Álvaro Torres Trío feat. Masa Kamaguchi & Kresten Osgood – Mairena (Fresh Sound Records) – Review

Álvaro Torres Trío feat. Masa Kamaguchi & Kresten Osgood – Mairena (Fresh Sound Records) – Review

Álvaro Torres Trío
Feat. Masa Kamagushi & Kresten Osgood

Mairena, Fresh Sound Recods

Review

03

Abril, 2026

Por: Enrique Turpin

Foto: Carlos Linero

 

“Mairena” Review, from In&OutJazz Magazine. (Fresh Sound Records, 2026). Álvaro Torres Trío. Álvaro Torres, piano – Masa Kamaguchi, contrabajo – Kresten Osgood, batería.

RECORDED Live at Café Berlín, Madrid, August 7th, 2025 (#1, 2 & 5); and Assejazz at Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, Sevilla, August 12th, 2025 (#3, 4 & 6). TRACKLIST: 1. LLUM VERDA 6:59. 2. MAIRENA 7:03. 3. CALABOSITO 7:34. 4. EVERYTHING I LOVE 9:11. 5. LISBON MOOD 8:25. 6. THE GOOD LIFE 5:1

 

IMPROVISAR DESDE EL APÓCRIFO

Duele decirlo, pero cada segundo nace tras la muerte del instante precedente, a una velocidad paradójica siempre menor que ese mismo segundo que va cobrando vida. En el camino se da una suerte de negociación con la genética, la tradición, el pasado que se hace eco en el futuro inmediato mientras vive en forma de iluminaciones creativas y, especialmente, gracias a la asimilación de la historia propia, la ajena y la circundante. Con todas esas elecciones momentáneas que sabe dios de dónde llegan, se fragua la construcción del discurso jazzístico improvisado, ese que tanto se parece al vivir. Qué ingenuidad tildarlo de improvisado con todos los resortes que han de ponerse en marcha para darle forma, y aun así, cuánta razón para no llamarlo ensayo. No cabe ensayar cuando se crea sin solución de continuidad, abriéndose en canal a la honestidad del ser y perpetuando un espíritu que en el mejor de los casos será compartido con el resto de creadores en un lapso de inspiración que deviene eterno si las circunstancias son propicias.

 

Lo dicho anteriormente vale para las aspiraciones diarias, entre las que cabe destacar el intercambio energético que se dio en la noche sevillana del 12 de agosto de 2025 en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. En aquella ocasión se dio cita el trío del pianista Álvaro Torres, con Masa Kamaguchi al contrabajo y Kresten Osgood a la batería. En ocasiones precedentes, la formación había contado con Tony Malaby (véase su Live in Barcelona, FSNT, 2024), pero en los nueve conciertos veraniegos del año pasado, el grupo giró en trío. De esa noche se conserva en Mairena (FSNT, 2026) un manojo de composiciones muy cercanas al vuelo improvisatorio: “Calabosito”, “Everything I Love” y “The Good Life”. El resto de composiciones se muestran, sin dejar la improvisación que marca el género, más cercanas a la escritura, sin tanto vuelo libre (con la excepción de “Llum verda”), pero con las mismas armas que hacen de esta agrupación una de las más interesantes del panorama jazzístico actual.

“Llum verda” [Luz verde] hace gala de su nombre y es la composición con la que echa a andar el disco, a volar, dada la velocidad de despegue y progresión. Se trata de un sentido homenaje al alter ego con el que Antonio Machado trufó de sentencias, donaires, apuntes y recuerdos la obra de aquel profesor apócrifo que se hizo llamar Juan de Mairena (1936). Un volumen misceláneo en el que un Machado más juguetón que de costumbre reunió los simpares micro ensayos que había ido publicando en la prensa madrileña desde 1934. Álvaro Torres se apropia de ese particular modo de abrazar la cultura y el folclore españoles del poeta universal para continuar reflexionando, desde aquella perspectiva crítica y risueña a un tiempo, a propósito de las contradicciones y confluencias de la esencia popular de la españolidad y de su propia identidad como músico europeo trasplantado a Nueva York. Tarea difícil que se llevó por delante al propio Machado y a una nómina ingente de espíritus afines.

