Julián Sánchez Interview – Jazz en el Auditorio CNDM

Julián Sánchez Interview – Jazz en el Auditorio CNDM

Julián Sánchez

Interview

Jazz en el Auditorio
CNDM

27

Enero, 2026

Texto: José Cabello 

Fotos: Pepe Ainsúa; Rafa Martín; Suso Miragaya

 

Desde hace años seguimos muy de cerca la trayectoria del trompetista Julián Sánchez, un músico inquieto, en constante evolución y con una voz artística cada vez más personal dentro del jazz contemporáneo. Sus recientes galardones, entre ellos el Premio Tete Montoliu de Composición, obtenido con la pieza Sin Tempero, una “balada atemperada” que combina profundidad, misterio y un lenguaje expresivo muy propio, defendida en directo junto a su trío habitual Triplanetas, (Daahoud Salim al piano, Alberto al contrabajo y el propio Sánchez a la trmopeta) que viene a confirmar ese sólido camino creativo.

Precisamente en ese contexto tuvimos la oportunidad de verlo recientemente en directo con este proyecto en el Auditorio Nacional de Madrid, una actuación que confirmó la solidez del grupo y la coherencia de un discurso musical que se despliega con naturalidad entre la composición y la improvisación, sin concesiones, pero con una clara voluntad comunicativa.

Con la excusa de este momento especialmente fértil en su carrera; premios, nuevos proyectos y una actividad artística constante, pudimos entablar con él una conversación cercana, reflexiva y rica en contenidos, en la que hablamos de sus inquietudes artísticas, de su manera de entender la composición y del presente del jazz contemporáneo.

Os dejamos el podcast y la entrevista completa por escrito, esperando que la disfrutéis tanto como nosotros.

In&OutJAZZ Magazine: Bienvenido, Julián. Es un auténtico placer tenerte con nosotros, teníamos muchas ganas de verte y conocerte mejor. Ya nos hemos visto gracias a Baldo Martínez y su proyecto Música Imaginaria. Cuéntanos un poco respecto de este proyecto y qué cosas te llevas del mismo.

Julián Sánchez: He aprendido todo y más. Es un aporte muy libre y muy encajado en esa sonoridad dodecafónica pero no tonal… es una cosa muy especial. A nivel de aprendizaje, por ejemplo, el tocar con timbres como acordeón y marimba eléctrica, para mí, sumado a ese nivel de tímbrica, me ha sido muy especial porque nunca he tenido la ocasión de trabajar de esa forma tímbricamente y con esos músicos.

Y luego la parte free. Es como una medida muy ponderada y creo que es un repertorio que puede ser popular y al mismo tiempo explorando todas las texturas free que puedas aportar el solista, dependiendo del solista y del tema. Y luego tiene una balada preciosa también, Luna de marzo, yo qué sé. Me parece un proyecto muy completo y el aprendizaje es mucho. Y más grabando. Cuando se graba, es cuando ya se completa ese aprendizaje.

Totalmente. Tú, Julián, ¿cuál es tu evolución como compositor cuando escribes música? ¿Cuál es tu método compositivo? ¿Compones directamente a la trompeta, te salen melodías, piensas en acordes, piensas en el arreglo? Tú eres un músico muy completo. Eres arreglista, eres docente también. Entiendo que eres capaz de componer de muchos lugares, pero cuando te sale, ¿cómo te sale? ¿Cuál es el método que se te impone a veces cuando te viene la música?

Pues tengo distintas formas y he tenido fases. Una muy común que me suele pasar es que trabajo mucho mentalmente con la cabeza. Empiezo a imaginarme el arreglo o la obra aquí en mi cabeza. Empiezo a escucharla aquí por dentro, a escuchar la tímbrica, a escuchar las secciones, a tener partes muy claras. Y me tiro muchísimo más tiempo así que escribiendo. Después, a la hora de escribir, he tenido muchas épocas, muchos momentos. Creo que al principio de mi carrera, cuando empecé a componer de una forma seria y profesional, lo hacía través del piano, a través de la armonía y todo. Y, curiosamente, cuando me fui a Brasil, empecé a componer con la trompeta. Por ejemplo, haciendo referencia al disco de Brazulada (Samba Luiza) y otras composiciones después que sucedieron allí, usaba la trompeta como instrumento para superponer voces. Mi preocupación, sobre todo, era que cada voz o cada línea fuese lo más musical posible. Entonces, para que fuese lo más musical posible, tenía que pasar por mi instrumento. Porque por medio de la trompeta es por donde hay un nivel más apurado de todo, de conciencia rítmica y melódica, porque es mi instrumento. Entonces, me gustó mucho hacerlo con la trompeta y últimamente lo hago bastante. Porque cuando toco una melodía, aunque la toque en el registro de la trompeta, me estoy imaginando que esa puede ser la línea del bajo. O sea, que con la trompeta a veces llegaba a componer en distintas alturas y por capas y por voces. Cuando ya las tengo, es cuando me voy al piano y a veces flipo porque digo, mira, es esta armonía. Porque claro, ya cuando tienes como cuatro voces ya tienes una armonía, o cuando tienes tres incluso. Entonces, digamos que esa ha sido un poco la evolución o está siendo. Pero siempre mucho a través de imaginarme la música primero en la cabeza.

Sí, de escucharla ¡Qué bueno! ¡Qué bueno! La verdad que es un proceso bonito siempre y yo creo que todos los artistas aprenden los unos de los otros y es bonito. Todos van a acoger esto que compartes.

Bueno, has estado, digamos, en muchas ciudades viviendo, alimentándote, sacando, chupando de esa cultura. ¿Qué ciudades destacarías como las ciudades, los lugares, los sitios, los países, las culturas en los que más te has visto probado a aprender más aún? Donde te hayas visto apretado, retado, que hayas tenido que empaparte más y no tanto enseñar tú, sino aprender tú. O sea, acoger, recoger.

Bueno, creo que todas tienen un poco de esto. Porque sí es verdad que suelo ser, una persona me suele pasar, ya me conozco que cuando voy a algún lugar y me expreso como músico…, uno se expresa con lo que lleva, con lo que es, pero siempre quedo fascinado por la música y por la forma que encuentro allí de expresión, de la manera de compartir la música. Entonces, me separo mucho de lo que yo soy. O sea, como que pierdo la identidad rápidamente porque me gusta mucho, pero me siento como si ahora, digo “estoy un poco perdido”. Y eso siempre me pasa, pero me gusta esa sensación, ¿sabes? Me gusta porque creo que es como profundizar, es como sumergirte de lleno.

Ha habido tres ciudades claves para mí en ese sentido, pues, por ejemplo, son Nueva York. Pero bueno, Nueva York, donde el primer viaje que tuve así fuerte, pero donde menos me pasó porque está más dentro de lo que venía haciendo. Digamos que no tanto en cómo tocar, sino en más en actitud. En cómo tocar, o sea, hay dos destinos en los que estuve que me han influenciado mucho, Sudáfrica y Brasil. Sudáfrica, digamos, es donde más he sentido el blues, más incluso que en Estados Unidos. Más que allí, ha sido en Sudáfrica, cuando he sentido el abrazo del blues, que es en todo, el blues en todo. En todo, en cualquier tema, en cualquier música, ese abrazo del blues es increíble y esa extensión tan grande que se produce.

Otro choque que tuve después, fue en Brasil, que ha sido la que más me ha costado, donde he sufrido mucho, porque, curiosamente, sentía todo de manera diversa; la acentuación en otros sitios, la forma de dialogar con los músicos, para poder tener una conversación hilada y larga, en cuestiones de energía, en las formas de producir los solos sobre todo, ya no tímbricas, sino densidad de notas y de sonido…etc. No sé, como que ahí es donde más me costaron las formas de sentir dónde se acentúa, dónde subdividimos, sobre todo. Porque yo creo que yo vengo o venimos un poco más del flamenco, de la parte más de los tanguillos, más del norte de Marruecos. Música gnawa, no sé [canta el ritmo]. Y eso también existe en toda la música de origen africano, claro. Pero en Brasil empecé a darme cuenta de que había un montón de música escrita a dos [canta ritmos], o como que el binario era una cosa muy, muy establecida.

Muy marcada.

Exactamente, y después el ternario estaba dentro, por supuesto, pero como desde otro punto de vista. Entonces, no sé, son estas visiones abstractas que cada persona, cada músico tiene en su cabeza. Pero digamos que en Brasil es donde más me costó, y me iba después de a mi casa, después de tocar en una jam, me iba diciendo “creo que no me entiendo”, y tocando Footprints, no tenía que ser tocando una música brasileña. Sí, ahí fue una aventura y es apasionante, porque ahí es donde te das cuenta que el mundo es mucho mundo, y que por mucha música que tú creas que sabes, nunca sabes la suficiente.

