Federico Calcagno Octet – Mundus Inversus (Habitable Records)

Federico Calcagno Octet – Mundus Inversus (Habitable Records)

Federico Calcagno Octet

Mundus Inversus (Habitable Records)

03

Julio, 2024

Federico Calcagno Octet. Mundus Inversus (Habitable Records, 2024). Federico Calcagno, clarinete bajo, clarinete/ Nabou Claerhout, trombón/ José Soares, saxo/ Pau Sola, violonchelo/ Aleksander Sever, vibráfono/ Adrián Moncada, piano/ Pedro Ivo Ferreira, contrabajo/ Nikos Thessalonikefs, batería.

Texto: Ricky Lavado

Fotografía: Anisa Xhomaqi/ Simon Schoo

Afincado a tiempo parcial entre su Milán natal y Ámsterdam, el clarinetista Federico Calcagno (“el nuevo obispo del mejor jazz italiano”, según All About Jazz) es una pieza imprescindible del nuevo jazz europeo y los terrenos más libres de la música improvisada. Su estilo compositivo es una mezcla entre el jazz vanguardista y la música clásica posmoderna, con especial atención al aspecto rítmico, influenciado por la música clásica india del sur de la India (Carnatic Music) y la música africana.

Ya sea como líder y cerebro creativo de sus numerosas bandas (Liquid Identities, Piranha, The Dolphians, Fade In Trio...), como solista o dirigiendo Habitable Records (un sello independiente que funciona como hogar de una gran cantidad de nuevas voces en el terreno de la improvisación y la música más libre y desprejuiciada); la trayectoria del clarinetista italiano está marcada por una inquebrantable voluntad exploradora del sonido y las posibilidades expresivas de sus composiciones.

Mundus Inversus es el resultado de tres años de trabajo de Federico Calcagno tocando, componiendo y colaborando dentro de la comunidad holandesa del jazz vanguardista y la música improvisada. En palabras del propio Calcagno, este disco sirve como “una reflexión sobre el mundo contemporáneo, caracterizado por acontecimientos rápidos y dramáticos que ponen el planeta patas arriba. Mundus Inversus se refiere al topos figurativo y literario en el que se invierte el orden natural de las cosas y se invierten las jerarquías sociales, conectando imposibilidades”.

Calcagno y su banda crean a lo largo de Mundus Inversus un paisaje sonoro plagado de síncopas, compases extraños y cambios continuos de tempo y compás, pero el conjunto suena extrañamente armónico y coherente. Por muy libre que fluya la música, siempre hay una sensación de compenetración que le otorga al disco una pátina de elegancia exquisita (escuchen el nivel de telepatía creativa que se desarrolla a lo largo de “The other side of silence”, por ejemplo, o el dramatismo oscuro y absorbente de “The hanged man: paralysis”). Cada pieza individual encaja a la perfección en un todo que funciona como un engranaje perfectamente engrasado. Hay espacio para la improvisación, hay desarrollos solistas y exploraciones sonoras abiertas y libres, y hay momentos para el recogimiento y la calma contemplativa. El violonchelo de Pau Sola toma las riendas de la preciosa “Recovery” o de la misteriosa y cinemática “Hieronymus”, mientras que la compenetración rítmica entre Aleksander Sever al vibráfono, Pedro Ivo Ferreira al contrabajo y Nikos Thessalonikefs a la batería resulta una base tan sólida como sorprendente que funciona a la perfección en todo momento (piezas como “Perseverance” ofrecen una sensación de juego que resulta apasionante). Adrián Moncada brilla también con su estilo paisajístico y poco intrusivo al piano, lo que permite volar muy alto al trío de vientos formado por Nabou Claerhout al trombón, José Soares al saxo y el propio Federico Calcagno al clarinete.

Mundus Inversus es un viaje hermoso y sorprendente que nos lleva por terrenos melancólicos, graves, oníricos y expansivos a lo largo de cincuenta minutos de música compleja y profunda que, sencillamente, suenan a gloria.

Texto: Ricky Lavado

Julio 03, 2024

Luismi Segurado Trio (Masa Kamaguchi, Santi Colomer) – Elfrieda (Fresh Sound Records)

Luismi Segurado Trio (Masa Kamaguchi, Santi Colomer) – Elfrieda (Fresh Sound Records)

Luismi Segurado Trio (Masa Kamaguchi – Santi Colomer)

Elfrieda (Fresh Sound Records)

01

Julio, 2024

Luismi Segurado Trío. Elfrieda (Fresh Sound New Talent, 2023). Luismi Segurado (piano), Masa Kamaguchi (contrabajo), Santi Colomer (batería). En AIEnRuta-JAZZ 2024.