La pieza “Mairena” da nombre al álbum y es una composición en la que se aprecia todo lo observado con anterioridad. En esta ocasión, al diálogo con las fuentes clásicas en las que bebe Torres desde su temprana formación académica se unen las vivencias añadidas a la carga inicial con cada una de las experiencias que el tiempo ayuda a acumular y que hacen posible que podamos hablar de una especie de epigenética musical en toda regla, entendiendo como tal la información que se añade a nuestros genes primigenios por las aportaciones que nos ofrece la aventura del vivir. El jazz y las músicas improvisadas han obrado el cóctel que ahora atesora el joven pianista y que le hace advertir que “es evidente que la identidad puede evolucionar con el tiempo.” Es lo que quiso contar el grupo al acometer el único estándar de la sesión, un logradísimo “Everything I Love”, que trajo al recinto andaluz la gracia que se contiene en todas y cada una de las piezas del mago Cole Porter.

Prueba del diálogo del ser con el folclore es “Calabosito”, una nueva lectura del homenaje a Camarón de la Isla que ya pudo escucharse en el anterior directo de Álvaro Torres en el Jamboree barcelonés y que se cierra con una trasposición de batería ejercitándose en el palmeo a cargo de Kresten Osgood y un final explosivo, nunca mejor dicho. En los casi diez minutos que dura la pieza —todas ellas son de largo aliento—, el trío se dedica a dar forma a la gitanería jonda del cantaor de San Fernando, poniendo en danza las artes compartidas del grupo con movimientos cohesionados que rozan la precisión empática, lo que se traduce en una capacidad de intuir pensamientos y sentimientos a través del lenguaje corporal, las emociones y los tarareos dispersos aquí y allá que los hace singulares.

De Nueva York a Sevilla, del Guadalquivir al Manzanares, porque a los ríos los rige el cauce, no el caudal: en todo arroyo late lo torrencial. Por eso la música grabada en el Café Berlín de Madrid se tiñe de la solera del local, desgraciadamente condenado por las malas artes de la gentrificación y el abuso inmoral de quienes no entienden los territorios donde se parapeta, progresa y germina el alma humana en cualquier tiempo, también en los de ignominia a los que hoy asistimos y que padecemos. Bien lo sabía el Machado que acabó sus días en Colliure atesorando la melancolía de los días azules y el sol de la infancia, escondidos en los bolsillos desfondados de un abrigo. A esa noche madrileña del 7 de agosto pertenece (además de las arriba comentadas “Llum verda” y “Mairena”) el elegantísimo tema que sirve de primer single, “Lisbon Mood”, una composición dedicada a Aaron Parks, impregnada de saudade hasta el tuétano y en la que encontramos un doliente solo de Masa Kamaguchi hacia el final de la composición, que agarra el efluvio etéreo de la nostalgia lusa y lo transforma en apasionada conversación a tres bandas, tan sutil en el caminar como plena en los hallazgos musicales, urdido todo ello con el tejido telepático que envuelve al trío desde sus inicios —cerca de tres años dan para mucho—, pero aquí consustancial ya a su ser trimembre.

Con algo más de un minuto de fuegos de artificio a cargo del eficaz y diestro Osgood, Álvaro Torres y sus hombres revivieron las bonanzas de “The Good Life”, anteriormente mostradas en el largo Heart Is The Most Important  Ingredient (Sunnyside, 2022), en el Live In Barcelona mencionado y en Iris (Sunnyside, 2024). Y sí, buena vida debe tener la canción cuando a cada caminar se agiganta, ganando en potencia y mensaje sin perder su esencia. Pareciera el tema fetiche con el que Torres desea mostrarse al mundo. Todo ese haber ancestral, el conocimiento que viene de tan lejos, compartido y expresado cual buen trío jazzístico… Así parecen desear mostrarse de nuevo con esta andadura en directo, sin red ni tapujos, Álvaro Torres y los suyos. Como el sagaz Juan de Mairena, también ellos entienden “por ‘folklore’, en primer término, lo que la palabra más directamente significa: saber popular, lo que el pueblo sabe, tal como lo sabe; lo que el pueblo piensa y siente, tal como lo siente y piensa, y así como lo expresa y plasma en la lengua que él, más que nadie, ha contribuido a formar.” Es sin duda la gran divisa de este disco imposible de soslayar para el seguidor despierto: todo para el pueblo, desde el pueblo, con el pueblo. De aquel Despotismo revolucionario sólo queda en la formación liderada por Álvaro Torres el adjetivo ‘ilustrado’. El Mairena de Torres, Kamaguchi y Osgood está destinado a ilustrar con su lustre las enseñanzas del Mairena de Machado por lustros.

