Demian Cabaud – Seiva – Review

Demian Cabaud – Seiva – Review

Demian Cabaud

Seiva

Review

03

Febrero, 2026

Texto: Pedro Andrade

Fotos: Concesión del artista

In&OutJazz Magazine Review. Álbum: Seiva (Timbuktu Records, 2025). Demian Cabaud, contrabajo.

Seiva (Timbuktu Records, 2025), el nuevo álbum de Demian Cabaud, concebido íntegramente para contrabajo solo, es un viaje por paisajes de memoria, silencio y respiración. Desde los primeros compases, el instrumento se convierte en guía y compañero, llevando al oyente a caminar por mundos internos donde cada gesto es, a la vez, vulnerable y absoluto. La trayectoria de Cabaud, autodidacta desde los once años, formado en el Berklee College of Music y con una presencia consolidada en la escena europea junto a figuras como Lee Konitz, Joe Lovano o Leo Genovese, se refleja en la seguridad y sensibilidad con las que habita cada nota, transformando el contrabajo en narrador y testigo.

El recorrido comienza con Pájaros de Villa Topo, donde los acordes aireados y las frases abiertas dibujan horizontes de memoria y paisaje. La música parece una transcripción de una conversación enérgica entre aves que trinan con intención y estrategia, mientras se posan en las ramas, se interrumpen, se imitan y construyen un entramado de llamadas y respuestas. Es un despertar delicado, un primer paso que invita a mirar hacia adentro, dejando entrever matices de luz, distancia y movimiento.

Más adelante, Siena detiene el tiempo: resonancias largas y silencios generosos suspenden la respiración, y la música se vuelve meditación, contemplación del instante. Cada nota parece flotar antes de desaparecer en el aire. El tema da paso a un despliegue de armónicos y espacios melódicos que se entrecruzan construyendo un entorno sonoro donde la técnica aparece al servicio de la forma y no como fin en sí misma.

En el corazón del álbum, Plegaria para los niños Palestinos se erige como centro emocional. El arco se convierte en una voz doliente y frágil, capaz de lamentar y abrazar, de sostener el silencio con la misma fuerza que una caricia. Cada quiebre del sonido establece un diálogo íntimo entre cuerpo, madera y aire, revelando una profundidad poética y evocadora. El contrabajo, como pincel único, dibuja motivos y sonoridades de raíz árabe, donde los silencios también hablan y generan tensión y drama.

Como respiro dentro de esta densidad emocional, CaroTomo introduce juego y movimiento: pizzicatos ágiles y pequeñas inflexiones melódicas dialogan entre sí, recordando que incluso en la introspección hay espacio para la ligereza, el humor sutil y la curiosidad.

Finalmente, El Patio despide el viaje. Resonancias amplias, un arco nervioso, tempos flexibles y silencios que se prolongan en el aire dejan una sensación de apertura infinita, de espacio que continúa más allá de la última nota, invitando al oyente a quedarse habitando el eco del contrabajo en la memoria.

Grabado con una atención minuciosa al detalle sonoro y al espacio acústico, Seiva se inscribe en la exigente tradición de los grandes discos de contrabajo solo, Emerald Tears de Dave Holland, December Poems de Gary Peacock, las exploraciones radicales de Joëlle Léandre o Stefano Scodanibbio, pero sin recurrir a la exhibición técnica. Aquí, cada gesto surge como una veta orgánica, como savia que circula entre pizzicatos, arco, resonancias y silencios conscientemente asumidos. Cabaud demuestra que un álbum en este formato extremo no se sostiene por acumulación de recursos, sino por una decisión estética clara: saber cuándo insistir, cuándo retirarse, cuándo permitir que el espacio complete la frase.

En un tiempo en que el jazz contemporáneo a menudo se refugia en la densidad colectiva, Seiva reivindica el valor de la exposición individual y del riesgo sonoro como acto creativo y ético. Escuchar este disco es comprender que el jazz más honesto avanza cuando acepta el vacío, la fragilidad y la posibilidad del error, y que en la desnudez del instrumento aparece, paradójicamente, la riqueza más profunda de la música.

Texto: Pedro Andrade

03 de febrero de 2026

Ivo Martins – Guimarães Jazz Festival – Interview

Ivo Martins – Guimarães Jazz Festival – Interview

Ivo Martins

Interview

Guimarães Jazz Festival

29

Enero, 2026

En 2025, el festival de Guimarães alcanza su 34ª edición reafirmando una identidad construida a lo largo del tiempo: una programación exigente, abierta al riesgo y atenta a la evolución de las músicas contemporáneas. Lejos de fórmulas complacientes, el festival se ha consolidado como un espacio de coherencia artística y escucha activa en el mapa europeo. Al frente de esta trayectoria se encuentra su director, Ivo Martins, figura clave en la construcción de un festival que ha sabido crecer sin perder identidad, articulando tradición y contemporaneidad, nombres consagrados y nuevas voces, escena local y proyección internacional. En esta entrevista hablamos con él sobre el significado de alcanzar esta edición, los principios que sostienen la programación y el lugar que Guimarães sigue ocupando como territorio de descubrimiento y pensamiento musical.

In&OutJAZZ Magazine. ¿Cuál es hoy el papel del director artístico en un festival que alcanza ya su 34ª edición, y cómo se equilibra la herencia con la necesidad de renovación?

