In&OutJAZZ Magazine: Bienvenido, Julián. Es un auténtico placer tenerte con nosotros, teníamos muchas ganas de verte y conocerte mejor. Ya nos hemos visto gracias a Baldo Martínez y su proyecto Música Imaginaria. Cuéntanos un poco respecto de este proyecto y qué cosas te llevas del mismo.
Julián Sánchez: He aprendido todo y más. Es un aporte muy libre y muy encajado en esa sonoridad dodecafónica pero no tonal… es una cosa muy especial. A nivel de aprendizaje, por ejemplo, el tocar con timbres como acordeón y marimba eléctrica, para mí, sumado a ese nivel de tímbrica, me ha sido muy especial porque nunca he tenido la ocasión de trabajar de esa forma tímbricamente y con esos músicos.
Y luego la parte free. Es como una medida muy ponderada y creo que es un repertorio que puede ser popular y al mismo tiempo explorando todas las texturas free que puedas aportar el solista, dependiendo del solista y del tema. Y luego tiene una balada preciosa también, Luna de marzo, yo qué sé. Me parece un proyecto muy completo y el aprendizaje es mucho. Y más grabando. Cuando se graba, es cuando ya se completa ese aprendizaje.
Totalmente. Tú, Julián, ¿cuál es tu evolución como compositor cuando escribes música? ¿Cuál es tu método compositivo? ¿Compones directamente a la trompeta, te salen melodías, piensas en acordes, piensas en el arreglo? Tú eres un músico muy completo. Eres arreglista, eres docente también. Entiendo que eres capaz de componer de muchos lugares, pero cuando te sale, ¿cómo te sale? ¿Cuál es el método que se te impone a veces cuando te viene la música?
Pues tengo distintas formas y he tenido fases. Una muy común que me suele pasar es que trabajo mucho mentalmente con la cabeza. Empiezo a imaginarme el arreglo o la obra aquí en mi cabeza. Empiezo a escucharla aquí por dentro, a escuchar la tímbrica, a escuchar las secciones, a tener partes muy claras. Y me tiro muchísimo más tiempo así que escribiendo. Después, a la hora de escribir, he tenido muchas épocas, muchos momentos. Creo que al principio de mi carrera, cuando empecé a componer de una forma seria y profesional, lo hacía través del piano, a través de la armonía y todo. Y, curiosamente, cuando me fui a Brasil, empecé a componer con la trompeta. Por ejemplo, haciendo referencia al disco de Brazulada (Samba Luiza) y otras composiciones después que sucedieron allí, usaba la trompeta como instrumento para superponer voces. Mi preocupación, sobre todo, era que cada voz o cada línea fuese lo más musical posible. Entonces, para que fuese lo más musical posible, tenía que pasar por mi instrumento. Porque por medio de la trompeta es por donde hay un nivel más apurado de todo, de conciencia rítmica y melódica, porque es mi instrumento. Entonces, me gustó mucho hacerlo con la trompeta y últimamente lo hago bastante. Porque cuando toco una melodía, aunque la toque en el registro de la trompeta, me estoy imaginando que esa puede ser la línea del bajo. O sea, que con la trompeta a veces llegaba a componer en distintas alturas y por capas y por voces. Cuando ya las tengo, es cuando me voy al piano y a veces flipo porque digo, mira, es esta armonía. Porque claro, ya cuando tienes como cuatro voces ya tienes una armonía, o cuando tienes tres incluso. Entonces, digamos que esa ha sido un poco la evolución o está siendo. Pero siempre mucho a través de imaginarme la música primero en la cabeza.
Sí, de escucharla ¡Qué bueno! ¡Qué bueno! La verdad que es un proceso bonito siempre y yo creo que todos los artistas aprenden los unos de los otros y es bonito. Todos van a acoger esto que compartes.
Bueno, has estado, digamos, en muchas ciudades viviendo, alimentándote, sacando, chupando de esa cultura. ¿Qué ciudades destacarías como las ciudades, los lugares, los sitios, los países, las culturas en los que más te has visto probado a aprender más aún? Donde te hayas visto apretado, retado, que hayas tenido que empaparte más y no tanto enseñar tú, sino aprender tú. O sea, acoger, recoger.
