34º Guimarães Jazz Festival 2025

34º Guimarães Jazz Festival 2025

34º GUIMARÃES JAZZ FESTIVAL 2025 

29

Noviembre, 2025

Asistimos a la 34ª edición del Festival de Jazz de Guimarães, cuna de Portugal. La ciudad combina palacios, arquitectura histórica y calles empedradas que conservan su trazado medieval, en diálogo constante con edificios contemporáneos y espacios culturales en activo. El festival (del 6 al 15 de noviembre de 2025) dirigido artísticamente por Ivo Martins, tuvo lugar en el Centro Cultural Vila Flor (CCVF), que este año celebra su 20º aniversario, un complejo que reúne teatro, música y artes visuales, y que funciona como uno de los motores culturales de la ciudad. El museo de arte contemporáneo y la intensa programación artística refuerzan a Guimarães como un territorio vivo, con una identidad que se renueva sin perder sus raíces. Ivo Martins ha dado forma a una programación que privilegia discursos sólidos, proyectos con identidad propia y propuestas que expanden el lenguaje del jazz contemporáneo, apuesta por obras que no buscan el impacto inmediato, sino una lectura profunda del presente musical.

 

Arrancamos el festival el 13 de noviembre con Mark Turner Quintet que presentó, en el Centro Cultura Vila Flor (CCVF), Reflections on: The Autobiography of an Ex-Colored Man, un proyecto de composiciones propias donde la narración y la música avanzan en planos paralelos. Turner leyó fragmentos de la novela de James Weldon Johnson mientras el quinteto, compuesto por luminarias como Jason Palmer, David Virelles, Matt Brewer y Nasheet Waits, articuló una suite de diez movimientos que funcionó como una exploración sonora de los temas del libro. La palabra narrada no fue solo un complemento, sino la estructura sobre la que la música se despliega con intención narrativa. El concierto avanzó como una historia compartida, donde identidad, memoria y música formaron un mismo cuerpo sonoro. En lo técnico, la propuesta se sostiene en una escritura rigurosa con una interacción controlada. Mark Turner trabaja líneas extensas, de una claridad casi arquitectónica, que se apoyan en la armonía abierta del piano de raíces afrocubanas de David Virelles. Sus repeticiones rítmicas funcionan como pequeños mantras que reorganizan el espacio del quinteto. Jason Palmer desarrolla sus intervenciones desde una lógica melódica limpia, sin exhibicionismo. Matt Brewer al contrabajo sostiene el peso del diseño armónico con una estabilidad permanente, y Nasheet Waits a la batería maneja la tensión con un pulso que crece por capas, a veces desde la insinuación y otras desde el ataque directo. El resultado es un lenguaje contemporáneo, técnicamente complejo, expuesto con claridad. Es quizá el trabajo donde Turner integra con más coherencia su pensamiento musical y su lectura del legado afroamericano.

Set list: Mevement 1. Anonymous/ Movement 2. Juxtaposition/ Movement 3. Pulmonary Edema/ Movement 4. New YorK/ Movement 5. Europe/ Movement 6. The Texanic. The Soldier/ Movement 7. Mother, Sisteru Lover/ Movement 8. Pragmatism/ Movement 9. Identity Politics/ Movement 10. Closure

El trío Taborn/Reid/Smith protagonizó la propuesta más alejada de la ortodoxia jazzística dentro del festival. Craig Taborn, al piano y electrónica, junto a la violonchelista Tomeka Reid y el baterista y percusionista Ches Smith, conforman tres figuras de la vanguardia creativa estadounidense que se mueven dentro del circuito de la música improvisada y el jazz contemporáneo.

Craig Taborn es un pianista e improvisador que trabaja desde la composición espontánea y desde la exploración experimental del piano, construyendo improvisaciones complejas desde una visión única. Tomeka Reid, compositora e improvisadora nacida en California, formada en la música clásica e integrada en la tradición de la diáspora africana, vinculada al minimalismo contemporáneo destaca por su amplitud sonora y el uso de técnicas poco convencionales de manipulación del violonchelo. Ches Smith es un baterista, percusionista y compositor radicado en Nueva York, es un músico destacado en la intersección del jazz con las tendencias experimentales, la música noise y el metal, contribuyendo con una versatilidad experimental.

El trío presentó un proyecto electroacústico que prioriza el enfoque del conjunto sobre el solista construyendo el sonido desde la improvisación estructural, con un abordaje de la música desde la exploración del sonido y no desde la forma, entrelazando y alternando roles melódicos y rítmicos. El sonido se articuló desde las texturas: capas espaciales, tensiones suspendidas, electrónica que expandió el espectro tímbrico y polirritmias que se abrieron en múltiples direcciones. Música sorprendente y excitante, elaborada, compleja y en constante desarrollo, desde el minimalismo de cámara contemporáneo hasta irrupciones de energía pura.

Set list:  Dream Archive/ Junk Magic/ Enchant/: Craig Taborn.  Mumbo Jumbo: Paul Motian/ When Kabuya Dances: Geri Allen/ Loue in Kone Outer Saace:  Sun Ra.

Asistimos a un set libre presentado por Sonoscopia, un colectivo con sede en Oporto dedicado desde 2011 al arte sonoro, la investigación y la música experimental. El concierto, centrado en música improvisada y la creación contemporánea, estuvo a cargo del trío Kvelvane – Østvang – Vermeulen, formación de saxofón, batería y contrabajo. Sin partitura alguna, los tres se lanzaron a la improvisación pura, una avalancha de ideas, cascadas de notas que avanzan hasta unirse en una música desenfrenada de energía feroz compartida. Tres músicos que se desplazan con total libertad por diversas corrientes estéticas de la creación musical actual. Se trata de un proyecto todavía en fase temprana de consolidación dentro del panorama de la improvisación y del jazz.