Texto: Enrique Turpin

 

 

UN HOMENAJE NECESARIO

Si algo merece decirse más allá de la excelencia de la dicción del pianista salmantino Luismi Segurado (Salamanca, 1986) es que su trayectoria se mueve en dirección ascendente con una coherencia y solidez que hacen de él uno de los estandartes del nuevo jazz, sin circunscripciones peninsulares, que mucho se peca por tratar de fijar fronteras a una música universal y hoy, más que nunca, globalizada. Desde luego, esa normalización del acopio de fuentes, vengan de donde vengan, no se corresponde con la potencia con la que salen al mundo estos jóvenes leones. No hablamos de que no le acompañen fuerzas juveniles, de las que van sobrados; más bien nos referimos que las plataformas de despegue sí que obedecen a geografías concretas y no es lo mismo moverse por el Raval barcelonés que por la Quinta avenida neoyorquina. Por mucho que llevemos a sus últimas consecuencias consignas como las de Carl Rogers, para quien “lo personal es universal” o, en ese orden de cosas, el adagio de Miguel Torga por el que “lo universal es lo local sin fronteras”, lo cierto es que hay diferencias, y no son pocas, y por supuesto, nada baladís.

El trío que desde sus inicios responde a la idea musical de Segurado desea emparentarse con clásicos como Bill Evans (aquel “Waltz for Clarisse” de sus inicios en Tritones y serendipia, FSNT, 2027) o Thelonious Monk (la actual “Suite Acondicionado”), pero con Elfrieda el pianista incorpora a su repertorio grabado los usos y atmósferas de una de las más grandes damas del jazz, la gran Mary Lou Williams, nacida Mary Elfrieda Scruggs: tradición, blues y toques free con los que el homenajeador se siente muy a gusto, correspondido por el resto del trío para la ocasión, donde sobresale la incorporación del infalible Masa Kamaguchi y la continuidad de Santi Colomer, que ya estaba presente en el anterior Hocicology (FSNT, 2019). Desde aquellos primeros años en los que la mirada atenta y clásica de Pedro Salvatierra diera paso al acompañamiento jazzístico de Chema Corvo, hasta su paso por la Musikene donostiarra, donde pudo recibir enseñanzas de Bob Sands, Iñaki Salvador, Chris Kase, Francesc Capella, Joaquín Chacón, Miguel Blanco o Mariano Díaz, entre otros, hasta su llegada a Barcelona, donde en la actualidad está en la nómina docente del Taller de Músics, Luismi Segurado es un valor seguro en el juego bursátil de las músicas improvisadas surgidas en los últimos años. Que haya compartido escenarios y grabaciones con Jorge Rossy, Bob Reynolds o Ramón Cardó no es más que la senda natural por la que transcurre la trayectoria de este afinado músico, al que ya conocen los escenarios del Heineken Jazzaldia.

Ante el arte de Segurado y su recompuesto trío, mejorado para la ocasión, uno debe postrarse y dejarse llevar. Abandonarse, por ejemplo, a la maravilla de “Mary Lou”, una composición en la que parece haberse espiritualizado la misma Elfrieda y por la que corre sangre cálida, volcánica y tempestuosa como la de la pianista de Atlanta, en un camino que va del stride al free sin solución de continuidad. Asimilados los gestos de quien en sus inicios fuera conocida como Mary Burleigh, el decir de Luismi Segurado se hace enorme hasta desembocar en “Solo”, con la que se cierra el disco. En algo más de siete minutos, el líder desarrolla un discurso con la red de protección que le aportan Kamaguchi y Colomer, tan efectivos como enriquecedores, con el que clama a los cuatro vientos las bonanzas de la genial Mary Lou Williams y, de paso, proponer una nueva aproximación a esta enorme pianista, no siempre valorada con justicia; o, más bien, olvidada con recurrencia. La escucha de Elfreida constata que el arte verdadero acaba abriéndose paso, tarde o temprano, entre el resto de propuestas con las que el mundo de la música trata de dar sentido al mundo. Y si no, a las pruebas me remito: escuchen con atención la hermosa “El Muro de Bornalle” y sabrán a lo que me refiero.

