JazzEñe I Jazzaldia 2024

JazzEñe I Jazzaldia 2024

JazzEñe I Jazzaldia 2024

Donostia- San Sebastián

14

Agosto, 2024

El Teatro Victoria Eugenia a lo largo de un siglo de historia ha sido el centro de la vida cultural de San Sebastián, y está vez, en el mes de julio, no lo fue menos con un aforo de lleno total. Por cuarto año consecutivo el FCC Victoria Eugenia Antzokia es el espacio elegido por el Festival JazzEñe, programa propio de la Fundación SGAE, que en colaboración con Donostia Kultura y el Festival de Jazz de San Sebastián-Jazzaldia59, celebra la décima edición de la muestra de jazz español para programadores internacionales. Jazzeñe es el festival autónomo dentro de la programación de la 59º edición de Jazzaldia, que tiene como propósito dar visibilidad internacional al jazz de origen español presentando ocho proyectos cuidadosamente seleccionados que reflejan el alto nivel creativo. Con un público fiel y entusiasta, Jazzeñe se ha convertido en un escaparate para mostrar el jazz hecho en España directamente a programadores internacionales invitados por la Fundación SGAE, impulsando, de esta manera, sus carreras e incentivando su participación en festivales de jazz internacionales.

           

El festival comenzó con la flautista almeriense Trinidad Jiménez que presentó su último trabajo Eléctrica (2023). En este proyecto, la líder combina elementos del jazz con ritmos de la herencia del flamenco y otras sonoridades contemporáneas. El trabajo de Trinidad Jiménez muestra una amplia variedad de texturas tímbricas y sonoras con elementos electrónicos de la mano de David Sancho al Fender Rhodes y sintetizadores, que aportan una nueva dimensión a su música, junto a Borja Barrueta a la batería. Todos los temas que se escucharon son composiciones de Trinidad Jiménez como Paavera, Mood, Ocre y Azul. Para seguir con seguidillas con composiciones como Plegaria a la duda, Intacto, y acabar con Pentalegría.

Fruto de la experiencia de la residencia artística Focus Year Band en Basilea, el saxofonista y compositor Roberto Nieva graba Empirical Sound (2024), con el sello Underpool. Un disco que lo consolida como una de las figuras emergentes más destacadas de la escena jazzística internacional. El líder presentó el álbum en Jazzeñe con el cuarteto compuesto por Xan Campos al piano, el contrabajista de Sao Paulo Thiago Alves, y Rodrigo Ballesteros a la batería. Todo lo que escuchamos son composiciones originales de Roberto Nieva, con su característico tono cálido y articulación precisa, cada una de las cuales destaca por su complejidad armónica y rítmica, combinando influencias del jazz clásico con elementos contemporáneos. Un trabajo coherente de composiciones cuidadosamente estructuradas, logrando un equilibrio entre los sofisticados desarrollos compositivos melódicos ricos en matices y la improvisación. El repertorio, inspirado en parte por Pablo Neruda, se compone de temas como Two-Dimensioned, el Fuego Diminuto, Interludio es un tema extendido entre dos canciones, Thank you for not coming, terminando con el tema titulado La Ventana de la Ventana.

La segunda jornada de Jazzeñe comienza con el concierto a dúo de la vocalista Mariola Membrives. Vinculada al teatro y al Taller de Musics es considerada una voz innovadora y transgresora de su generación junto con Gonzalo Navarro a la guitarra. Ofrece una propuesta de música de raíz popular española, flamenco, con recursos del jazz. Escuchamos letras recitadas, folklore y coplas de Federico García Lorca, A. Montea, Juan Mostazo, como Zorongo Gitano, El día que nací yo, Anda Jaleo, Ciudad sin Sueño, Nana de Sevilla, Envidia (R. Jiménez / A. Montea), Nostalgia, Veinte Años (Maria Teresa Vera), Ne me Quitte Pas (J. Brel), Cuatro Muleros.

R.S. Basque Faktor. es un quinteto del País Vasco de ritmos electrónicos, música de orquesta y ritmos bailables compuesto por Rubén Salvador (trompeta, flugelhorn), Julen Izarra (saxo tenor), Satxa Soriazu (piano), Aritz Luzuriaga (contrabajo, bajo eléctrico), y Hilario Rodeiro (batería). Presentaron su último trabajo Ecuanimity publicado en 2022, basado en las sensaciones y en las vivencias que el líder Rubén Salvador vivió durante su retiro. Está inspirado en una de las técnicas de meditación más antiguas de la India, Vipassana que significa ver las cosas tal como son, llamado el arte de vivir.

Continuamos con el quinteto de David Sancho que presentó una premier de su trabajo más reciente Mind In Progress, grabado en enero. Con una interesante trayectoria compositiva de calidad, Mind in Progress, refuerza la posición de David Sancho en el panorama musical contemporáneo. Elegantes, versátiles y minuciosos desarrollos melódicos con la profundidad lírica que le caracteriza y una dosis de electrónica. Un proyecto que nos sorprende nuevamente. Está vez con la incorporación del violín de Amara Ríos que junto con las intervenciones solistas de Marta Mansilla a la flauta aportan nuevas texturas y enriquece el sonido global del quinteto. David Sancho al piano y teclado, Jesús Caparrós al bajo eléctrico, un bajista top como Sancho lo definió y Borja Barrueta a la batería, surfero de los platos, bombos y cajas, dice David Sancho. Escuchamos temas como, Mathias, dedicado al trompetista noruego Mathias Eick, Para Karlos, Someone is Gone, Mind in Progress, Loving life.

Seguimos con la sobresaliente propuesta de Juan Saiz y el álbum de título Pindio II (Leo Records), música de experimentación contemporánea repleto de ángulos creativos imprevisibles. Todas las composiciones son de Juan Saiz que en todo momento muestra un despliegue de recursos, y una variedad de enfoques, abstracciones y sonoridades. Con un cuarteto de lujo de excepcional compenetración y expresividad compuesto por Juan Saiz, alternando saxos y flauta, la grandiosa versatilidad al piano del menorquín Marco Mezquida, el francés Eric Surmenian en el contrabajo y Genís Bagés a la batería. El cuarteto abre el concierto con el frenético tema Index Librorum Prohibitorum. El protagonismo y libertad de los solos de Juan Saiz construidos sobre los cimientos del piano de Mezquida en el El Impostor. Para continuar con la abstracción minimalista de Pindio, tema que da título al disco. La sutileza lírica de Aurora. La energía desenfrenada al saxo tenor de Eber, para terminar con los pasajes oníricos y grandiosos de Bellaskos y El Grito. El resultado es un trabajo sobrio con peso específico plagado de abstracciones sorpresivas que actúan como puertas abiertas a nuevos caminos sonoros.

Marcelo Escrich Silent Quartet. El contrabajista argentino Marcelo Escrich presenta su proyecto Chamber Chronicles con Luis Giménez, guitarras, Alberto Arteta, saxos tenor y soprano, Mikel Andueza, saxos alto y soprano. Una amalgama de melodías, ritmos e influencias provenientes del folclore argentino, de grandes maestros como Piazzolla, y de la música clásica.

