Julián Sánchez Interview – Jazz en el Auditorio CNDM
Julián Sánchez
Interview
Jazz en el Auditorio
CNDM
Desde hace años seguimos muy de cerca la trayectoria del trompetista Julián Sánchez, un músico inquieto, en constante evolución y con una voz artística cada vez más personal dentro del jazz contemporáneo. Sus recientes galardones, entre ellos el Premio Tete Montoliu de Composición, obtenido con la pieza Sin Tempero, una “balada atemperada” que combina profundidad, misterio y un lenguaje expresivo muy propio, defendida en directo junto a su trío habitual Triplanetas, (Daahoud Salim al piano, Alberto al contrabajo y el propio Sánchez a la trmopeta) que viene a confirmar ese sólido camino creativo.
Precisamente en ese contexto tuvimos la oportunidad de verlo recientemente en directo con este proyecto en el Auditorio Nacional de Madrid, una actuación que confirmó la solidez del grupo y la coherencia de un discurso musical que se despliega con naturalidad entre la composición y la improvisación, sin concesiones, pero con una clara voluntad comunicativa.
Con la excusa de este momento especialmente fértil en su carrera; premios, nuevos proyectos y una actividad artística constante, pudimos entablar con él una conversación cercana, reflexiva y rica en contenidos, en la que hablamos de sus inquietudes artísticas, de su manera de entender la composición y del presente del jazz contemporáneo.
Os dejamos el podcast y la entrevista completa por escrito, esperando que la disfrutéis tanto como nosotros.
In&OutJAZZ Magazine: Bienvenido, Julián. Es un auténtico placer tenerte con nosotros, teníamos muchas ganas de verte y conocerte mejor. Ya nos hemos visto gracias a Baldo Martínez y su proyecto Música Imaginaria. Cuéntanos un poco respecto de este proyecto y qué cosas te llevas del mismo.
Julián Sánchez: He aprendido todo y más. Es un aporte muy libre y muy encajado en esa sonoridad dodecafónica pero no tonal… es una cosa muy especial. A nivel de aprendizaje, por ejemplo, el tocar con timbres como acordeón y marimba eléctrica, para mí, sumado a ese nivel de tímbrica, me ha sido muy especial porque nunca he tenido la ocasión de trabajar de esa forma tímbricamente y con esos músicos.
Y luego la parte free. Es como una medida muy ponderada y creo que es un repertorio que puede ser popular y al mismo tiempo explorando todas las texturas free que puedas aportar el solista, dependiendo del solista y del tema. Y luego tiene una balada preciosa también, Luna de marzo, yo qué sé. Me parece un proyecto muy completo y el aprendizaje es mucho. Y más grabando. Cuando se graba, es cuando ya se completa ese aprendizaje.
Totalmente. Tú, Julián, ¿cuál es tu evolución como compositor cuando escribes música? ¿Cuál es tu método compositivo? ¿Compones directamente a la trompeta, te salen melodías, piensas en acordes, piensas en el arreglo? Tú eres un músico muy completo. Eres arreglista, eres docente también. Entiendo que eres capaz de componer de muchos lugares, pero cuando te sale, ¿cómo te sale? ¿Cuál es el método que se te impone a veces cuando te viene la música?