03 de marzo de 2026

The Bad Plus feat. Craig Taborn & Chris Potter – CNDM Jazz en el Auditorio – Concert Chronicle

The Bad Plus feat. Craig Taborn & Chris Potter – CNDM Jazz en el Auditorio – Concert Chronicle

The Bad Plus

Feat. Craig Taborn & Chris Potter

CNDM Jazz en el Auditorio

30

Marzo, 2026

Text: Pedro Andrade

Photos: © Elvira Megías

CONCERT REVIEW. In&OutJazz Magazine

The Bad Plus: Reid Anderson, contrabajo / Dave King, batería / Craig Taborn, piano / Chris Potter, saxofón tenor. Ciclo de Jazz en el Auditorio del Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM).

The Bad Plus, Craig Taborn y Chris Potter, reviven el espíritu de Keith Jarrett de los 70 en un cierre histórico del Ciclo de Jazz en el Auditorio del Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM).

El 27 de marzo, el Auditorio Nacional de Madrid clausuró el ciclo Jazz en el Auditorio 2025-2026 con una de esas veladas que no se limitan a suceder en el tiempo, sino que lo suspenden. Lo que se vivió en la sala de cámara del Auditorio fue una invocación, un regreso a la fuente, una conversación con la memoria viva del jazz moderno. The Bad Plus (Reid Anderson, contrabajo; Dave King, batería), junto a Craig Taborn (piano) y Chris Potter (saxo tenor), ofrecieron un homenaje de altura al American Quartet de Keith Jarrett, aquel laboratorio sonoro de los años setenta en el que Jarrett, aún lejos de la celebridad planetaria que alcanzaría después, comenzaba a esculpir una voz propia entre la libertad, el lirismo y el riesgo.

Hablar de este concierto es, en realidad, hablar de un Keith Jarrett anterior al mito: del músico que, en los primeros setenta, junto a Dewey Redman, Charlie Haden y Paul Motian, exploraba una idea de grupo donde la música no se imponía como forma cerrada, sino como pensamiento en movimiento. Aquel cuarteto no fue simplemente una formación histórica: fue una manera de entender el jazz como respiración compartida, como filosofía de la escucha. Y precisamente eso fue lo que estos cuatro gigantes contemporáneos supieron restituir con una intensidad conmovedora.

La apertura llegó con la contundencia de lo inevitable: una música construida por secciones, por irrupciones y repliegues, por solos que no eran exhibición sino discurso. Dave King, con las baquetas primero y las varillas después, marcó el pulso de una energía torrencial; Reid Anderson levantó desde el contrabajo una arquitectura armónica de una claridad asombrosa, articulando modulaciones y desplazamientos tonales con una elocuencia casi narrativa. Mientras tanto, Craig Taborn parecía practicar el arte de la contención: la nota justa, el silencio exacto, la inteligencia de quien sabe que el verdadero poder del piano no está en la abundancia, sino en la precisión. Sobre ese entramado, Chris Potter desplegó un discurso de una solidez implacable, de fraseo amplio y pensamiento estructural, capaz de tensar y expandir la materia sonora sin perder nunca el hilo interno del relato.

Uno de los momentos más memorables llegó con “Le Mistral”, composición de Keith Jarrett incluida en Treasure Island (1974). Allí el grupo sostuvo un motivo casi obsesivo, como si la música quisiera pensarse a sí misma desde dentro. El tema se desplegó como una corriente de aire que no cesa, un movimiento circular que permitía a los músicos pasarse el discurso como un hilo que se entrelaza y se transforma continuamente, sin que la tensión decayera un instante. La pieza, en manos de Taborn y Potter, adquirió una dimensión casi metafísica: más que avanzar, se mantenía, capturando matices en cada vuelta.

La dimensión más introspectiva de la noche se alcanzó con “Silence”, perteneciente a Bop-Be (1978), una de las últimas estaciones de aquel universo creativo. En este homenaje, la pieza apareció como un blues contenido, en el que el silencio no actuaba como ausencia, sino como auténtica materia sonora. Fue Craig Taborn, por supuesto, quien articuló el centro expresivo de la interpretación, construyendo desde el piano un discurso íntimo, pausado y amplio, de una sutileza casi meditativa, en el que cada acorde parecía abrir un nuevo espacio de escucha. A su alrededor, el resto del grupo orbitaba con una atención reverencial, recogiendo y prolongando la tensión suspendida que él iba trazando. Sobre ese paisaje sonoro, Chris Potter desplegó uno de los solos más sobrecogedores del concierto: un discurso de oratoria pura, limpio, ascendente, en el que cada frase parecía interrogar el sentido mismo del tiempo musical.