Y deseas enriquecerte siempre, como cuentas, que eso da gusto. Da gusto ver siempre a un músico asentado, interesante, con ya un porte importante, que sin embargo habla desde esa humildad, habla desde ese enriquecerse, habla desde ese aprender, yo creo que es una lección que desde la música, digamos, se da a toda la sociedad. O sea, la sociedad puede aprender esto de músicos como tú en este caso, que nos testimonias esta experiencia tan bonita.

Sí, a veces pienso, que la música, con el tiempo se traduce también en un equilibrio con el entorno, en una limpieza de la persona, en una mejoría. Para mí, siempre es una medicina y veo mucho que puede servir para ser mejor persona, o para poder siempre expresar lo mejor de ti. Y a veces, con el simple gesto en una jam session, a la hora de subirte, de tocar, solamente con la forma de presentarte tocando, desde la primera nota, o la forma en la que diriges tu improvisación, la forma con que dejas los espacios, hasta dónde la llevas, con lo que haces sentir al resto de los músicos cuando estás tocando, todas esas cosas, son apasionantes. La música, cuando estás compartiéndola, puedes sentir que estás hiriendo a alguien o no, estás ayudando a que el batería camine si le está costando trabajo, o si sin embargo, le estás llevando con la lengua fuera. Esto a mí me gusta porque es estar con alguien, más allá de los niveles y de lo que uno quiera demostrar. Y eso que nunca se tiene que demostrar nada. Porque muchas veces, esa cosa del jazz en las jam sessions, que hay que ser el mejor, y creo que ahí hay una energía que se transmite totalmente al público y a los músicos.

Totalmente. ¡Qué bueno que se pueda ver de forma aplicada en el escenario, esta mentalidad, esta cosmovisión, esa apertura, esa humildad, ciertamente! Precisamente, acerca de la humildad, creo que muchas veces en la vida son los retos, son esas experiencias que contabas antes, en diferentes destinos, donde uno está siempre dispuesto a aprender. Precisamente, es a través de retos, de pruebas, en la vida y también dentro de la música (dificultades técnicas con el instrumento), como uno puede también forjar esa humildad dentro de uno mismo para luego transmitírsela a los demás y enseñarles la música desde ese lugar, que es el lugar desde donde muchos la vivís y que a la audiencia, a los que nos gusta escuchar, es casi como el punto de atractivo más primario desde el que ya después te metes en la música. ¿Tú qué reto grande has tenido del cual has aprendido algo que nos podríais transmitir? Puede ser de la industria musical, de tu trabajo con otros compositores, un repertorio difícil, el ponerte a componer, una dificultad técnica, una lesión, lo que sea. ¿Ves que en tu música tú has sacado un aprendizaje que nos puedas transmitir, que nos puedas compartir?

Pues mira, uno, que lo extrapolo a todas las situaciones de la música, me lo ha transmitido el hecho de haber hecho improvisación libre colectiva, con más músicos, y cuando tuve también la ocasión de ir de invitado a hacer la gira del CIMIC, que es un ciclo de músicas improvisadas que organizan en Cataluña mis amigos Albert Cirera, Ramón Prats, de DUOT, y me dijeron, “oye, ¿quieres hacer siete o ocho conciertos?” Y yo nunca había hecho tantos conciertos seguidos a trompeta sola. Bueno, pues es un reto de saber estar, que también es lo mismo cuando hace improvisación libre con más músicos. Es una sensación muy muy fina y es algo que parece que es nada, porque saber estar simplemente es sentarte y tener una actitud activa en la escucha y estar tranquilo, y no es tocar aquello que va a ser mejor o peor, o querer desarrollar algo técnico que te lleve a texturas. Ya ni pensando en la música, porque a veces pensando en la misma técnica, las mismas cosas que como músicos trabajamos, a veces yo he terminado en un círculo vicioso que no me ha llevado a ningún sitio, pero sí mucho el saber estar. Y eso lo extrapolo en cualquier momento, en cualquier repertorio, de Big Band, de quinteto, lo que sea, la música que sea. Saber estar significa escuchar la música y entrar escuchándola realmente. Incluso si tienes compases de espera, los compases de espera los cuentas al principio, pero no estás contándolos la segunda vez lo mismo que la primera. La segunda vez ya estás escuchando la música y los compases de espera no son tan importantes, aunque tengas 44, sabes dónde entras porque estás escuchando donde entra el resto de la música. Eso es uno de los retos y es una cosa que creo que siempre, si la tengo en cuenta, mejoraré como músico.

Y la otra cosa que quería compartir es que cuando la música realmente sale como tú quieres, sobre todo a la hora de componer, es cuando menos la he perseguido. Es cuando me ha pillado en un momento en el que no es que no la persiga, sino que no tengo una intención más allá que sea simplemente escribir música. Eso me pasa mucho, cuando tengo que escribir música porque tengo que hacerlo, porque hay un encargo….etc., ahí tengo que manejar todo eso. Pero donde mejor sale todo es cuando hoy escribes un poquito, porque escribes y no tienes por qué escribir para mañana. Hoy escribes, mañana escribes otro poco y esa música no sabes si será para quinteto, para Big Band, o para ti, o para una canción…, no lo sabes pero tú la escribes. Y esa forma de salir la música, hablando de la composición, también me gusta y es un reto para mí. No hacer las cosas un poco así forzadas. Aunque haya oficios de compositor por los que tengas que hacer un arreglo en dos días, o en tres, veo que en este sentido hay una diferencia.

Sí, sí, interesante. Yo creo que es la diferencia entre tener la pretensión de llegar a algo y la postura del que deja que la música pase a través de sí mismo, de alguna manera, y está disponible, más tranquilo también. Depende de tantos factores. Si uno está agobiado, estresado, muchas veces estás como reprimiendo esa posibilidad de que salga el genio. Y cuando estás tranquilo, cuando estás sin pretensiones o sin expectativas tuyas propias es cuando de repente se puede dar la comunicación de una manera más natural y que comunica, pues como tantas veces nos has comunicado tocando y nos comunicas tocando, ¿no? Que llega, llega, realmente llega. Es un gozo. Pues te lanzo la última pregunta, así más sencilla, con desapego. ¿Qué música tiene Julián Sánchez en su reproductor? ¿Qué está sonando últimamente, estos últimos días, estas semanas, cuando tienes tiempo para escuchar? Porque también entiendo que como músico hay mucha parte de aprender repertorio, de componer, de escucharse a uno mismo y tal, ¿no? Pero si hay momentos de escucha de otras cosas y tal, ¿qué cosas están ahí sonando en tu librería de discos, o de bandas, o de artistas?

Pues mira, es una pregunta, es la más difícil de todas las que me ha hecho. Sí, porque, ¿sabes? Lo de escuchar música también es un valor que hay que conservarlo en estos tiempos, ¿no? Lo que es escuchar realmente música. Pero bueno, ahora sí, la que tengo en mente, pues claro. Por ejemplo, he escuchado Jackson Do Pandeiro, artista brasileño, paraibano, relacionado con el forró, el baião, pero donde las letras, la métrica y demás, son un arte, Jackson Do Pandeiro. Quizás porque, claro, como he estado en Brasil, tengo eso más presente. Ahora estoy metido en hacer un arreglo sobre alguna obra de Falla, para un concierto que tenemos en el Festival de Música Española y en el Teatro Falla de Cádiz, con una Big Band. Y ahí he estado también, pues, escuchando El Sombrero de Tres Picos, con el que me voy a pelear un poco, para ver qué desarreglo le hago.

Y las músicas que voy escuchando son las que me voy encontrando ahí. Tengo músicas a las que accedo, como pequeños gurús, ¿no? O sea, los pequeños puntos de música están en las que reconecto. Y esto, pues, pueden ser diferentes, pero se suelen repetir. Por ejemplo, me gusta mucho escuchar a Lester Bowie, Art Ensemle of Chicago. Me gusta mucho revisar los trabajos de Ambrose, porque me conecto mucho con la profundidad suya de entrar en la música, muchísimo. Más allá de que, estilísticamente, estemos más cerca o separados, pero ahí sí. Como eso de Lester Bowie, o como, yo qué sé, siempre en el coche escucho muchísima música y siempre tengo Ornette, siempre algún disco maravilloso de Duke Ellington que de repente dices tú, ¿cómo puedes seguir esto sonando de esta forma tan preciosa? Y Joe Henderson también, siempre es como una perlita, que siempre cuando digo, ¿dónde están los rinconcitos, no? Y entonces Joe Henderson me lleva otra vez a los rinconcitos. Bueno, estas cosas que cada uno tiene su biblioteca así para acceder. Pero bueno, ahora realmente fue Jackson Do Pandeiro y Manuel de Falla, fíjate.