Bueno, creo que todas tienen un poco de esto. Porque sí es verdad que suelo ser, una persona me suele pasar, ya me conozco que cuando voy a algún lugar y me expreso como músico…, uno se expresa con lo que lleva, con lo que es, pero siempre quedo fascinado por la música y por la forma que encuentro allí de expresión, de la manera de compartir la música. Entonces, me separo mucho de lo que yo soy. O sea, como que pierdo la identidad rápidamente porque me gusta mucho, pero me siento como si ahora, digo “estoy un poco perdido”. Y eso siempre me pasa, pero me gusta esa sensación, ¿sabes? Me gusta porque creo que es como profundizar, es como sumergirte de lleno.
Ha habido tres ciudades claves para mí en ese sentido, pues, por ejemplo, son Nueva York. Pero bueno, Nueva York, donde el primer viaje que tuve así fuerte, pero donde menos me pasó porque está más dentro de lo que venía haciendo. Digamos que no tanto en cómo tocar, sino en más en actitud. En cómo tocar, o sea, hay dos destinos en los que estuve que me han influenciado mucho, Sudáfrica y Brasil. Sudáfrica, digamos, es donde más he sentido el blues, más incluso que en Estados Unidos. Más que allí, ha sido en Sudáfrica, cuando he sentido el abrazo del blues, que es en todo, el blues en todo. En todo, en cualquier tema, en cualquier música, ese abrazo del blues es increíble y esa extensión tan grande que se produce.
Otro choque que tuve después, fue en Brasil, que ha sido la que más me ha costado, donde he sufrido mucho, porque, curiosamente, sentía todo de manera diversa; la acentuación en otros sitios, la forma de dialogar con los músicos, para poder tener una conversación hilada y larga, en cuestiones de energía, en las formas de producir los solos sobre todo, ya no tímbricas, sino densidad de notas y de sonido…etc. No sé, como que ahí es donde más me costaron las formas de sentir dónde se acentúa, dónde subdividimos, sobre todo. Porque yo creo que yo vengo o venimos un poco más del flamenco, de la parte más de los tanguillos, más del norte de Marruecos. Música gnawa, no sé [canta el ritmo]. Y eso también existe en toda la música de origen africano, claro. Pero en Brasil empecé a darme cuenta de que había un montón de música escrita a dos [canta ritmos], o como que el binario era una cosa muy, muy establecida.
Muy marcada.
Exactamente, y después el ternario estaba dentro, por supuesto, pero como desde otro punto de vista. Entonces, no sé, son estas visiones abstractas que cada persona, cada músico tiene en su cabeza. Pero digamos que en Brasil es donde más me costó, y me iba después de a mi casa, después de tocar en una jam, me iba diciendo “creo que no me entiendo”, y tocando Footprints, no tenía que ser tocando una música brasileña. Sí, ahí fue una aventura y es apasionante, porque ahí es donde te das cuenta que el mundo es mucho mundo, y que por mucha música que tú creas que sabes, nunca sabes la suficiente.
Y deseas enriquecerte siempre, como cuentas, que eso da gusto. Da gusto ver siempre a un músico asentado, interesante, con ya un porte importante, que sin embargo habla desde esa humildad, habla desde ese enriquecerse, habla desde ese aprender, yo creo que es una lección que desde la música, digamos, se da a toda la sociedad. O sea, la sociedad puede aprender esto de músicos como tú en este caso, que nos testimonias esta experiencia tan bonita.
Sí, a veces pienso, que la música, con el tiempo se traduce también en un equilibrio con el entorno, en una limpieza de la persona, en una mejoría. Para mí, siempre es una medicina y veo mucho que puede servir para ser mejor persona, o para poder siempre expresar lo mejor de ti. Y a veces, con el simple gesto en una jam session, a la hora de subirte, de tocar, solamente con la forma de presentarte tocando, desde la primera nota, o la forma en la que diriges tu improvisación, la forma con que dejas los espacios, hasta dónde la llevas, con lo que haces sentir al resto de los músicos cuando estás tocando, todas esas cosas, son apasionantes. La música, cuando estás compartiéndola, puedes sentir que estás hiriendo a alguien o no, estás ayudando a que el batería camine si le está costando trabajo, o si sin embargo, le estás llevando con la lengua fuera. Esto a mí me gusta porque es estar con alguien, más allá de los niveles y de lo que uno quiera demostrar. Y eso que nunca se tiene que demostrar nada. Porque muchas veces, esa cosa del jazz en las jam sessions, que hay que ser el mejor, y creo que ahí hay una energía que se transmite totalmente al público y a los músicos.