Al llegar aquí, especialmente a Madrid, lo hicimos en un momento muy especial. Evidentemente, Madrid hoy no es lo que era hace veinte años, pero nosotros llegamos en el mejor momento posible. De hecho, una de las razones por las que me fui a Madrid fue precisamente esa: podías salir de lunes a lunes y en todos los sitios había música en directo.

Estaban las jams de El Cardamomo, la jam de Caramelo, Alain tocando por aquí, jam sessions con Bob Sands y su Big Band, conciertos los lunes en distintos locales… Había una escena musical enorme. Desgraciadamente, todo eso fue decayendo hasta llegar a la situación actual. El Bogui, otro de los locales emblemáticos, cerró.

Quedan algunos espacios como AC Recoletos, que tienen una línea muy concreta y no cuentan con todo tipo de músicos. El Café Berlín sigue funcionando, más o menos, pero toda esa esencia del Madrid musical de entonces se perdió.

La gran diferencia que yo veo en la escena de Madrid es que hoy voy a París y un lunes tienes doscientas opciones de música en directo. Eso mismo pasaba en Madrid hace veinte años. Todo el mundo venía a Madrid en esa época. Recuerdo estar compartiendo escenario con Joe Lovano y muchos otros músicos en sitios como el Zanzibar, un pequeño bar en la calle Huertas donde tocaban jóvenes en la jam que organizaba Sebastián Chames los viernes y sábados. Allí llevamos a Joe Lovano, a Esperanza Spalding, a Francisco Mela, a Greg Osby… Muchísima gente pasaba por ese lugar, y luego seguíamos en otros espacios como el Plaza.

Todo eso se fue perdiendo. Tras la pandemia hubo como un pequeño despertar, con espacios como El Despertar, que volvió a programar conciertos y lo está haciendo bien.

Ahora han aparecido algunos locales nuevos, como la Sala Villanos, que es la antigua Sala Caracol y está muy bien. Ojalá cojan el mismo auge que tuvieron otros espacios en su momento. El problema es que, fuera del contexto de festival, hoy en día es muy difícil aceptar tocar a puerta. La mayoría de los músicos necesitamos un caché, porque tocar solo a porcentaje de taquilla es muy complicado de sostener. Con el tiempo, uno aprende a decir: “Este es mi caché y así es como quiero tocar”.

Para terminar, si pudieras lanzar un mensaje a los  programadores de jazz en España, ¿cuál sería?

Les diría algo muy sencillo: las personas que van a un festival de jazz no es porque sepan mucho de música o porque la entiendan a fondo; van porque durante esa semana hay un festival, y cualquier cosa que pongas ese día, ellos lo van a apreciar igual.

Por eso, aunque tengas un presupuesto —sea 9.000 euros o un millón de euros—, tienes que pensar que en tu país hay un montón de jóvenes que se están graduando de sus escuelas, que están componiendo y escribiendo música, y que quieren presentar sus proyectos. Esa gente también tiene derecho a que el público los vea en un teatro grande. Aunque pienses que económicamente no te va a dar, sí te va a dar; tienes que darles la oportunidad a todos. Mi mensaje sería: den oportunidades a todos los músicos jóvenes, porque de eso depende que la música en este país siga creciendo y coja auge.

Maikel, ha sido un placer enorme charlar contigo. Te deseamos mucha suerte con todos los proyectos y esperamos volver a verte pronto por aquí.

Gracias a ustedes por el espacio y por el interés. Un abrazo.

16 de junio de 2026

Emilio Solla & La Inestable de Brooklyn – Handmade- Review

Emilio Solla & La Inestable de Brooklyn – Handmade- Review

Emilio Solla & La Inestable de Brooklyn

Handmade

Review

11

Junio, 2026

Texto: Pedro Andrade
Fotos: Adrien H. Tillmann

Review from In&OutJazz Magazine. Handmade (Club del Disco, 2026)
Emilio Solla
, piano, dirección / Sara Caswell, violín / Tim Armacost, saxo tenor, clarinete, clarinete bajo / Rodolfo Zanetti, bandoneón / Edward Perez, contrabajo / David Smith, trompeta, fliscorno / Mike Fahie, trombón / Rogério Boccato, batería, percusión / Alejandro Avilés: Saxo soprano, saxo alto, flauta

Hay trabajos que pasan y otros que permanecen. Handmade (Club del Disco, 2026), la nueva entrega de Emilio Solla con La Inestable de Brooklyn, pertenece a esa segunda estirpe: una obra que no se consume con rapidez, sino que se despliega con el tiempo, como si exigiera al oyente el mismo cuidado con el que fue concebida.