La saxofonista noruega Heidi Kvelvane, presentada por Jan Granlie para Salt Peanuts en #IWD2025 (#womentotheforce 2025) dentro de EJM, aportó un enfoque fresco surgido de la escena de improvisación contemporánea de su país. Destacó por un tono incisivo, vibrante y exploratorio, fruto de su trabajo dentro de la escena nacional noruega y de sus colaboraciones con la Bergen Big Band. Tollef Østvang, baterista, improvisador y compositor noruego formado en el conservatorio de Paris y de Ámsterdam, figura clave en Trondheim, desplegó un toque enérgico, contundente y creativo, moldeado por el jazz y la creación instantánea. Nils Vermeulen, contrabajista, investigador acústico y constructor de instrumentos, aportó un enfoque expansivo alimentado por su experiencia en el free jazz, la improvisación y la música contemporánea. Es música en el aquí y ahora.

Set list: Ondulado/ Lastillo/ Caramulotemporánea

Después de su debut discográfico con el sello español Fresh Sound Records, que recoge la primera grabación de estudio del saxofonista y compositor británico afincado en Nueva York, Alex Hitchcock con All Good Things en 2018, se sitúa en el festival de Guimarães al frente de Alex Hitchcock Quintet. Formado por Alex Hitchcock, al saxofón tenor, Dave Adewumi en la trompeta, Will Barry al piano, Ben Tiberio, al contrabajo, y la franco-brasileña Ananda Brandão en la batería. Un grupo integrado por músicos de UK y EE. UU. residentes en Nueva York, un quinteto solvente de new talents con camino de éxitos recorridos y por recorrer. Además, fueron los responsables de liderar durante tres noches la jam nocturna del festival en el Café Concerto del CCVF.

Alex Hitchcock compositor y director de orquesta nacido en Londres, es considerado una figura emergente en la escena del jazz británico estudiante de la Royal Academy of Music de Londres, presentan un set de melodías potentes e improvisaciones exquisitas, con texturas y fraseo sobrio, elegante, sutil y armonioso, desarrolla acordes y armonías que evolucionan hacia una asimilación natural de influencias clásicas y contemporáneas, siempre con un claro sentido de sofisticación armónica. Los solos resultan especialmente notables, con las líneas de tenor de Hitchcock como eje central.

Will Barry proporciona lirismo, sutileza y refinamiento. En la batería, Ananda Brandão desplegó un enfoque proactivo y contemporáneo, de diálogo con las líneas de Hitchcock y Adewumi. La combinación equilibrada de personalidades musicales confirma que esta unidad es de un potencial notable.

Set list: Eo / Triumph / Wishlove / Bright White Light / Pull of the Line / Rio

La 34.ª edición del Guimarães Jazz concluye con el regreso del compositor y pianista Danilo Pérez, que vuelve a este escenario donde actuó en 2006 como integrante del Cuarteto Footprints de Wayne Shorter, en uno de los conciertos más recordados de la historia del festival. En esta ocasión, Pérez se presentó junto a la Bohuslän Big Band, la orquesta sueca fundada en 1950 y formada por dieciséis músicos estables.

El set fue una retrospectiva de su obra, caracterizada por la integración del jazz con músicas folclóricas latinoamericanas y africanas. Una visión de global-jazz pasando por múltiples territorios, desde Panamá, al bolero, hasta pasajes abiertos de free jazz. La música operó como vehículo de conexión, como un ejercicio de diplomacia cultural que apuesta por la colectividad y la circulación de ideas.

La propuesta fue también un viaje hacia las raíces personales y culturales del pianista. Danilo Pérez se sitúa como embajador cultural de Panamá. La música, en palabras de Danilo Pérez es concebida como una forma de terapia capaz de generar un espacio de esperanza de vida. Entre los momentos destacados, estuvo una pieza de Danilo Pérez Beloved/ One for Toni Morrison dedicada a Toni Morrison. Pegasus de Ale Moller, Across The Crystal Sea de Claus Ogerman y otras piezas compuestas por Danilo como, Suite for Americas, Galactic Panamá, Sunburn & Mosquito. El concierto culminó con un cierre a piano solo, una versión de Round Midnight que selló la noche.

Seat list: Pegasus de Ale Moller/ Suite for the Americas, Across the Crystal Sea de Claus Ogerman/ Sunburn&Mosquito, Beloved / One for Toni Morrison, Galactic Panamá, Expeditions, 2 Movement, Irremediablemente Solo, Lumen de Danilo Pérez /Round Midnight

Bohuslän Big Band: Oakim Rolandsson  saxofón alto, instrumentos de viento madera/ Orfeus Wärdig Tsoukalas  saxofón alto, instrumentos de viento madera, saxofón tenor/ Linus Lindblom, instrumentos de viento madera/ Mikael Karlsson,  saxofón tenor, instrumentos de viento madera/ Alberto Pinton,  saxofón barítono, instrumentos de viento madera/ Lennart Grahn  trompeta, fliscorno/ Samuel Olsson  trompeta, fliscorno/ Staffan Svensson, trompeta, fliscorno/ Jan Eliasson , trompeta, fliscorno/ Niclas Rydh,  trombón / Christer Olofsson,  trombón / Hanne Småvik,  trombón / Gustav Wiklund,  trombón bajo/ Olli Rantala,  contrabajo/ Lisbeth Diers, percusión/ Göran Kroon, batería/ Danilo Pérez  (feat.) piano.