Es curioso cómo en la librería de cada uno hay siempre cosas frescas, cosas nuevas, libros nuevos, recién publicados, ¿no? Y luego otros puntos que son como relaciones humanas, ¿no? Que tú vuelves a ellos cuando necesitas algo, que vuelves a pedirles ayuda, que vuelves a contarles algo, que vuelves… Que se genera una relación y es muy bonito como lo has expresado. Nunca lo había escuchado de esta manera tan familiar y te lo agradezco, te lo agradezco, Julián. Te agradecemos de corazón que hayas estado con nosotros a pesar de los problemas técnicos que hemos tenido antes. Te pedimos perdón por eso. Y te deseamos lo mejor, sabemos que estás haciendo cosas increíbles y que todavía queda por ver cosas más increíbles aún de tu mano y de los que te rodean.

Ojalá, ojalá. En esa estamos. A veces, no es que cueste por nada, sino por la misma vida, el mundo, la locura del mundo, que cuando te ves tan ensimismado en tus cosas y miras alrededor y dices, ¿para qué tanto, no? La locura del mundo que arrastramos hoy en día… Pero bueno, estamos ahí para hacerlo lo más sincero posible con nuestros actos y en mi caso, pues soy músico, “haber elegido muerte”, como decía un amigo mío, es lo que me toca y ahí estamos.

Yo confío plenamente en que lo que haces es un… Arroja luz, ¿sabes? Delante de, como dices, una tesitura, un panorama, una coyuntura internacional que a todos nos deja con congoja, ¿no? Pero de verdad, que los puntos de luz los hay. Yo soy de esas personas positivas que en este sentido me gusta valorar que tengo la oportunidad de hablar con un punto de luz, ¿no? Y que tenemos la oportunidad de que esto lo puedan escuchar otras personas, y puedan ver que hay puntos de luz, ciertamente. Así que nada, Julián, te agradecemos mucho todo lo que nos compartes, todas las palabras, todas las experiencias y de verdad esperamos verte pronto en los escenarios también y fuera de los escenarios, que también siempre es un gozo.

Muchas gracias, Julián.

A ver si nos vemos en persona algún día y a seguir ahí. Gracias por vuestra labor y nada, a seguir para adelante y mucha fuerza, ánimo y salud para todos.

Igualmente, Julián. Un abrazo.

 

27 de enero de 2026

Café El Despertar Jazz Club – Carolina Ruiz Interview

Café El Despertar Jazz Club – Carolina Ruiz Interview

Café El Despertar
Jazz Club

Carolina Ruiz
Interview

22

Enero, 2026

Texto: Pedro Andrade

Fotos: © Fernando Tribiño 

 

Resistir desde el jazz: El Despertar cumple 45 años como refugio musical en Madrid

En una esquina discreta del barrio de Lavapiés, en Madrid, mientras un contrabajo se afina y las onversaciones se cruzan entre mesas pequeñas y luces cálidas, el jazz sigue respirando con naturalidad. El Café El Despertar no es solo un club: es un refugio cultural, un punto de encuentro y una memoria viva de la ciudad. En un Madrid donde los espacios dedicados a la música en directo luchan por sobrevivir y donde el cierre de locales históricos ha dejado una herida profunda en la escena, cumplir 45 años es mucho más que una efeméride: es un acto de resistencia.

Fundado en 1981, en plena Transición, El Despertar nació como un proyecto cultural íntimamente ligado al jazz, a la tertulia, al pensamiento crítico y al encuentro humano. Cuatro décadas después, ese espíritu sigue intacto, aunque el contexto sea más complejo que nunca. Mantener viva la llama del jazz en Madrid exige hoy convicción, trabajo constante y una enorme dosis de amor por la música y por quienes la hacen posible.

Al frente de esta nueva etapa se encuentra Carolina Ruiz, hija de los fundadores, que asumió la gestión del local en un momento especialmente delicado, justo antes de la pandemia. Con una mirada que combina memoria, sensibilidad y compromiso, Carolina ha sabido recoger el legado familiar y transformarlo en una programación viva, diversa y profundamente conectada con la escena local y nacional. Bajo su dirección, El Despertar sigue siendo un espacio donde conviven generaciones de músicos, donde el público joven descubre por primera vez la emoción de un concierto de jazz en directo y donde la comunidad se construye noche tras noche.

La entrevista tuvo lugar entre la prueba de sonido de un concierto y el bullicio propio de un local en plena actividad. El rumor de las conversaciones, el roce de los instrumentos, el ir y venir de músicos y camareros acompañaron una charla sincera y cargada de emoción. Un ambiente en movimiento que refleja exactamente lo que es El Despertar: un lugar que invita, que llama y que propone vivir la música de cerca, sin artificios, en contacto directo con quienes la crean.

In&Out Jazz Magazine: Gracias por recibirnos Carolina. Sabemos el ajetreo que supone hacer este parón. Estamos aquí por un motivo especial: los 45 años del Café El Despertar, todo un hito que además ha sido reconocido por distintas instituciones. De hecho, este año habéis recibido el Premio Jazz con Sabor a Club de Madrid en Vivo.

Tú llevas al frente de El Despertar desde la pandemia. ¿Qué emociones te recorren al pensar en la trayectoria del local? ¿Y qué supone para ti darle continuidad en el futuro a un espacio tan querido?

Carolina Ruiz: ¡Qué pregunta más bonita! Pues muchísimas emociones, me costaría resumirlas. Empecé justo antes de la pandemia, en un momento muy delicado a nivel personal porque a mi padre le detectaron un cáncer —afortunadamente se pudo atajar a tiempo— y enseguida llegó todo lo demás.

El Despertar para mí es hogar y familia. La música ha estado siempre presente en mi vida, no conozco un momento sin jazz, y sin jazz en vivo. Desde pequeña he escuchado discos en casa, he visto a mi padre cantar canciones montañesas —él es cántabro—, he vivido la música como algo cotidiano.

Venir aquí con él, sentarnos en silencio a escuchar, observar a los músicos y a las personas… todo eso forma parte de mi memoria. Es una mezcla muy profunda de familia, descubrimiento del mundo, de las personas y de sus singularidades. También hay un deseo muy fuerte de conservar el pasado, integrándolo con el presente, que es enorme.

In&Out Jazz Magazine: Tus padres abrieron el Despertar en 1981. ¿Cuáles fueron sus motivos para crear un lugar así? ¿Fue una decisión puramente musical o había también una voluntad cultural y social?

Carolina Ruiz: Es un relato que he ido recibiendo desde siempre, casi de forma oral. Sé que el impulso inicial fue de mi padre. Durante la pandemia me dediqué a ordenar papeles, proyectos, libros, discos, cintas, vinilos… y ahí encontré su historia de una forma casi arqueológica.

El nombre “El Despertar” tiene mucho sentido. Fue su despertar personal. Mi padre era ingeniero, daba clases en la Politécnica, venía de una familia trabajadora y había alcanzado una posición estable. Pero con la muerte de Franco y la Transición, empezó a sentir inquietudes muy fuertes relacionadas con la cultura, la música, las humanidades y la política.

Conoció a restauradores, empezó a imaginar un proyecto cultural ligado al jazz, al encuentro, a la tertulia. Compró este local, que antes era una tienda de ultramarinos, y construyó un espacio inspirado en los cafés de tertulia de finales del XIX y principios del XX, con la música en vivo como eje central. Todo lo que se ve aquí es una puesta en escena pensada al detalle.

Cumplir 45 años hoy es casi un acto de resistencia, más aún con el cierre de espacios históricos como el Café Central. ¿Cómo se vive esa resistencia?

La resistencia está en el origen. Mi padre siempre me explicó que montó el Despertar porque era huérfano, porque no tenía una oposición familiar que le frenara. Tomar la decisión de abrir un club de jazz no tiene que ver con el capital económico, sino con una convicción profunda, con una necesidad vital.