En un presente dominado por la prisa y la automatización, Solla propone una especie de regreso consciente a lo esencial: escribir, pensar, construir desde lo tangible. No hay gesto nostálgico en ello, sino convicción. La música aquí nace de la fricción entre la idea y la materia, de ese proceso lento donde cada decisión deja huella. Es un disco que reivindica el hacer, el oficio entendido como práctica paciente frente a la superficialidad contemporánea.

El noneto funciona como un organismo preciso y flexible. La combinación de vientos, cuerda, bandoneón y base rítmica abre un abanico tímbrico amplio, casi orquestal, sin perder la cercanía del formato reducido. En ese equilibrio se percibe la sombra luminosa de Duke Ellington: escribir pensando en las personas concretas, en sus matices, en su voz propia. Cada intervención parece diseñada a medida, como si la partitura respirara con quienes la ejecutan.

El pulso argentino atraviesa todo el álbum, pero sin caer en mezclas forzadas ni clichés. No hay collage estilístico: hay raíz. Sobre ese suelo firme, el lenguaje del jazz actúa como herramienta de exploración, ampliando horizontes sin borrar la identidad. Solla no fusiona; dialoga.

En el centro aparece la “Suite de los Abrazos”, dispuesta de forma no lineal, como un pequeño laberinto emocional. “Milonga mutante” sorprende por su energía: bajo una estructura exigente late un impulso físico, casi festivo. “The Loss” se mueve en un territorio más introspectivo, con un lirismo contenido que deja espacio al silencio. Y “Bodegón caníbal” despliega un juego de voces entrecruzadas que revela la minuciosidad del trabajo compositivo.

Alrededor de ese núcleo, el disco se abre a múltiples direcciones: un guiño elegante al universo de Miles Davis, una mirada cómplice hacia Joni Mitchell, ecos del imaginario de Chick Corea. El violín de Sara Caswell se desplaza con ligereza en “Bird Song”, trazando líneas que parecen no tocar el suelo, mientras la voz invitada aporta una dimensión cálida, casi confesional.

Lo admirable es cómo todo ese entramado, complejo en su diseño, se percibe natural. Nada suena forzado. Las piezas fluyen con una lógica interna que evita el exceso y favorece la claridad. Solla parte de células mínimas y las desarrolla con paciencia, como quien talla una forma hasta encontrar su verdad.

“Handmade” no busca impresionar con artificio ni velocidad. Prefiere quedarse, sedimentar. En ese gesto hay una toma de posición: frente a lo inmediato, profundidad; frente a lo efímero, permanencia. Y en ese espacio, su música encuentra algo poco común hoy: una autenticidad que no necesita proclamarse.

 

11 de Junio de 2026

Causa Efeito Festival – Universidad NOVA – Lisboa, 2026

Causa Efeito Festival – Universidad NOVA – Lisboa, 2026

Causa Efeito Festival

Universidad Nova
Lisboa

28

Mayo, 2026

 

El Festival Causa I Efeito celebró su cuarta edición los días 15 y 16 de mayo en Lisboa, consolidándose como uno de los encuentros de referencia de la música improvisada y experimental. Financiado por la Universidad Nova de Lisboa y programado por Pedro Costa, fundador del sello Clean Feed Records y figura clave en la escena experimental europea, el festival reunió propuestas vinculadas a la composición espontánea, el free jazz y la exploración sonora. Las actuaciones tuvieron lugar en la Sala de Esgrima y en el Patio del Campus Campolide.

Dos figuras articularon el festival como protagonistas indiscutibles, el trombonista estadounidense Steve Swell y el contrabajista Wilbert de Joode, ambos con doble concierto en el festival.

El festival abrió con el dúo noruego formado por Nils Økland al violín Hardanger y Sigbjørn Apeland al armonio, en un concierto de dimensión camerística que situó la tradición folklórica nórdica en diálogo con la improvisación contemporánea.

La primera intervención de Steve Swell, figura central de la vanguardia neoyorquina desde los años setenta, fue junto al contrabajista neerlandés Wilbert de Joode, referencia en la escena improvisada europea. Escuchamos un espectacular set de improvisación entre dos grandes. Steve Swell, fiel al concepto de adaptaciones sonoras espontáneas, situó al trombón en el terreno de la exploración radical, utilizó técnicas extendidas (chirridos, raspaduras, deslizamientos expansivos). Wilbert de Joode respondió con golpes percusivos, pizzicatos maestros, armónicos rugosos y rasgados intensos con el arco. Una interacción improvisada, con texturas densas y abiertas construidas desde la composición espontánea conformaron un set sofisticado y profundamente expresivo.