29 de noviembre de 2025

Enjoy Jazz Heidelberg 2025

Enjoy Jazz Heidelberg 2025

ENJOY JAZZ

Heidelberg 2025 

24

November, 2025

Enjoy Jazz Reaches Its 27th Edition: Three days are enough to understand its greatness

Attending Enjoy Jazz this year meant stepping into a space where music doesn’t just sound — it thinks. This is no coincidence: behind that artistic architecture is the hand of Rainer Kern, a figure who understands jazz as a tool for cultural transformation. A scientist by training, cultural diplomat, and founder of the festival in 1999, Kern has turned Enjoy Jazz into more than an event: it is a platform where memory, politics, and experimentation intersect, capable of sparking social dialogue that extends far beyond the stage. The festival, held from October 2 to November 8 and featuring over 50 performances, is an ambitious undertaking sustained only by a strong network of coordination and trust.

This institutional and private framework supporting the festival should not be taken for granted. It is a tangible demonstration of what can be achieved when institutions, businesses, and civil society understand culture as an investment in sensitivity, education, and cohesion. Enjoy Jazz confirms that when a community commits to the arts, it does so not merely for entertainment but for expansion: to learn, to know itself, to expose itself to new stimuli that broaden perception.

 

Within this context, the first major impact came from Dee Dee Bridgewater and her program “We Exist,” an artistic gesture that is also a political statement. Bridgewater shaped the repertoire with a presence that transcends the category of “great vocalist”: she acted as an active witness to a legacy that reaches back to Max Roach and Abbey Lincoln, yet is being urgently rewritten today. Her voice remains a vessel of memory and resistance, capable of sustaining a discourse that embraces both historical pain and communal strength. At her side, Carmen Staff anchored the piano with an admirable balance of leadership and sensitivity; Rosa Brunello brought a double bass full of intention, firm and attentive to space; and Julie Saury, on drums, contributed an elegant, sober, almost narrative pulse that rounded out a profoundly meaningful ensemble. The exclusively female lineup was not merely an aesthetic choice—it was a declaration of independence in a circuit still burdened by patriarchal inertia. At the BASF auditorium, filled to every seat I could see, the concert resonated like a conversation between generations: the critical tradition of jazz updated without nostalgia, delivered with an ethical clarity that one can only appreciate.

With The Young Mothers the following day, the terrain changed completely. There, structure revealed itself within apparent devastation. What may seem chaotic is crafted with meticulous design: tensions that accumulate, explosions that morph into new forms, energy that transforms rather than dissipates. Ingebrigt Håker Flaten—whom I had the chance to interview—leads the sextet with an almost physical intuition, sustaining a project integrating free jazz, hip-hop, noise, hardcore, and groove as if all belonged to the same ancestral code. Jawwaad Taylor opened poetic fissures within the turbulence; Horne pushed the guitar into abrasive zones; Rosaly and González generated a rhythmic topography that was unpredictable yet rigorous. In the Betriebswerk, that former railway workshop with its raw industrial aesthetic, the music took on an almost ritualistic power. It was a concert for listeners willing to lower their defenses: those who did found a fierce coherence within the excess.

On Sunday, November 2, in a morning slot, I attended the first of two performances by Shai Maestro — a concert that offered respite, yes, but never intellectual rest. Maestro plays with a disarming sincerity: every phrase seems to search for an inner truth rather than a technical solution. His trajectory — from classical piano to the revelation of Jarrett, from competitions to his refusal to enter Berklee, from studying with Avishai Cohen to his consolidation with ECM — is evident in the way he breathes music, how he lets ideas articulate themselves with an almost organic naturalness.

Jorge Roeder provided a warm, rounded double bass sound, full of intention; Ofri Nehemya offered drumming of extraordinary sensitivity, attentive to even the slightest detail; and Agdy Lehavi added layers of synthesizer that expanded the quartet’s emotional universe without displacing its acoustic core. In a world where music is cleaned, edited, and quantized until it loses its soul, hearing Shai Maestro is a reminder that the human — the imperfect, the uncertain, the revealing — remains the true substance of jazz.

That same day, in the late afternoon and evening, I attended a concert that was entirely new to me. Kruder & Dorfmeister activated memories of an era when electronic music became an emotional and urban language. Their return with K&D Sessions Live is not merely nostalgia but a reaffirmation of an aesthetic that shaped the sensibility of the 1990s. Their blend of downbeat, dub, trip-hop, and nu-jazz remains elegant, atmospheric, crafted with timbral precision. It is not the kind of risk I personally seek in a festival concert, but the influence and magnetism they exert on their audience — their audience — is undeniable; the crowd lived the night as a generational rite, giving themselves over to an aesthetic that appeals not to euphoria but to immersion. There were moments of diffuse, almost cinematic beauty.

Three days at Enjoy Jazz were enough to confirm that the festival is not just a brilliant program: it is a cultural ecosystem where music is lived as thought and as action. I am deeply grateful for the invitation and the care received, especially thanks to the impeccable work of Michael Braun. At a time when culture needs arguments, support, and vision, Enjoy Jazz shows that coordination, commitment, and collective effort can turn a territory into a true laboratory of sensitivity. Where music is listened to in order to understand the world, society becomes a little more lucid.