Pues tengo distintas formas y he tenido fases. Una muy común que me suele pasar es que trabajo mucho mentalmente con la cabeza. Empiezo a imaginarme el arreglo o la obra aquí en mi cabeza. Empiezo a escucharla aquí por dentro, a escuchar la tímbrica, a escuchar las secciones, a tener partes muy claras. Y me tiro muchísimo más tiempo así que escribiendo. Después, a la hora de escribir, he tenido muchas épocas, muchos momentos. Creo que al principio de mi carrera, cuando empecé a componer de una forma seria y profesional, lo hacía través del piano, a través de la armonía y todo. Y, curiosamente, cuando me fui a Brasil, empecé a componer con la trompeta. Por ejemplo, haciendo referencia al disco de Brazulada (Samba Luiza) y otras composiciones después que sucedieron allí, usaba la trompeta como instrumento para superponer voces. Mi preocupación, sobre todo, era que cada voz o cada línea fuese lo más musical posible. Entonces, para que fuese lo más musical posible, tenía que pasar por mi instrumento. Porque por medio de la trompeta es por donde hay un nivel más apurado de todo, de conciencia rítmica y melódica, porque es mi instrumento. Entonces, me gustó mucho hacerlo con la trompeta y últimamente lo hago bastante. Porque cuando toco una melodía, aunque la toque en el registro de la trompeta, me estoy imaginando que esa puede ser la línea del bajo. O sea, que con la trompeta a veces llegaba a componer en distintas alturas y por capas y por voces. Cuando ya las tengo, es cuando me voy al piano y a veces flipo porque digo, mira, es esta armonía. Porque claro, ya cuando tienes como cuatro voces ya tienes una armonía, o cuando tienes tres incluso. Entonces, digamos que esa ha sido un poco la evolución o está siendo. Pero siempre mucho a través de imaginarme la música primero en la cabeza.
Sí, de escucharla ¡Qué bueno! ¡Qué bueno! La verdad que es un proceso bonito siempre y yo creo que todos los artistas aprenden los unos de los otros y es bonito. Todos van a acoger esto que compartes.
Bueno, has estado, digamos, en muchas ciudades viviendo, alimentándote, sacando, chupando de esa cultura. ¿Qué ciudades destacarías como las ciudades, los lugares, los sitios, los países, las culturas en los que más te has visto probado a aprender más aún? Donde te hayas visto apretado, retado, que hayas tenido que empaparte más y no tanto enseñar tú, sino aprender tú. O sea, acoger, recoger.
Bueno, creo que todas tienen un poco de esto. Porque sí es verdad que suelo ser, una persona me suele pasar, ya me conozco que cuando voy a algún lugar y me expreso como músico…, uno se expresa con lo que lleva, con lo que es, pero siempre quedo fascinado por la música y por la forma que encuentro allí de expresión, de la manera de compartir la música. Entonces, me separo mucho de lo que yo soy. O sea, como que pierdo la identidad rápidamente porque me gusta mucho, pero me siento como si ahora, digo “estoy un poco perdido”. Y eso siempre me pasa, pero me gusta esa sensación, ¿sabes? Me gusta porque creo que es como profundizar, es como sumergirte de lleno.
Ha habido tres ciudades claves para mí en ese sentido, pues, por ejemplo, son Nueva York. Pero bueno, Nueva York, donde el primer viaje que tuve así fuerte, pero donde menos me pasó porque está más dentro de lo que venía haciendo. Digamos que no tanto en cómo tocar, sino en más en actitud. En cómo tocar, o sea, hay dos destinos en los que estuve que me han influenciado mucho, Sudáfrica y Brasil. Sudáfrica, digamos, es donde más he sentido el blues, más incluso que en Estados Unidos. Más que allí, ha sido en Sudáfrica, cuando he sentido el abrazo del blues, que es en todo, el blues en todo. En todo, en cualquier tema, en cualquier música, ese abrazo del blues es increíble y esa extensión tan grande que se produce.
Otro choque que tuve después, fue en Brasil, que ha sido la que más me ha costado, donde he sufrido mucho, porque, curiosamente, sentía todo de manera diversa; la acentuación en otros sitios, la forma de dialogar con los músicos, para poder tener una conversación hilada y larga, en cuestiones de energía, en las formas de producir los solos sobre todo, ya no tímbricas, sino densidad de notas y de sonido…etc. No sé, como que ahí es donde más me costaron las formas de sentir dónde se acentúa, dónde subdividimos, sobre todo. Porque yo creo que yo vengo o venimos un poco más del flamenco, de la parte más de los tanguillos, más del norte de Marruecos. Música gnawa, no sé [canta el ritmo]. Y eso también existe en toda la música de origen africano, claro. Pero en Brasil empecé a darme cuenta de que había un montón de música escrita a dos [canta ritmos], o como que el binario era una cosa muy, muy establecida.