El segundo concierto de Steve Swell fue junto a la baterista de Filadelfia Tracy Lisk, que se mueve en el terreno de la improvisación. Tracy Lisk usa silencios, resonancias, golpes secos, roces de platos y cambios de densidad para empujar o desestabilizar el discurso. Swell al trombón explora multi fónicos, notas quebradas, respiraciones, registros extendidos y ataques de alta densidad. Un set basado en la textura, el riesgo y el contraste en el que la música se crea en tiempo real.

Brad Jones Trio desarrolló uno de los sets más narrativos y estructuralmente sólidos del festival, con John O’Gallagher al saxofón alto, Brad Jones al contrabajo y João Pereira a la batería. Brad Jones actuó como eje central combinando pulsación rítmica, resonancias graves y uso del arco. O’Gallagher alternó fraseos angulares, micro variaciones melódicas y ráfagas de tensión free, mientras que João Pereira es un baterista preciso, capaz de sostener tanto estructuras abiertas como pulsaciones estructuradas. En el marco de una narración sólida y contemporánea, el trío construyó un set fluido lleno de fuerza.

El concierto en solitario de Gordon Grdina al oud, encargado de inaugurar la jornada del sábado en la Sala de Esgrima, ofreció una propuesta hipnótica, sutil y refinada de sonido profundo y cálido. Desde el oud, el músico canadiense integró la improvisación libre, la tradición persa con oleadas de progresiones, micro variaciones tímbricas y largos desarrollos melódicos.

Depois Das Pecas -After the Pieces, con Fala Mariam al trombón, Bruno Silva a la guitarra eléctrica, Pedro Lourenço y Miguel Abras en bajos eléctricos, desarrolló un set de corte experimental desde la interacción entre trombón y cuerdas amplificadas. Un discurso de micro bloques sonoros, intercambios fragmentados, interrupciones, reinicios constantes, y acumulaciones progresivas de tensión tímbrica. Escuchamos distorsiones y texturas cercanas al noise. El sonido aparece, se deforma y desaparece de manera imprevisible, avanzando hacia breves estallidos y zonas de trance individual. Se prioriza la fricción, la saturación y la ruptura tímbrica sobre el desarrollo melódico. La inclusión final de palabra leída “Music is the best” reforzó el carácter performativo del concierto.

Seguimos con el dúo formado por la saxofonista argentina Ada Rave, residente en Berlín, y la baterista portuguesa Sofia Borges, afincada en Ámsterdam, presentaron un set de enfoque experimental, intenso y energético con pequeñas líneas melódicas y giros inesperados que evolucionaron hacia un discurso abstracto de líneas densas y profundas. La complicidad entre ambas les lleva a grabar su segundo disco a dúo con el sello Relative Pitch Records.

El trío formado por Ziv Taubenfeld al clarinete bajo, Wilbert de Joode al contrabajo y Sun Mi Hong a la batería cerró el festival con un set muy completo y revelador. La musicalidad de Wilbert de Joode se sitúa como eje central, entre los estallidos e improvisaciones de Ziv Taubenfeld y la contundencia de la baterista coreana, figura emergente y clave establecida en la escena holandesa, Sun Mi Hong. El trío continuó hasta llegar a momentos de pulso compartido. Son tres voces de fuerte identidad, lanzadas al vacío en una experiencia conjunta de expresión de libertad musical.

Begoña Villalobos
28 de mayo de 2026

Gabriel Vicéns- Niebla – Review

Gabriel Vicéns- Niebla – Review

Gabriel Vicéns

Niebla

Review

22

Mayo, 2026

Texto: Pedro Andrade

Fotos: Adrien H. Tillmann

Review from In&OutJazz Magazine. Niebla (2026, Clepsydra Records). Gabriel Vicéns, guitar – Román Filiú, alto saxophone – Vitor Gonçalves, piano – Rick Rosato, bass – E,J.Strickland, drums – Victor Pablo, percussion.

En su quinto álbum, Niebla, Gabriel Vicéns propone una obra que se sitúa en el territorio de la contemplación activa. Más que una secuencia de composiciones, el disco se percibe como una obra plástica en evolución – no en vano el propio Vicéns firma la imagen de portada- una superficie sonora donde cada elemento, nota, silencio y resonancia encuentra su lugar dentro de un equilibrio cuidadosamente construido.

Grabado en Sear Sound (Nueva York) en mayo de 2025 y editado en 2026 por Clepsydra Records, el álbum reúne a un sexteto de gran afinidad musical: Roman Filiú, Vitor Gonçalves, Rick Rosato, E.J. Strickland y Victor Pablo. Aquí, la improvisación no es un espacio de exhibición, sino un lenguaje compartido que se despliega desde la escucha mutua y la sensibilidad colectiva.