Ivo Martins: El festival tiene 34 ediciones y yo entré en la quinta, así que llevo haciendo esto desde hace 30 años, que también es un tiempo razonable. Pero, sinceramente, no sabría definir cuál es exactamente mi papel. Yo nunca había hecho algo así antes. Escuchaba música, hacía radio, y todavía hoy hago radio, me gusta mucho el jazz, pero también escucho muchas otras músicas. Llegué al festival precisamente a través de la radio: la gente de Guimarães me invitó a implicarme y mi propuesta, en aquel momento, era bastante arriesgada, porque intenté salir de los circuitos habituales y contactar directamente con otras realidades.

Hay que pensar que en esa época no existían los emails, se trabajaba con fax, y muchos discos traían los nombres de los músicos y de los agentes, sus direcciones y teléfonos. Empezamos a contactar directamente a partir de esa información que aparecía en los vinilos o en los CDs, y lo cierto es que funcionó. Funcionó de verdad.

En la primera edición que hice, trajimos a Chano Domínguez y a Carlos Benavent con aquel proyecto increíble de Flamenco Jazz. Eso fue hace 30 años, y visto desde ahora, fue algo bastante adelantado a su tiempo; hoy todo el mundo sabe lo que es, pero entonces no era tan evidente.

Mi manera de trabajar parte, sobre todo, de la escucha. Es algo muy intuitivo. No tengo una fórmula clara, no sabría decirlo mejor. Hay algo en todo esto que me sobrepasa un poco. Por ejemplo, el concierto de ayer nació de una decisión puramente intuitiva. Yo había visto el año pasado a Craig Taborn con la cantante portuguesa Sara Serpa y sentí que estaba muy contenido, como encerrado en una jaula. Me dio tristeza, porque sabía que tenía mucho más potencial. Pensé que merecía otras condiciones para poder mostrar realmente lo que vale.

Por eso lo invité de nuevo este año. Hay algo casi de culpa en ese proceso: la sensación de que el músico no pudo explotar del todo, y la necesidad de ofrecerle otra oportunidad en un contexto distinto.

En el fondo, mi papel tiene que ver con eso: con recuperar, con recombinar, con pensar cómo las cosas dialogan entre sí sin anularse. Pienso mucho en los formatos, en cómo se presentan los proyectos, en cómo funciona el conjunto, para no saturar al público y evitar programar propuestas que puedan sonar repetidas, al menos dentro de los hábitos más convencionales.

Dices que te importa mucho no repetir fórmulas ni saturar al oyente. Desde esa escucha tan intuitiva, ¿cómo decides qué proyectos entran en la programación del Festival Internacional de Jazz de Guimarães?

Esto me obliga a conocer, a moverme, a andar por ahí, a navegar, a investigar, a captar cosas. Al final, es una cuestión de oído: es mi oído el que manda. Hay proyectos que, en determinados momentos, son mucho más interesantes que otros que vienen de fuera, y hay otros que llegan aquí y funcionan de manera distinta.

Nosotros, en ese sentido, somos casi una especie de dictadores: decidimos, marcamos, y eso tiene algo de triste, pero al mismo tiempo permite que sucedan ciertos fenómenos. El concierto de ayer, por ejemplo, fue increíble. Lo mismo pasó el año pasado con Ambrose Akinmusire junto al cuarteto de cuerdas y con Immanuel Wilkins. Son proyectos que permiten que el jazz explote, que se expanda y que abarque territorios que lo hacen profundamente actual.

A veces se dice que el jazz es una música vieja, antigua, superada. No estoy de acuerdo en absoluto. El jazz respira en muchas músicas. Cuando alguien hace buena música, ahí está el jazz. El jazz es un arte de extraer, de respirar, de recuperar, de captar. En el concierto que vimos anoche, Mark Turner Quintet, estaba todo eso: jazz, electrónica, minimalismo repetitivo, blues. Estaba todo ahí.

Mirando atrás, en todas estas ediciones, ¿hay artistas que han marcado de forma especial tu recorrido dentro del festival?

Ah, tantos, muchos, es imposible, es imposible decir nombres, grandes músicos, Wayne Shorter, Herbie Hancock. Cedar Walton, Hank Jones, esto así, muy rápidamente, músicos increíbles, que ya muchos desaparecieron, Charlie Haden, Liberation Music Orchestra vino dos veces, una vez con Charlie Haden y otra con Carly Bley, lo que pasó por aquí durante 34 años es brutal, ¡es brutal! Betty Carter, Bill Frisell, etc. Creo que eso convierte el festival en lo que es, un proyecto interesante. También hacemos colaboraciones con asociaciones de músicos, grupos de músicos, escuelas, universidades, aglutinamos en el festival una serie de bolsas de intereses, que son exteriores al festival, pero que captan intereses para el festival, es otra estrategia que ha corrido bien, y permite alargar el espectro del festival. Todo tiene un sentido, que a veces resulta y otras veces no, pero siempre hay un plan. Todo es pensado de manera abierta, integrado en escenas, y eso da al festival más amplitud. También están las jam sessions diarias después de los conciertos en el club del Centro Vila Flor, que existen desde hace 20 años.

Todo aquí, en el Palacio Vila Flor.

Sí, en Vila Flor (CCVF) que solo tiene 20 años. Convivio, es una asociación importante de Guimarães, fundadora del festival junto con la Cámara Municipal. Cada año dividimos el festival alternando entre Convivio y Vila Flor. Así que estamos siempre coordinados.

Después de tantas ediciones y de tantos años implicado, ¿cómo sientes que ha ido evolucionando el festival desde dentro, desde tu propia experiencia?