Muy marcada.
Exactamente, y después el ternario estaba dentro, por supuesto, pero como desde otro punto de vista. Entonces, no sé, son estas visiones abstractas que cada persona, cada músico tiene en su cabeza. Pero digamos que en Brasil es donde más me costó, y me iba después de a mi casa, después de tocar en una jam, me iba diciendo “creo que no me entiendo”, y tocando Footprints, no tenía que ser tocando una música brasileña. Sí, ahí fue una aventura y es apasionante, porque ahí es donde te das cuenta que el mundo es mucho mundo, y que por mucha música que tú creas que sabes, nunca sabes la suficiente.
Y deseas enriquecerte siempre, como cuentas, que eso da gusto. Da gusto ver siempre a un músico asentado, interesante, con ya un porte importante, que sin embargo habla desde esa humildad, habla desde ese enriquecerse, habla desde ese aprender, yo creo que es una lección que desde la música, digamos, se da a toda la sociedad. O sea, la sociedad puede aprender esto de músicos como tú en este caso, que nos testimonias esta experiencia tan bonita.
Sí, a veces pienso, que la música, con el tiempo se traduce también en un equilibrio con el entorno, en una limpieza de la persona, en una mejoría. Para mí, siempre es una medicina y veo mucho que puede servir para ser mejor persona, o para poder siempre expresar lo mejor de ti. Y a veces, con el simple gesto en una jam session, a la hora de subirte, de tocar, solamente con la forma de presentarte tocando, desde la primera nota, o la forma en la que diriges tu improvisación, la forma con que dejas los espacios, hasta dónde la llevas, con lo que haces sentir al resto de los músicos cuando estás tocando, todas esas cosas, son apasionantes. La música, cuando estás compartiéndola, puedes sentir que estás hiriendo a alguien o no, estás ayudando a que el batería camine si le está costando trabajo, o si sin embargo, le estás llevando con la lengua fuera. Esto a mí me gusta porque es estar con alguien, más allá de los niveles y de lo que uno quiera demostrar. Y eso que nunca se tiene que demostrar nada. Porque muchas veces, esa cosa del jazz en las jam sessions, que hay que ser el mejor, y creo que ahí hay una energía que se transmite totalmente al público y a los músicos.
Totalmente. ¡Qué bueno que se pueda ver de forma aplicada en el escenario, esta mentalidad, esta cosmovisión, esa apertura, esa humildad, ciertamente! Precisamente, acerca de la humildad, creo que muchas veces en la vida son los retos, son esas experiencias que contabas antes, en diferentes destinos, donde uno está siempre dispuesto a aprender. Precisamente, es a través de retos, de pruebas, en la vida y también dentro de la música (dificultades técnicas con el instrumento), como uno puede también forjar esa humildad dentro de uno mismo para luego transmitírsela a los demás y enseñarles la música desde ese lugar, que es el lugar desde donde muchos la vivís y que a la audiencia, a los que nos gusta escuchar, es casi como el punto de atractivo más primario desde el que ya después te metes en la música. ¿Tú qué reto grande has tenido del cual has aprendido algo que nos podríais transmitir? Puede ser de la industria musical, de tu trabajo con otros compositores, un repertorio difícil, el ponerte a componer, una dificultad técnica, una lesión, lo que sea. ¿Ves que en tu música tú has sacado un aprendizaje que nos puedas transmitir, que nos puedas compartir?