November 24, 2025

NUEJAZZ Nuremberg 2025

NUEJAZZ Nuremberg 2025

NUEJAZZ Nuremberg 2025 

20

November, 2025

Text: Pedro Andrade

Photos:  ©Helene Schuetz

From Barracks to Sound Temple: Z-Bau and the Renaissance of European Jazz

There are cities that sound. Nuremberg doesn’t just vibrate—it breathes music, with a memory that refuses to dissolve in time. Walking through its stone streets feels like tracing a score written between Gothic arches and modern rhythms; between the medieval echo of the Kaiserburg and the urban pulse that emerges from its bars, museums, and festivals. This city, so deeply marked by its history—the glory of the Holy Roman Empire and the shadow of the trials that redefined global justice—has learned to translate memory into living culture. Its Office of Tourism and Culture (CTZ Nürnberg) doesn’t merely promote landmarks; it orchestrates the city, programming music, art, and festivals throughout the year. Among its offerings are jazz, classical, rock, and electronic events, as well as art exhibitions—many of them free—with a goal that goes beyond visibility: to build community and artistic sensitivity.

In this urban score, the Z-Bau acts as a double bass: deep, persistent, warm. This building, originally a 19th-century military barracks, has lived many lives—hospital, SS facility, U.S. Army base after World War II—until falling into near ruin in the 1990s. Today it stands as a self-managed cultural center, housing concert halls, workshops, galleries, and clubs—a symbol of Nuremberg’s creative rebirth. Its industrial façade, its austere yet welcoming interiors, and its underground spirit make it the perfect stage for the NUEJAZZ Festival, which in 2025, under the artistic direction of guitarist Frank Wuppinger, once again proved that contemporary jazz defies labels: it’s attitude, auditory thought, and shared risk.

The experience unfolds across three distinct spaces: Saal, spacious and resonant; Galerie, intimate and close; and Roter Salon, warm and ideal for more exploratory performances. Each concert benefits from flawless technical work and a discreet, well-coordinated staff—fully aware that the music must remain the star.

 

The festival I can see opened with Anima, the Dresden-based quintet that crafted a sonic landscape seemingly born from the earth itself. Joel Ferrando (trumpet), Arthur Clees (vibraphone), Lorenz Glöckner (guitar), Kevin Knödler (bass), and Samuel Dietze (drums) built a delicate, almost ritualistic balance where silence mattered as much as sound. Their music, reminiscent of ECM’s lyricism, carried the rawness of youth and the sincerity of discovery, transforming introspection into a collective act. The way the quintet wove tension and release, landscape and inner space, made it clear that silence, too, can be music.

The energy shifted later with Àbáse, led by Szabolcs Bognár (keyboards & production). With Fanni Zahár (flute), Ori Jacobson (saxophone), Giacomo Tagliavia (bass), Ziggy Zeitgeist (drums), and additional percussion, their set fused jazz, Afrobeat, Brazilian rhythms, and electronic textures. Each passage pulsed with hypnotic movement—a lesson in how music can be ritual and dance at once. Their message felt almost philosophical: spirituality can groove.

Then came Jazzanova ft. Wayne Snow, veterans of Berlin’s nu-jazz scene, unfolding a universe where soul, electronics, and house interlaced. Christoph Adams (piano, vocals), Wayne Snow (vocals), Christoph Bernewitz (guitar), Stefan Ulrich (trombone, electronics), Sebastian Borkowski (sax, flute), Florian Menzel (trumpet), Paul Kleber (bass), and SJan Burkamp (drums) offered elegance without solemnity. Wayne Snow led the session to near-mystical territory with his airy, sensual voice, while the collective deconstructed jazz with the reverence of a cubist painter dismantling reality without destroying it.

And then came Embryo, the moment that left an indelible mark. Led by Marja Burchard (vibraphone, organ, synth, vocals, santur), daughter of the band’s founder, alongside Johannes Schleiermacher (sax, flute, synth), Maasl Maier (bass), and Jakob Thun (drums), the group embarked on a hypnotic journey through psychedelia, free jazz, and world music. Embryo doesn’t sound nostalgic—it sounds alive, a dialogue between generations where every musical phrase feels both ancient and futuristic. Each improvisation, each interlude, pulses with risk and precision. The band blends cultures and eras effortlessly, reminding us that jazz can be cosmopolitan, experimental, and deeply human all at once. It’s not just something you hear—it’s something you feel, as if the music expanded the Z-Bau’s very walls.

Between concerts, DJs Allynx & Sean Steinfeger spun atmospheric sets, keeping the audience suspended between contemplation and movement—not filler, but emotional choreography.

The second day opened with the Andromeda Mega Express Orchestra (AMEO), a collective beast led by Daniel Glatzel (composition, sax). With Laure Mourot and Sonja Horlacher on flute, Taiko Saito on vibraphone and percussion, Arne Braun and Kalle Zeier on electric guitars, Anna Viechtl on harp, Matthias Pichler on bass, and Marius Wankel on drums, the orchestra showed how symphonic and experimental forces can coexist naturally. Each musician listened and responded, transforming the ensemble into a living organism: phrases intersected, riffs intertwined with percussion, and silences created tension before release. AMEO embodies collective risk turned into sound—where composition and improvisation melt seamlessly.

Singer Enji (Enkhjargal Erkhembayar) offered the festival’s most intimate moment. I arrived near the end of her concert, but her voice—laden with melancholy and serenity—filled the Roter Salon with an almost sacred atmosphere, proving that emotion and restraint can coexist in perfect harmony. She will soon perform in Madrid, where I’ll make sure to attend with more space for deep listening.