Después llegó la furia liberadora de “Mushi Mushi”, también de Bop-Be (1978), composición de Dewey Redman, y probablemente el punto de máxima combustión de la noche. Aquí el concierto dejó de mirar al pasado para convertirse en presente absoluto. Taborn, rabioso y visionario, atacó el teclado con el codo y con líneas infinitas de notas que parecían abrir grietas en la forma; Potter respondió con sonoridades deconstruidas, casi en trance, devolviendo al espíritu free del American Quartet toda su radicalidad originaria. King y Anderson, mientras tanto, sostuvieron una base rítmica inquebrantable, no como mero soporte, sino como fuerza motriz del acontecimiento.

Hubo también ecos de “Gotta Get Some Sleep”, otra composición de Dewey Redman incluida en Bop-Be, y resonancias del universo de Fort Yawuh (1973), particularmente de “(If the) Misfits (Wear It)”, donde la música se organizó como una serie de irrupciones y desvíos, fiel al espíritu fragmentario y eléctrico del Jarrett de los primeros setenta.

Lo verdaderamente extraordinario de la noche fue comprobar cómo estos cuatro músicos no actuaron como una suma de individualidades brillantes, sino como un supergrupo en el sentido más profundo del término: una comunidad de pensamiento sonoro. La conexión entre ellos resultó casi telepática. Dave King y Reid Anderson, tras décadas compartiendo lenguaje en The Bad Plus —formación que precisamente en este 2026 pone fin a su trayectoria—, poseen una base rítmica consolidada y orgánica; sobre ella, la inteligencia armónica de Craig Taborn y la potencia discursiva de Chris Potter no se superponen, sino que dialogan, se desvían, se provocan mutuamente.

Este homenaje a Jarrett no fue arqueología ni nostalgia. Fue la reivindicación de un momento fundacional del jazz moderno: aquellos años setenta en los que Keith aún no era la figura monumental que hoy representa, pero ya estaba formulando las preguntas esenciales. Sobre el escenario del Auditorio Nacional, esas preguntas volvieron a escucharse con una fuerza vibrante, física, casi visceral. La música de estos cuatro no se escuchó únicamente con el oído: se sintió, como bien decía el programa, con las tripas, y después quedó latiendo en la memoria, allí donde la gran música se transforma en pensamiento y emoción duradera.

30 de marzo de 2026

Luis Nacht & Camila Nebbia –  Noche y Niebla – Review

Luis Nacht & Camila Nebbia – Noche y Niebla – Review

Luis Nacht & Camila Nebbia

 Noche y Niebla
Review

24

March, 2026

By: Khagan Aslanov

Review from In&OutJazz Magazine. Noche y Niebla  (ears & eyes Records, 2026). Luis Nacht, tenor and soprano saxophone / Camila Nebbia, tenor saxophone/ Jerónimo Carmona, double bass / Fermín Merlo, drums

 

It is arguably the biggest achievement and point of pride in a mentor’s life, when their protégé is able to go out into the world, and forge an identity and career of their own. One can only imagine the honour Luis Nacht must feel as he watches Camila Nebbia ascend through the realm of experimental music, fearlessly and consistently assembling one of the most impressive catalogues in the genre.

Over the past fifteen years, the two have formed a profound cross-generational bond, and their relationship, both within the student/teacher dynamic and as collaborative peers, lend their playing both a familial tenderness and telepathic connection. All this makes Noche y Niebla, the duo’s most recent outing, a most exhilarating expedition into the core of how a listener’s understanding of ‘night’ and ‘fog’ can be transposed into the free jazz frame.

The depth of mutuality of the dialogue between Nebbia and Nacht is simply astonishing, and the opener, “La Colqué,” sets the tone early on. A mini-study in texture, on this prelude, the overlapping saxophones whip up a pulsing swarm of microtonal adjustments. From there, Nebbia and Nacht put on a pyrotechnic display of skill and interplay – harmonics that collide and then splinter away from each other, overblown variations and pure spontaneous reactivity all get a notch, as the record crashes from one remarkable piece to the next.

The rhythm section fuse into their fold seamlessly, and for good reason. Both double bassist Jéronimo Carmona and percussionist Fermín Merlo have played with Nacht for many years, and their connection is undeniable. With tremendous expressive force, they build a solid architectural foundation from which Nacht and Nebbia spring, steady and reliable when a section calls for it, then storming and unhinged. As a quartet, the talent assembled here represents several generations which stand at the forefront of Argentine avant-garde, and it is a privilege to hear them collide.