Pues mira, uno, que lo extrapolo a todas las situaciones de la música, me lo ha transmitido el hecho de haber hecho improvisación libre colectiva, con más músicos, y cuando tuve también la ocasión de ir de invitado a hacer la gira del CIMIC, que es un ciclo de músicas improvisadas que organizan en Cataluña mis amigos Albert Cirera, Ramón Prats, de DUOT, y me dijeron, “oye, ¿quieres hacer siete o ocho conciertos?” Y yo nunca había hecho tantos conciertos seguidos a trompeta sola. Bueno, pues es un reto de saber estar, que también es lo mismo cuando hace improvisación libre con más músicos. Es una sensación muy muy fina y es algo que parece que es nada, porque saber estar simplemente es sentarte y tener una actitud activa en la escucha y estar tranquilo, y no es tocar aquello que va a ser mejor o peor, o querer desarrollar algo técnico que te lleve a texturas. Ya ni pensando en la música, porque a veces pensando en la misma técnica, las mismas cosas que como músicos trabajamos, a veces yo he terminado en un círculo vicioso que no me ha llevado a ningún sitio, pero sí mucho el saber estar. Y eso lo extrapolo en cualquier momento, en cualquier repertorio, de Big Band, de quinteto, lo que sea, la música que sea. Saber estar significa escuchar la música y entrar escuchándola realmente. Incluso si tienes compases de espera, los compases de espera los cuentas al principio, pero no estás contándolos la segunda vez lo mismo que la primera. La segunda vez ya estás escuchando la música y los compases de espera no son tan importantes, aunque tengas 44, sabes dónde entras porque estás escuchando donde entra el resto de la música. Eso es uno de los retos y es una cosa que creo que siempre, si la tengo en cuenta, mejoraré como músico.
Y la otra cosa que quería compartir es que cuando la música realmente sale como tú quieres, sobre todo a la hora de componer, es cuando menos la he perseguido. Es cuando me ha pillado en un momento en el que no es que no la persiga, sino que no tengo una intención más allá que sea simplemente escribir música. Eso me pasa mucho, cuando tengo que escribir música porque tengo que hacerlo, porque hay un encargo….etc., ahí tengo que manejar todo eso. Pero donde mejor sale todo es cuando hoy escribes un poquito, porque escribes y no tienes por qué escribir para mañana. Hoy escribes, mañana escribes otro poco y esa música no sabes si será para quinteto, para Big Band, o para ti, o para una canción…, no lo sabes pero tú la escribes. Y esa forma de salir la música, hablando de la composición, también me gusta y es un reto para mí. No hacer las cosas un poco así forzadas. Aunque haya oficios de compositor por los que tengas que hacer un arreglo en dos días, o en tres, veo que en este sentido hay una diferencia.
Sí, sí, interesante. Yo creo que es la diferencia entre tener la pretensión de llegar a algo y la postura del que deja que la música pase a través de sí mismo, de alguna manera, y está disponible, más tranquilo también. Depende de tantos factores. Si uno está agobiado, estresado, muchas veces estás como reprimiendo esa posibilidad de que salga el genio. Y cuando estás tranquilo, cuando estás sin pretensiones o sin expectativas tuyas propias es cuando de repente se puede dar la comunicación de una manera más natural y que comunica, pues como tantas veces nos has comunicado tocando y nos comunicas tocando, ¿no? Que llega, llega, realmente llega. Es un gozo. Pues te lanzo la última pregunta, así más sencilla, con desapego. ¿Qué música tiene Julián Sánchez en su reproductor? ¿Qué está sonando últimamente, estos últimos días, estas semanas, cuando tienes tiempo para escuchar? Porque también entiendo que como músico hay mucha parte de aprender repertorio, de componer, de escucharse a uno mismo y tal, ¿no? Pero si hay momentos de escucha de otras cosas y tal, ¿qué cosas están ahí sonando en tu librería de discos, o de bandas, o de artistas?
Pues mira, es una pregunta, es la más difícil de todas las que me ha hecho. Sí, porque, ¿sabes? Lo de escuchar música también es un valor que hay que conservarlo en estos tiempos, ¿no? Lo que es escuchar realmente música. Pero bueno, ahora sí, la que tengo en mente, pues claro. Por ejemplo, he escuchado Jackson Do Pandeiro, artista brasileño, paraibano, relacionado con el forró, el baião, pero donde las letras, la métrica y demás, son un arte, Jackson Do Pandeiro. Quizás porque, claro, como he estado en Brasil, tengo eso más presente. Ahora estoy metido en hacer un arreglo sobre alguna obra de Falla, para un concierto que tenemos en el Festival de Música Española y en el Teatro Falla de Cádiz, con una Big Band. Y ahí he estado también, pues, escuchando El Sombrero de Tres Picos, con el que me voy a pelear un poco, para ver qué desarreglo le hago.