Jelena Kuljić & Fundamental Interactions ft. Olga Reznichenko went for political intensity and sonic provocation: Yugoslav poetry, fractured electronics, and improvisation without a safety net. With Kalle Kalima (guitar, electronics), Tim Dahl (bass), and Christian Lillinger (drums), they reminded us that jazz isn’t always meant to please—it can also unsettle, offering beauty and conceptual breadth through irony.

The Peter Gall Quintet delivered an exquisite balance of virtuosity and restraint. With Wanja Slavin (alto sax, synth), Carl Morgan (guitar), Rainer Böhm (piano, synth), Matthias Pichler (bass), and Peter Gall (drums), they proved that music can be profound, elegant, and moving without being ostentatious—a reminder that sophistication can also be subtle.

The Nebbia / Downes / Lisle trio performed as a single organism. Camila Nebbia, on saxophone, didn’t just play notes—she turned them into whispers, laments, or contained explosions, shaping timbre until every phrase felt like it emerged from the audience’s own breath. Kit Downes, on piano, acted not as accompanist but as an architect of sonic space—constructing harmonies that could be ethereal, dense, or abrupt, often using silence as material as vital as the keys themselves. Andrew Lisle, on drums, didn’t simply keep time—he added texture, tension, and surprise, transforming percussion into an emotional landscape.

What fascinates about this trio is their coherence amid freedom. Improvisation here isn’t chaos—it’s continuous conversation, where each musician listens, breathes, and responds in real time, creating moments of absolute suspension, when the listener feels both on the edge of an abyss and somehow safely held. Their performance became a metaphor for mutual trust in improvised music: shared risk transformed into pure beauty.

The festival closed the day with Sera Kalo, joined by Igor Osypov (guitar, synth), Sofia Eftychidou (electronic bass), and Dylan Greene (drums). Blending soul, jazz, and electronics, her vocal energy and stage presence showed that jazz can remain both political and poetic when it moves you.

The success of NUEJAZZ 2025 also owes much to the flawless coordination of the agents behind it: the Nuremberg Office of Tourism and Culture, with Nora Hefny and Franzisca Steyer welcoming guests, and Judith Kobus of cubus-music, whose strategic work in PR, artistic communication, and overall management strengthened the festival’s visibility and that of its artists.

Leaving the Z-Bau at the end of the night felt like waking from an urban dream: the cold air on the way to the tram smelled of history, gingerbread, and suspended chords. The city shimmered under the golden light of its walls, reminding us that here, the past doesn’t weigh—it resonates. And one can’t help but think, with irony, that perhaps jazz itself is precisely that: a way of rebuilding the world, note by note, after every catastrophe.

November 20, 2025

Canarias Jazz Showroom 2025

Canarias Jazz Showroom 2025

CANARIAS JAZZ SHOWROOM 2025

Ana Ayala Sextet Interview

Enrique Thomspon & Revirado Project

Lilu/Tristao/Lobo – Filippo Dall’Asta

 

27

Octubre, 2025

El Canarias Jazz Showroom, fundado en 2009 con el propósito de impulsar la cultura musical insular, se ha consolidado como una de las citas anuales imprescindibles del jazz en las islas. A lo largo de sus ediciones, el festival se ha convertido en un escaparate para los nuevos talentos del archipiélago. Este año celebró su XVII edición, con una programación que se extendió por distintas islas. La muestra, comisariada por el saxofonista, compositor y productor Kike Perdomo, referente en la difusión del jazz canario, reafirma la vitalidad del panorama local. El emblemático Auditorio de Tenerife Adán Martín acogió las actuaciones los días 10 y 11 de octubre, en su imponente edificio de hormigón de estilo neo-futurista, al borde del Océano Atlántico.

 

El festival abrió con el sexteto de Ana Ayala, artista galardonada con el Premio Archipiélago a Mejor Artista Revelación. El sexteto se formó en el Conservatorio Superior Liceu, y reúne a Daniel Pimenta en la batería, Guillaume Coulbois, al piano, Ot Granados al contrabajo, Claudia Bosch al clarinete, Itziar Mendívil al saxofón y Ana Ayala en flauta y voz. La joven Ana Ayala debuta como líder y compositora con esta formación, dando forma a una propuesta personal, colorista y emocional. El grupo desarrolla un lenguaje con elementos de la música clásica, el jazz, la improvisación y el bebop. El proyecto se articula en torno a composiciones originales en una búsqueda de nuevas sonoridades, explorando las posibilidades tímbricas de los vientos madera, las dinámicas y las texturas, utilizando recursos más habituales de la música clásica, pero combinados con la espontaneidad del jazz, con influencias que van desde Stravinski, Ravel, al barroco y al impresionismo de Debussy. Es una música compleja con muchas secciones casi como pequeños viajes musicales, que explora el diálogo entre la música clásica y el jazz. Temas como Nuestra Señora de la Paloma muestra un elegante swing, mientras que Maldita Burocracia estalla como tema protesta enérgico e intenso. También sobresalen piezas como Diáfano o Al Otro Lado, de carácter más lírico, que alternan momentos de tensión y de calma, evitando caer en la monotonía. Asistimos a un debut brillante, fresco y honesto.