El festival tiene un formato. Este formato es como aquella semilla de un Roble, de un árbol de unos 30 o 40 metros de altura. No sé si conoces, el roble es un árbol lindísimo, que tiene unas semillas grandes que son unas bellotas. Y esas semillas tienen la potencia del árbol. Lo que es necesario es crear condiciones para que la semilla germine, nazca y crezca. Que evolucione o crezca en el tiempo, en el espacio y se ramifique. En el fondo el festival es lo mismo. El festival es una especie de árbol que se ramifica, que intenta alargar lo más posible su espacio, de intervención, en el que muchas cosas se posan, algunas quedan, y otras no. Aquí hay un proceso, y es más que eso, es verdaderamente evolución. Esto no es lineal, es una cosa muy intuitiva, es aleatoria, ocasional, son momentos. Vivimos tiempos difíciles y es natural que las personas busquen cosas buenas. El festival está con una afluencia igual a diez años atrás, que es brutal. En el COVID, hicimos un festival con músicos portugueses y extranjeros que vivían en Portugal y lo conseguimos. Con esto conseguimos recuperar al público, que es importante.

Es bonito.

Tenemos un público fiel. Sé que las personas aparecen y vienen de todas las partes del país y de España también.

Muy interesante todo, muchas gracias, Ivo.

Ha sido un placer.

29 de enero de 2026

Julián Sánchez Interview – Jazz en el Auditorio CNDM

Julián Sánchez Interview – Jazz en el Auditorio CNDM

Julián Sánchez

Interview

Jazz en el Auditorio
CNDM

27

Enero, 2026

Texto: José Cabello 

Fotos: Pepe Ainsúa; Rafa Martín; Suso Miragaya

 

Desde hace años seguimos muy de cerca la trayectoria del trompetista Julián Sánchez, un músico inquieto, en constante evolución y con una voz artística cada vez más personal dentro del jazz contemporáneo. Sus recientes galardones, entre ellos el Premio Tete Montoliu de Composición, obtenido con la pieza Sin Tempero, una “balada atemperada” que combina profundidad, misterio y un lenguaje expresivo muy propio, defendida en directo junto a su trío habitual Triplanetas, (Daahoud Salim al piano, Alberto al contrabajo y el propio Sánchez a la trmopeta) que viene a confirmar ese sólido camino creativo.

Precisamente en ese contexto tuvimos la oportunidad de verlo recientemente en directo con este proyecto en el Auditorio Nacional de Madrid, una actuación que confirmó la solidez del grupo y la coherencia de un discurso musical que se despliega con naturalidad entre la composición y la improvisación, sin concesiones, pero con una clara voluntad comunicativa.

Con la excusa de este momento especialmente fértil en su carrera; premios, nuevos proyectos y una actividad artística constante, pudimos entablar con él una conversación cercana, reflexiva y rica en contenidos, en la que hablamos de sus inquietudes artísticas, de su manera de entender la composición y del presente del jazz contemporáneo.

Os dejamos el podcast y la entrevista completa por escrito, esperando que la disfrutéis tanto como nosotros.

In&OutJAZZ Magazine: Bienvenido, Julián. Es un auténtico placer tenerte con nosotros, teníamos muchas ganas de verte y conocerte mejor. Ya nos hemos visto gracias a Baldo Martínez y su proyecto Música Imaginaria. Cuéntanos un poco respecto de este proyecto y qué cosas te llevas del mismo.

Julián Sánchez: He aprendido todo y más. Es un aporte muy libre y muy encajado en esa sonoridad dodecafónica pero no tonal… es una cosa muy especial. A nivel de aprendizaje, por ejemplo, el tocar con timbres como acordeón y marimba eléctrica, para mí, sumado a ese nivel de tímbrica, me ha sido muy especial porque nunca he tenido la ocasión de trabajar de esa forma tímbricamente y con esos músicos.

Y luego la parte free. Es como una medida muy ponderada y creo que es un repertorio que puede ser popular y al mismo tiempo explorando todas las texturas free que puedas aportar el solista, dependiendo del solista y del tema. Y luego tiene una balada preciosa también, Luna de marzo, yo qué sé. Me parece un proyecto muy completo y el aprendizaje es mucho. Y más grabando. Cuando se graba, es cuando ya se completa ese aprendizaje.

Totalmente. Tú, Julián, ¿cuál es tu evolución como compositor cuando escribes música? ¿Cuál es tu método compositivo? ¿Compones directamente a la trompeta, te salen melodías, piensas en acordes, piensas en el arreglo? Tú eres un músico muy completo. Eres arreglista, eres docente también. Entiendo que eres capaz de componer de muchos lugares, pero cuando te sale, ¿cómo te sale? ¿Cuál es el método que se te impone a veces cuando te viene la música?

Pues tengo distintas formas y he tenido fases. Una muy común que me suele pasar es que trabajo mucho mentalmente con la cabeza. Empiezo a imaginarme el arreglo o la obra aquí en mi cabeza. Empiezo a escucharla aquí por dentro, a escuchar la tímbrica, a escuchar las secciones, a tener partes muy claras. Y me tiro muchísimo más tiempo así que escribiendo. Después, a la hora de escribir, he tenido muchas épocas, muchos momentos. Creo que al principio de mi carrera, cuando empecé a componer de una forma seria y profesional, lo hacía través del piano, a través de la armonía y todo. Y, curiosamente, cuando me fui a Brasil, empecé a componer con la trompeta. Por ejemplo, haciendo referencia al disco de Brazulada (Samba Luiza) y otras composiciones después que sucedieron allí, usaba la trompeta como instrumento para superponer voces. Mi preocupación, sobre todo, era que cada voz o cada línea fuese lo más musical posible. Entonces, para que fuese lo más musical posible, tenía que pasar por mi instrumento. Porque por medio de la trompeta es por donde hay un nivel más apurado de todo, de conciencia rítmica y melódica, porque es mi instrumento. Entonces, me gustó mucho hacerlo con la trompeta y últimamente lo hago bastante. Porque cuando toco una melodía, aunque la toque en el registro de la trompeta, me estoy imaginando que esa puede ser la línea del bajo. O sea, que con la trompeta a veces llegaba a componer en distintas alturas y por capas y por voces. Cuando ya las tengo, es cuando me voy al piano y a veces flipo porque digo, mira, es esta armonía. Porque claro, ya cuando tienes como cuatro voces ya tienes una armonía, o cuando tienes tres incluso. Entonces, digamos que esa ha sido un poco la evolución o está siendo. Pero siempre mucho a través de imaginarme la música primero en la cabeza.