Y las músicas que voy escuchando son las que me voy encontrando ahí. Tengo músicas a las que accedo, como pequeños gurús, ¿no? O sea, los pequeños puntos de música están en las que reconecto. Y esto, pues, pueden ser diferentes, pero se suelen repetir. Por ejemplo, me gusta mucho escuchar a Lester Bowie, Art Ensemle of Chicago. Me gusta mucho revisar los trabajos de Ambrose, porque me conecto mucho con la profundidad suya de entrar en la música, muchísimo. Más allá de que, estilísticamente, estemos más cerca o separados, pero ahí sí. Como eso de Lester Bowie, o como, yo qué sé, siempre en el coche escucho muchísima música y siempre tengo Ornette, siempre algún disco maravilloso de Duke Ellington que de repente dices tú, ¿cómo puedes seguir esto sonando de esta forma tan preciosa? Y Joe Henderson también, siempre es como una perlita, que siempre cuando digo, ¿dónde están los rinconcitos, no? Y entonces Joe Henderson me lleva otra vez a los rinconcitos. Bueno, estas cosas que cada uno tiene su biblioteca así para acceder. Pero bueno, ahora realmente fue Jackson Do Pandeiro y Manuel de Falla, fíjate.
Es curioso cómo en la librería de cada uno hay siempre cosas frescas, cosas nuevas, libros nuevos, recién publicados, ¿no? Y luego otros puntos que son como relaciones humanas, ¿no? Que tú vuelves a ellos cuando necesitas algo, que vuelves a pedirles ayuda, que vuelves a contarles algo, que vuelves… Que se genera una relación y es muy bonito como lo has expresado. Nunca lo había escuchado de esta manera tan familiar y te lo agradezco, te lo agradezco, Julián. Te agradecemos de corazón que hayas estado con nosotros a pesar de los problemas técnicos que hemos tenido antes. Te pedimos perdón por eso. Y te deseamos lo mejor, sabemos que estás haciendo cosas increíbles y que todavía queda por ver cosas más increíbles aún de tu mano y de los que te rodean.
Ojalá, ojalá. En esa estamos. A veces, no es que cueste por nada, sino por la misma vida, el mundo, la locura del mundo, que cuando te ves tan ensimismado en tus cosas y miras alrededor y dices, ¿para qué tanto, no? La locura del mundo que arrastramos hoy en día… Pero bueno, estamos ahí para hacerlo lo más sincero posible con nuestros actos y en mi caso, pues soy músico, “haber elegido muerte”, como decía un amigo mío, es lo que me toca y ahí estamos.
Yo confío plenamente en que lo que haces es un… Arroja luz, ¿sabes? Delante de, como dices, una tesitura, un panorama, una coyuntura internacional que a todos nos deja con congoja, ¿no? Pero de verdad, que los puntos de luz los hay. Yo soy de esas personas positivas que en este sentido me gusta valorar que tengo la oportunidad de hablar con un punto de luz, ¿no? Y que tenemos la oportunidad de que esto lo puedan escuchar otras personas, y puedan ver que hay puntos de luz, ciertamente. Así que nada, Julián, te agradecemos mucho todo lo que nos compartes, todas las palabras, todas las experiencias y de verdad esperamos verte pronto en los escenarios también y fuera de los escenarios, que también siempre es un gozo.
Muchas gracias, Julián.
A ver si nos vemos en persona algún día y a seguir ahí. Gracias por vuestra labor y nada, a seguir para adelante y mucha fuerza, ánimo y salud para todos.
Igualmente, Julián. Un abrazo.
Por Pedro Andrade y José Cabello
27 de enero de 2026