Martín Leiton Quartet. El contrabajista canario Martín Leiton presenta su último trabajo titulado Caravana junto al saxo Santi de la Rubia, Toni Saigi al piano y Ramón Prats a la batería.  Álbum inspirado en los grandes referentes del jazz como Thelonious Monk, Wayne Shorter y Duke Ellington, así como en las músicas latinoamericanas y en los ritmos y melodías de la música gnawa y tuaregs. El cuarteto comienza con el tema titulado Lio, dedicado a Lionel Messi, para seguir con el frenético tema de esencia bop Upstairs, siguiendo con la balada Friendship. Gimbri es el tema que representa la idea del disco como encuentro entre el lenguaje del jazz y la música gnawa dedicado al instrumento de cuerdas gimbri, para finalizar con el tema Su Vida y Old Devil Moon.

Written by Begoña Villalobos 

Septiembre 14, 2024

Iñaki Saitua Interview Festival de Getxo 2024

Iñaki Saitua Interview Festival de Getxo 2024

Iñaki Saitua Interview

Festival Internacional de Getxo 2024

13

Septiembre, 2024

Texto: Enrique Turpin

Fotos: Pedro Urresti

 

Festival de Jazz de Getxo, 3-7 de julio de 2024.

 

 

 

 

EL DISCRETO ‘HASTA SIEMPRE’ DE UNA INSTITUCIÓN

‘Apurado’ sería un buen epíteto para quien viera a Iñaki Saitua Iruretagoiena por primera vez y le preguntaran sus impresiones al respecto. Si esa persona conociera el catalán, diría que el responsable del Aula de Cultura del Ayuntamiento de Getxo se maneja desde que despierta hasta que regresa a la cama con una expresión ideal a tal efecto; ‘a correcuita’, diría, que viene a significar un estado en el que la prisa reina por doquier: correr y apurarse, que es la lectura antigua y ya desusada para la ‘cuita’ latina, la misma que nos ha legado el cuidado que todavía seguimos utilizando para referirnos al hecho de mantenerse atento y avizor a las contingencias posibles. Tal vez sea incluso mejor decir ‘a correcuita’ que ‘apurado’, pues el omnipresente —y casi omnipotente, lo de omnisciente ya llegará— Iñaki Saitua siempre está haciendo dos cosas a la vez, como son apresurarse y mantener la atención, correr y cuitar, un estado natural para quien ha de manejar con cariño, sabiduría, tesón, diligencia y esmero el Festival de música improvisada con el que se inicia la temporada de festivales de jazz y músicas afines en el País Vasco. El de Getxo ya va por su 47ª edición y llenó de actuaciones la ciudad durante la primera semana del pasado mes de julio.

Ajeno a cualquier atisbo de boato, se nos cita en el Ajuria, un concurrido bar de la Plaza San Nicolás donde entienden y atienden con la sencillez de las cosas bien hechas y mejor dispuestas, tal vez como si el mismo Iñaki quisiera advertirnos de su ética personal y profesional: sencillez y efectividad sin cargar las tintas, que es lo que vendría a ser un maravilloso pincho de tortilla cuajada lo justo, acompañado de un crianza con nobleza contrastada servido en una copa digna del caldo, tapa reconstituyente en cuanto pasa por la boca. No es un símil forzado. Hay cosas que no se pueden hacer mucho mejor, aunque hay que aspirar siempre a afinarlas. Para eso está la experiencia, y de eso Iñaki Saitua sabe un poco.

“Esto empezó de un modo muy humilde”, confiesa acodado en una de las mesas de madera de la terraza del bar. “Corría 1975 y la Organización de Fiestas de San Ignacio se propuso crear un voluntarioso evento de poco presupuesto para vestir con música el Puerto Viejo. Como todas las cosas hechas con entusiasmo y tesón, en cada edición progresábamos un poco, y el encuentro empezó a crecer año tras año, ganando notoriedad y prestigio. He de decir que por aquí –poca gente lo recuerda ya- pasaron en aquellos años iniciales, además de Tete Montoliu, un jovencísimo Sting con su banda Last Exit”, haciendo gala de un jazz à la Weather Report y Return to Forever, dioses en aquel momento.” Y sí, de los frutos de aquel tiempo y de aquella banda a cuatro formada junto a Gerry Richardson llegarían más tarde composiciones como “I Burn For You”, “Bring On The Night”, “Oh My God” y “So Lonely”, pero ésa ya es otra historia. Sólo adelantaremos que pasó diez días en Getxo, actuó con camisa de arrantzale y dio dos conciertos (y pico) bastante accidentados.

La tortilla va haciendo su trabajo reconstituyente y el vino hace progresar la conversación en la tarde estival en la que queda una jornada para poner el broche final al certamen. “Sí, claro, años más tarde el encuentro amateur se convirtió en certamen. Una década más tarde, alrededor de 1985, el Getxo Jazz empezó a adquirir sus señas de identidad al vincularse al Aula de Cultura del Ayuntamiento, lo que dio pie a imaginar la posibilidad de crear un concurso de grupos a nivel estatal, aspecto que se hizo realidad en 1986, y proyectó la resonancia internacional del Festival, en parte por la inyección de dinero que hizo posible que aparecieran por aquí nombres de la talla de Art Blakey, Freddie Hubbard, Mike Stern, Michael Brecker, los YellowJackets, Dave Holland, Winton Marsalis, Michel Camilo o Tony Williams, entre otras figuras que nosotros, chavales todavía, contemplábamos como dioses llegados a la Tierra desde no se sabe dónde.” Ese día actuaba la pizpireta Stacey Kent y en la entrada del Muxikebarri rezaba el cartel de Sold Out. Abrió para ella la banda Nita, grupo liderado por la contrabajista Anja Gottberg, a la sazón ganadores del concurso de grupos de esta edición.

Un espía cazaría rápido a Iñaki, todo él azogue, todo él gestión, todo él bonhomía después del trato continuado en estos cinco días de inmersión musical, cultural y estética. Nada queda al azar, nadie lo imagina, al menos. Él parece haber hecho acopio de energías para llegar a la última jornada en plenitud de facultades. Todavía quedaba la del domingo, que iba a tener de colofón la actuación de Bill Frisell.

Un espía cazaría rápido a Iñaki, todo él azogue, todo él gestión, todo él bonhomía después del trato continuado en estos cinco días de inmersión musical, cultural y estética. Nada queda al azar, nadie lo imagina, al menos. Él parece haber hecho acopio de energías para llegar a la última jornada en plenitud de facultades. Todavía quedaba la del domingo, que iba a tener de colofón la actuación de Bill Frisell.