Tras la actuación del sexteto, la noche continuó en el Café Teatro Rayuela con el trío de Sara Lilu, cantante canaria ganadora en la tercera edición de los premios canarios Jazz Showroom como Mejor Artista Solista, acompañada por los portugueses Romeu Tristão al contrabajo y Hugo Lobo al piano, forman un trio de notable sensibilidad y complicidad sonora. El grupo ofreció un concierto delicado y emocional, moviéndose con naturalidad entre estándares de jazz clásico como It’s Easy to Remember o My One and Only Love y composiciones propias de los tres integrantes, donde el diálogo instrumental se convierte en un territorio de pura complicidad. Temas como, Con los Años que Me Quedan, Where Are You?, y piezas marcadas por un tono íntimo y nostálgico. El trío alcanzó momentos de intensa expresividad, una elegancia melódica natural, lirismo y una complicidad que atraviesa todo el discurso musical. Sara Lilu, Romeu Tristão y Hugo Lobo se conocieron en Olimpo, un pequeño local en Lisboa, y esa conexión emocional se percibe en cada gesto, en la respiración compartida y en la forma de sostener el silencio. Su interpretación de It’s Easy to Remember fue una suerte de despedida luminosa.

El día siguiente abre en el Auditorio con el quinteto de Enrique Thompson & Revirado Project, una formación que respira tango, jazz y raíces sudamericanas con una libertad que desarma etiquetas. Enrique Thompson, saxofonista, compositor argentino consagrado afincado en Fuerteventura, lidera el grupo desde los saxos y el EWI, entre la tradición y la exploración contemporánea, entre el jazz acústico y las texturas del sonido electrónico. Le acompañan Daniel Schwazwald al piano, Kevin Barreto trompetista cubano-canadiense, David Muñoz al contrabajo y Áncor Miranda a la batería. Revirado Project nació en 2012 con el deseo de reinventar el diálogo entre el tango y el jazz, incorporando armonías modernas, improvisaciones de vértigo e intensidad rítmica. Su música ha recorrido escenarios internacionales. El universo sonoro de Thompson hunde sus raíces en el folklore y el tango argentino, pero se abre también a los aires brasileños y a la experimentación electrónica. En su repertorio conviven composiciones propias, relecturas de Aníbal Troilo, piezas como Zamba de la Incertidumbre, del compositor Carlos Aguirre, arreglada para quinteto con saxofón electrónico y grabada en 2021 o Ciberadictos, un tema enérgico y moderno que subraya su vertiente más experimental, un estallido de ritmo y contemporaneidad. El concierto culmina con Canción para Alguien, de Astor Piazzola. La propuesta de Thompson mantiene un profundo arraigo en las músicas de Sudamérica, especialmente en el folklore y el tango, pero con una mirada abierta al jazz contemporáneo y al color brasileño.

Continuamos en el hall del Auditorio con el guitarrista, compositor y arreglista italiano Filippo Dall’ Asta, lidera una formación compuesta por Carlos Pérez en la batería, Agustín Buenafuente al contrabajo, Kike Perdomo en los saxos y Yeray Herreraa la guitarra rítmica. El grupo presenta su más reciente trabajo, The Hot Club of Tenerife, un álbum que rinde homenaje al padre del jazz gitano, Django Reinhardt. El proyecto se inscribe en la tradición del jazz manouche, también conocido como gypsy jazz, un estilo nacido en la Francia de los años treinta que entrelaza el swing estadounidense con la música gitana centroeuropea, dando lugar a una de las joyas del jazz europeo. Filippo Dall’Asta despliega un equilibrio entre una técnica impecable y una musicalidad natural, con un toque elegante, fino y melodioso. El repertorio combina composiciones propias con versiones exquisitamente arregladas de estándares como Mona Lee, The Man I Love o Night and Day. El resultado es una música viva, luminosa y festiva, donde la libertad, la improvisación y el pulso rítmico se unen en un lenguaje de energía contagiosa y musicalidad extrema.

 

Entrevista a la flautista, vocalista y compositora Ana Ayala (Santa Cruz de Tenerife 09/12/1997) ganadora de Premio Mejor Artista Revelación, de Canarias Jazz Showroom 2025.

ENTREVISTA A ANA AYALA

 

In&Out Jazz Magazine: Enhorabuena por el premio Mejor Artista Revelación.

Ana Ayala: Estoy muy agradecida porque he crecido aquí, aquí es donde he aprendido música, Kike (Perdomo) nos ha enseñado mucho y me hace mucha ilusión que en casa me den reconocimiento.

Sí, sí, además en el Auditorio de Tenerife.

Sí, la sala es increíble. Es un sitio emblemático, musicalmente es lo más importante. Poder tocar aquí es un honor. Estoy súper agradecida.

Cuéntanos cómo arranca el proyecto y quienes componen la banda.

Pues Mira, mi proyecto lo inicié este año. Es un sexteto formado por contrabajo, piano, batería, clarinete bajo, clarinete en si bemol, saxo tenor, flauta y voz, lo forman Daniel Pimenta, Guillaume Coulbois, Aude Granados, Claudia Bosch y Mendivil. Lo formé en el Liceu, que acabé el año pasado la carrera para justamente eso, el recital. Y dije bueno, es una oportunidad para componer mis temas e indagar en las sonoridades como este sexteto.

En primera persona, ¿cómo definirías tu proyecto?

Hay un par de artistas que me gustan mucho, como Kika Sprangers, que es una saxofonista que me encanta. Y inspirada por muchas cosas me apetecía indagar en el mundo de la composición. Y justo Ernesto Aurignac abrió unas plazas de composición y solicite la plaza. Él me ayudó a entender y a iniciarme en la composición, porque es un mundo muy profundo. Me estuvo ayudando con las composiciones, a entender por dónde quería ir y sobre todo a plasmar los sonidos también de la música clásica, porque hice el Superior de clásico y me han influido Stravinsky, Ravel, el impresionismo de Debussy, el romanticismo también, el barroco. Entonces todo eso está plasmado en los temas de alguna manera. Es un proyecto que mezcla bastantes estilos, pero sobre todo la música clásica y el jazz, destaca el uso de las maderas y de la música bastante arreglada, con una estructura amplia. Son temas complejos, por así decir, que tiene muchas secciones.