Sí, de escucharla ¡Qué bueno! ¡Qué bueno! La verdad que es un proceso bonito siempre y yo creo que todos los artistas aprenden los unos de los otros y es bonito. Todos van a acoger esto que compartes.

Bueno, has estado, digamos, en muchas ciudades viviendo, alimentándote, sacando, chupando de esa cultura. ¿Qué ciudades destacarías como las ciudades, los lugares, los sitios, los países, las culturas en los que más te has visto probado a aprender más aún? Donde te hayas visto apretado, retado, que hayas tenido que empaparte más y no tanto enseñar tú, sino aprender tú. O sea, acoger, recoger.

Bueno, creo que todas tienen un poco de esto. Porque sí es verdad que suelo ser, una persona me suele pasar, ya me conozco que cuando voy a algún lugar y me expreso como músico…, uno se expresa con lo que lleva, con lo que es, pero siempre quedo fascinado por la música y por la forma que encuentro allí de expresión, de la manera de compartir la música. Entonces, me separo mucho de lo que yo soy. O sea, como que pierdo la identidad rápidamente porque me gusta mucho, pero me siento como si ahora, digo “estoy un poco perdido”. Y eso siempre me pasa, pero me gusta esa sensación, ¿sabes? Me gusta porque creo que es como profundizar, es como sumergirte de lleno.

Ha habido tres ciudades claves para mí en ese sentido, pues, por ejemplo, son Nueva York. Pero bueno, Nueva York, donde el primer viaje que tuve así fuerte, pero donde menos me pasó porque está más dentro de lo que venía haciendo. Digamos que no tanto en cómo tocar, sino en más en actitud. En cómo tocar, o sea, hay dos destinos en los que estuve que me han influenciado mucho, Sudáfrica y Brasil. Sudáfrica, digamos, es donde más he sentido el blues, más incluso que en Estados Unidos. Más que allí, ha sido en Sudáfrica, cuando he sentido el abrazo del blues, que es en todo, el blues en todo. En todo, en cualquier tema, en cualquier música, ese abrazo del blues es increíble y esa extensión tan grande que se produce.

Otro choque que tuve después, fue en Brasil, que ha sido la que más me ha costado, donde he sufrido mucho, porque, curiosamente, sentía todo de manera diversa; la acentuación en otros sitios, la forma de dialogar con los músicos, para poder tener una conversación hilada y larga, en cuestiones de energía, en las formas de producir los solos sobre todo, ya no tímbricas, sino densidad de notas y de sonido…etc. No sé, como que ahí es donde más me costaron las formas de sentir dónde se acentúa, dónde subdividimos, sobre todo. Porque yo creo que yo vengo o venimos un poco más del flamenco, de la parte más de los tanguillos, más del norte de Marruecos. Música gnawa, no sé [canta el ritmo]. Y eso también existe en toda la música de origen africano, claro. Pero en Brasil empecé a darme cuenta de que había un montón de música escrita a dos [canta ritmos], o como que el binario era una cosa muy, muy establecida.

Muy marcada.

Exactamente, y después el ternario estaba dentro, por supuesto, pero como desde otro punto de vista. Entonces, no sé, son estas visiones abstractas que cada persona, cada músico tiene en su cabeza. Pero digamos que en Brasil es donde más me costó, y me iba después de a mi casa, después de tocar en una jam, me iba diciendo “creo que no me entiendo”, y tocando Footprints, no tenía que ser tocando una música brasileña. Sí, ahí fue una aventura y es apasionante, porque ahí es donde te das cuenta que el mundo es mucho mundo, y que por mucha música que tú creas que sabes, nunca sabes la suficiente.

Y deseas enriquecerte siempre, como cuentas, que eso da gusto. Da gusto ver siempre a un músico asentado, interesante, con ya un porte importante, que sin embargo habla desde esa humildad, habla desde ese enriquecerse, habla desde ese aprender, yo creo que es una lección que desde la música, digamos, se da a toda la sociedad. O sea, la sociedad puede aprender esto de músicos como tú en este caso, que nos testimonias esta experiencia tan bonita.

Sí, a veces pienso, que la música, con el tiempo se traduce también en un equilibrio con el entorno, en una limpieza de la persona, en una mejoría. Para mí, siempre es una medicina y veo mucho que puede servir para ser mejor persona, o para poder siempre expresar lo mejor de ti. Y a veces, con el simple gesto en una jam session, a la hora de subirte, de tocar, solamente con la forma de presentarte tocando, desde la primera nota, o la forma en la que diriges tu improvisación, la forma con que dejas los espacios, hasta dónde la llevas, con lo que haces sentir al resto de los músicos cuando estás tocando, todas esas cosas, son apasionantes. La música, cuando estás compartiéndola, puedes sentir que estás hiriendo a alguien o no, estás ayudando a que el batería camine si le está costando trabajo, o si sin embargo, le estás llevando con la lengua fuera. Esto a mí me gusta porque es estar con alguien, más allá de los niveles y de lo que uno quiera demostrar. Y eso que nunca se tiene que demostrar nada. Porque muchas veces, esa cosa del jazz en las jam sessions, que hay que ser el mejor, y creo que ahí hay una energía que se transmite totalmente al público y a los músicos.