“Que aparezca James Carter, Kurt Rosenwinkel, Hiromi, Stacey Kent o Bill Frisell ya no sorprende, pues el jazz ya es por suerte un discurso musical internacionalizado y no implica perder nuestro ADN como festival, dado que mantenemos intacto el concurso de grupos de ámbito europeo y además todos los grandes artistas del género un poco despiertos tienen conexiones artísticas fuera de su ámbito natal, haciendo del jazz un lenguaje universal que no atiende a fronteras. Debo añadir que la aparición de jazzmen estadounidenses está condicionada también al entorno en el que progresó el Festival de Getxo, tan cercano en fechas y distancia con el de Vitoria y con el de San Sebastián, que no consideraron en ningún momento vincularse con un origen concreto para programar sus propuestas. Es difícil competir con ellos —proponer alternativas— con ellos tan cerca.  Nosotros seguimos manteniendo las actuaciones de la sección Tercer Milenio, los conciertos familiares, el Concurso de Grupos europeos y, como no podía ser menos, las jam-sessions. Es nuestra marca genética, y no queremos perderla”, dice sin dejar de girar la cabeza a derecha e izquieda, contestando al teléfono con la delicadeza del buen anfitrión que se inquieta por no poder desdoblarse para atender a todos por igual. La responsabilidad es doble, puesto que el año que viene habrá un nuevo responsable en el Aula de Cultura del Ayuntamiento de Gexto. Iñaki Saitua se jubila. Otros tomarán el relevo, pero no será lo mismo. Desde que en 1989 se diera el salto a Europa y el certamen se convierte en el Festival de Jazz Getxo Europa Jazzaldia al anticipar el interés por un jazz variado, de calidad y apenas programado, por lo que resultaba poco conocido. La combinación de artistas consagrados y desconocidos, siempre desde la premisa cualitativa, hará el resto. Getxo afronta la década de los noventa convirtiéndose en el estandarte de una suerte de jazz que no palidece ante propuestas más poderosas con las geografía vasca como marco de referencia.

“Precisamente”, insiste Iñaki mientras le da la vuelta al teléfono para tratar de acabarse el pintxo de tortilla y ese vino resucitador, “la apuesta por el jazz autóctono se mantiene como premisa, así como la grabación de la actuación del grupo ganador del concurso de grupos”. Todavía no sabemos que lo que veamos hoy será con diferencia lo mejor del festival en esta modalidad. Nita se hará con el galardón y el año que viene tendrá nuevo disco para su distribución internacional con la marca de Getxo Jazz como sinónimo de fidelidad y calidad.  Atrás quedan los años de los scouts, las fiestas de Algorta y el tiempo en el que Luis Iturri fue consultado para renovar el ambiente festivo de la ciudad. Se pidió ayuda al Festival de Jazz de Donostia y les apoyaron: los que iban al concurso de grupos aficionados de jazz luego pasaban por Getxo. Poco a poco el festival fue cogiendo aire y la comisión juvenil no pudo con todo, así que se  pidió al Aula de Cultura que se hiciera cargo. Con el advenimiento de los ayuntamientos democráticos surge la figura del responsable de cultura, y ahí fue clave el nombre de Eugenio Gandiaga y, desde hace muchos años ya, el entrevistado, que se jubila en esta edición, no sin antes dejar fijada la programación de 2025. De los Tomasz Stańko, Didier Lockwood o Joe Zawinul a Juan de Diego, Baldo Martínez o Giulia Valle, del joven Sting a deseos insatisfechos. “Tengo la espinita de no haber podido programar a Brad Mehldau, uno de los grandes que Getxo vio crecer en la distancia sin posibilidad de acercarse a su caché”, confiesa un Iñaki azorado porque se acerca el momento de terminar la entrevista. En minutos se abrirán las puertas del Muxikebarri y el espectáculo que iniciaron un grupo de scouts regresará con los sueños de siempre, las entradas agotadas y las ilusiones intactas. Apuramos las copas y brindamos por el porvenir. No siempre se tiene la suerte de tener como responsable de un festival de música a un entusiasta que rezuma bonhomía y sabe lo que cuesta cada céntimo que llega a su, todavía, Aula de Cultura del Ayuntamiento de Getxo. Brindamos al cielo y nos decimos “salud”. Pocas veces fue más sincero un brindis. Nunca antes estuvo tan buena la tortilla. Uno entiende que la felicidad reside en esos pequeños placeres. Ya no hablamos del vino o la tortilla. Se trata de la amistad, esa pequeña alegría que nos depara la vida, ese pequeño placer mundano que nos permite sobrellevar la existencia. Y el jazz. El jazz, siempre el jazz. Que no nos falte nunca. Encaramos la senda que conduce al Auditorio mientras nos decimos en silencio algo parecido a un desplante que también tiene algo de súplica. Ay, Brad, no sabes lo que te pierdes. A todo esto, ¿dónde se metió Iñaki? No hay nada que temer, como ocurre los superhéroes, siempre aparece cuando se le necesita.

Written by Enrique Turpin

Septiembre 13, 2024

47º Festival Internacional de Jazz de Getxo

47º Festival Internacional de Jazz de Getxo

47º FESTIVAL INTERNACIONAL DE JAZZ DE GETXO

08

Agosto, 2024

Texto: Enrique Turpin

Fotos: Pedro Urresti

POR EL TIEMPO QUE NOS QUEDA

Como la ría del Nervión que va a dar al mar, que aquí es el vivir y no el morir, como le gustaba decir al poeta, uno nunca sabe dónde empieza y dónde acaba el trasiego de aguas dulces y saladas, pero hay acuerdo en reconocer que en el margen este del Puente de Vizcaya, en plena ría de Bilbao, se da cada año desde hace cuarenta y siete uno de los grandes festivales de jazz europeos. Como ese transbordador, cada edición busca conectar gentes y querencias para ofrecer un espectáculo estival que va más allá del mero escaparate musical hasta convertirse en un epicentro de vitalidad civil donde lo humanístico encuentra su razón de ser en algo menos de una semana de conciertos y actividades alrededor de la villa de Getxo. Fueron un total de diecisiete conciertos, distribuidos entre los gratuitos y al aire libre de la Plaza de la Estación de Algorta, hasta los que acogió el auditorio Muxikebarri, a los que hay que añadir las jams nocturnas de fin de semana en el Piper’s de Algorta, conducidas por el guitarrista Miguel Salvador y que no hay que perderse si uno desea tener una comprensión cabal de lo que se maneja en este festival tan especial, de los pocos que añade a su programación un concurso de grupos que ya es histórico, no sólo por la acumulación de ediciones, también por la excelencia de los proyectos y por la repercusión internacional del galardón. Quien esto firma sabe que por perderse esas jams debido a una crisis sistémica de sus anginas tiene un pie en la quinta planta del infierno, la que Woody Allen destinaba a carteristas de metro, mendigos agresivos y críticos literarios en Desmontando a Harry (1997). Otro año será.