Texto: Enrique Turpin

Julio 01, 2024

Luis Lopes Abyss Mirrors–Echoisms (Clean Feed Records)

Luis Lopes Abyss Mirrors–Echoisms (Clean Feed Records)

Luis Lopes
Abyss Mirrors–Echoisms (Clean Feed Records)

19

Abril, 2024

Luis Lopes: Abyss Mirrors -Echoisms (Clean Feed Records, 2023).Luis Lopes (guitarra eléctrica). Flak (guitarra eléctrica), Jari Marjamaki (electrónica), Travassos (electrónica), Felipe Zenícola (bajo eléctrico), Yedo Gibson (saxo tenor, alto y soprano), Bruno Parrinha (saxo alto y soprano), Helena Espvall (violonchelo), Maria da Rocha (violín) y Ernesto Rodrigues (violín).

Texto: Ricky Lavado

Fotografía: Nuno Martins (Festival Causa-Efeito 2023, Lisboa)

Grabado en mayo de 2022, durante dos jornadas en los estudios Namouche de Lisboa, Echoisms es el resultado de un cruce impredecible de personalidades y nacionalidades (diez músicos integran este proyecto, provenientes de Portugal, Suecia, Brasil y Finlandia) reunidas en torno al guitarrista luso Luis Lopes

 

Situado en la intersección entre el jazz experimental y el rock pesado, Luis Lopes es uno de los principales nombres propios de la fértil escena experimental portuguesa, y cuenta con una larga lista de grabaciones discográficas a sus espaldas. En esta ocasión, y bajo el nombre de Abyss Mirrors, junto a Lopes podemos escuchar a Flak (guitarra eléctrica), Jari Marjamaki (electrónica), Travassos (electrónica), Felipe Zenícola (bajo eléctrico), Yedo Gibson (saxo tenor, alto y soprano), Bruno Parrinha (saxo alto y soprano), Helena Espvall (violonchelo), Maria da Rocha (violín) y Ernesto Rodrigues (violín); todos ellos actualmente afincados en Lisboa, cada uno con su propio lastre y bagaje cultural, tanto del jazz, la improvisación libre y la música experimental como la música electrónica y el techno underground.

 

A lo largo de Echoisms, Luis Lopes y sus Abyss Mirrors ofrecen casi cincuenta minutos de música experimental y rupturista, divididos en siete piezas construidas a base de free jazz, improvisación, música electrónica y experimentos electroacústicos. No hay orden ni estructura aquí, cada pieza es un pasaje instrumental construido sobre una superposición de sonidos (cuerdas, guitarras eléctricas, acoples, saxos, bajos eléctricos y electrónica ruidista. No hay elementos de percusión en ningún momento del disco), sin solución de continuidad ni rumbo definido. Las tensiones entre elementos y sonoridades son la base de Echoisms. La sucesión aparentemente aleatoria de sonidos suena tensa, discordante, llena de aristas incómodas; la vocación ambiental y la huida consciente de cualquier acercamiento entre elementos hace que el disco alcance un nivel de autoindulgencia que convierte la escucha en todo un reto a la paciencia por momentos; el profundo ensimismamiento de cada elemento del conjunto, resultante en un todo deslavazado y fracturado, provoca una sensación de caos que, lejos de funcionar como una suma de cosas interesantes, da más la impresión de ser simplemente una suma de pistas de grabación en las que nadie está pendiente de lo que hacen los demás.

 

Muchas veces, el elemento de la sorpresa acaba siendo fundamental en este tipo de proyectos, y el sentido de la frescura o la originalidad resultan casi imprescindibles para separar lo verdaderamente rompedor y transgresor de lo que en el fondo no es más que jugar a ser el más raro. Echoisms estaría incluido en la segunda categoría: nada de lo que suena en este trabajo resulta novedoso, todo lo incluido en este disco lo hemos escuchado mil veces antes; ya sea en los experimentos de John Zorn desde finales de los ochenta y a lo largo de los noventa (de Spillane a Naked City, por ejemplo), o remontándonos aún más en el tiempo para citar a influencias absolutas (y manidas hasta la saciedad) como los obligados Sun Ra, Ornette Coleman, el Miles Davis más abstracto o, por supuesto, Stockhausen y Prokofiev.