Nebbia and Nacht cannot miss here. Whether they venture into melodic counterpoints on “Me Condiciona El Nombre,” thick structural drone-work on “Me Gusta Asi,” or spiky abrasion on “Re Quemada,” their playing, both individually, and plaited into one, represents the upper stratosphere of improvisational art – it is both intuitive and utterly untethered, supremely competent and highly volatile.

Watching fog descend onto night can be a strange aesthetic moment – it is beautiful and meditative, and always a little unsettling. One always feels humbled when watching natural elements collide. The entirety of that spectrum is personified in the album’s shifting between moods and tonality.

Closer “Fumanchu” brings the album’s thematic supposition to its beatific conclusion. Packed with air and densely atmospheric, the piece’s sub-tone playing keeps it lingering in a ghostly state – vaporous, doleful and menacing.

Simply put, Noche y Niebla is a marvellous culmination of Nebbia and Nacht’s prolonged musical relationship, a synchronized and asymmetric dive into identity and naturalism. And as that nocturnal fog-induced trance takes effect in full, the two saxophonists are left basking in their avant-jazz light.

March 24th, 2026

Dave Douglas Quartet – CNDM Jazz en el Auditorio – Concert Chronicle

Dave Douglas Quartet – CNDM Jazz en el Auditorio – Concert Chronicle

Dave Douglas Quartet

CNDM Jazz en el Auditorio

23

Marzo, 2026

Texto: Pedro Andrade

Fotos: © Elvira Megías

CONCERT REVIEW. In&OutJazz Magazine

Jazz en el Auditorio, 2026. Dave Douglas, trompeta / Marta Warelis, piano / Ingebrigt Håker Flaten, contrabajo / Rudy Royston, batería.

La libertad como método: Dave Douglas lleva Four Freedoms al Centro Nacional de Difusión Musical – Auditorio Nacional de Madrid- Jazz en el Auditorio

Hay proyectos que parecen surgir de una intuición estética y otros que nacen de una reflexión más amplia sobre el tiempo que habitamos. Four Freedoms (Greenleaf Music, 2026), el nuevo trabajo del trompetista Dave Douglas, pertenece claramente a esta segunda categoría. El álbum toma como punto de partida la célebre formulación de las “cuatro libertades” proclamadas por Franklin D. Roosevelt en 1941, libertad de expresión, de culto, frente a la miseria y frente al miedo, para trasladar esa idea al terreno del jazz contemporáneo, donde la noción de libertad no es un gesto retórico sino un principio estructural: libertad dentro de la forma, la forma dentro de la libertad.

Douglas concibe el disco como un espacio de interacción abierta entre músicos que comparten una misma sensibilidad hacia la improvisación. A su lado aparecen la pianista Marta Warelis, el contrabajista Nick Dunston y el baterista Joey Baron, un cuarteto que funciona menos como una estructura jerárquica que como un organismo de escucha mutua. Parte del material fue grabado en directo durante Getxo Jazz Festival, y completado al día siguiente sobre el mismo escenario sin público, una decisión que explica la particular mezcla de inmediatez escénica y claridad sonora que atraviesa todo el álbum.

La música se despliega como una sucesión de paisajes cambiantes. Grits abre el recorrido con un impulso rítmico vibrante donde la batería de Baron establece un terreno flexible sobre el que Dunston articula líneas de contrabajo de gran movilidad, mientras la trompeta de Douglas se mueve con una claridad casi narrativa. En Sandhog, dedicada a los trabajadores que excavaron los túneles subterráneos de Nueva York, el cuarteto combina una energía de raíz bluesística con una arquitectura armónica más abstracta, impulsada por las intervenciones angulares del piano de Warelis. El tema que da título al disco se desplaza hacia un territorio más introspectivo y libre: resonancias del piano preparado, contrabajo con arco y una trompeta que parece reflexionar en voz alta sobre cada frase. Otras piezas, como Fire in the Firewood, comienza con un contrabajo profundamente expresivo antes de expandirse en una improvisación colectiva, o My First Rodeo, de carácter más lúdico y cambiante, revelan el modo en que Douglas concibe la composición como una invitación a la conversación musical más que como un guion cerrado. El álbum concluye con Ruminants, una pieza extensa y contemplativa que da amplio espacio a la imaginación pianística de Warelis antes de desembocar en un diálogo colectivo de gran densidad.