Lo que pasó el miércoles 3 de julio tiene mucho que ver con quien se presentaba en el escenario del Muxikebarri: tras unos correctos Seada Quartet, desembarcó el James Carter Organ Trio y la fiesta ya no paró hasta el colofón del domingo. El multiinstrumentista de Detroit hizo gala de su fama lúdico-festiva y logró la unanimidad de pareceres. Más allá de sus dotes, reconocidísimas y suficientemente contrastadas a lo largo de los años y los distintos proyectos, lo que pudo escucharse esa tarde memorable fue una explosión de conocimientos y saberes dispuestos para el más puro espectáculo. Un líder solventísimo como Carter, consciente de sus habilidades y mando, no dejó al azar la dinámica del concierto, y mostró que la payasada no está reñida con la excelencia. Hace tiempo que los secretos del viento fueron domados por el joven león que ya peina canas (1969) -es un decir, desde siempre marcó su esfinge pulida, pero no ha perdido las ganas de significarse ni mucho menos las de ofrecer una actuación digna de los grandes. No hay demasiados proyectos que generen afición al tiempo que muestren las osadías a las que puede llegar esta música indómita y universal. James Carter crea escuela de oyentes y fanáticos mientras parece que lo que hace sale con la facilidad con la que se respira. Nada más lejos de la realidad. Lo de Organ Trio viene por la fiereza con la que Gerard Gibbs ataca las teclas del Hammond B3, haciendo que las aspas del amplificador se conviertan en un instrumento más para rendirse, acatar y obedecer los designios del líder. Hay un sometimiento de la voluntad, pero Gibbs también tiene carrera paralela a Carter y no se amilana cuando los saxos (soprano, tenor y alto) del de Detroit piden guerra. Puso al público en pie cuando hizo falta y despejó las dudas a propósito de la solvencia del trío, que esta vez había cambiado a Alex White, el baterista oficial, por un efectivo Elmar Frey nada inconsecuente. La fiesta permitió revisionar composiciones de Django Reinhardt, Lonnie Smith, un funkificado “A flower is a lovesome thing” de Billy Strayhorn, el “Tricotism” de Oscar Pettiford y una mirada oblicua al estándar “Body & Soul”, con guiños a Henry Mancini y Georges Bizet, por si no quedaba claro que James Carter tiene tanto de clásico como de vanguardista, que es lo mismo, porque ya se sabe que todo clásico guarda en su interior la mirada contemporánea con la que afrontar el mundo. No pudo haber mejor inicio de festival, desde luego.

Que Getxo cuida su programa y sus gentes no es simple lugar común. Se trata de un festival que trata de conjugar las voluntades artísticas con las potencias locales y los deseos de los amantes (verdaderos) del jazz con mayúsculas. La ocasión se pintaba propicia para que el jueves 4 apareciera una bomba nuclear que juega la baza de lo popular y lo extraordinario con una incontestable presencia. Nos referimos a la pizpireta Hiromi Uehara (Shizuoka, 1979), una artista que hace del piano un banco de pruebas para su personalidad y que obliga a cualquiera que la tiene delante a hacer un pacto por el que otorgar credibilidad al prodigio que va más allá del mero fuego de artificio. Quiere decirse que el entusiasta del jazz se cuida mucho de los músicos que hablan mucho para decir poco, de esos en los que impera la agrupación de notas sin fuste por el solo hecho de existir pegadas, pero que nada tienen que decir, más allá del discurso apabullante y superfluo. No, Hiromi —iba a decir la joven, pero la japonesa ya tiene en su haber cuarenta y cinco vueltas al sol naciente— conjuga el volcanismo con la sensibilidad, lo que no es óbice para que muestre quién es cuando se deja llevar y, sobre todo, cuando traslada al público su propuesta artística. En esta gira venía a presentar el cuarteto de Sonicwonder con su largo Sonicwonderland (Telarc, 2023), plagado de funk estratosférico, teclados galácticos, improvisación contenida y mucho humor marca de la casa. Mientras el bajo eléctrico de Hadrien Feraud hacía viajar a los tiempos del drum’n’bass en comunión con el todopoderoso baterista Gene Coye, la trompeta de Adam O’Farrill, el nieto pequeño de la saga de los O’Farrill (Chico y Arturo, abuelo y padre) trajo la sensibilidad de la mezcla heterogénea que caracteriza la genética musical de Nueva York. Habían pasado diez años desde que Hiromi recalase en Getxo y vino a demostrar qué había ocurrido en esa década que trajo consigo crisis, pandemias y crecimiento personal, por más menuda que nos siga pareciendo. La destreza técnica se le supone, pero hay hoy intensidad controlada y fuertes dosis de grácil inventiva que la hacen única. De nuevo se trató de un concierto para crear afición y para comprobar que el aburrimiento no cabe en la propuesta de la nipona. Fueron cayendo uno a uno los singles de su último trabajo, como si ese ‘país de las maravillas sónico’ fuera el patio de recreo de una Alicia-Hiromi que no le teme a nada, donde todos los objetos y sujetos son sus aliados cuando se trata de divertirse y divertirnos. “Wanted”, “Polaris”, “Utopia” y el resto de composiciones lograron la unanimidad risueña del público en la hora y media de concierto. Para colmo, el “Bonus Stage” con el que cierra su último trabajo discográfico y que en el Muxikebarri sirvió de bis mezcla el pasacalles second line con los multisaltos del videojuego Mario Bros, por si no quedaba claro de dónde se nutre Hiromi. Los teloneros Flen encendieron la mecha con su jazz escandinavo, pero cuando tras ellos aparece la colorista y heféstica Hiromi al frente de su cuarteto sólo quedan cenizas, aquí de amor correspondido hacia la líder de Sonicwonder. Las seis personas que quedaron para completar el aforo del auditorio todavía deben andar tirándose de los pelos por haberse perdido uno de los espectáculos veraniegos destinado a todas las edades (del jazz).

Al igual que fijar la Casa Consistorial sobre una cancha de frontón aportalada es toda una declaración de intenciones, Getxo tiene a gala ser el estandarte durante casi medio siglo de una suerte de escuela jazzística que tiene su mirada en Europa pero que reconoce a la Norteamérica anglófona como referente indiscutible cuando de cuna genérica se habla. Sí, por el Viejo continente hemos tenido a improvisadores importantes como Bach, Beethoven o Chopin, por poner ejemplos indiscutibles en trasladar una idea al instrumento sin solución de continuidad, pero el jazz nacido en el crisol caribeño bebe de otras fuentes. Éstas fueron las que se arracimaron para que el cuarteto de gala del guitarrista Kurt Rosenwinkel (Filadelfia, 1970) recalara de nuevo en el festival, esta vez acompañado de los cómplices Mark Turner a los saxos, Ben Street al contrabajo y Jeff Ballard en la batería. Venían con el reluciente The Next Step Band (Heartcore, 2024) bajo el brazo, y todos sabemos que el quinto elemento, de haberlo citado para la ocasión, hubiese sido el agigantado Brad Mehldau, pero el pianista ya montó hace nada un homenaje a sus días juveniles con el colectivo prepandémico RoundAgain, que dio nombre también al disco resultante (Nonesuch, 2020; y su secuela en 2021), donde figuraban otros amigos del guitarrista como Brian Blade, Christian McBride o Joshua Redman. Más discreta, pero no menos genial, es la propuesta de Rosenwinkel que vino a presentar ante un auditorio volcado con uno de los líderes generacionales del jazz finisecular, virtuoso y elegante a un tiempo, aunque disperso en intenciones en los últimos años. Que se atreviese con el piano en un par de piezas sin aportar demasiado va en esta línea de desconcierto. Pero cuando agarra la guitarra ya es otro cantar. Cayeron “Zhivago” y “Christmas Song”, luego “Mr. Hope” y “The Next Step”, más el bis de rigor. Puestos a destacar lo mejor de la actuación, no cabe duda de que las artes de Mark Turner siguen intactas, haga lo que haga. Y sí, ha pasado el tiempo para aquellos jovenzuelos, pero quien tuvo retuvo, y la comunión entre el cuarteto sigue intacta, igual que la amistad que los envuelve. En cuanto a Gerard Chumilla Quintet, tercera propuesta del concurso de grupos, el asunto quedó en anécdota, a pesar de las altas expectativas depositadas en el líder, sobre todo tras haber grabado junto a Larry Grenadier y Jorge Rossy. Queda claro que el carisma hay que trabajarlo, aunque dotes parece que no faltan. Al tiempo.