Texto: Ricky Lavado

Abril 19, 2024

Greg Osby Minimalism (Inner Circle Music, 2023)

Greg Osby Minimalism (Inner Circle Music, 2023)

Greg Osby
Minimalism (Inner Circle Music, 2023)

26

Febrero, 2024

Greg Osby, Minimalism (Inner Circle Music, 2023). Greg Osby, saxos, composiciones/ Tal Cohen, piano/ Joao Barradas, acordeón/ Nimrod Speaks, bajo/ Adam Arruda, batería/ Viktorija Pilatovic y Alessandra Diodati, voces

Texto: Enrique Turpin

EL DESAFÍO DE LA INCERTIDUMBRE

Me había propuesto parapetarme y rescatar toda la discografía de Greg Osby (Saint Louis, Missouri, 1960) a lo largo de los años para tratar de razonar las excelencias del último de sus trabajos, desde aquellos lejanos y seminales volúmenes editados por la no menos imaginativa y adelantada discográfica JMT (allá por los años ochenta, luego reeditados con esmero por Winter & Winter), pasando por el desembarco en la major Blue Note en 1990 (los años dorados), hasta llegar a las producciones de Inner Circle Music, a partir de 2008 y la entrega de Nine Levels. El paso de los días ha conseguido poner las cosas en su sitio y obliga a fijar el empeño de Osby y los suyos sin necesidad de tanto aparato y tanto parapeto justificativo. Que Greg Osby es grande ya lo sabíamos desde hace décadas; que además su apuesta artística es de un tamaño que ronda lo clásico como concepto (esas músicas que siempre tienen algo que decir con el paso de los años) tampoco viene de nuevo; que, al fin, haya conseguido una independencia con la que llevar a cabo cualquiera de sus propuestas es lo que hoy merece considerarse. Ya son legión quienes se han aventurado a emprender aventuras ajenas a los tentáculos de las grandes corporaciones del entretenimiento, en un intento por mantener la autonomía y el control de sus trabajos sin más interferencias que el diálogo con la tradición y el encuentro con los maestros que les sirven de guías, como si hubiesen entendido que aquí lo que importa es el dibujo del alma, no el marco que lo sostiene. Véase a este respecto las empresas levantadas por Jason Moran, Ben Allison o el avezado John Zorn, entre tantos, todos ellos observantes de las nuevas formas de afrontar el reto de sobrevivir en tiempos revueltos.

Lejos quedan los días de la vinculación de Greg Osby con el colectivo M-Base (‘Macro-Basic Array of Structured Extemporizations’, ahí es nada), centro de reuniones donde también sus amigos Steve Coleman y Gary Thomas —por hablar únicamente de saxofonistas— recalaban a la búsqueda de nuevas sonoridades al tiempo que intercambiaban ideas y energías. Pronto vislumbró el de Saint Louis que los nuevos lenguajes jazzísticos debían incorporar las músicas urbanas, como siempre hizo el jazz en su heterogeneidad y encrisolamiento, algo que le venía de cuna, por lo que no dudó en apropiarse de métodos hiphoperos con los que tratar de avanzar hacia un futuro que parecía no tener techo. Grabaciones como 3-D Lifestyles (Blue Note, 1993) o Black Book (Blue Note, 1995) supusieron un considerable ejercicio de modernización de estructuras y ritmos, sobre todo ritmos, la piedra filosofal en la que continúa pivotando el jazz contemporáneo. Avanzado a su tiempo, no dudó en darle carta de naturaleza a los nuevos géneros e integrarlos sin fisuras en el que le era más afín, pero no olvidó a sus ancestros ni a sus congéneres con idioma común. De ahí que se pusiera al frente de la renovación de la mirada clásica con la edición de New Directions (Blue Note, 2000), un diálogo con la tradición de la casa madre al que se unieron luminarias de la talla de Stefon Harris, Jason Moran, Tarus Mateen, Nasheet Waits (los Bandwagon al completo) y Mark Shim dándole las réplicas al líder con el saxo tenor. Tampoco olvidó a grandes precursores, de Jim Hall a Andrew Hill (a quien dedica la hermosa “Thank You For Your Time” del disco que nos ocupa), de Joe Lovano a Jeff “Tain” Watts, sin renunciar a probar incorporaciones poco ortodoxas como las de la cantante Joan Osborne (Public, Blue Note, 2004) o Sara Serpa (9 Levels, ya en la etapa de Inner Circle Music, bautizada así por el disco homónimo de 2002). Por aquel tiempo, Greg Osby y su banda retroalimentada y circular ya eran una de las formaciones ineludibles de la escena internacional. El destino, no obstante, le tenía reservadas nuevas tretas en el camino. Y hasta hoy.