Eso sigue siendo así. Es una mezcla de pasión y necesidad personal de riqueza interior. Esa riqueza es la que te da fuerzas para resistir. Además, no es una resistencia individual: es una sinergia entre quienes programamos, los músicos y el público. Se crea una comunidad, que era exactamente el propósito original del Despertar.

¿Cómo describirías al público que viene hoy al Despertar? ¿Qué tipo de oyentes sentís que os acompañan y qué buscas que se lleven después de cada concierto?

Algo que me sigue sorprendiendo muchísimo es la cantidad de público joven. Jóvenes que, en muchos casos, se encuentran aquí por primera vez con un concierto de jazz en vivo. Muchos salen muy emocionados, muy agradecidos por la experiencia.

Eso es precioso, porque demuestra que la música en vivo sigue teniendo un poder enorme. Me gusta pensar que se llevan una vivencia real, una conexión directa con los músicos, con el espacio y con ellos mismos. Si salen con curiosidad, con ganas de volver a escuchar música en directo, ya hemos hecho algo importante.

La programación es muy intensa, prácticamente continua. ¿Qué criterios utilizas para seleccionar a los músicos?

Aprendí el oficio viendo a mi padre programar. Tenía un cuaderno —que ahora yo he replicado— y hablaba directamente con los músicos. Sus criterios tenían que ver con el talento local, con su gusto personal y con la complicidad humana.

Hoy el criterio sigue siendo muy parecido: calidad musical y calidad humana. Tiene que haber química y comprensión del proyecto. Hay tantísimos músicos de gran nivel que no doy abasto. Debería haber muchos más clubes de jazz como este en Madrid.

Aquí confluyen generaciones: músicos que venían con mi padre, los de mi generación y otros mucho más jóvenes. También llegan artistas de fuera, a través de giras y de redes. Todo eso crea una red muy viva.

En El Despertar hacemos jazz cuatro días a la semana, diez meses al año, porque existe una escena local y nacional riquísima, muy activa y en constante crecimiento.

Para terminar, ¿cuándo se cumplen exactamente los 45 años y si tenéis pensado celebrarlo?

Fue en primavera de 1981, así que la celebración real será en 2026. Me encantaría poder hacer una buena celebración, con una programación especial. El espacio es pequeño, así que veremos si puede ser en uno o dos días, pero ojalá tenga la energía y la organización para hacerlo como se merece.

Muchísimas gracias, Carolina. Volveremos en primavera.

Gracias a vosotros. Esta siempre será vuestra casa.

Escrito por Pedro Andrade

22 de enero de 2026

Jazz Na Serra – Santo Antônio do Pinhal, Brasil – Festival

Jazz Na Serra – Santo Antônio do Pinhal, Brasil – Festival

JAZZ NA SERRA

Santo Antônio do Pinhal, Brasil

Festival

16

December, 2025

Text by: Adailton Moura

Photos: Daniel Akamine

Brazilian jazz has its own unique characteristics. Its main differences lie in the rhythmic elements of the different regions and cultures of a country with continental dimensions. This became even more evident—for those who were unaware—during Jazz na Serra, held between August 22 and 24 in Santo Antônio do Pinhal. The festival was named after this small and charming city located in the Serra da Mantiqueira, a region known for its natural beauty with mountains, wildlife, forests, and waterfalls. With approximately 7,000 inhabitants, the population almost doubled during the three days when it was possible to observe the diversity, richness, and beauty of jazz and Brazilian popular and instrumental music.

With winter coming to an end, the mild weather was perfect for lovers of good music to enjoy it in complete comfort. The cold appeared for a few moments, especially at night, but the sun made everyone happy in the morning and afternoon. Thus, wines, soups, broths, pizza, and beers served as accompaniments for both moments and temperatures. Everything blended perfectly with the atmosphere generated by the refined musicality and sense of community experienced by 80% of the spectators who were not residents of the locality.

All this care began with the choice of guests. The curator was trombonist and producer Joabe Reis, who took care to bring together different styles. He himself was one of the protagonists on Saturday evening with the Dejavu Session. Alongside 10 musicians, he got the crowd dancing with a fusion of jazz, funk, and samba-jazz. It was impossible to stand still with the energy and pulse transmitted through instrumental versions of famous songs by Gilberto Gil and João Donato to Roy Hargroove, with improvisations by some of the most acclaimed Brazilian musicians. It is no coincidence that this jam has been acclaimed wherever it goes. It transforms the traditional and elevates the modern.

“This mix of American funk with Brazilian music and so many other styles such as jazz, added to improvisation, gives us this freedom,” says Joabe. “From the moment we open a solo chorus, everything becomes jazz, so Dejavu is exactly that. It’s also very interesting because during the solos, sometimes I combine them: look, you’re going to solo. There will be a drum solo, a guitar solo, a solo, I don’t know, on the trombone… but sometimes not, sometimes the song starts and whoever feels it goes solo first. I think Dejavu’s energy is a cool vibe because of that too, so I think everyone is there willing to throw themselves into it and see what happens.”

Almost 24 hours earlier, Regional Ginga Ligeira opened the proceedings on a cold Friday night with the lament and tranquil swing of choro, one of the most authentic styles of Brazilian popular music (MPB), accompanied by guitar, mandolin, cavaquinho, flute, and tambourine. Starting in this way reinforces the commitment to promoting national musicality. The emphasis on this direction was made by Thiago Espírito Santo and Grupo. The bassist, son of another genius, Arismar Espírito Santo, who has accompanied big names, including Hermeto Pascoal, used his guitar to make it sound like an accordion and, from time to time, during flutist Morgana’s solo, picked up a triangle

It is satisfying to watch Thiago play because he transmits his passion to those who watch him. Whether they were sitting on deck chairs in front of the stage or standing in the square, drinking bottle after bottle of wine, they felt the same enthusiasm as the musician. It is as if Espírito Santo is playing with something very pleasurable. She captivates, as does the quartet that accompanies her, being a singer who, instead of vocalizing lyrics, makes her voice another instrument.

Loaded with influences from baião, frevo, and forró, the concert named “Folha de Corda” (String Leaf), Thiago praises northeastern Brazil. “The idea was to see what it would be like if the guitar had the power to be an accordion,” he says. “I put myself in the place of an accordionist playing in a forró trio, but it had to be the guitar playing the role of the accordion.” In his view, it is this rhythmic plurality that differentiates Brazilian jazz from world jazz, especially traditional jazz.

“Jazz is considered a universal language. It ceased to be a rhythm and became a language of expression, where you can put your creativity on top of a theme,” he points out. “So, there’s the melody, the harmony, and from there on, we create together. “Brazil is very rich, but the thing is the language, the exchange. It’s a music of exchange, a music that brings people together. Where dialogue is worth the notes and rhythms. The difference lies in the richness of our culture. Brazil has this craziness, where in the South you have milonga, chamamé, vanerão. Then you come up, and you find the samba of São Paulo, which is different from the samba of Rio. The flavor of Minas Gerais, the beauty of harmony and composition of Milton Nascimento, Lô Borges, Beto Guedes… and in the Northeast, each place has its own characteristic identity.”

SENSITIVITY, GROOVE, AND RESISTANCE

The previous night (Friday) created anticipation for what was to come on Saturday. With the sun shining over the mountains, warming everyone’s heads, the Orleans Jazz Street Band brought a little of the joy of New Orleans to the center of Santo Antônio Do Pinhal, parading through the streets, squares, and avenues to cheer up and get people dancing to the sound of ragtime and swing, whether they were walking or waiting for lunch in restaurants. The atmosphere was festive, almost like carnival. The movement in the streets paused briefly in the early afternoon, at exactly 2:30 p.m., for the impressive performance by Sintia Piccin Sexteto.

Wielding her saxophone, and sometimes her flute, Sintia performed songs from the EP “Freedom of Mind” and some unreleased tracks that will be part of a future project. Alongside Richard Fermino, Nichollas Maia, Jackson Silva, Igor Bollos, and Fernando Amaro, she captured the eyes and ears of the audience. Her calm and smiling manner makes it seem simple and easy to master the keys. But the ease is only for those who see it. Piccin has a theory that it is necessary to do something complex while making it look easy. This is also how she influences other girls and women who are already involved in or intend to pursue improvised music.

“For a long time, I kept thinking: gee, people don’t really like improvisation, do they? Because it gets boring and the soloist just stands there playing,” she observes. “Then we started playing on the street and people started calling instrumental music groups to play. It became a regular thing.  It was a Sunday kind of thing, getting a bunch of people together, and we would do endless solos, and everyone would listen and clap, and young people enjoy instrumental music, so that gave me a start to try to get my work out there too, you know, because I thought jazz was in the theater or in a bar with those old guys, something more elitist, something more for the upper middle class. And that’s not what we want, we just want to play, you know?”