El barrio. Lo importante es el barrio, las gentes. La gente escoge gente para administrar ese quid pro quo que hace del bienestar vecinal una forma de vida amable y justa. Lo demás son zarandajas de ladronzuelos metidos a políticos. Y la política —la civilización desde luego— también es saber echar una pinta en condiciones y servir un buen vino en copa selecta y a precio módico, ajustado a la materia que se ingiere y al bolsillo que se sacude. Getxo, Algorta, Bilbao, paisajes para el disfrute sin atracos. Lo justo es lo bien medido. Lo demás es aprovisionamiento personal con el pasamontañas simbólico de quien pide sin dar apenas nada a cambio. Sé de lo que hablo. Vengo de ahí, de la esquilmación controlada y manifiesta de ciudades capitales pretendidamente modernas. Todos sabemos cuáles son. Lo habrán padecido. Suerte que queda el arte de Stacey Kent para compensar. Lo entendieron quienes agotaron las entradas del recinto para ver un jazz vocal elegante con las estridencias controladas (para eso ya están las letras de las canciones de la cantante de Nueva Jersey (South Orange, 1965), la más cercana a Blossom Dearie, fina en el fraseo y superdotada en eso tan difícil que es construir atmósferas. Al frente de su trío, donde sobresale el toque prístino del pianista Art Hirahara y de “mi mejor amigo, mi esposo”, el saxofonista y flautista británico Jim Tomlinson, que secundó con obediencia e inventiva las interpretaciones de la cantante. Hora y media entre “The Shadow of your Smile” a “Bésame mucho”, con espacio para un scat contenido y clásicos imperecederos en los idiomas en que se siente más cómoda (que no son pocos), “Tango in Macao”, “Les eaux de mars”, “Bonita”, “Coraçao vagabundo”, “Blackbird” o “Postcard Lovers”, con letra del nobel Kazuo Ishiguro y música de Tomlinson. Si la cita vocal obligada en un festival de jazz de estas características merece el recuerdo, la segunda participación en él de la Kent se saldó con nota y con sold out en las 782 butacas, en gran medida por el lirismo de frágil extenuación, como ejemplificaron sus lecturas tan personales del “Ne me quitte pas” de Jacques Brel y “Sur le ciel de Paris” de Edith Piaf. Con excelencia también saldó su actuación el grupo Nita, que reúne un conjunto internacional liderado por Anja Gottberg (contrabajo y composiciones) y la sobresaliente trompeta del murciano Antonio Moreno, un quinteto con sede en Ámsterdam que dio sentido a la competición. Ganaron el concurso con justicia y tuvieron la recompensa de talonear al grupo que cerraba el festival, el majestuoso Bill Frisell Trio.

Con Thomas Morgan al contrabajo y Rudy Royston a la batería (para otra ocasión quedaron sus habituales Tony Scherr y Kenny Wollensen, más en la estela zorniana), el concierto suponía la toma en directo del magnífico largo Valentine (Blue Note, 2020), tal vez la agrupación que mejor se ajusta a las necesidades emocionales del guitarrista norteamericano (Baltimore, 1951). Y sí, la cosa iba de americana, esa suerte de música folclórica en la que lo popular se da de bruces con la inventiva instrumental y el country campa por sus respetos, lo mismo que el jazz heterodoxo y cualquier manifestación en la que resuenen los paisajes estadounidenses, preferiblemente las llanuras (el grupo de Brian Blade Fellowship también recorre esos mismos caminos). Fueron cayendo “Baba Drame”, “electricity”, “Wagon Wheels”, “A flower is a lomesome Thing” (el estándar de Billy Strayhorn que ya le escuchamos la primera jornada al James Carter Organ Trio) y, cómo no, la propia “Valentine”. Desde que llegó a Blue Note, Frisell ha ido añadiendo a su inmensa discografía nuevas vestimentas: a solo (Music Is, 2018) a cuarteto (Four, 2022), lo último con gran orquesta de la Brussels Philarmonic (Oschestras-Live, 2024), pero lo que mejor muestra la inventiva y profundidad de la música de Frisell es este formato que se presentó como cierre del festival en el Muxikebarri para regocijo de los presentes. Digámoslo ya: estuvieron enormes. Sabido es que no siempre la política se ha llevado bien con lo artístico, sobre todo cuando se cae en la propaganda. Pero que el Bill Frisell Trio acabase su actuación con la inmarcesible lectura de “What The World Needs Now Is Love” de Burt Bacharach y Hal David habla de un grupo comprometido y visceral con la realidad circundante. El adoctrinamiento por la belleza es el único que merece ser consentido. Aquí se respiraba belleza por doquier. Eso se nota cuando se traspasa el umbral de la salida del auditorio con el corazón henchido y la mirada brillante, la pupila dilatada en la noche estival y la serenidad de saberse en el lugar correcto en el momento justo. A veces no hay que pedir más. Pero puesto a pedir, como somos el tiempo que nos queda, uno se atreve a demandar a los dioses que le sea concedida tanta dicha musical de primera como la que se arracimó aquella semana de julio en el Festival Internacional de Jazz de Getxo. Confío en ser escuchado. En caso contrario, como también somos pasado y experiencia, esto vivido ya me lo llevo.

Written by Enrique Turpin

Agosto 08, 2024

Vision Festival NYC (2024)

Vision Festival NYC (2024)

VISION FESTIVAL NYC 2024

31

Julio, 2024

Text: Álvaro Torres

Photos: Luciano Rosetti ©Rossetti PHOCUS

From June 18th to 23rd, 2024, New York witnessed the 27th edition of the Vision Festival, a worldwide reference for free jazz and free improvisation, known for its interdisciplinary character by combining music with visual arts, dance, and poetry. This edition, titled “Building Bridges,” paid tribute to double bassist and multi-instrumentalist William Parker, a fundamental pillar of the creative jazz and improvisation scene in New York. Since the 1980s, William Parker and Patricia Nicholson have organized concert series that have gradually consolidated and earned a reputation. Their contribution to improvised music in the Big Apple is widely recognized by both young and veteran musicians.