 

 

Han debido pasar casi tres lustros para que Greg Osby decidiera que era hora de entregar una nueva aportación al universo musical de nuestro tiempo, ya en Era Post-Covid, aunque fuera grabado en 2019. Lo hace rodeado de nuevos nombres, en un afán por poner en valor a talentosos instrumentistas de gran calibre que todavía no han encontrado los espacios de expresión que les serían de justicia, empezando por el acordeonista João Barradas (en la estela inventiva de Gil Golstein), y continuando por el piano de Tal Cohen, el bajo de Nimrod Speaks y la batería de Adam Arruda. Un quinteto que se completa con las voces de Viktorija Pilatovic y Alessandra Diodati, tratadas como un instrumento más, a la caza de atmósferas y texturas armónicas que realcen en trabajo de Osby al frente de la formación. Grabado entre Philadelphia y New Jersey, el saxofonista ha producido para Otzone casi una hora de música en la que cabe la vivacidad de “Circular Facets Squared”, “Dedicato” (con la mirada puesta en un homenaje al llorado Wayne Shorter) y “Minimalism” (el tema que abre el disco y que sirve de título al trabajo) con cortes más meditativos como “I Forgive You” (firmada por Becca Stevens) o “Journey” (relectura de la composición de Kendrick Scott), sin que el uso del saxo alto o el soprano induzca a pensar en la delicadeza o aspereza de las composiciones, lección que aprendió del maestro Coltrane. Por momentos, como ocurre en los cinco minutos de la sublime “Once Known”, la aparición de las voces, que conjugan el vocalese con la canción, recuerda a Perrier Street (Sunnyside, 2012) uno de los discos del infravalorado guitarrista Davy Mooney, allí con la voz doblada de Johnaye Kendrick. Pero si en algo se parece Minimalism a alguien es al propio Osby, que para la ocasión ha reinventado algunos de sus métodos compositivos, aislado motivos recurrentes en su territorio sonoro, un modo de evitar los lugares comunes y no caer en lo formulístico y lo predecible, a la vez que fue acortando la extensión de las composiciones en aras de una fidelidad a la historia que deseaba contar. Porque de historia habla, de fábula, de cuento (story) con todos sus ingredientes. Con el eco del maestro del microrrelato Augusto Monterroso, para quien cada día que pasaba debía consistir en borrar una línea, reconvirtiendo a sus intereses el adagio clásico —nulla dies sine linea—, Greg Osby ha dejado casi en los huesos lo que en otro tiempo hubieran sido bloques sónicos de gran densidad. Se llega al mismo lugar sin tanto aparato, viene a decirnos con las elocuentes maneras de Minimalism, con una vuelta al ruedo de altista tras sus esfuerzos compartidos con Marc Coplan, Andrew Cyrille, Florian Arbenz, Tyshawn Sorey, Philip Catherine, Michele Franzini, Bobby Previte, John Abercrombie o Tineke Postma, sin olvidar su faceta docente ni su aportación teórica y metodológica para uso y disfrute de las nuevas generaciones.

He ahí la clave para interpretar el nuevo trabajo del saxofonista desde aquel mencionado y ya lejano 9 Levels, que sin la intervención de las tijeras y la reimaginación compositiva hubiera dado lugar a un disco doble que no respondería al estado actual de la imaginación osbyana. La frase Menos es más cobra así verdadero sentido y honra a Osby en un mundo donde a menudo la egolatría le gana la partida a la sensatez, en detrimento del arte verdadero. El saxofonista ha declarado que prefiere “el desafío que trae consigo la incertidumbre, principalmente porque el rendimiento obtenido de afrontar el riesgo es muy rico. La música es una fuerza progresiva y próspera, que a menudo se alimenta de una variedad de fuentes no explotadas o no relacionadas. Y no es algo que debería ser dependiente de formas, prejuicios o expectativas establecidas”. 