The experience at Jazz na Serra confirmed how much people are interested in the 5-minute walks between Boulevard Araucária and Praça do Artesão, and vice versa. At the latter, Salomão Soares and Vanessa Moreno enchanted the audience. The sensitivity of the singer’s soft, high-pitched, and striking voice was further emphasized by the light sound of the skilled pianist. The duo performed songs from the album “Outros Ventos,” which features vocal and piano reinterpretations of classics by Gilberto Gil, Roupa Nova, Baden Powell, João Bosco, and Aldir Blanc. When she sang “O Bêbado e a Equilibrista” (by Bosco and Blanc), Vanessa moved the audience with the delicacy of her interpretation—she herself was also moved. It gave those with greater sensitivity goosebumps, due to its close interpretation of the original by Elis Regina and its representation of resistance against one of the darkest periods in Brazilian history, the Military Dictatorship (1964-1985). This ghost returned to haunt us years ago through coup attempts against the state. Thus, the passion with which Soares and Morena shared it shows how relevant the composition still is and represents, in a way, resistance. They gave a reflective and inspirational performance. It’s one of those that you need to put on your priority list.

After wiping the tears from their eyes, those present moved their bodies to the sound of (the aforementioned) Dejavu Sessions, but not before stopping to admire the orange sunset embellishing the mountain sky. Almost 30 minutes after they finished, Hamilton de Holanda, accompanied by Salomão Soares and Thiago Rabello, kept the temperature high, despite the cold wind. He had already made some people happy during the sound check. That moment was just an appetizer for the main course he prepared for everyone to enjoy with the sound of the mandolin, which seems to speak through Hamilton’s fingers. The type of sound he makes is considered choro by some and jazz by others. However, he does not like labels because he is able to perform in different places, including the Jazz at Lincoln Center complex in New York (USA), where he recorded “Hamilton de Holanda Trio, Live in NY.” When I ask him if he considers himself a jazz musician, his answer comes with the same intensity as the question.

“Look, I can answer you in a few ways… so it’s hard to answer yes or no, because jazz is in my music, for sure, but I’m from choro, I was born in choro, since I was a child. The first 200-300 songs of my life were by Pixinguinha, Jacob Almeida, and Ernesto Nazareth, but at the same time there’s Hermeto Pascoal, Egberto Gismonti, Baden (Powell), Milton Nascimento, Chico Buarque, Djavan,” he says. “So, it’s something that, I even came yesterday on the way saying: ‘man, our music is hard to classify, because if you say it’s jazz, jazz musicians will say it’s something else. And on the other hand, my choro friends think I’m a jazz musician. Jazz is very broad, you can’t just define it and say: only this is jazz. It has its foundations, obviously, but it has a family tree that branches out in many directions.”

The countless possibilities of this art form, mentioned by Hamilton, were reflected in the final act of the second day of the festival, with Ellen Oléria showing off all her groove and swing. But she also moved the audience with the power of her voice and songs that portrayed the struggle and resistance of the black community in Brazil. With her charisma, she captivated the audience and made the night even more refreshing, fascinating, and inspiring.

BUILDING A LEGACY

Far from the circuit of major festivals, Jazz na Serra proved to be a giant success. Due to its success, including the boost to the local economy, Pedro Pimenta (the creator) confirms that the 2026 edition is guaranteed. “It’s almost inevitable that it will happen again, and we’ve already started thinking about ways to do that. The idea is not to hold a festival that could take place anywhere, just putting the Jazz na Serra brand on it, but it could be done in São Paulo”, he says. “The idea is to keep it here. Occupy the city center and privilege the businesses that are here.” Curator Joabe Reis also says he is fulfilled and already has names in mind for the next edition. “I’m happy with the positive feedback, because it’s very difficult to be a curator at a music festival. As an instrumentalist, I’ve worked and been alongside so many names in music that I love and would like to have here on these stages. But we have to curate in a way that also fits with the script we want to write here at this festival.”

To end on the same mood as the beginning and the middle, the sun came out again on Sunday morning to activate the vitamin D of those who chose to “bathe” in the sun’s rays. In the shade, drummer Edu Ribeiro, pianist Fabio Torres, and bassist Paulo Paulelli brightened up the start of the day with a diverse and cheerful sound, ranging from samba-jazz to choro, passing through other elements of Brazilian music. Formed in 2001, Trio Corrente is one of the most inventive contemporary groups, winning a Grammy Award in 2014 for best Latin jazz album for “Song For Maura,” which also won a Latin Grammy, shared with pianist Chick Corea.

Joabe’s assertive selection demonstrated his knowledge and care in choosing each of the participants in Jazz na Serra. It is a legacy that is beginning to be written, and one that will also place Santo Antônio Do Pinhal on the world stage of great musical events, especially jazz. The exploration of different jazz styles also opened up possibilities for those who are not so familiar with the genre and believe, especially in Brazil, that this is a type of music appreciated by intellectuals. At the closing, the Americana Jazz Big Band recalled the golden age of the great swing bands with classic movie soundtracks and compositions by geniuses such as Quincy Jones and Gordon Goodwin. The power of Raquel Odara’s voice stood out. In both performances, she mesmerized with her vocal power. It ended the way it should: with refinement and excellence.

16th of December, 2025

Festival Jazz Madrid 2025 – Villanos del Jazz

Festival Jazz Madrid 2025 – Villanos del Jazz

FESTIVAL JAZZ MADRID 2025

Villanos del Jazz

Una Odisea Sonora entre virtuosismo, riesgo y tradición que ilumina Madrid

Como cada año, el Festival Villanos del Jazz volvió a unir fuerzas con el Ayuntamiento de Madrid para enriquecer la programación del Festival Internacional JazzMadrid 2025, configurando una edición especialmente robusta y diversa. A ello se sumaron iniciativas como el Festival de Jazz de Ciudad Lineal, 21 Distritos, Jazz con Sabor a Club y Jazz Círculo, que han convertido al otoño madrileño en una estación donde el jazz se respira en cada barrio tanto como las tonalidades doradas que envuelven la ciudad.

La Sala Villanos, el Teatro Pavón, el Café El Despertar y, sobre todo, el Teatro Fernán Gómez–Centro Cultural de la Villa se consolidaron como los epicentros del pulso jazzístico madrileño. Desde In&OutJazz Magazine asistimos a una amplia selección de los más de 150 conciertos programados. Lo que sigue es un recorrido detallado, y vivamente inspirado, por algunos de los hitos de esta edición.

El arranque fue contundente con The Wooten Brothers, que ofrecieron un espectáculo donde el groove marcó el eje de rotación de toda la noche. Victor Wooten volvió a confirmar que no es solo un virtuoso, sino un arquitecto del ritmo: polirritmias imposibles en el bajo, slap microscópicamente preciso y una elasticidad temporal que desafiaba la intuición. Regi “The teacher”, Joseph y Roy “Futureman” Wooten completaron un engranaje rítmico arrollador, capaz de levantar pasajes de funk sincopado, momentos de pura electricidad y una teatralidad casi performativa. El cuarteto hiló además un recorrido casi a modo de popurrí por sus hits y por temas que han marcado su propia evolución musical, un guiño directo tanto a los seguidores veteranos como a quienes se acercaban por primera vez a su universo sonoro.

Esa potencia llegó, sin embargo, acompañada de un componente visual casi acrobático que, aunque eficaz para encender al público, desplazó por momentos la atención del corazón musical de la propuesta. El grupo brilló especialmente cuando redujo ese despliegue escénico y dejó que la fusión hablara por sí sola, revelando una creatividad tan sólida como contagiosa. Una apertura vibrante y enérgica, marcada por un virtuosismo exuberante que, en sus mejores momentos, encontró su verdadero centro.

Sin perder inercia, volvimos al día siguiente al Fernán Gómez para uno de los conciertos más refinados del festival: Gonzalo Rubalcaba & Hamilton de Holanda. Frente al exceso anterior, este dúo propuso un espacio de escucha mutua y delicadeza arquitectónica. Rubalcaba ofreció un piano de madurez expresiva, donde cada pedal, cluster y resolución armónica parecía una decisión editorial. Hamilton de Holanda respondió con un bandolín de articulación diamantina y una narrativa melódica en permanente combustión. La conversación improvisada entre ambos, silencios con peso, pausas que hablaban, contrapuntos tan naturales como inevitables, construyó un recital de enorme profundidad y precisión emocional. Hubo imprevisibilidad, conversación, música que se desplegaba como un organismo vivo. Fue uno de esos conciertos en los que uno deja de pensar en “piano” o “bandolín” y empieza simplemente a escuchar y disfrutar.