During the six days of the festival, true legends of the New York scene like Oliver Lake and Cooper-Moore performed, alongside prominent figures such as the German Ingrid Laubrock, Nasheet Waits, Jen Shyu, and James Brandon Lewis. However, the highlight was the tribute for his 100 years to saxophonist Marshall Allen, who led the iconic Sun Ra Arkestra on the festival’s closing night.

The Vision Festival has been held since 1996, and although it has changed venues, it seems to have settled in Roulette, a cozy theater in downtown Brooklyn. I attended the final day, which included five performances.

The night opened with Matana Roberts and her band COIN COIN midAtlantic, a septet that includes saxophonist Darius Jones and pianist Cory Smythe. Matana, who has won several awards including the Doris Duke Impact Award, has an extensive discography. She invited the audience to sing, holding a pedal note over which the group improvised. Her musical quality was evident in every note produced by her alto sax, conveying a special warmth. Additionally, there were emotional memories and dedications to the iconic improvising trumpeter Jaimie Branch, who passed away in 2022.

The night continued with the duo World in a Life, consisting of Thollem McDonas on piano and ACVilla with live video projections. The pianist demonstrated superb technique, great control of sound, and a very percussive approach to the keyboard. His improvisations were accompanied by a live video that, despite some technical problems, effectively complemented the music. Thollem alternated between the piano and electronics, adding different textures.

The third concert of the night was by Isaiah Collier & The Chosen Few, reminiscent of the classic Sonny Rollins Trio, with Nate Reves on bass and a substitute drummer replacing Michael Ode. They started with high intensity, performing several pedal pieces. The bassist’s maturity and solidity were notable, providing a significant composure to the rhythm section. Isaiah showcased his great talent and flow of ideas on both tenor and soprano sax. Over time, he will likely refine his art even more; who knows how far this young prodigy,can go?

 

The penultimate concert was one of the evening’s gems: Watershed Continuum, featuring Rob Brown on alto sax, Steve Swell on trombone, Alexis Marcelo on piano, and Whit Dickey on drums. The combo, led by Rob Brown and Steve Swell, offered a fully improvised set. Their 20 years of playing together resulted in incredible synergy and mutual understanding. They blended perfectly as a section, proposing ideas combatively and making it look like a game. They also assumed the role of accompanists, with highly imaginative textures and backgrounds. Rob’s individual quality was evident in the fluidity of his ideas and the warm sound of his alto sax. Steve, a veteran who never disappoints, regardless of the context, brought creativity and doses of humor to the group, often necessary in music. Alexis Marcelo did an excellent job as an accompanist. His sound and musical background, influenced by Latin jazz and modern harmony, contributed an original mix that worked very well with the group. Drummer Whit Dickey also knew how to let the flow go and follow the initiative of the two horn players. It was a fresh performance that renewed the energy in the room, leaving the audience expectantly awaiting the final concert and grand closing of the festival.

The Sun Ra Arkestra took over an hour to set up their instruments, do the sound check, and get everything ready for the concert. Meanwhile, there was palpable excitement and anticipation among the audience. Attendees browsed the band’s merchandise, as well as vinyl and CDs from Pi Recordings and other labels. Both inside the hall and at the theater entrance, people chatted excitedly about the prospect of a historic night. It was thrilling to witness true veterans of the scene—many of whom have been connected with each other and the Vision Festival—gathered to celebrate this special occasion. Everyone was aware that this might be the last opportunity to hear the 100-year-old Marshall Allen in New York with the iconic Sun Ra Arkestra.

Sun Ra created an important legacy. Initially he worked as a pianist and arranger for the renowned big band of Fletcher Henderson, but in the 1960s he began combining traditional big-band techniques in terms of composition with a more transgressive approach, experimenting with tonality and new textures, and adding fully improvised transitions, something never seen before in that genre.

Additionally, he incorporated Afro-futuristic attire and songs with lyrics about outer space, contributing to creating his own mythology around the group and its leader. It is worth mentioning that this band shares many spiritual beliefs and a lifestyle, to the point that many of its members have lived together since the 1970s in the same house in Philadelphia. Sun Ra had a strict vision of life in society and exerted a great influence on the members of the Arkestra, who live practically as a brotherhood. Their extensive discography includes iconic recordings with major soloists like Pharoah Sanders and John Gilmore, who led the band after Sun Ra’s death. After Gilmore, Marshall Allen took on the responsibility of leading the Arkestra, a role he continues to perform to this day.

Sixty years after its beginnings, this concert was a total display of energy from the first to the last piece. The whole group sounded like a cohesive unit. They played long forms with multiple sections without hesitation at any time. Everything sounded confident, sometimes reinforced by the direction of Knoel Scott, who gave cues from his stand and sounded truly inspired on the alto.

Tara Middleton shone with a spectacular and unconventional vocal recital, sometimes reciting or even playing the role of an accompanist. Another highlight of the night was the incredible pianist Farid Barron, very intuitive and with a deep knowledge of stride, offering several spectacular intros. Additionally, the influence of Sun Ra was clearly perceived, as Barron, without trying to emulate him, captured his sound on the synthesizers, with his characteristic clusters and 360-degree turns.

The ensemble could be described as a perfectly functioning psychedelic party machine. Percussionist Elson Nascimento and drummer Wayne Smith Jr. kept the engine running, as did Tayler Mitchell, very musical with his double-bass lines and constant energy. Perhaps the most impressive aspect of the Arkestra is its vitality and overflowing energy.

As for Marshall Allen, he was excellent. In addition to the alto sax, he performed several solos on a Steiner EVI (Electronic Valve Instrument), which fit incredibly well with the harmonies of more classic pieces. Before the concert, there was a presentation where the entire hall clearly showed respect and paid homage to Marshall. There was a lot of excitement to witness the Arkestra led by one of their major symbols over the last 66 years. The concert ended past midnight, much later than expected. All attendees seemed happy with the closing of a fantastic festival that has greatly contributed to the jazz scene in New York, and with the historic performance of one of the most important avant-garde saxophonists since the 1960s, Marshall Allen.”

Written by Álvaro Torres

Julio 31, 2024

Matthew Shipp Trio – New Concepts in Piano Trio Jazz (ESP Disk’)

Matthew Shipp Trio – New Concepts in Piano Trio Jazz (ESP Disk’)

Matthew Shipp Trio

Michael Bisio / Newman Taylor Baker

New Concepts in Piano Trio Jazz

29

Julio, 2024

Texto: Pedro Andrade

Fotos: Eva Kapanadze

Etiqueta: ESP-Disk,2024

 

Matthew Shipp Trio, New Concepts in Piano Trio Jazz (ESP-Disk,2024). Matthew Shipp,piano/ Michael Bisio, contrabajo/ Newman Taylor Baker, batería.