El repertorio refleja con claridad las preocupaciones estéticas de Vicéns: la temporalidad, la memoria y la relación entre sonido y silencio. En “Niebla”, segundo corte del disco, la energía del grupo se articula a través de un discurso angular y dinámico, con ecos de Anton Webern en el tratamiento interválico, mientras que “Stray Dogs”, inspirada en el cine de Tsai Ming-liang, introduce un pulso inquieto y una interacción especialmente incisiva.

En contraste, “900-50-80”, inspirada en la obra de Olga Albizu, se desarrolla como un espacio suspendido, cercano a las prácticas de John Cage y Morton Feldman. Aquí, la música se construye desde la paciencia y la atención al detalle, permitiendo que cada sonido respire dentro de un marco abierto. “Vejigante” y “Ramaje” profundizan en la coexistencia de distintos marcos temporales; especialmente en esta última, extensa y ambiciosa, el grupo alcanza momentos de notable cohesión, alternando intensidad improvisadora con zonas de quietud casi meditativa. La presencia de la bomba, la plena y el changüí cubano aporta una raíz cultural rica, filtrada desde una mirada contemporánea.

Las piezas para guitarra sola, “El Fin de la Noche…” y “…y la Lluvia”, enmarcan el álbum con una austeridad que remite tanto al minimalismo como a una sensibilidad cinematográfica cercana a, como el mismo Vicéns señala, Tarkovsky o Antonioni. Funcionan como umbrales: invitan a entrar y salir del universo sonoro del disco desde un estado de atención plena.

Si bien la propuesta de Niebla es coherente y profundamente elaborada, su densidad conceptual puede requerir varias escuchas para desplegarse en toda su amplitud. Algunos pasajes tienden a privilegiar la exploración textural sobre la definición temática, generando una sensación de suspensión más que de desarrollo lineal. Sin embargo, lejos de ser un obstáculo, esta cualidad constituye uno de sus mayores valores.

Es precisamente en la reiteración donde la obra revela sus capas más ricas. Con cada nueva escucha emergen relaciones internas que inicialmente pueden pasar desapercibidas: un motivo rítmico latente en “Vejigante” encuentra eco transformado en “Ramaje”, o los silencios en “900-50-80” dejan de percibirse como interrupciones para revelarse como elementos estructurales. La percepción del tiempo, uno de los ejes del álbum, se vuelve entonces más tangible, casi física.

Este tipo de experiencia dialoga con ciertas corrientes del jazz contemporáneo: en la música de Steve Coleman, la complejidad rítmica exige una escucha prolongada para comprender la superposición de patrones, mientras que en Vijay Iyer la repetición y la micro variación construyen profundidad con el paso del tiempo. Vicéns se sitúa en esa línea: no busca la inmediatez, sino la sedimentación del sentido.

Así, lo que en una primera escucha puede percibirse como distancia termina convirtiéndose en un espacio de descubrimiento. La recompensa no reside en lo memorable en términos convencionales, sino en la conciencia del detalle: la respiración del grupo, la tensión entre lo escrito y lo improvisado, el peso expresivo del silencio.

En ese sentido, Niebla es un disco que se revela plenamente en la experiencia de escucha atenta. Un trabajo de gran coherencia artística que consolida a Vicéns como una voz singular dentro del jazz contemporáneo.

Written by Pedro Andrade

22 de Mayo de 2026

Juanma Trujillo – Música para Quinteto – Live at Jazz Cava – Review

Juanma Trujillo – Música para Quinteto – Live at Jazz Cava – Review

Juanma Trujillo
Música Para Quinteto

Live at Jazz Cava

Review

12

MAY, 2026

Review from In&OutJAZZ Magazine. Música Para Quinteto. Live At Jazz Cava (Underpool, 2026). Juanma Trujillo, guitar – Albert Cirera, tenor saxophone – Miguel Villar, tenor saxophone – Masa Kamaguchi, bass – Ramon Prats, drums.

By: Khagan Aslanov

In 2022, when Venezuela-born, much-travelled guitarist Juanma Trujillo arrived in Barcelona, he had several goals in mind. One was to secure a steady and peaceful existence for his family, away from the pressure cooker existence of New York and America at large. The other was to fully immerse himself in the local scene, and continue pushing his instrument to new frontiers. He had closed out the previous half-decade on a relentless streak of exciting albums, each as distinct and remarkable as the next. Now, on Música Para Quinteto, Live At Jazz Cava (Underpool, 2026), the virtuosic and inexhaustible experimentalist has thrust his craft into further territory. This lovingly made and intensely expressive live record is yet another artful conquest for Trujillo, in a career already full of them.