Lo que despista un poco es la portada escogida para ilustrar el trabajo, en la que Martel Chapman muestra el retrato de Osby con reminiscencias esculturales africanas a modo de máscara tribal. Y sí, se entiende la simplicidad de líneas, el efecto contenido y el canto a la línea pura, pero el jazz está repleto de esa imaginería que conduce a otros lugares donde la polirritmia percusiva campa por sus respetos. La reinterpretación del logo con los cinco círculos que acompaña a la discográfica del saxofonista desde hace décadas hubiera sido mejor opción para expresar el sobresaliente ejercicio de contención que habita el universo del genio de Saint Louis. Salvando la errónea identificación visual de Minimalism cabe señalar que nos encontramos ante un aporte mayor en la ya mayor carrera artística de Greg Osby. 

 

 

Interview by: Enrique Turpin

Febrero 26, 2024

DUOT & ZARM Ensemble  Duot with Strings (Fundacja Sluchaj Records, 2023)

DUOT & ZARM Ensemble Duot with Strings (Fundacja Sluchaj Records, 2023)

DUOT & ZARM Ensemble
Duot with Strings (Fundacja Sluchaj Records, 2023)

25

Enero, 2024

Duot with Strings (Fundacja Sluchaj Records, 2023).DUOT: Albert Cirera, sax- Ramón Prats, drums. ZARM Ensemble: Carlos Zíngaro, violín- David Alves, violín- Ulrich Mitzlaff, chelo- Álvaro Rosso, contrabajo

Texto: Ricky Lavado

Fotos:Susana Valadas

Duot es un escurridizo artefacto de agitación sonora fruto de la interacción entre dos de las mentes más extrañas y creativas que ha producido la escena de la música improvisada nacional: el saxofonista Albert Cirera y el batería Ramón Prats. Ambos son músicos de contrastada trayectoria y dotados con el don de la versatilidad y el inconformismo creativo, y tanto juntos como por separado llevan más de quince años dinamitando los límites de la música de vanguardia más rupturista y experimental.

 

 

Los terrenos expresivos en los que se sitúan Cirera y Prats, ya sea como Duot o en diversas colaboraciones con cómplices habituales (entre otros, Agustí Fernández dando forma a Liquid Trio, o el mismísimo Andy Moor, de The Ex), no son para todos los públicos; la rudeza experimental que caracteriza a Duot, a menudo conducida hacia explosiones de tensión y violencia, puede fácilmente resultar una experiencia excluyente para el oído no entrenado. Lo de Duot es música extrema, que puede apelar de igual forma a los amantes del free-jazz más abstracto como a los aficionados al ruidismo conceptual de Merzbow o según qué proyectos subterráneos del John Zorn más crudo (de Electric Masada en adelante...). 

Para dar forma a su sexto disco, el dúo catalán se ha rodeado de un cuarteto de cuerda poco habitual, el ZARM Ensemble; una formación lisboeta de libre improvisación capitaneada por el violinista Carlos Zíngaro y completada por el también violinista David Alves, Ulrich Mitzlaff al chelo y Álvaro Rosso al contrabajo. No hay que llevarse a engaños; la incorporación de un cuarteto de cuerda al universo de Duot en ningún momento supone una bajada de intensidad, rareza ni incomodidad en su sonido; las cuerdas aquí no suavizan nada, al contrario, se convierten en elementos de disrupción y tensión que, sumados al huracán sonoro que Duot despliegan por sí mismos, dan forma a un disco incómodo, explosivo, interesantísimo por momentos, y tan excesivo como difícil de escuchar si uno no se acerca a él desde la perspectiva adecuada y el estado de ánimo correcto.

Fruto de una residencia creativa en Caldas da Rainha (Portugal), y grabado en la Iglesia de Espirito Santo, en la misma Caldas de Rainha, Duot with Strings está formado por seis composiciones plenas de aristas y filos cortantes, que fluyen de forma libre y espontánea y se desarrollan sin orden ni concierto aparentes en 41 minutos de tensiones, espacios fantasmales, oscuridad y quiebros inesperados constantes. Hay free-jazz desbocado y fracturado en este disco (“Crumbled Time”), hay juegos de abstracción y extrañeza (“Roaring Jellyfish”), y hay momentos inquietantes de falsa calma ambiental con sentido del misterio y la anticipación (“A Kind of Trees”). Hay crescendos apasionantes con regusto a banda sonora de terror que se convierten en auténticas bajadas a los infiernos (“Sky Skating”), contrastes violentos de claroscuros e intensidades (“Crunchy Tales”), e incluso hay momentos de densidad con texturas industriales a medio camino entre la música concreta y Einstürzende Neubaten (“Pinky Chocolate”). No se cuela ni un solo rayo de luz en Duot with Strings; la grandiosidad del sonido (la acústica de la iglesia otorga al disco un sonido amplio, limpio y expansivo) no hace más que extremar una propuesta creativa que, aceptada con precaución y mente abierta, es un viaje lleno de sorpresas.