Matthew Shipp Trio lanzó el pasado mes de abril el álbum New Concepts in Piano Trio Jazz

 

 

El último álbum de Matthew Shipp, New Concepts in Piano Trio Jazz, presenta un nuevo estímulo al panorama del free jazz, mostrando una vez más a un Shipp innovador, en continua búsqueda y con nulo complejo por incluir texturas sonoras provenientes de diferentes galaxias mentales.  Lanzado en 2024 bajo el sello ESP-Disk, el álbum cuenta con Matthew Shipp al piano, Michael Bisio al contrabajo y Newman Taylor Baker a la batería. Este es ya el séptimo trabajo de estudio de esta formación, que ha conseguido, en estos nueve años de trabajo conjunto, algo que es crucial para sonar con el empaque y profundidad que les caracteriza: telepatía.

El álbum destaca por su perfecta combinación entre composición e improvisación, siendo el escenario apropiado con el que el lenguaje musical de Shipp, trabajado durante décadas, baila a sus anchas en ocho magníficas improvisaciones. La composición del álbum tiene que ver principalmente con lo conceptual, con los motivos, las texturas, con los cortes rítmicos y con las dinámicas propuestas por el pianista a sus músicos en diferentes secciones.

Como el mismo Shipp indica en una reciente entrevista: “simplemente empecé a tocar lo que estaba en mi cabeza y les dije a los chicos que saltaran al agua conmigo”. Los tres instrumentistas van hilvanando así, progresivamente, la música que va aconteciendo. El concepto que propone Shipp tiene que ver con la búsqueda del arquetipo del compositor espontáneo, haciendo referencia a autores barrocos como Bach o Bethoven, o a algunos más contemporáneos como los pianistas Cecil Taylor o Keith Jarrett a los que Shipp considera “humildemente” haberse unido en estos últimos años de su carrera musical.

Ser un improvisador, como el mismo Shipp indica, supone decir cosas coherentes en tiempo real. En New Concepts in Piano Trio Jazz, encontramos plasmada esta idea, en él se pueden escuchar, sorprendentemente, algunos cortes melódicos con estructuras firmes como es el caso del Walking deambulante del contrabajo de Bisio en The Function al que se le añaden, a modo de líneas discursivas asimétricas el piano de Shipp y la percusión revoltosa de Baker.  El trío de Shipp, demuestra extrema concentración en todos los cortes y un nivel excepcional de cohesión e interacción.  Esta dinámica es particularmente evidente en temas como Non Circle y Tone IQ, donde el trío navega con facilidad por estructuras complejas y tonalidades cambiantes.

Las narrativas musicales que se siguen entre pieza y pieza son complicadas pero atractivas dando muestra de la maestría técnica y la profundidad emocional que Shipp y su trío desprenden en cada una de sus creaciones. Por ejemplo, Non Circle, presenta un intrincado patrón de batería de Baker que evoluciona hacia una pieza ricamente texturizada con sutiles pasajes de bajo a doble tiempo de Bisio. Mientras tanto, Tone IQ comienza de manera abstracta, abrupta y aleatoria, para posteriormente transformarse en una pieza lírica y tonal que oscila entre la atonalidad y la bitonalidad sin perder su hilo melódico.

New Concepts in Piano Trio Jazz, ilustra la capacidad de Matthew Shipp para traspasar los límites del jazz manteniendo un sonido coherente y fresco, en el que el balance de lo espontáneo y lo crudo que se recoge en las grabaciones en directo mantiene siempre en alto el buen nombre del improvisador, aquel narrador de historias espontáneas que compone su trama en el devenir de lo racional y lo irracional.

 

Texto: Pedro Andrade

Julio 29, 2024

Injazz & North Sea Round Town Festival: Jazz in Netherlands (2024)

Injazz & North Sea Round Town Festival: Jazz in Netherlands (2024)

Injazz 2024
North Sea Round Town Festival
Jazz in Netherlands

27

Julio, 2024

En Netherlands tienen una rica y vanguardista escena de jazz, influenciada tanto por las corrientes internacionales como por el énfasis en dos instituciones claves de renombre mundial: el Conservatorio de Ámsterdam y el Conservatorio de Róterdam. Estas instituciones no solo ofrecen una formación de alto nivel, sino que también atraen a estudiantes de toda Europa, conformando así una vibrante y diversa comunidad jazzística. Por todo ello, los Países Bajos han logrado ser un referente mundial.

Con un enfoque en la calidad y en la creatividad, por iniciativa del colectivo BumaStemra, el 26 y 27 de junio tuvo lugar la exhibición de jazz holandés Injazz. Un showcase que promueve el desarrollo del jazz contemporáneo, con una programación de músicos establecidos y emergentes de la escena local e internacional. Acudimos a conciertos, conferencias y espacios de networking en varias ubicaciones de Ámsterdam y Róterdam. Asistimos en Roterdam a la XIX edición del North Sea Round Town Festival, festival alternativo del North Sea Jazz Festival compuesto por 350 conciertos repartidos por 125 ubicaciones diferentes, salas de conciertos y espacios alternativos como galerías de arte, casas y museos entre otros.

El prestigioso club Bimhuis en Ámsterdam fue el escenario en el que se representaron los cuatro primeros conciertos.

Comenzamos con el trío Ponga compuesto por Remco Menting, batería y percusión, Timon Koomen a la guitarra, y la increíble Yanna Pelser a la viola. Ponga se trata de un grupo de jazz holandés, formado en 1990, con un sonido distintivo de fusión ecléctica que abarca muchos estilos musicales. Combinando pasajes estructurados con otros improvisados, el trío incorpora elementos de rock, jazz, electrónica, folk y música clásica en una actuación llena de energía reforzados por una inmersión compartida en el teatro a través de los continuos cambios de vestuario en el escenario que reflejan la diversidad del sonido.

A continuación, tuvo lugar el encuentro de tres maestros, cada uno de ellos de diferentes personalidades. Giuseppe Doronzo al saxo barítono, y a la gaita iraní, Andy Moor a la guitarra eléctrica y Frank Rosaly en la batería y percusión. Un proyecto ambicioso, creativo y sobresaliente de música contemporánea de vanguardia. Giuseppe Doronzo, con un enfoque experimental, profundidad y peso al saxo barítono comienza con motivos simples y melódicos de tensión creciente que evolucionan hacia estructuras complejas de explosiones de energía improvisada. El inglés Andy Moor (guitarra eléctrica), con influencias en el punk holandés y en bandas experimentales de post- rock, recorre pasajes sonoros que van desde el minimalismo melódico hasta el caos, utilizando una amplia gama de técnicas extendidas. Con versatilidad, precisión e influenciado por la escena free de Chicago, Frank Rosaly introduce patrones complejos improvisados de creatividad percutiva a la batería y percusión. El proyecto es documentado en el álbum Futuro Ancestral por el sello Clean Feed. Con una narrativa elaborada e innovadora, y una libertad expresiva de direcciones abstractas conjuntas, y texturas de post-rock, el trío compuesto por Giuseppe Doronzo, Andy Moor y Frank Rosaly se establece como un ejemplo brillante de cómo la vanguardia del jazz europeo sigue explorando nuevas direcciones creativas.