Totalmente. ¡Qué bueno que se pueda ver de forma aplicada en el escenario, esta mentalidad, esta cosmovisión, esa apertura, esa humildad, ciertamente! Precisamente, acerca de la humildad, creo que muchas veces en la vida son los retos, son esas experiencias que contabas antes, en diferentes destinos, donde uno está siempre dispuesto a aprender. Precisamente, es a través de retos, de pruebas, en la vida y también dentro de la música (dificultades técnicas con el instrumento), como uno puede también forjar esa humildad dentro de uno mismo para luego transmitírsela a los demás y enseñarles la música desde ese lugar, que es el lugar desde donde muchos la vivís y que a la audiencia, a los que nos gusta escuchar, es casi como el punto de atractivo más primario desde el que ya después te metes en la música. ¿Tú qué reto grande has tenido del cual has aprendido algo que nos podríais transmitir? Puede ser de la industria musical, de tu trabajo con otros compositores, un repertorio difícil, el ponerte a componer, una dificultad técnica, una lesión, lo que sea. ¿Ves que en tu música tú has sacado un aprendizaje que nos puedas transmitir, que nos puedas compartir?

Pues mira, uno, que lo extrapolo a todas las situaciones de la música, me lo ha transmitido el hecho de haber hecho improvisación libre colectiva, con más músicos, y cuando tuve también la ocasión de ir de invitado a hacer la gira del CIMIC, que es un ciclo de músicas improvisadas que organizan en Cataluña mis amigos Albert Cirera, Ramón Prats, de DUOT, y me dijeron, “oye, ¿quieres hacer siete o ocho conciertos?” Y yo nunca había hecho tantos conciertos seguidos a trompeta sola. Bueno, pues es un reto de saber estar, que también es lo mismo cuando hace improvisación libre con más músicos. Es una sensación muy muy fina y es algo que parece que es nada, porque saber estar simplemente es sentarte y tener una actitud activa en la escucha y estar tranquilo, y no es tocar aquello que va a ser mejor o peor, o querer desarrollar algo técnico que te lleve a texturas. Ya ni pensando en la música, porque a veces pensando en la misma técnica, las mismas cosas que como músicos trabajamos, a veces yo he terminado en un círculo vicioso que no me ha llevado a ningún sitio, pero sí mucho el saber estar. Y eso lo extrapolo en cualquier momento, en cualquier repertorio, de Big Band, de quinteto, lo que sea, la música que sea. Saber estar significa escuchar la música y entrar escuchándola realmente. Incluso si tienes compases de espera, los compases de espera los cuentas al principio, pero no estás contándolos la segunda vez lo mismo que la primera. La segunda vez ya estás escuchando la música y los compases de espera no son tan importantes, aunque tengas 44, sabes dónde entras porque estás escuchando donde entra el resto de la música. Eso es uno de los retos y es una cosa que creo que siempre, si la tengo en cuenta, mejoraré como músico.

Y la otra cosa que quería compartir es que cuando la música realmente sale como tú quieres, sobre todo a la hora de componer, es cuando menos la he perseguido. Es cuando me ha pillado en un momento en el que no es que no la persiga, sino que no tengo una intención más allá que sea simplemente escribir música. Eso me pasa mucho, cuando tengo que escribir música porque tengo que hacerlo, porque hay un encargo….etc., ahí tengo que manejar todo eso. Pero donde mejor sale todo es cuando hoy escribes un poquito, porque escribes y no tienes por qué escribir para mañana. Hoy escribes, mañana escribes otro poco y esa música no sabes si será para quinteto, para Big Band, o para ti, o para una canción…, no lo sabes pero tú la escribes. Y esa forma de salir la música, hablando de la composición, también me gusta y es un reto para mí. No hacer las cosas un poco así forzadas. Aunque haya oficios de compositor por los que tengas que hacer un arreglo en dos días, o en tres, veo que en este sentido hay una diferencia.

Sí, sí, interesante. Yo creo que es la diferencia entre tener la pretensión de llegar a algo y la postura del que deja que la música pase a través de sí mismo, de alguna manera, y está disponible, más tranquilo también. Depende de tantos factores. Si uno está agobiado, estresado, muchas veces estás como reprimiendo esa posibilidad de que salga el genio. Y cuando estás tranquilo, cuando estás sin pretensiones o sin expectativas tuyas propias es cuando de repente se puede dar la comunicación de una manera más natural y que comunica, pues como tantas veces nos has comunicado tocando y nos comunicas tocando, ¿no? Que llega, llega, realmente llega. Es un gozo. Pues te lanzo la última pregunta, así más sencilla, con desapego. ¿Qué música tiene Julián Sánchez en su reproductor? ¿Qué está sonando últimamente, estos últimos días, estas semanas, cuando tienes tiempo para escuchar? Porque también entiendo que como músico hay mucha parte de aprender repertorio, de componer, de escucharse a uno mismo y tal, ¿no? Pero si hay momentos de escucha de otras cosas y tal, ¿qué cosas están ahí sonando en tu librería de discos, o de bandas, o de artistas?