 

 

Interview by: Ricky Lavado

Enero 25, 2024

Nataniel Edelman Trio  Un ruido de Agua (Clean Feed Records, 2023)

Nataniel Edelman Trio Un ruido de Agua (Clean Feed Records, 2023)

Nataniel Edelman Trio 

Un ruido de Agua (Clean Feed Records, 2023)

18

Enero, 2024

Nataniel Edelman, piano/ Michael Formanek, contrabajo/ Michael Attias, saxofón. Un Ruido de Agua (Clean Feed Records, 2023).

Texto: Ricky Lavado

Fotos: Adriana Melo. Cristina Marx

Una jornada primaveral en un estudio berlinés a orillas de un río, tres músicos excepcionales poseedores de unos niveles de complicidad y conexión creativa que nos hacen pensar en la telepatía, y una sesión de grabación a merced de la calma, los matices, los silencios y un sentido minimalista de la composición y el sonido. Un ruido de agua, el nuevo trabajo del pianista bonaerense Nataniel Edelman, acompañado de Michael Formanek al bajo y Michael Attias al saxo (dos de los músicos más influyentes, creativos y versátiles de la escena de música improvisada de Nueva York); supone un viaje absorbente por paisajes evocadores y atmósferas envolventes, en el que las visiones compartidas por sus creadores nos sumergen en un estado de placidez contemplativa y de recogimiento íntimo.

 

 

Las diez composiciones que dan forma a Un ruido de agua (cinco de Edelman, una de Attias y cuatro improvisaciones libres colectivas) encajan de forma perfecta en un todo coherente y luminoso que resulta profundo, complejo, emocionante y reconfortante en todo momento. Todo funciona en este disco, y el resultado general está dotado de una magia misteriosa que te anima a sumergirte una y otra vez en cada recoveco de brillantez y belleza que ofrece un trabajo redondo de principio a fin. 

En “The River”, el trío se deja llevar por una bruma ambiental, plagada de fraseos imaginativos de Attias sobre brochazos de colorido por parte de Edelman lanzados al aire, dando comienzo a Un ruido de agua con una sensación de suspensión en el tiempo que resulta evocadora y misteriosa a partes iguales. El dramatismo de las cuerdas del contrabajo rasgadas con arco, cortesía de un Formanek en estado de gracia (en todo el disco, no sólo en este tema) protagonizan la efectiva “Unfolds”, ofreciendo un colchón perfecto para que Edelman y Attias desarrollen libremente todo tipo de tensiones entre piano y saxo.

También hay tensiones apasionantes en “Voz” y “Three Beats”, aunque enfocadas desde la abstracción y el juego en estos casos, ofreciendo mareantes atmósferas y densidades que contrastan de forma perfecta con la delicadeza de piezas más enfocadas a las sutilezas y el intimismo; como la maravillosa “De cerca”, o la clase magistral de matices, clase, elegancia y clasicismo de “Un recuerdo nuevo”; una de las mejores piezas del disco, en la que Edelman suena emocionante, romántico incluso. “Canción del vino” es otro de los platos fuertes de Un ruido de agua, con un Michael Formanek transmutado por momentos en el Greg Cohen de la época de Bar Kokhba Sextet, y Nataniel Edelman y Michael Attias dedicados en cuerpo y alma a desplegar una paleta de colores apasionante que lleva al trío hacia terrenos cinemáticos. No menos brillante suena la grandiosa “La femme centaure”, con su sonido expansivo y un Edelman convertido en un maestro del buen gusto (por algo es uno de los pianistas más interesantes de la actualidad). 

En resumen, Un ruido de agua es un trabajo completísimo, agradable, tan virtuoso como accesible y, de principio a fin, plagado de momentos de puro talento. Un gustazo, vaya.

 

 

Interview by: Ricky Lavado

Enero 18, 2024

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