Una suite.

Sí, son secciones. Creo que estoy en un momento de mi vida de querer componer de esta manera, utilizando los vientos madera, los timbres, las dinámicas, las texturas, de una manera diferente, que lo he visto más en la música clásica, y también mezclada con la improvisación y la espontaneidad que tiene el jazz y el lenguaje bebop.

Es un proyecto muy fresco y colorista.

Creo que sí, porque al final desde dentro una no lo sabe. Yo solo sé que me gusta, lo hago con amor y toco con mis amigos que son músicos a los que admiro. Al final yo creo que si eso está ahí y el trabajo, en la música se refleja.

¿Lo vas a grabar?

Me gustaría grabarlo, es que acabo de empezar. El año pasado acabé en el Liceu y gané el Premio Extraordinario de Conservatorio Superior de Música Liceu, y el premio es tocar en el Festival de Jazz de Barcelona y toco ahora en noviembre. Quiero mezclar el proyecto con una coral que se llama La Corrala, que es una compañía de canto solo formado por mujeres, también voy a componer cosas nuevas para hacer un concierto diferente, con mucha voz. Y eso es que acabo de empezar. Este ha sido de nuestros primeros conciertos fuera del marco académico.

Enhorabuena, tienes un camino brillante. Muchas gracias. 

Gracias por hacerme esta entrevista, espero que salgan muchas cosas de esto y que pueda seguir desarrollándome como artista y como músico, eso espero, para sobre compartir con la gente y aprender cada vez más sobre la música, que es mi pasión, lo que más quiero.

27 de octubre de 2025

Fred Hersch & Sullivan Fortner – CNDM Jazz en el Auditorio – Concert Chronicle

Fred Hersch & Sullivan Fortner – CNDM Jazz en el Auditorio – Concert Chronicle

FRED HERSCH & SULLIVAN FORTNER

CNDM Jazz en el Auditorio

17

October, 2025

Texto: Pedro Andrade

Fotos: Rafa Martín. CNDM.

CONCERT REVIEW. In&OutJazz Magazine

CNDM. Jazz en el Auditorio. Fred Hersch, piano/ Sullivan Fortner, piano. Madrid, 30 de septiembre 202

DOS PIANISTAS, UN SOLO LATIDO

El ciclo Jazz en el Auditorio del Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) abrió su temporada con un toque de magia: dos pianos frente a frente, dos generaciones y una sola respiración compartida. Fred Hersch (Cincinnati, 1955) y Sullivan Fortner (Nueva Orleans, 1986) ofrecieron algo más que un concierto: un diálogo entre el tiempo y la intuición, entre la sabiduría del maestro y la curiosidad luminosa del discípulo.

Desde el primer acorde se percibió que aquello no iba de virtuosismo, sino de escucha. Los dos pianos parecían conversar a media voz, como viejos amigos que se entienden con una mirada. Hersch, sereno, construía paisajes de aire y resonancia; Fortner respondía con destellos rítmicos y sonrisas armónicas. A veces uno proponía un camino y el otro lo desviaba con elegancia, como si el jazz fuera un juego de espejos donde nadie quiere ganar, sólo seguir descubriendo.

Hubo momentos de dueto, de pura comunión, en los que las líneas de ambos se entrelazaban hasta confundirse en un mismo pulso; y otros instantes en solo, donde cada pianista reveló su universo personal. Hersch, en sus intervenciones solitarias, mostró esa mezcla de introspección y claridad que lo cobija bajo el halo de Thelonious Monk, no tanto por las disonancias como por la lógica interior del silencio, por esa manera de hacer que cada pausa pese tanto como una nota. Su toque, claro y contenido, tiene algo de oración y de geometría: cada acorde parece buscar la belleza sin imponerla, cada pausa dice tanto como la nota. Es un músico que ha hecho del silencio una forma de resistencia, y en el escenario del Auditorio demostró que su legado no está hecho de grandilocuencia, sino de verdad.

Fortner, por su parte, trajo la alegría del sur, el pulso de Nueva Orleans, la herencia del ragtime y de los desfiles callejeros donde el ritmo y la improvisación se confunden con la vida misma. Su piano suena a calle, a iglesia, a baile y a contemplación. Donde Hersch dibuja con tinta fina, Fortner salpica color. Pero entre ambos no hay contraste, sino una complicidad natural: cuando uno lanza una idea, el otro la recoge con picardía, y de pronto todo se convierte en conversación alegre, en una celebración compartida.

No hubo repertorio cerrado ni artificio escénico. Lo que se escuchó fue una construcción en tiempo real, un diálogo que osciló entre la introspección y el juego, entre la memoria y la sorpresa. Dos pianistas escuchándose a fondo, respirando al mismo compás, inventando una belleza sin pretensión.

El público —atento, en todo momento— comprendió que asistía a algo irrepetible. En una época en la que todo parece acelerado, Hersch y Fortner recordaron que escuchar sigue siendo un acto de calma, de respeto y de amor.