Escuchar Four Freedoms conduce inevitablemente a imaginar su proyección en el escenario, y esa transición se materializó recientemente en el concierto ofrecido el 13 de marzo en el Auditorio Nacional de Madrid. Allí el proyecto apareció con una configuración distinta a la del disco: únicamente Dave Douglas y Marta Warelis coincidían con la formación original, mientras que el contrabajo y la batería fueron asumidos por Ingebrigt Håker Flaten y Rudy Royston. El cambio, lejos de alterar el espíritu del repertorio, subrayó el carácter abierto de la música. Håker Flaten aportó un contrabajo de enorme energía física y profundidad expresiva, mientras Royston desplegó una batería de gran elasticidad rítmica, capaz de sostener tanto los pasajes más abstractos como los momentos en los que la música insinuaba un swing latente.

En ese entorno, la trompeta de Douglas se movió con una mezcla de lirismo y lucidez, integrándose en la textura colectiva más que imponiéndose sobre ella. Warelis, por su parte, confirmó su condición de pianista de imaginación inagotable, alternando gestos mínimos, resonancias internas del instrumento y explosiones de energía textural que abrían constantemente nuevos caminos al grupo.

En un momento de la velada, Douglas se dirigió al público madrileño con una observación cargada de ironía. Comentó que, viendo los numerosos conflictos bélicos que atraviesan el mundo, quizá debería plantearse venir a vivir a España, un país reconocido por su profunda vocación de paz. El comentario fue recibido con una mezcla de risas y aplausos, como si esa breve reflexión espontánea prolongara el espíritu humanista que recorre el propio disco.

Al final, tanto en el álbum como en su traducción al escenario, Four Freedoms confirma algo que el jazz ha sabido desde siempre: la libertad no es ausencia de forma, sino una manera más profunda de construirla. En manos de Douglas y sus colaboradores, esa idea se transforma en música viva, abierta y profundamente consciente de su tiempo.

23 de marzo de 2026

Viktorija Pilatovic Interview

Viktorija Pilatovic Interview

Viktorija Pilatovic

Interview

19

Marzo, 2026

“Seven Letters: El jazz íntimo de Viktorija Pilatovic”

En Seven Letters, su quinto álbumViktorija Pilatovic convierte la música en un espacio de conversación íntima. Canciones que nacen como cartas, a uno mismo, a los seres queridos, a los recuerdos, al silencio, y que, sin embargo, acaban hablándonos a todos. Tras una trayectoria sólida dentro del jazz contemporáneo, la cantante y compositora lituana afincada en España firma su trabajo más personal, un disco donde cada acorde tiene un color y cada melodía una intención.

Fiel a su manera de entender la creación, Pilatovic parte siempre de la música para llegar a la palabra, dejando que la armonía marque el camino emocional de cada pieza. El resultado es un jazz abierto y profundamente comunicativo, donde la complejidad convive con la cercanía y la emoción precede al discurso. Acompañada por un trío de músicos de grandísimo nivel, el álbum cuenta con Petros Klampanis (contrabajo y coproductor), Albert Palau (piano) y Quique Ramírez (batería), además de la colaboración especial del saxofonista Perico Sambeat en una balada dedicada a su madre.

Seven Letters es también una reflexión sobre el tiempo, la identidad y la escucha, tanto interior como colectiva. Con motivo de este nuevo lanzamiento, conversamos con Victoria, sobre su proceso creativo, su relación con la composición, la madurez artística alcanzada tras cinco discos y su manera de entender el jazz como un lenguaje vivo, compartido y en constante transformación.

In&Out Jazz Magazine: Hola Viktorija, gracias por atendernos. La primera vez que te vimos fue en el Café Central de Madrid, hace ya algunos años, presentando uno de tus discos anteriores junto a Perico Sambeat. Ahora vuelves con nuevo trabajo. ¿Cómo estás y qué nos traes con este nuevo álbum?

Viktorija Pilatovic: Hola, gracias a vosotros por el tiempo y por el interés. Sé que es un trabajo complicado, hay mucha gente sacando discos y buscando entrevistas, así que estoy muy agradecida por estar aquí.. Sí, aquello fue en Café Central, presentando The Only Light, antes de la COVID… el tiempo vuela. Ahora presento Seven Letters, y estoy muy ilusionada con este proyecto.

El disco se titula Seven Letters. ¿Qué nos puedes contar sobre este concepto? ¿A quién van dirigidas esas siete cartas?