His immersion in the Barcelona scene becomes evident as soon as you read the roster on the sleeve. The quintet he puts together for this performance is the who’s who of the Catalan jazz and experimental niches. Much like Trujillo himself, bassist Masa Kamaguchi is a former New York transplant, currently living and working in Barcelona, and over the years, he has lent his nimble, lyrical style to scores of projects. Percussionist Ramon Prats is a long-standing fixture in international jazz, known both as a prominent educator and a highly versatile improviser. And then there is the ace up Trujillo’s sleeve – the double tenor attack of Albert Cirera and Miguel “Pinxto” Villar. Known as much for their vigorous playing and encyclopedic knowledge as they are for their fearless plunges into the avant-garde; the pairing of their saxophones becomes the engine that drives the record – a dense and vast harmonic field.

Trujillo guides the performance with utmost deftness, his agile, soulful playing imbued with both a reverence for traditions past and an acute hunger to pursue a new out-branching. He stirs his quintet with a decidedly un-rigid hand, the line between preparation and improvisation dipping in and out of view – it is a magnificent display, seasoned pros falling into a tight rhythm, daring and fully in view.

All of Trujillo’s instincts find their pocket with thunderous grace. On the five-piece electric rework of his 2024 acoustic highlight, “Howl,” he uses diagonal lines to intermittently slice clean through the saxes, a sharp dissonance that stays with the listener long after it peters out. As the two tenors collide in overlapping, multiphonic lines, Prats puts on a masterclass in gestural percussion, a show of rise and decay at irregular intervals.

On “Conflagration,” the rhythm section does away with fixed signatures, and builds a fluid and highly responsive intensity. Villar and Cirera plait together into a two-headed beast, and Trujillo’s mournful angular lines lead the way to an appropriately shattering dedication to a Los Angeles ravaged by fires.

A long-time admirer and advocate of the genius of Andrew Hill, Trujillo paints a pointed tribute to the pianist on “Humo.” In a true nod to Hill’s propensity for pursuing harmonic ambiguity and lack of resolution, Trujillo’s melodic phrases crumple in the air, suspended in unreality and tantrically irresolute. Kamaguchi’s bass becomes a midflight beacon here, elegant and oddly buoyant.

Closer “Jardin” is all patience at first, starting its near-12 minute run with fragmented, exploratory guitar, before Trujillo phases it back, turning his instrument into a powerful textural force, laying down the foundation from which the other four players lurch and veer into a profound conversation. The telepathy on display is nothing short of astonishing.

Everything works here and everything hits just right. What this album truly represents is the triumph and culmination of Trujillo as an original force. The years spent in academia, hustling across several scenes, and the person who has emerged at the end of it all – a skillful veteran who has not lost any of the gleam in his eye, who is still exploring. On Música Para Quinteto, Trujillo’s and his ensemble puts on a starkly beautiful clinic in what earnest and intrepid dialogue truly can be.

 

 

Written by  Khagan Aslanov

Mayo 12, 2026

Jazzahead! 2026

Jazzahead! 2026

Jazzahead!

Bremen, 2026

11

Mayo, 2026

Texto: Pedro Andrade
Fotos: Jazzahead’s official photographers

Jazzahead! 2026: veinte años donde el jazz se piensa, se celebra y, sí, también se negocia.

Hay ferias donde se intercambian productos; en jazzahead, en cambio, se intercambian ideas, conciertos y futuros posibles entre tazas de café que nunca terminan de enfriarse. En su 20º aniversario, del 22 al 25 de abril de 2026, Bremen volvió a convertirse en esa rara capital donde el jazz no solo se escucha: se discute, se programa, se defiende y, en ocasiones, se sobrevive a base de agendas imposibles y acreditaciones que funcionan como pasaporte universal. Dos décadas después de su nacimiento, jazzahead no ha perdido frescura; más bien ha ganado algo más difícil: relevancia.

Porque sí, es una feria profesional. Pero reducirla a eso sería como decir que el jazz es solo una sucesión de acordes. Aquí lo que circula no son únicamente contratos, sino también preguntas: ¿cómo sostener giras internacionales sin dejar una huella ecológica excesiva?, ¿cómo garantizar el relevo generacional?, ¿cómo evitar que la industria asfixie aquello que pretende impulsar? Preguntas que, por cierto, suelen encontrar sus respuestas, o al menos nuevas dudas, entre un panel a media mañana y una conversación que se alarga peligrosamente hasta la madrugada.

Durante tres días, los pabellones 6 y 7 de Messe Bremen volvieron a convertirse en un ecosistema intensamente activo: músicos, agentes, sellos, festivales, periodistas y programadores orbitando entre showcases, conferencias y encuentros improvisados que, a veces, resultan más productivos que cualquier reunión formal. Porque jazzahead tiene esa virtud: la de hacer parecer espontáneo lo que en realidad es una sofisticada maquinaria de conexiones.