El tránsito hacia la intimidad continuó de manera orgánica con Julian Lage en formato de guitarra sola. Lage convirtió la sala en un laboratorio acústico donde todo giró alrededor de la pulsación, los voicings abiertos y un control casi escultórico del timbre. Alternó composiciones propias con standards rediseñados desde una claridad quirúrgica, levantando atmósferas tridimensionales sin recurrir a artificios. La propuesta, de una pureza casi meditativa, derivó también en un tono sostenido y homogéneo que, pese a su innegable refinamiento, dejó por momentos la sensación de un discurso demasiado contenido. Un concierto silencioso en lo gestual, monumental en lo musical, aunque no siempre capaz de mantener la tensión narrativa y la atención del respetable.

El festival siguió desplazándose hacia territorios de la voz con Jazzmeia Horn, que transformó la tarde en una celebración. Su presencia escénica, su swing muscular y su dominio del storytelling vocal hicieron que cada una de sus composiciones se convirtiera en un microrrelato emocional. Su scat, natural, rítmicamente fértil, impredecible, fluyó sostenido por la solidez de Vásquez Viñas, Saleem y Morello, una sección rítmica que respiraba con ella. Horn ofreció una clase magistral de control diafragmático y de articulación, recordándonos que la tradición no es un museo, sino un territorio vivo y reinventable.

El 9 de noviembre, llegó uno de los regresos más esperados: Avishai Cohen regresó tras un tiempo sin actuar en la ciudad. Lo hizo en la Sala Fernán Gómez al frente de su quinteto, formado por jóvenes músicos israelíes vinculados en su mayoría a la escena neoyorquina. Destacó especialmente el pianista Itay Simhovich, de apenas veintiún años y recién incorporado al proyecto, junto a Yuval Drabkin en los saxos tenor y soprano, el trombonista Yonatan Voltzok y el baterista Eviatar Slivnik. El quinteto presentó un repertorio centrado en Brightlight (2024), complementado con nuevas composiciones y piezas ya conocidas por los seguidores del contrabajista.

Los solos de Drabkin sobresalieron por su técnica, sonido y musicalidad, mientras que la compenetración entre Slivnik, Simhovich y Cohen configuró una base rítmica sólida y cohesionada, fruto de su trabajo conjunto como trío. Fiel a su costumbre, Cohen volvió a apostar por jóvenes talentos sin renunciar a su lenguaje característico, marcado por un rigor estructural y un virtuosismo siempre supeditado a la música. Tras hora y media de concierto, el público ofreció una cálida ovación que Cohen respondió interpretando “Remembering”, pieza cargada de lirismo y melancolía.

El festival avanzó hacia un territorio más eruptivo con Hiromi & Sonicwonder, una de las noches más desbordantes de energía de toda la programación. Hiromi desplegó su habitual artillería: estructuras cambiantes, ritmos hiperquinéticos, un piano que funciona como orquesta y un magnetismo escénico que roza lo atlético. Adam O’Farrill ofreció un contrapeso perfecto con una trompeta musculosa, mientras Hadrien Feraud y Gene Coye sostuvieron una sección rítmica de elasticidad prodigiosa. La suite Out There fue un viaje expansivo; “Pendulum”, interpretada por Hiromi en solitario, dejó la sala suspendida en un silencio casi reverencial.

Tras semejante despliegue energético, el ciclo encontró un punto de reposo reflexivo con Leo & Leo, un proyecto distinto en estética y pulsación. Leonor Watling cantó con ese cuidado equilibrio entre transparencia, contención y cercanía emocional que define su estilo, mientras Leo Sidran acompañó con sensibilidad narrativa, más desde la intención que desde la exhibición. El resultado fue un recital pulcro y cálido, sin grandes sobresaltos, pensado más para el abrazo que para el vértigo. En una edición tan convulsa y exploratoria, su propuesta de belleza suave funcionó como un necesario gesto de pausa y honestidad.

La atención volvió a girar hacia la escena ibérica con el Cuarteto Edición Especial de Baldo Martínez, que reafirmó la condición del contrabajista gallego como una de las voces más personales y valientes de la música improvisada europea. Con Román Filiú, Chema Saiz y Pier Bruera generó un laboratorio sonoro en plena combustión: improvisación colectiva, timbres en fricción y raíces folclóricas reelaboradas desde una modernidad orgánica y nada complaciente.

En una línea igualmente experimental, Marco Mezquida presentó su diálogo entre piano e inteligencia artificial. El concierto osciló entre la fascinación tímbrica y las limitaciones expresivas de la IA, que respondía con intención, pero sin ninguna flexibilidad ni aportación propia. Mezquida, sin embargo, ofreció uno de los discursos más libres y texturales del festival, reivindicando la improvisación como terreno donde la máquina, por ahora, sigue siendo invitada y no protagonista. Un experimento valiente, más valioso por las preguntas que por las respuestas.

El Fernán Gómez se transformó nuevamente para acoger el sonido legendario del Sky Quartet de Charles Lloyd, que demostró que la veteranía no está reñida con una frescura casi juvenil. Lloyd navegó entre el free más etéreo y el blues más terrenal, sin dejar ninguna nota por el tintero. Sostenido por un trío de lujo: Jason Moran, Larry Grenadier y el joven Kweku Sumbry, que sustituyó con solvencia a Brian Blade, el cuarteto construyó el mejor de los ambientes para que Charles, el público y los propios músicos pudieran disfrutar, una noche más, de la belleza de la música en directo.

El festival continuó con un bloque especialmente fértil de proyectos españoles. El primero fue Daniel Juárez, que presentó Reflexividad junto a Naíma Acuña, Darío Guibert e Íñigo Ruiz de Gordejuela. Su concierto en la sala Villanos sirvió como presentación de su excelente trabajo, Reflexividad, el cual interpretaron al completo, esta vez con la riqueza y la frescura propias del directo. Mención especial para Álvaro del Valle, quien grabó íntegramente el concierto y realizó una mezcla minuciosa (aquí una muestra) que permite ahora disfrutar de este cuarteto en vivo con una calidad excepcional. Una semana más tarde, Astrid Canales. Su puesta en escena, su desparpajo, el ambiente familiar y la profesionalidad de los músicos de su banda nos condujeron al gozo colectivo. En esta ocasión, la compositora multidisciplinar presentaba también su último disco, publicado bajo el nombre de Ego.

En el apartado más encendido del ciclo de clubs, el saxofonista Javier Rojo, junto a Joan Colom, Ander García y Marc Pinyol, ofreció dos pases intensos, cargados de evocación y libertad. Ese mismo día, en el Pavón, Stacey Kent conquistó al público con su dulzura habitual, combinando standards, composiciones propias y un repertorio brasileño interpretado con afecto y elegancia.

El cierre de nuestra ruta llegó con Tigran Hamasyan, que ofreció un concierto casi ritual. Su piano, trenzado con melodías folclóricas armenias y polirritmias vertiginosas, generó un estado de trance cuidadosamente estructurado. Junto a Yessai Karapetian, Marc Karapetian y Arman Mnatsakanyan formó un triángulo rítmico formidable. The Bird of a Thousand Voices, inspirado en un cuento armenio ancestral, sonó como un viaje interior rotundo, confirmando a Tigran como una de las voces más visionarias del jazz actual.

Más allá del brillo individual de los conciertos, esta edición de JazzMadrid y Villanos del Jazz volvió a poner sobre la mesa algunos de los debates fundamentales del jazz contemporáneo: la convivencia entre tradición y ruptura, la integración (o resistencia) frente a lo tecnológico, y el papel del jazz en el ecosistema cultural de una gran ciudad. La programación, amplia, variada, a veces incluso desbordante, evidenció un rasgo que cada vez define más al festival: su voluntad de abarcar el jazz como un territorio expandido, sin compartimentos estancos, donde el swing coexiste con el free, la electrónica con el folclore y la canción con la improvisación abierta.