Al principio no estaba pensando en un concepto. Yo componía canciones sin más, pero cuando releía las letras me di cuenta de que siempre estaba hablándole a alguien. Revisé canciones antiguas y pensé: “qué fuerte, siempre hay un destinatario”. A veces hablas con otra persona, a veces contigo misma, con un recuerdo, con alguien que ya no está. Entonces pensé que era bonito recuperar la idea de escribir cartas, algo que se está perdiendo en este mundo de mensajes cortos. Así nació la idea de hacer siete cartas, no necesariamente dirigidas solo a personas, sino también a conceptos. De ahí nació el disco.

Hay un componente muy íntimo en algunas de esas cartas, pero también algo universal. Por ejemplo, una está dedicada a tu madre.

Sí, hay una carta para mi madre. Ella no entiende del todo la letra porque está en inglés, yo se la traduzco, pero lo vive desde la música.
Cada uno crea su propio mundo, y aunque la carta es muy personal, la emoción puede ser compartida.

Hay otra carta muy especial, Stranger. ¿A quién va dirigida?

Viktorija Pilatovic: Es una carta a alguien que todavía no conozco, pero que sé que será importante en mi vida. Me gusta pensar que cuando era niña no sabía que viviría en España, ni que conocería a músicos tan importantes para mí. La canción dice algo así como: “Stranger, come here, I’ve been looking for you”. Es sentir amor por alguien que aún no existe en tu vida.

También puede interpretarse como hablarle a tu yo del futuro.

Exacto, es un pensamiento precioso. Yo dentro de diez años también seré una desconocida para mí misma.

Otra pieza clave es On the Edge of Silence. ¿De dónde nace?

Esa carta habla de la conexión entre los músicos. La escribí después de un concierto muy bonito en Hondarribia. Ese momento justo antes de tocar la primera nota, ese silencio cargado de tensión… para mí es mágico. Es algo difícil de explicar a alguien que no vive la música así. Los músicos y los amantes profundos de la música se reconocen entre ellos.

El disco tiene una carga armónica y lírica muy potente, pero al mismo tiempo es muy accesible. ¿Buscas romper el tópico de que el jazz es solo algo complejo e inaccesible?

Eso es el mejor cumplido que me pueden hacer. A los músicos nos gusta dar ear food, cosas que otros músicos puedan analizar y disfrutar, pero yo también quiero conectar con la gente por la vibra, por cómo suena, por la melodía. La música tiene que transmitir algo antes incluso de que se entienda la letra.

¿Empiezas a componer desde la música o desde la letra?

iempre empiezo por la música. Nunca escribo letras primero.
Un acorde ya tiene un color, una emoción, una intención. La melodía y la armonía te llevan a un sitio concreto, y a partir de ahí nace la letra. Intento que melodía, armonía y palabra trabajen juntas, como un todo.

Háblanos de los músicos que participan en el disco.

Claro, es el segundo disco que hago con esta formación. El anterior, Sky Bridges, ya estaba producido y grabado con Petros Klampanis. Yo sigo a Petros desde hace muchísimos años. Los dos somos artistas de Inner Circle Music, que es el sello de Greg Osby. Petros tiene varios discos en este sello y yo también publiqué allí mis dos o tres primeros trabajos. Ahora, después de varios años Petros y yo somos  como una asociación.

Llevaba mucho tiempo siguiendo su música y durante la COVID él sacó un par de canciones que me gustaron muchísimo. En ese momento yo necesitaba a una persona a la que pudiera delegar parte del trabajo dentro del estudio, porque yo me encargo absolutamente de todo: escribo las partituras, las partes, los arreglos y las composiciones; elijo a los músicos; organizo hoteles y viajes; preparo todo lo necesario; estudio los temas que tengo que cantar y los canto. Todo esto se vuelve muy pesado en el momento de grabar.

Durante una grabación hay muchas emociones, muchas decisiones que liderar, muchas tomas que quieres hacer, y no siempre tienes la claridad para saber si algo está funcionando o no, sobre todo cuando estás estresada. Entonces, por primera vez después de tres discos, decidí contar con alguien que pudiera ayudarme dentro del estudio, y esa persona fue Petros. Fue una experiencia muy positiva tenerlo ahí conmigo. Ahora hemos hecho otro disco, Seven Letters, de la misma manera, con él como productor, además de bajista.

Con Quique empezamos a tocar ya en Sky Bridges, el disco anterior. Es un batería muy sensible, con un drive tremendo y mucha fuerza, pero al mismo tiempo con una gran capacidad de escucha. Entiende muy bien la canción. Además, es compositor, así que tiene esa comprensión del jazz contemporáneo. Le gusta la música que me gusta a mí, y eso es fundamental a la hora de elegir a los músicos.