El Grand Opening, dedicado este año a Suecia como país invitado, marcó el tono de una edición especialmente consciente de su contexto. No solo se celebraban veinte años de historia, sino también la capacidad de adaptación de una escena que se niega a fosilizarse. El jazz contemporáneo, quedó claro, no está en crisis: está en proceso. Mutando, negociando, redefiniéndose. Como debe ser.

Y ahí reside quizá el verdadero valor de jazzahead: en demostrar que la improvisación necesita estructura tanto como libertad. Que detrás de cada disco hay un ecosistema de trabajo, de políticas culturales, de financiación, y, conviene recordarlo, de correos electrónicos que alguien tiene que responder. La poesía del jazz convive aquí con la prosa de la industria, en una relación sorprendentemente saludable.

Veinte años después, jazzahead no es solo una feria consolidada: es una especie de república efímera donde el idioma común sigue siendo el swing, pero donde también se habla, y mucho, de futuro. Y eso, en estos tiempos, no es poca cosa.

German Jazz Prize: cuando un país decide que el jazz importa (y lo sostiene)

Hay un momento en jazzahead en el que uno entiende que Alemania no considera el jazz una rareza elegante para minorías exquisitas. Lo entiende, con bastante naturalidad, como parte de su política cultural. Ese momento se llama German Jazz Prize.

Celebrado dentro de la feria, este premio representa mucho más que una ceremonia: es una forma de situar el jazz en el lugar que ocupa dentro del ecosistema cultural del país. Aquí no se trata solo de reconocer trayectorias o discos destacados, sino de afirmar que el jazz es patrimonio vivo, espacio de innovación y un lenguaje artístico que merece apoyo sostenido y visibilidad institucional.

En esta edición, figuras como Aki Takase (Premio a la Trayectoria), Rebekka Salomea (Artista del Año), Phil Donkin (Álbum del Año), Sullivan Fortner (Artista Internacional) o Johnathan Blake (Álbum Internacional) reflejan una escena diversa, conectada y reconocida. En total, 22 categorías que dan cuenta de la amplitud del sector y de una voluntad clara de abarcarlo en toda su complejidad.

Pero hay un detalle que explica mucho del modelo: la dotación económica.

Los premios principales del German Jazz Prize están dotados con 10.000 euros por categoría, mientras que el premio a la trayectoria alcanza los 15.000 euros. En conjunto, el programa reparte más de 300.000 euros, financiados por el Gobierno Federal alemán a través de su política cultural. No es solo un reconocimiento simbólico: es un apoyo real que impacta directamente en la sostenibilidad de las carreras.

Alemania no está sola en este enfoque. En otros países europeos: Francia, Países Bajos o los países nórdicos, el jazz también cuenta con estructuras sólidas de apoyo: circuitos de salas, redes de festivales, programas de movilidad internacional y marcos de reconocimiento específicos. No es tanto una cuestión de volumen como de continuidad.

En España, la situación es distinta, aunque no por ello menos interesante. La escena es rica, activa y con una identidad muy marcada: festivales consolidados, músicos de enorme nivel y una capacidad creativa que no deja de crecer. Quizá lo que todavía está en desarrollo es un sistema de reconocimiento institucional tan específico y visible como el que se observa en otros contextos europeos.

Más que una carencia, puede entenderse como una oportunidad. Porque ver cómo funciona un modelo como el alemán no invita tanto a la comparación como a la reflexión: qué herramientas podrían adaptarse, qué estructuras podrían reforzarse y cómo seguir acompañando a una escena que ya existe y que tiene mucho que decir.

Premios como el German Jazz Prize no solo celebran el presente: ayudan a construir futuro. Generan estabilidad, visibilidad y, sobre todo, tiempo, ese recurso tan escaso y tan necesario para cualquier músico.

Y sí, viendo lo que ocurre en Bremen, uno no puede evitar pensar que ojalá en España contáramos con algo similar.

German Jazz Expo: ocho showcases y una radiografía

La German Jazz Expo muestra qué ocurre cuando el respaldo institucional se convierte en sonido, riesgo y presencia escénica. Una consecuencia bastante lógica: cuando hay estructura, hay margen para explorar.

Los showcases alemanes se repartieron entre dos espacios dentro de Messe Bremen (Hall 7) y el más recogido Culture Stage, dos escenarios con perfiles distintos, pero con una constante: intensidad. Y aquí una nota personal inevitable: el volumen. Para mi gusto, excesivamente alto en varios momentos.