Pues mira, es una pregunta, es la más difícil de todas las que me ha hecho. Sí, porque, ¿sabes? Lo de escuchar música también es un valor que hay que conservarlo en estos tiempos, ¿no? Lo que es escuchar realmente música. Pero bueno, ahora sí, la que tengo en mente, pues claro. Por ejemplo, he escuchado Jackson Do Pandeiro, artista brasileño, paraibano, relacionado con el forró, el baião, pero donde las letras, la métrica y demás, son un arte, Jackson Do Pandeiro. Quizás porque, claro, como he estado en Brasil, tengo eso más presente. Ahora estoy metido en hacer un arreglo sobre alguna obra de Falla, para un concierto que tenemos en el Festival de Música Española y en el Teatro Falla de Cádiz, con una Big Band. Y ahí he estado también, pues, escuchando El Sombrero de Tres Picos, con el que me voy a pelear un poco, para ver qué desarreglo le hago.

Y las músicas que voy escuchando son las que me voy encontrando ahí. Tengo músicas a las que accedo, como pequeños gurús, ¿no? O sea, los pequeños puntos de música están en las que reconecto. Y esto, pues, pueden ser diferentes, pero se suelen repetir. Por ejemplo, me gusta mucho escuchar a Lester Bowie, Art Ensemle of Chicago. Me gusta mucho revisar los trabajos de Ambrose, porque me conecto mucho con la profundidad suya de entrar en la música, muchísimo. Más allá de que, estilísticamente, estemos más cerca o separados, pero ahí sí. Como eso de Lester Bowie, o como, yo qué sé, siempre en el coche escucho muchísima música y siempre tengo Ornette, siempre algún disco maravilloso de Duke Ellington que de repente dices tú, ¿cómo puedes seguir esto sonando de esta forma tan preciosa? Y Joe Henderson también, siempre es como una perlita, que siempre cuando digo, ¿dónde están los rinconcitos, no? Y entonces Joe Henderson me lleva otra vez a los rinconcitos. Bueno, estas cosas que cada uno tiene su biblioteca así para acceder. Pero bueno, ahora realmente fue Jackson Do Pandeiro y Manuel de Falla, fíjate.

Es curioso cómo en la librería de cada uno hay siempre cosas frescas, cosas nuevas, libros nuevos, recién publicados, ¿no? Y luego otros puntos que son como relaciones humanas, ¿no? Que tú vuelves a ellos cuando necesitas algo, que vuelves a pedirles ayuda, que vuelves a contarles algo, que vuelves… Que se genera una relación y es muy bonito como lo has expresado. Nunca lo había escuchado de esta manera tan familiar y te lo agradezco, te lo agradezco, Julián. Te agradecemos de corazón que hayas estado con nosotros a pesar de los problemas técnicos que hemos tenido antes. Te pedimos perdón por eso. Y te deseamos lo mejor, sabemos que estás haciendo cosas increíbles y que todavía queda por ver cosas más increíbles aún de tu mano y de los que te rodean.

Ojalá, ojalá. En esa estamos. A veces, no es que cueste por nada, sino por la misma vida, el mundo, la locura del mundo, que cuando te ves tan ensimismado en tus cosas y miras alrededor y dices, ¿para qué tanto, no? La locura del mundo que arrastramos hoy en día… Pero bueno, estamos ahí para hacerlo lo más sincero posible con nuestros actos y en mi caso, pues soy músico, “haber elegido muerte”, como decía un amigo mío, es lo que me toca y ahí estamos.

Yo confío plenamente en que lo que haces es un… Arroja luz, ¿sabes? Delante de, como dices, una tesitura, un panorama, una coyuntura internacional que a todos nos deja con congoja, ¿no? Pero de verdad, que los puntos de luz los hay. Yo soy de esas personas positivas que en este sentido me gusta valorar que tengo la oportunidad de hablar con un punto de luz, ¿no? Y que tenemos la oportunidad de que esto lo puedan escuchar otras personas, y puedan ver que hay puntos de luz, ciertamente. Así que nada, Julián, te agradecemos mucho todo lo que nos compartes, todas las palabras, todas las experiencias y de verdad esperamos verte pronto en los escenarios también y fuera de los escenarios, que también siempre es un gozo.

Muchas gracias, Julián.

A ver si nos vemos en persona algún día y a seguir ahí. Gracias por vuestra labor y nada, a seguir para adelante y mucha fuerza, ánimo y salud para todos.

Igualmente, Julián. Un abrazo.

 

27 de enero de 2026

Café El Despertar Jazz Club – Carolina Ruiz Interview

Café El Despertar Jazz Club – Carolina Ruiz Interview

Café El Despertar
Jazz Club

Carolina Ruiz
Interview

22

Enero, 2026

Texto: Pedro Andrade

Fotos: © Fernando Tribiño 

 

Resistir desde el jazz: El Despertar cumple 45 años como refugio musical en Madrid

En una esquina discreta del barrio de Lavapiés, en Madrid, mientras un contrabajo se afina y las onversaciones se cruzan entre mesas pequeñas y luces cálidas, el jazz sigue respirando con naturalidad. El Café El Despertar no es solo un club: es un refugio cultural, un punto de encuentro y una memoria viva de la ciudad. En un Madrid donde los espacios dedicados a la música en directo luchan por sobrevivir y donde el cierre de locales históricos ha dejado una herida profunda en la escena, cumplir 45 años es mucho más que una efeméride: es un acto de resistencia.

Fundado en 1981, en plena Transición, El Despertar nació como un proyecto cultural íntimamente ligado al jazz, a la tertulia, al pensamiento crítico y al encuentro humano. Cuatro décadas después, ese espíritu sigue intacto, aunque el contexto sea más complejo que nunca. Mantener viva la llama del jazz en Madrid exige hoy convicción, trabajo constante y una enorme dosis de amor por la música y por quienes la hacen posible.