El diálogo intergeneracional también resultó especialmente revelador. Desde la sabiduría fresca de Charles Lloyd hasta la exuberancia de Hiromi, pasando por la precisión minimalista de Lage o la poesía camerística de Rubalcaba y Hamilton de Holanda, quedó claro que el jazz actual se articula no tanto en función de edades o corrientes, sino de discursos estéticos personales. Y en ese sentido, la escena española vivió un año particularmente fértil: Juárez, Canales, Rojo o Baldo Martínez ofrecieron proyectos donde la identidad local no se presenta como ancla, sino como punto de partida para una creación abierta y contemporánea.

La presencia de propuestas híbridas, como el experimento de Mezquida con inteligencia artificial o la melancolía elegante de Leo & Leo, reforzó otra idea clave: que el festival no se limita a exhibir virtuosismo, sino que funciona como un laboratorio donde se ensaya qué puede ser el jazz hoy. No todas las propuestas alcanzan la misma profundidad; algunas resultan más estéticas que transformadoras. Pero ese riesgo forma parte del pulso real de un festival vivo, que apuesta por la diversidad como motor y no como escaparate.

Por último, la respuesta del público, salas llenas en su mayor parte, atención sostenida, mezcla generacional, reveló algo que no siempre se subraya con suficiente claridad: Madrid está consolidando un ecosistema jazzístico propio, con identidad y continuidad, donde festivales, clubes, instituciones y músicos locales generan un tejido cada vez más sólido. Esa es quizá la mejor noticia de todas.

En suma, esta edición no solo ofreció grandes conciertos; ofreció preguntas, fricciones, descubrimientos y confirmaciones. Recordó que el jazz, cuando se programa con ambición y perspectiva, no es un género: es un diálogo permanente entre tradición, riesgo, escucha y tiempo. Y Madrid, por fortuna, parece decidida a mantenerlo vivo.

05 de diciembre de 2025

41º Belgrado Jazz Festival 2025

41º Belgrado Jazz Festival 2025

41º BELGRADO JAZZ FESTIVAL 2025 

30

November, 2025

Text by: Milica Ševarlić

Organizer’s Announcement about the Belgrade Jazz Festival 2025

Photos: Slavko Kostić

Dedicated to On the Road of Jazz: Full Halls at the 41st Belgrade Jazz Festival Confirm the Significance and Prestige of the Event

The festival is organized by the Belgrade Youth Center.

Patrons of the 41st BJZF: City of Belgrade – City Administration – Secretariat for Culture; Ministry of Culture of the Republic of Serbia.

Friends of the 41st BJZF: SOKOJ and DPC Networks.

Supporters of BJZF 2025: Italian Institute in Belgrade; Puglia Sounds; Instituto Cervantes; French Institute in Serbia; Embassy of Israel; Embassy of Portugal and Camões Institute; RTS Music Production.

By invitation, the Belgrade Jazz Festival is a member of the European Jazz Network.

Source: domomladine.org

The Belgrade Jazz Festival, held from October 22 to 25, 2025, under the slogan On the Road of Jazz, once again confirmed with its 41st edition that it is the most important jazz event in the region and one of Europe’s most respected meeting points for jazz musicians and audiences. Over four intense days, organized by the Belgrade Youth Center, the festival offered a cross-section of contemporary jazz in its most exciting forms, from tradition to the boldest contemporary experiments.

 

This year, Serbia’s oldest jazz festival was ceremoniously opened in the Ilija M. Kolarac Endowment Hall with an outstanding artistic program by the RTS Big Band, under the artistic direction of Stjepko Gut. In honor of the 100th anniversary of Bora Roković’s birth, we remembered the work of one of our most significant composers, arrangers, and pianists. The program also paid tribute to the renowned Yugoslav All Stars Band, making the evening a rich and authentic celebration of domestic jazz heritage, much to the delight of the audience.

In the international program, American artists stood out, as their presence at the festival always represents a genuine cultural event: the legendary Wadada Leo Smith, a doyen of the global avant-garde scene, and the brilliant pianist Sylvie Courvoisier delivered a deeply spiritual concert, whose power and meditative quality reminded us why jazz remains an art of freedom and expression. James Brandon Lewis, one of the most acclaimed saxophonists of the new generation, presented contemporary jazz in its most exciting form, powerful, sincere, inspired by classical roots, yet entirely original and modern.

European artists, from the celebrated French bassist Henri Texier with his trio and the emotive ensemble Eternal Love led by the renowned Italian saxophonist Roberto Ottaviano, to the masterful duo of French maestros Louis Sclavis and Benjamin Moussay, demonstrated the richness of old continent jazz tradition and the breadth of expression that defines Europe’s most important jazz stages. They were joined by new names, the Marta Sánchez Trio from Spain, the Ricardo Toscano Trio from Portugal, the Israeli band Shalosh, and British pianist Alexander Hawkins, whose energy, improvisational courage, and authenticity show how vibrant and diverse European jazz is today.

The Serbian scene, as every year, showcased vitality and creative strength through performances by Bosque Sound Community, led by Miloš Bosnić, and the Rastko Obradović Quartet (with special guest Jasper Høiby from Denmark).

The festival concluded in the best possible way, spontaneously and energetically, with an exciting jam session led by pianist Vlada Maričić, featuring both domestic and international musicians, including James Brandon Lewis and Ricardo Toscano with their bands, further delighting the audience.

The Belgrade Jazz Festival once again recorded exceptional attendance, full concert halls, and an atmosphere of community. Particularly encouraging was the diversity of the audience, seasoned jazz lovers sharing the space with young people discovering this music for the first time, confirming that the festival successfully builds bridges between generations and that jazz has a future in Belgrade.

Over more than four decades, the Belgrade Jazz Festival has grown into a cultural symbol of Belgrade, an event that upholds artistic integrity, promotes domestic creators, and connects the city with global music centers. Thanks to its high artistic standards and appreciation of authentic achievements, the festival has become an event that not only brings together top-tier artists but also inspires audiences, develops the local scene, and preserves jazz as a living, contemporary language. This year’s 41st edition once again demonstrated that Belgrade not only follows global trends but creates them, on its own authentic road of jazz.

34º Guimarães Jazz Festival 2025

34º Guimarães Jazz Festival 2025

34º GUIMARÃES JAZZ FESTIVAL 2025 

29

Noviembre, 2025

Asistimos a la 34ª edición del Festival de Jazz de Guimarães, cuna de Portugal. La ciudad combina palacios, arquitectura histórica y calles empedradas que conservan su trazado medieval, en diálogo constante con edificios contemporáneos y espacios culturales en activo. El festival (del 6 al 15 de noviembre de 2025) dirigido artísticamente por Ivo Martins, tuvo lugar en el Centro Cultural Vila Flor (CCVF), que este año celebra su 20º aniversario, un complejo que reúne teatro, música y artes visuales, y que funciona como uno de los motores culturales de la ciudad. El museo de arte contemporáneo y la intensa programación artística refuerzan a Guimarães como un territorio vivo, con una identidad que se renueva sin perder sus raíces. Ivo Martins ha dado forma a una programación que privilegia discursos sólidos, proyectos con identidad propia y propuestas que expanden el lenguaje del jazz contemporáneo, apuesta por obras que no buscan el impacto inmediato, sino una lectura profunda del presente musical.

 

Arrancamos el festival el 13 de noviembre con Mark Turner Quintet que presentó, en el Centro Cultura Vila Flor (CCVF), Reflections on: The Autobiography of an Ex-Colored Man, un proyecto de composiciones propias donde la narración y la música avanzan en planos paralelos. Turner leyó fragmentos de la novela de James Weldon Johnson mientras el quinteto, compuesto por luminarias como Jason Palmer, David Virelles, Matt Brewer y Nasheet Waits, articuló una suite de diez movimientos que funcionó como una exploración sonora de los temas del libro. La palabra narrada no fue solo un complemento, sino la estructura sobre la que la música se despliega con intención narrativa. El concierto avanzó como una historia compartida, donde identidad, memoria y música formaron un mismo cuerpo sonoro. En lo técnico, la propuesta se sostiene en una escritura rigurosa con una interacción controlada. Mark Turner trabaja líneas extensas, de una claridad casi arquitectónica, que se apoyan en la armonía abierta del piano de raíces afrocubanas de David Virelles. Sus repeticiones rítmicas funcionan como pequeños mantras que reorganizan el espacio del quinteto. Jason Palmer desarrolla sus intervenciones desde una lógica melódica limpia, sin exhibicionismo. Matt Brewer al contrabajo sostiene el peso del diseño armónico con una estabilidad permanente, y Nasheet Waits a la batería maneja la tensión con un pulso que crece por capas, a veces desde la insinuación y otras desde el ataque directo. El resultado es un lenguaje contemporáneo, técnicamente complejo, expuesto con claridad. Es quizá el trabajo donde Turner integra con más coherencia su pensamiento musical y su lectura del legado afroamericano.