Albert Palau es una persona muy especial para mí. Es mi amigo y colaborador desde el principio. Cuando llegué a España, desde el primer ensayo me pareció una persona de oro. Es muy respetuoso, muy responsable y siempre te apoya de todas las formas posibles. Valora muchísimo el trabajo del líder, y eso para mí es muy importante, porque liderar un proyecto implica mucho más que aprender la música y venir a ensayar. Hay que encargarse de la imagen, de las redes, de la comunicación, de intentar mover y vender el proyecto. Es muchísimo trabajo.

Mis compañeros de grupo lo entienden perfectamente. Y, además de ser un gran compañero, Albert es un pianista brillante. Tiene todo. He tenido mucha suerte. Me encanta cómo acompaña, sé que puedo contar con él y sigo contando con él.

Llevas unos 13 años viviendo en España. ¿Qué queda de la Viktorija que llegó desde Lituania?

Guau, claro… es que prácticamente crecí aquí. Crecí musicalmente y también como persona. Llegué como estudiante y aquí me transformé en la mujer que soy hoy, casi con cuarenta años. Entonces, ¿qué queda de aquella chica lituana? Queda la esencia, sin duda. Sigue ahí. Me llamo Victoria, aunque muchos me llaman Victorija, que es la forma lituana del nombre, y siento que ambas forman parte de quien soy. Es como si existiera una Victoria lituana y, al mismo tiempo, una Victoria española. Es algo muy interesante y también muy filosófico, incluso psicológico, para mí misma: pensar qué permanece de aquella chica que llegó desde Lituania.

Cuando se abrió Berklee en Valencia pensé que era el lugar perfecto para hacer mi máster. Tenía muchas ganas de descubrir, de experimentar. Me gustaba mucho el idioma y sentía una gran curiosidad por conocer otro mundo, así que me mudé sin pensarlo dos veces. A partir de ahí conocí a muchos de los grandes músicos que hay en España y una cultura de jazz enorme, especialmente en Barcelona, algo que en Lituania no existía. Para mí fue como llegar a Nueva York. Me sentí muy afortunada tocando con Perico y aprendiendo de él. La escena me parecía increíble y todo eso forma una parte fundamental de este proceso y de quien soy hoy.

¿Ha cambiado tu motivación con los años?

En cuanto a las ganas y la confianza en mí misma, antes confiaba muchísimo en mí. No sé muy bien de dónde sacaba ese impulso, pero tenía una energía enorme y una fe absoluta en que podía con todo. Con los años, sin embargo, esa seguridad se ha ido debilitando. Creo que cuanto más sabes, más consciente eres de todo lo que no sabes.

Ahora siento que, a medida que aprendo más cada año, me hago más pequeña. Ves el nivel que hay ahí fuera, cómo toca la gente, y eso impresiona mucho. El síndrome del impostor crece con el tiempo, de verdad. Es curioso, incluso paradójico. No sé muy bien por qué ocurre.

Supongo que tiene que ver con la edad y con una humildad mucho mayor que antes. Hay tantos músicos increíbles, gente que compone de una manera impresionante… incluso mis propios alumnos a veces me obligan a volver a estudiar. Hay un nivel altísimo, gente realmente potente.

 Eres también una gran docente. ¿Qué consejo das a los jóvenes músicos?

Que nunca dejen de aprender. Que mantengan los oídos abiertos y se adapten a los cambios de la industria. No luchar contra lo que viene, sino encontrar la manera de convivir con ello.

¿Cuándo y dónde podremos escucharte en directo?

La presentación oficial es el 13 de febrero en Burning House, en Valencia.

El 20 de febrero tocamos en Sabiñánigo (Huesca). Habrá más conciertos por confirmar, y Madrid seguro que entra en la gira.

¿Cuáles son tus influencias actuales?

Me inspira mucho el jazz contemporáneo: Gerald Clayton, Shai Maestro, Immanuel Wilkins, Cecil McLorin Salvant, Esperanza Spalding, Gretchen Parlato, Diane Reeves… También hago un homenaje a Autumn Leaves en el disco, como una carta de agradecimiento a Johnny Mercer.

Gracias por tu tiempo, Viktorija. Te deseamos lo mejor con Seven Letters y esperamos verte pronto en Madrid.

Muchas gracias a vosotros. Un abrazo.

19 de marzo de 2026

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