Al frente de esta nueva etapa se encuentra Carolina Ruiz, hija de los fundadores, que asumió la gestión del local en un momento especialmente delicado, justo antes de la pandemia. Con una mirada que combina memoria, sensibilidad y compromiso, Carolina ha sabido recoger el legado familiar y transformarlo en una programación viva, diversa y profundamente conectada con la escena local y nacional. Bajo su dirección, El Despertar sigue siendo un espacio donde conviven generaciones de músicos, donde el público joven descubre por primera vez la emoción de un concierto de jazz en directo y donde la comunidad se construye noche tras noche.

La entrevista tuvo lugar entre la prueba de sonido de un concierto y el bullicio propio de un local en plena actividad. El rumor de las conversaciones, el roce de los instrumentos, el ir y venir de músicos y camareros acompañaron una charla sincera y cargada de emoción. Un ambiente en movimiento que refleja exactamente lo que es El Despertar: un lugar que invita, que llama y que propone vivir la música de cerca, sin artificios, en contacto directo con quienes la crean.

In&Out Jazz Magazine: Gracias por recibirnos Carolina. Sabemos el ajetreo que supone hacer este parón. Estamos aquí por un motivo especial: los 45 años del Café El Despertar, todo un hito que además ha sido reconocido por distintas instituciones. De hecho, este año habéis recibido el Premio Jazz con Sabor a Club de Madrid en Vivo.

Tú llevas al frente de El Despertar desde la pandemia. ¿Qué emociones te recorren al pensar en la trayectoria del local? ¿Y qué supone para ti darle continuidad en el futuro a un espacio tan querido?

Carolina Ruiz: ¡Qué pregunta más bonita! Pues muchísimas emociones, me costaría resumirlas. Empecé justo antes de la pandemia, en un momento muy delicado a nivel personal porque a mi padre le detectaron un cáncer —afortunadamente se pudo atajar a tiempo— y enseguida llegó todo lo demás.

El Despertar para mí es hogar y familia. La música ha estado siempre presente en mi vida, no conozco un momento sin jazz, y sin jazz en vivo. Desde pequeña he escuchado discos en casa, he visto a mi padre cantar canciones montañesas —él es cántabro—, he vivido la música como algo cotidiano.

Venir aquí con él, sentarnos en silencio a escuchar, observar a los músicos y a las personas… todo eso forma parte de mi memoria. Es una mezcla muy profunda de familia, descubrimiento del mundo, de las personas y de sus singularidades. También hay un deseo muy fuerte de conservar el pasado, integrándolo con el presente, que es enorme.

In&Out Jazz Magazine: Tus padres abrieron el Despertar en 1981. ¿Cuáles fueron sus motivos para crear un lugar así? ¿Fue una decisión puramente musical o había también una voluntad cultural y social?

Carolina Ruiz: Es un relato que he ido recibiendo desde siempre, casi de forma oral. Sé que el impulso inicial fue de mi padre. Durante la pandemia me dediqué a ordenar papeles, proyectos, libros, discos, cintas, vinilos… y ahí encontré su historia de una forma casi arqueológica.

El nombre “El Despertar” tiene mucho sentido. Fue su despertar personal. Mi padre era ingeniero, daba clases en la Politécnica, venía de una familia trabajadora y había alcanzado una posición estable. Pero con la muerte de Franco y la Transición, empezó a sentir inquietudes muy fuertes relacionadas con la cultura, la música, las humanidades y la política.

Conoció a restauradores, empezó a imaginar un proyecto cultural ligado al jazz, al encuentro, a la tertulia. Compró este local, que antes era una tienda de ultramarinos, y construyó un espacio inspirado en los cafés de tertulia de finales del XIX y principios del XX, con la música en vivo como eje central. Todo lo que se ve aquí es una puesta en escena pensada al detalle.

Cumplir 45 años hoy es casi un acto de resistencia, más aún con el cierre de espacios históricos como el Café Central. ¿Cómo se vive esa resistencia?

La resistencia está en el origen. Mi padre siempre me explicó que montó el Despertar porque era huérfano, porque no tenía una oposición familiar que le frenara. Tomar la decisión de abrir un club de jazz no tiene que ver con el capital económico, sino con una convicción profunda, con una necesidad vital.

Eso sigue siendo así. Es una mezcla de pasión y necesidad personal de riqueza interior. Esa riqueza es la que te da fuerzas para resistir. Además, no es una resistencia individual: es una sinergia entre quienes programamos, los músicos y el público. Se crea una comunidad, que era exactamente el propósito original del Despertar.

¿Cómo describirías al público que viene hoy al Despertar? ¿Qué tipo de oyentes sentís que os acompañan y qué buscas que se lleven después de cada concierto?

Algo que me sigue sorprendiendo muchísimo es la cantidad de público joven. Jóvenes que, en muchos casos, se encuentran aquí por primera vez con un concierto de jazz en vivo. Muchos salen muy emocionados, muy agradecidos por la experiencia.

Eso es precioso, porque demuestra que la música en vivo sigue teniendo un poder enorme. Me gusta pensar que se llevan una vivencia real, una conexión directa con los músicos, con el espacio y con ellos mismos. Si salen con curiosidad, con ganas de volver a escuchar música en directo, ya hemos hecho algo importante.

La programación es muy intensa, prácticamente continua. ¿Qué criterios utilizas para seleccionar a los músicos?

Aprendí el oficio viendo a mi padre programar. Tenía un cuaderno —que ahora yo he replicado— y hablaba directamente con los músicos. Sus criterios tenían que ver con el talento local, con su gusto personal y con la complicidad humana.

Hoy el criterio sigue siendo muy parecido: calidad musical y calidad humana. Tiene que haber química y comprensión del proyecto. Hay tantísimos músicos de gran nivel que no doy abasto. Debería haber muchos más clubes de jazz como este en Madrid.