17 de octubre de 2025

Cologne Jazzweek 2025 Festival

Cologne Jazzweek 2025 Festival

COLOGNE JAZZWEEK 2025

Festival

Alemania ha vuelto a conquistar nuestros corazones, esta vez en una de sus ciudades más importantes. Desde el 31 de agosto hasta el 5 de septiembre, Colonia volvió a latir al ritmo del jazz en su festival de moda Cologne Jazzweek. Durante una semana, la ciudad se convirtió en un cruce de caminos donde convivieron generaciones, lenguajes y geografías. Desde la imponente catedral hasta los clubes más íntimos, pasando por teatros y salas históricas, cada rincón respiraba música. El programa, tan vasto como ambicioso, reunía estrellas consagradas, proyectos emergentes y propuestas experimentales que hacían imposible abarcarlo todo.

En nuestros tres días de estancia, pudimos asistir a conciertos memorables, entrevistar a varios músicos y al propio director del festival, Janning Trumann, y sentir de cerca ese pulso que hace de este evento uno de los epicentros del jazz europeo. Lo que sigue no es una cobertura exhaustiva, sino el relato de un recorrido personal por algunos de los momentos que marcaron esta edición.

 

En nuestro primer día pudimos asistir a la entrega del premio Albert Mangelsdorff 2025 organizado por la Jazz Union. La cantante Lauren Newton fue la galardonada y pudimos entrevistarla y descubrir más de su aproximación al canto y al mundo vocal. Una de sus próximas citas será pues, por gracia de este premio, el festival de jazz de  Berlín. Por la tarde tuvimos la gran oportunidad de asistir al concierto de Tyshawn Sorey Trio, que presentó un set tan denso como fascinante. La sala estaba a rebosar, el calor era palpable y la expectación inmensa. El set completo se interpretó sin pausas, como una suite ininterrumpida. El pianista, Aaron Diehl, abrió con una balada suspendida en el aire, casi inmóvil, a un tempo de apenas 20 bpm. Desde ahí, la música se expandió en un juego de modulaciones constantes, oscilando entre blues, swing frenético, funk, hip-hop y explosiones rítmicas de clara herencia elviniana. El silencio del público, clavado en sus butacas, era prueba de la tensión compartida. Cada integrante tuvo su momento de foco, siempre dentro de un discurso atravesado por métricas cambiantes y células rítmicas que funcionaban como puentes hacia nuevos territorios. Tras un saludo que parecía marcar el final, el público insistió en un bis. Y allá que fue el trío a interpretar un swing moderno, roto y congelado por ráfagas de free jazz, breve pero incendiario. Una mención especial merece el contrabajista, ya amigo, Harish Raghavan, quien cautivó a todo el público con su consistencia y musicalidad. Además, nos concedió una entrevista preciosa en la que nos expresó muchas de sus ideas y concepciones respecto de la música.

Esa misma noche, la propuesta del canario Nassim y de nuestra querida Marta Warelis con su dúo Dust Bunny llevó la radicalidad del free a sus últimas consecuencias. Ruido, densidad y contraste dinámico eran el terreno común: teclados y sintetizadores en manos de Warelis en diálogo abrasivo con la batería desatada de Nassim. La intensidad era tanta que por momentos parecía que todo se rompía para volver a recomponerse desde los escombros.

Al día siguiente, el turno del famoso cuarteto Kneebody trajo un cambio de registro radical. Tras unos problemas técnicos iniciales, resueltos con un humor desarmante —incluyendo la anécdota de Ben Wendel tocando con ropa prestada y pedales ajenos por un problema con Lufthansa—, la banda desplegó su característico lenguaje secreto. Explicaron al público cómo sus señales internas les permiten improvisar sobre la forma sin saber adónde irán, un código compartido que hace de cada concierto un viaje irrepetible. La complicidad y el virtuosismo de cada miembro fueron una fiesta colectiva, con presentaciones y solos que desbordaban frescura. Ese mismo día, durante la comida pudimos disfrutar de una entrevista con toda la banda. En la entrevista compartieron con nosotros innumerables anécdotas y las claves de su visión musical y vital.

Más etéreo y ensoñador fue el concierto de Ghosted, un trío de guitarra, contrabajo y batería. La guitarra, entre pedales y modulares, generaba atmósferas que se diluían en fades progresivos, mientras bajo y percusión construían grooves tribales, casi hipnóticos. El resultado fue un trance sonoro que arrastró al público a mover la cabeza y a dejarse llevar por la textura mántrica y la danza implícita en el pulso.

Al día siguiente, de nuevo la artista de moda y en residencia, Marta Warelis ofreció un dúo insólito con Koichi Makigami, donde la voz y el pianoforte —preparado con técnicas extendidas— se encontraron en un terreno liminal. Makigami, además, incorporó instrumentos como la trompeta o la flauta de madera, soplando desde aberturas poco convencionales para extraer timbres extraños. Lo que sucedió fue más una experiencia sensorial que un concierto, un ejercicio de exploración sonora al límite de lo imaginable.

Aunque nuestra estancia fue breve, la magnitud del festival se reflejó también en nombres de peso como Kurt Rosenwinkel Trio, Tigran Hamasyan con su proyecto The Bird of a Thousand Voices, el trío experimental Weird of Mouth conformado por los grandes Mette Rasmussen, Craig Taborn y Ches Smith, el dúo de Reinier Baas y Ben van Gelder, la sobrecogedora actuación de Kit Downes con su órgano en la catedral, o el arrollador proyecto Parallel Universe de Isaiah Collier. Todos ellos confirmaron por qué este festival se ha consolidado como uno de los epicentros más vibrantes del jazz contemporáneo.

23 de septiembre de 2025

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