Freshta es el proyecto liderado y compuesto por el flautista alemán Mark Lotz, resultado del encargo de la organización de autores holandeses BUMA y la Federación de Festivales de Jazz Holandeses VNJJ. Es un proyecto de líneas narrativas elegantes y bellas compuesto para el ensemble modernista de música de cámara con instrumentación clásica. Mark Alban Lotz, flautas. Claudio Puntin, clarinete y clarinete bajo, Jörg Brinkmann, violonchelo, Jeroen van Vliet, piano y Dirk-Peter kölsch, bateria. Un proyecto dedicado a la memoria de Freshta Kohistani que combina sonidos de influencia étnica, música clásica contemporánea y la energía del swing. Música al borde de lo contemporáneo y el jazz.

Televizyon es un trabajo innovador liderado y compuesto por la vocalista, improvisadora y multi instrumentista Sanem Kalfa, afincada en Ámsterdam. Sanem Kalfa es una de las vocalistas más destacadas de los Países Bajos, ganadora de importantes premios. Escuchamos un collage sonoro que combina la habilidad vocal como instrumento con un apabullante despliegue de creatividad y experimentación en el uso de efectos vocales. Con sonidos improvisados y música electrónica pasando por el pop, Televizyon recrea en su música el sonido de los anuncios de televisión de los años 80. Energía y brillantez de diferentes rangos con Sanem Kalfa, voz, electrónica, Marta Warelis, órgano electrónico y sintetizadores, Ingebrigt Haker Flaten, contrabajo y Sun-Mi Hong, batería.

Viajamos hasta Róterdam para asistir al anuncio del premio anual Boy Edgar Price 2024, este año otorgado el pianista y compositor Tony Roe. Boy Edgar Price es el premio más importante de jazz y de música improvisada de Holanda que se otorga a un musico, compositor o director de banda de jazz holandés por realizar contribuciones significativas en la escena de jazz.

En el club Mood en Róterdam, asistimos a la presentación de Cosmic Trio. Ándrés Coll a la marimba eléctrica y a las castañuelas es un jovencísimo vibrafonista y compositor español de enfoque innovador. Se interesa por la música primitiva, el jazz moderno, la improvisación libre y la música folclórica. Junto con el violinista Mateusz Smoczynski y el baterista Ramón López forma el Trío Cosmic. Con una destreza técnica impresionante y una gran sensibilidad artística, Andrés Coll combina la música folclórica de su propias cultura con el espíritu vanguardista y la improvisación libre.  Mateusz Smoczynski exploró melodías complejas y armonías ricas. Su estilo abarca desde lo lírico y melódico hasta lo experimental y abstracto, reflejando una profunda conexión con sus raíces folclóricas y una apertura hacia la improvisación libre. Ramón López, un maestro de la batería, completó el trío con su enfoque rítmico innovador y su versatilidad estilística. Fuimos testigos de la energía y química entre los músicos.

Hubo otras bandas de interés situados en la vanguardia europea a los que no pudimos asistir para acudir al estreno de la suite de Alessandro Fongaro. Como la actuación de Federico Calcagno Octet, Evita Polidoro Nerovivo, 100% Cottone, la banda del saxofonista Matthias Van Den Brande que recientemente ha grabado con el sello español Fresh Sound Records, etc.

En Róterdam asistimos a la presentación del North Sea Round Town y su Artist in Focus 2024. Alessandro Fongaro, bajista y compositor italiano que reside en Róterdam.  Hunters in the Snow es el trabajo compositivo de un año de desarrollo artístico de Alessandro Fongaro (contrabajo y composiciones) junto a un gran ensemble de cuerdas, núcleo central de esta obra, formado por George Dumitriu (viola), Yanna Pelser (viola alto), Pablo Rodriguez (viola), Thomas van Geelen (cello), Nicolò Ricci (saxofón), Marta Warelis (piano, teclado), Jim Black (batería). El estreno tiene lugar en la increíble sala de cine Cinerama, inagurada en el año 1960 en el corazón de Rotterdam. Alessandro Fongaro ha tejido una suite de piezas contemporáneas estructurada en varios movimientos que van desde la suavidad más etérea hasta la intensidad más dramática. Comienza con la frase repetida tension is a necessary condition to create movement. Hunters in the Snow es una obra monumental de más de dos horas de duración inspirada tanto en la obra de Bach y otros compositores clásicos como en elementos visuales y narrativos del cine de Andrei Tarkovsky y la fotografía. La integración de la electrónica, manejada por Waleris, añade una dimensión extra de texturas y efectos que amplían el espectro sonoro de la obra.

En Batavierhuis (Róterdam) acudimos al concierto a dúo de Alessandro Fongaro (contrabajo) y George Dumitriu (violín).

En el medio de la exuberante naturaleza entre Róterdam y Delft, se encuentra Driebergen Farm, una de las ubicaciones más sorprendentes del North Sea Round Town (NSRT). Una granja transformada en un espacio único de conciertos al aire libre, un refugio para músicos y artistas donde pueden desconectarse del mundo exterior y sumergirse en su arte. Músicos como Alessandro Fongaro han pasado semanas en la granja, componiendo y creando en un entorno que fomenta la introspección y la creatividad. La noche del 28 de junio, programado por Paula Hoorn, asistimos al concierto del rapero Dox & Friends, acompañado por una sección de cuerdas y una sección de metales de jazz con la participación de diversos vocalistas, raperos y bailarines.

Seguimos en el Gallery Tour con un concierto de Ibelisse Guardia Ferragutti. El evento tuvo lugar en la galería de arte ROOF-A en el corazón de Róterdam, un lugar de encuentro que sirve como punto de partida para artistas, coleccionistas y público. Ibelisse Guardia Ferragutti es una artista multimedia nacida en Bolivia y criada en Brasil radicada en Ámsterdam que ha trabajado como vocalista, compositora, intérprete y creadora. Su práctica implica un enfoque multidisciplinario que surge de su profunda conexión con el ritual y el trance como una forma de entrelazar las visiones del mundo de sus antepasados. Una actuación hipnótica de sonidos electrónicos usando sintetizadores, instrumentos y voz.

El espacio Bij Rabo@Depot Boijmans Van Beuningen, primer depósito de arte de acceso público del mundo, acogió la actuación a dúo de Emine Bostanci y Maya Fridman, quienes presentaron su proyecto Dareyn – Lingua Franca: Bridging Echoes. Emine Bostanci es una talentosa intérprete de kemenche, un instrumento tradicional turco que añade una riqueza y profundidad única a la música que interpreta. Maya Fridman, una destacada violonchelista y vocalista radicada en los Países Bajos, aporta una dimensión adicional con su impresionante habilidad técnica y su expresividad emocional. Es un proyecto que explora los límites de la música tradicional turca con influencias contemporánea de enfoque experimental.

Written by Bega Villalobos

Julio 27, 2024

Pin It on Pinterest