Aquí confluyen generaciones: músicos que venían con mi padre, los de mi generación y otros mucho más jóvenes. También llegan artistas de fuera, a través de giras y de redes. Todo eso crea una red muy viva.

En El Despertar hacemos jazz cuatro días a la semana, diez meses al año, porque existe una escena local y nacional riquísima, muy activa y en constante crecimiento.

Para terminar, ¿cuándo se cumplen exactamente los 45 años y si tenéis pensado celebrarlo?

Fue en primavera de 1981, así que la celebración real será en 2026. Me encantaría poder hacer una buena celebración, con una programación especial. El espacio es pequeño, así que veremos si puede ser en uno o dos días, pero ojalá tenga la energía y la organización para hacerlo como se merece.

Muchísimas gracias, Carolina. Volveremos en primavera.

Gracias a vosotros. Esta siempre será vuestra casa.

Escrito por Pedro Andrade

22 de enero de 2026

Iván Melón Lewis Trío – Jazz Círculo – Círculo de Bellas Artes de Madrid – Luces y Sombras Review

Iván Melón Lewis Trío – Jazz Círculo – Círculo de Bellas Artes de Madrid – Luces y Sombras Review

Iván Melón Lewis Trio

Jazz Círculo
Círculo de Bellas Artes de Madrid
Luces y Sombras
Review

20

Enero, 2026

Texto: Pedro Andrade

Fotos: Fernando Tribiño

In&OutJazz Magazine Review. Álbum: Luces y Sombras. Iván Melón Lewis, piano / Gastón Joya, contrabajo / Georvis Pico, batería. JAZZ CÍRCULO. Círculo de Bellas Artes. Madrid

Grabar en trío sigue siendo uno de los mayores actos de riesgo en el jazz. Un formato clásico, sin red ni artificio, que expone cada gesto, cada silencio y cada decisión en tiempo real. En Luces y Sombras, ese riesgo no solo se asume, sino que se convierte en motor creativo. El empaste, la escucha profunda y la comunicación constante entre Iván Melón Lewis, Gastón Joya y Georvis Pico sostienen un discurso donde nada parece impuesto y todo fluye desde la confianza mutua.

El álbum, construido íntegramente a partir de composiciones originales, se articula como un viaje interior marcado por el contraste. Luz y penumbra, certeza e incertidumbre, avance y pausa. No como oposición dramática, sino como estados complementarios que definen tanto la experiencia vital como el acto creativo. La música avanza con esa conciencia: sabiendo que no siempre hay respuestas, pero sí dirección.

La apertura conceptual se insinúa con Momento, una pieza que gira en torno a una nota persistente, inamovible, mientras la armonía muta a su alrededor. El efecto es hipnótico: la esencia permanece firme y el contexto se transforma, como si el oyente observara una misma figura bajo distintas luces. El trío maneja el espacio con delicadeza extrema, permitiendo que el tiempo respire y que el silencio se integre como parte activa del discurso.

En el tema: Big Kenny, el lenguaje se expande hacia una improvisación más abierta y arriesgada. La estructura se diluye en favor de un flujo cadente, con pasajes de carácter free que nunca pierden la cohesión. El piano explora con libertad, el contrabajo propone, camina y sostiene, y la batería, aun con sus momentos de protagonismo, dialoga desde la sutileza, creando un equilibrio frágil pero profundamente expresivo. Es un ejemplo claro de cómo el riesgo, cuando hay comunicación real, se transforma en claridad.

Uno de los momentos más emotivos del álbum llega con Danzana, dedicada a la abuela materna de Lewis, y quizás el tema donde la raíz cultural se manifiesta con mayor claridad. El contrabajo introduce un tumbao, unas veces más y otras menos explícito, que dialoga con una estructura flexible y elegante. La danza no es festiva en el sentido tradicional: es memoria, es gesto contenido, es movimiento con peso emocional. El trío consigue integrar tradición y modernidad sin subrayados, permitiendo que el pulso ancestral conviva con un lenguaje armónico contemporáneo y abierto.

El eje conceptual se condensa en Luces y Sombras, pieza central del álbum y reflejo más claro de su espíritu. Las dinámicas contrastantes, los desplazamientos armónicos y la interacción rítmica construyen un paisaje donde conviven seguridad y duda, impulso y recogimiento. No hay resolución definitiva, solo tránsito. La música avanza como lo hace la vida: entre certezas provisionales y búsquedas abiertas.

El cierre con Be aporta una dimensión especialmente emotiva al conjunto. Una balada a piano solo, despojada y luminosa, registro que estuvo a punto de quedar fuera, pero que encontró en el reposo y en el espacio su verdadera fuerza. Aquí, cada nota parece colocada con plena conciencia de su peso emocional. Es una interpretación acogedora, casi suspendida en el tiempo, donde el silencio amplifica el significado y la sencillez se convierte en profundidad. Un final que no concluye, sino que abraza.

Luces y Sombras se inscribe con solidez en la trayectoria de Iván Melón Lewis, una voz reconocida del jazz actual, respaldada por múltiples nominaciones a los Premios Grammy Latinos, pero, sobre todo, por una identidad artística claramente definida. Este no es un disco que busque impresionar desde el exceso, sino conmover desde la honestidad. La música aquí no pretende explicar nada: acompaña.

Más que un título, Luces y Sombras es una reflexión sonora sobre el hecho de estar en el mundo. Una huella musical de un viaje interior que, como el jazz mismo, nunca se detiene.

Texto: Pedro Andrade

20 de enero de 2026

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