Perico Sambeat & Orquestra Jazz de Matosinhos – Boreal – Review
PERICO SAMBEAT & ORQUESTRA JAZZ DE MATOSINHOS
Boreal
Review
Hay discos que no solo confirman una trayectoria, sino que la amplían y la colocan en un nuevo eje de lectura. Boreal (Cara 2025), el encuentro entre Perico Sambeat y la Orquestra Jazz de Matosinhos (OJM), pertenece a esa categoría: una obra que combina madurez compositiva, ambición orquestal y una claridad estética poco frecuente en el formato de big band contemporánea.
Sambeat asume aquí un triple rol, compositor, director musical y solista, y lo hace desde una posición de absoluto control creativo, pero sin rigidez. Boreal no es un despliegue de músculo técnico ni un ejercicio de escritura grandilocuente: es un trabajo de imaginación sonora, de equilibrio entre estructura y libertad, donde cada color orquestal parece responder a una necesidad expresiva concreta.
El vínculo con la Orquestra Jazz de Matosinhos no es nuevo. Tras un primer encuentro hace más de quince años y una segunda colaboración centrada en el universo de Ornette Coleman, esta grabación supone un giro decisivo: ahora es la voz compositiva de Sambeat la que articula todo el discurso. El resultado es una big band que respira como un organismo flexible, capaz de moverse entre pasajes de densidad armónica, secciones de gran lirismo y momentos de crudo pulso jazzístico.
Desde la apertura con Circe, queda claro que el disco no busca un impacto inmediato sino una escucha atenta. La escritura rehúye clichés del género y apuesta por una diversidad de climas y formas: desarrollos largos, contrastes tímbricos muy cuidados y un uso del ensemble que recuerda tanto a la tradición jazzística moderna como a ciertas técnicas de la música orquestal europea. Sambeat se permite incluso libertades formales, intros camerísticas, tratamientos casi clásicos de la madera, que amplían el espectro habitual de la big band.
Uno de los grandes aciertos de Boreal es su paleta solista, integrada orgánicamente en el discurso colectivo. Sambeat al alto lidera con una voz reconocible, acompañado por músicos como José Pedro Coelho al tenor o Andrés Fernández a la guitarra, cuyas intervenciones no interrumpen la arquitectura del arreglo, sino que la expanden desde dentro. Especial mención merece Limbo, donde la voz de Alba Morena es tratada como un instrumento más, doblando la melodía con una afinación y un color que aportan una dimensión casi espectral al tema.
El momento emocional del disco llega con Estigia (para Bernardo Sasseti y Toni Belenger), una pieza de peso simbólico y expresivo, dedicada a dos músicos desaparecidos. Aquí la orquesta se convierte en un espacio narrativo: la música avanza desde una sobriedad inicial hacia una complejidad creciente para luego desnudarse de nuevo, dejando a Sambeat en primer plano, sostenido apenas por un fondo de metales. Es un ejemplo claro de cómo el compositor entiende la big band no como un bloque sonoro homogéneo, sino como un campo dramático en constante transformación.
En el apartado sonoro, Boreal destaca por una mezcla excepcionalmente transparente. Pese a la complejidad tímbrica de una formación de casi veinte músicos, cada sección respira con claridad, gracias a un cuidado trabajo de panorámica y equilibrio dinámico. El sonido es amplio, profundo y acústico, alejado de excesos de procesamiento, lo que refuerza la sensación de cercanía y presencia física del ensemble.
Más allá de su valor individual, Boreal funciona también como una declaración sobre el estado del jazz ibérico contemporáneo. Lejos de complejos periféricos, Sambeat se sitúa aquí en diálogo directo con las grandes tradiciones internacionales del jazz orquestal, aportando una voz propia, reconocible y plenamente integrada en el circuito europeo.
Boreal no es solo uno de los trabajos más sólidos de Perico Sambeat en gran formato; es también una demostración de cómo la big band, lejos de ser un formato nostálgico, sigue siendo un territorio fértil para la exploración, la emoción y el riesgo creativo.