Conviene no perder de vista el formato: conciertos de unos 30 minutos, pensados casi como tarjetas de presentación. No era tanto un “concierto completo” como un ejercicio de condensación: captar la atención de promotores y programadores internacionales en tiempo récord. Eso se notaba en la concentración, en cierta tensión y también en las decisiones artísticas, claramente orientadas a impacto inmediato.

El colectivo Àbáse, liderado por el teclista y productor Szabolcs Bognár, presentó su mezcla de jazz contemporáneo, afrobeat, highlife y electrónica orgánica. Un proyecto que en su mejor versión tiene mucho groove y una identidad clara, aunque en este formato tan comprimido quizá no terminó de desplegar todo su potencial. Aun así, se percibe como una propuesta sólida y en evolución, con una base rítmica muy atractiva.

Bonsai representó el otro extremo: sutileza, contención y un lenguaje muy delicado, casi de cámara. Jazz minimalista, centrado en la textura y el espacio, que exige una escucha muy atenta. En un contexto tan competitivo y expuesto, su propuesta quizá quedó algo expuesta, pero mantiene una identidad estética muy coherente.

Con CRUTCHES llegó el contraste: improvisación libre, energía abrasiva y una búsqueda constante de tensión. Más que un desarrollo narrativo clásico, su directo funciona como impacto continuo. Es una propuesta que divide, pero encaja bien en este tipo de formatos donde el riesgo también es un argumento de venta.

La saxofonista Kristina Brodersen con KRISTINA 4 ofreció uno de los sets más equilibrados. Jazz europeo contemporáneo, con escritura cuidada y espacio para la improvisación. En apenas media hora consiguió algo importante en este contexto: claridad. Todo estaba en su sitio, sin excesos ni necesidad de subrayar.

El proyecto RE:Calamari jugó en un terreno más performativo, con ironía, teatralidad y cierta voluntad de romper la solemnidad habitual del jazz. No todo es homogéneo en su propuesta, pero sí hay una idea clara de espectáculo expandido, donde lo musical convive con lo escénico de forma deliberadamente híbrida.

El trompetista Richard Koch con Rays of Light firmó uno de los momentos más envolventes. Jazz lírico, con capas armónicas amplias y una construcción muy fluida de atmósferas. En formato showcase, su propuesta funciona especialmente bien porque genera una sensación inmediata de mundo propio.

Sara Decker presentó Expand, un proyecto vocal con una dirección muy clara: ampliar el lenguaje de la voz dentro del jazz contemporáneo. Escritura, improvisación y un enfoque conceptual que encaja bien con las tendencias actuales de la escena europea.

Y Sorvina cerró uno de los momentos más singulares. Su actuación transformó el espacio en algo cercano a una iglesia afroamericana en plena celebración: entre el storytelling, el soul y el gospel, construyó un ambiente de comunión colectiva, con una energía casi de predicadora contemporánea, pero siempre desde un lugar de cercanía y juego escénico. Hay ironía en la forma, pero también una entrega emocional real que sostiene todo el set.

Ocho propuestas, ocho formas de entender el jazz contemporáneo en un formato breve, intenso y claramente orientado a la primera impresión. Y quizá ahí está la clave: más que conciertos cerrados, eran ventanas abiertas. Algunas más nítidas, otras más difusas, pero todas apuntando a una escena que sigue buscando cómo presentarse, y venderse, sin dejar de arriesgar.

España en la CLUBNIGHT: continuidad, traslados y otra forma de escucha

La CLUBNIGHT de jazzahead! sigue siendo uno de los momentos más reveladores de toda la feria. Cuando termina la lógica del business y empieza la verdad de la música.

Dentro de esa cartografía nocturna, amplia y heterogénea, y por cierto, inabarcable para un solo reportero, el Instituto Cervantes de Bremen volvió a consolidarse como uno de los nodos naturales para la presencia española en la ciudad, en una programación posible gracias al trabajo conjunto de Sounds from Spain (ICEX), Catalan Arts!, IEBaleàrics y la Plataforma Jazz España. No es un dato menor: más que una suma de instituciones, lo que se percibe es una estructura coordinada que busca algo muy concreto, que la escena española no aparezca como una excepción puntual, sino como un ecosistema continuo dentro del mapa europeo.

La noche española en el Cervantes no fue un “escenario paralelo” a la feria, sino casi su prolongación emocional. Y aquí hay un detalle importante que condiciona toda la experiencia: el sonido del Instituto Cervantes no es comparable al de los grandes pabellones de Messe Bremen. No por inferioridad, sino por naturaleza. El cambio de escala obliga a los músicos a reajustar dinámicas, a contener ataques, a replantear equilibrios en tiempo real. En varios casos, ese esfuerzo fue evidente: no tanto una pérdida de intensidad como una adaptación constante para mantener la claridad del discurso en un espacio mucho más seco y cercano.