Set list: Mevement 1. Anonymous/ Movement 2. Juxtaposition/ Movement 3. Pulmonary Edema/ Movement 4. New YorK/ Movement 5. Europe/ Movement 6. The Texanic. The Soldier/ Movement 7. Mother, Sisteru Lover/ Movement 8. Pragmatism/ Movement 9. Identity Politics/ Movement 10. Closure

El trío Taborn/Reid/Smith protagonizó la propuesta más alejada de la ortodoxia jazzística dentro del festival. Craig Taborn, al piano y electrónica, junto a la violonchelista Tomeka Reid y el baterista y percusionista Ches Smith, conforman tres figuras de la vanguardia creativa estadounidense que se mueven dentro del circuito de la música improvisada y el jazz contemporáneo.

Craig Taborn es un pianista e improvisador que trabaja desde la composición espontánea y desde la exploración experimental del piano, construyendo improvisaciones complejas desde una visión única. Tomeka Reid, compositora e improvisadora nacida en California, formada en la música clásica e integrada en la tradición de la diáspora africana, vinculada al minimalismo contemporáneo destaca por su amplitud sonora y el uso de técnicas poco convencionales de manipulación del violonchelo. Ches Smith es un baterista, percusionista y compositor radicado en Nueva York, es un músico destacado en la intersección del jazz con las tendencias experimentales, la música noise y el metal, contribuyendo con una versatilidad experimental.

El trío presentó un proyecto electroacústico que prioriza el enfoque del conjunto sobre el solista construyendo el sonido desde la improvisación estructural, con un abordaje de la música desde la exploración del sonido y no desde la forma, entrelazando y alternando roles melódicos y rítmicos. El sonido se articuló desde las texturas: capas espaciales, tensiones suspendidas, electrónica que expandió el espectro tímbrico y polirritmias que se abrieron en múltiples direcciones. Música sorprendente y excitante, elaborada, compleja y en constante desarrollo, desde el minimalismo de cámara contemporáneo hasta irrupciones de energía pura.

Set list:  Dream Archive/ Junk Magic/ Enchant/: Craig Taborn.  Mumbo Jumbo: Paul Motian/ When Kabuya Dances: Geri Allen/ Loue in Kone Outer Saace:  Sun Ra.

Asistimos a un set libre presentado por Sonoscopia, un colectivo con sede en Oporto dedicado desde 2011 al arte sonoro, la investigación y la música experimental. El concierto, centrado en música improvisada y la creación contemporánea, estuvo a cargo del trío Kvelvane – Østvang – Vermeulen, formación de saxofón, batería y contrabajo. Sin partitura alguna, los tres se lanzaron a la improvisación pura, una avalancha de ideas, cascadas de notas que avanzan hasta unirse en una música desenfrenada de energía feroz compartida. Tres músicos que se desplazan con total libertad por diversas corrientes estéticas de la creación musical actual. Se trata de un proyecto todavía en fase temprana de consolidación dentro del panorama de la improvisación y del jazz.

La saxofonista noruega Heidi Kvelvane, presentada por Jan Granlie para Salt Peanuts en #IWD2025 (#womentotheforce 2025) dentro de EJM, aportó un enfoque fresco surgido de la escena de improvisación contemporánea de su país. Destacó por un tono incisivo, vibrante y exploratorio, fruto de su trabajo dentro de la escena nacional noruega y de sus colaboraciones con la Bergen Big Band. Tollef Østvang, baterista, improvisador y compositor noruego formado en el conservatorio de Paris y de Ámsterdam, figura clave en Trondheim, desplegó un toque enérgico, contundente y creativo, moldeado por el jazz y la creación instantánea. Nils Vermeulen, contrabajista, investigador acústico y constructor de instrumentos, aportó un enfoque expansivo alimentado por su experiencia en el free jazz, la improvisación y la música contemporánea. Es música en el aquí y ahora.

Set list: Ondulado/ Lastillo/ Caramulotemporánea

Después de su debut discográfico con el sello español Fresh Sound Records, que recoge la primera grabación de estudio del saxofonista y compositor británico afincado en Nueva York, Alex Hitchcock con All Good Things en 2018, se sitúa en el festival de Guimarães al frente de Alex Hitchcock Quintet. Formado por Alex Hitchcock, al saxofón tenor, Dave Adewumi en la trompeta, Will Barry al piano, Ben Tiberio, al contrabajo, y la franco-brasileña Ananda Brandão en la batería. Un grupo integrado por músicos de UK y EE. UU. residentes en Nueva York, un quinteto solvente de new talents con camino de éxitos recorridos y por recorrer. Además, fueron los responsables de liderar durante tres noches la jam nocturna del festival en el Café Concerto del CCVF.

Alex Hitchcock compositor y director de orquesta nacido en Londres, es considerado una figura emergente en la escena del jazz británico estudiante de la Royal Academy of Music de Londres, presentan un set de melodías potentes e improvisaciones exquisitas, con texturas y fraseo sobrio, elegante, sutil y armonioso, desarrolla acordes y armonías que evolucionan hacia una asimilación natural de influencias clásicas y contemporáneas, siempre con un claro sentido de sofisticación armónica. Los solos resultan especialmente notables, con las líneas de tenor de Hitchcock como eje central.

Will Barry proporciona lirismo, sutileza y refinamiento. En la batería, Ananda Brandão desplegó un enfoque proactivo y contemporáneo, de diálogo con las líneas de Hitchcock y Adewumi. La combinación equilibrada de personalidades musicales confirma que esta unidad es de un potencial notable.

Set list: Eo / Triumph / Wishlove / Bright White Light / Pull of the Line / Rio

La 34.ª edición del Guimarães Jazz concluye con el regreso del compositor y pianista Danilo Pérez, que vuelve a este escenario donde actuó en 2006 como integrante del Cuarteto Footprints de Wayne Shorter, en uno de los conciertos más recordados de la historia del festival. En esta ocasión, Pérez se presentó junto a la Bohuslän Big Band, la orquesta sueca fundada en 1950 y formada por dieciséis músicos estables.

El set fue una retrospectiva de su obra, caracterizada por la integración del jazz con músicas folclóricas latinoamericanas y africanas. Una visión de global-jazz pasando por múltiples territorios, desde Panamá, al bolero, hasta pasajes abiertos de free jazz. La música operó como vehículo de conexión, como un ejercicio de diplomacia cultural que apuesta por la colectividad y la circulación de ideas.

La propuesta fue también un viaje hacia las raíces personales y culturales del pianista. Danilo Pérez se sitúa como embajador cultural de Panamá. La música, en palabras de Danilo Pérez es concebida como una forma de terapia capaz de generar un espacio de esperanza de vida. Entre los momentos destacados, estuvo una pieza de Danilo Pérez Beloved/ One for Toni Morrison dedicada a Toni Morrison. Pegasus de Ale Moller, Across The Crystal Sea de Claus Ogerman y otras piezas compuestas por Danilo como, Suite for Americas, Galactic Panamá, Sunburn & Mosquito. El concierto culminó con un cierre a piano solo, una versión de Round Midnight que selló la noche.

Seat list: Pegasus de Ale Moller/ Suite for the Americas, Across the Crystal Sea de Claus Ogerman/ Sunburn&Mosquito, Beloved / One for Toni Morrison, Galactic Panamá, Expeditions, 2 Movement, Irremediablemente Solo, Lumen de Danilo Pérez /Round Midnight

Bohuslän Big Band: Oakim Rolandsson  saxofón alto, instrumentos de viento madera/ Orfeus Wärdig Tsoukalas  saxofón alto, instrumentos de viento madera, saxofón tenor/ Linus Lindblom, instrumentos de viento madera/ Mikael Karlsson,  saxofón tenor, instrumentos de viento madera/ Alberto Pinton,  saxofón barítono, instrumentos de viento madera/ Lennart Grahn  trompeta, fliscorno/ Samuel Olsson  trompeta, fliscorno/ Staffan Svensson, trompeta, fliscorno/ Jan Eliasson , trompeta, fliscorno/ Niclas Rydh,  trombón / Christer Olofsson,  trombón / Hanne Småvik,  trombón / Gustav Wiklund,  trombón bajo/ Olli Rantala,  contrabajo/ Lisbeth Diers, percusión/ Göran Kroon, batería/ Danilo Pérez  (feat.) piano.

29 de noviembre de 2025

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