Y aun así, funcionó. Precisamente porque lo interesante no era la perfección acústica, sino la capacidad de sostener identidad en condiciones distintas.

Uno de los aspectos más sugerentes de la noche fue el propio desplazamiento desde la feria hasta el Instituto Cervantes: unos veinte minutos a pie atravesando el Bürgerpark de Bremen, un pulmón verde que en ese tránsito nocturno funcionó casi como un umbral simbólico entre la maquinaria profesional de la feria y el espacio más íntimo de los showcases. Ese paseo, tranquilo, ordenado, casi coreografiado por el propio flujo de asistentes, formó parte de la experiencia tanto como los conciertos.

La recepción en el Cervantes añadió otra capa al contexto: productos españoles, ambiente de encuentro distendido y presencia de prensa internacional invitada. Un gesto sencillo, pero efectivo, que situaba la música dentro de una idea más amplia de representación cultural, no solo como exportación sonora sino también como punto de contacto.

Dentro de ese marco, las cuatro propuestas de la Spanish Clubnight volvieron a insistir en una idea clave: no hay una sola manera de sonar desde España.

Lucía Rey, con su proyecto Nómadas, reafirmó una escritura donde el jazz contemporáneo convive con el flamenco, la música latina y una sensibilidad muy narrativa. Su formación con Michael Olivera, Ander García y Juan Carlos Aracil mostró una construcción musical que, incluso en formato reducido de showcase, mantiene una dirección clara. Pianista con discurso propio, su presencia escénica se sostiene en la mezcla de precisión y pulso rítmico, algo que le ha valido reconocimiento dentro de la escena, incluido el Premio Plataforma Jazz España, que refuerza su posición como una de las voces más sólidas de la nueva generación.

K12, el trío mallorquín formado por Gori Matas, Marko Lohikari y Teo Salvà, llevó la improvisación a un territorio de inestabilidad controlada. Su música no busca forma cerrada, sino proceso continuo: un jazz que se construye mientras ocurre, con momentos de densidad y otros de descomposición deliberada.

Pipo Romero, en formato dúo, aportó una lectura distinta, centrada en la guitarra como espacio de memoria y transformación. Su lenguaje parte de la tradición pero evita cualquier lectura museística: lo que hay es un trabajo de sutileza, técnica y apertura melódica que conecta con una idea de raíz entendida como materia viva.

Y Èlia Bastida Trio cerró la noche desde una estética luminosa, donde el swing, el jazz clásico y la versatilidad instrumental de Bastida. violín, saxofón y voz, construyen un discurso directo, sin fricción innecesaria, apoyado en la complicidad con Joan Chamorro y Josep Traver.

En conjunto, la sensación fue clara: el formato del Cervantes no busca competir con la escala de la feria, sino otra cosa. Ofrece proximidad, escucha distinta y un tipo de atención más concentrada. Y eso exige mucho a los músicos, que aquí no pueden apoyarse en el impacto físico del gran escenario, sino en la precisión de su propuesta.

La recepción final, entre conversación, prensa internacional y una atmósfera de cierre amable, completó la idea de una escena que no solo se presenta, sino que se articula. Buen trabajo institucional, buen encaje logístico y, sobre todo, una noche que demuestra que la presencia española en jazzahead no es solo programática, sino también narrativa.

Porque al final, más allá de los formatos, lo que se vio en Bremen es una escena que ya no está preguntando si existe. Está ocupando espacio.

Tras veinte años, jazzahead, ha dejado de ser únicamente una feria para consolidarse como una infraestructura cultural en sí misma. Un espacio donde conviven creación, industria y pensamiento crítico, y donde el jazz se entiende no solo como lenguaje artístico, sino como ecosistema: frágil, complejo y en constante transformación.

Quiero dar las gracias a la dirección de jazzahead por la invitación, nuestra presencia no habría sido posible de otra forma, y por sostener, con coherencia, un espacio clave para el desarrollo del sector.

A Jan Paersch, Nina Thomann, Sybille Kornitschky, Götz Bühler, Janika Achenbach y Jakob Fraisse por la atención, la disponibilidad y el rigor organizativo.

Y, en extensión, a todo el equipo que hace posible que una estructura de esta complejidad funcione con precisión y sentido.

Porque más allá de la programación, lo que jazzahead,  sostiene es algo más difícil de medir: continuidad. Y en el jazz, eso sigue siendo esencial.

Pedro Andrade
11 de mayo de 2026

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